Registro de relaciones entre Moros y Cristianos en la Villa de Somontín (Almería)
Rey Cristiano
Válgame Dios que congojas
ocupan toda mi alma,
cuando alegre y con vosotros
al placer yo me entregaba,
llegó un parte a mis manos
que en estos términos habla:
Con alta traición se ha visto
y con perfidia inhumana,
que estando ocultos los moros
en una verde emboscada
esperando a los cristianos
que con fervor celebraban
las fiestas de su Patrón
que en procesión lo llevaban,
han salido con gran furia,
y cual lobos en cabaña,
se han arrojado a la Imagen
y presa se la llevaban,
y según datos tengo
en el castillo se halla.
Sargento
Pues señor, si a vos parece,
corramos a recatarla,
que no es razón toleremos
perfidia tan inhumana.
¡Guerra, fuego mi señor!
Vamos la honra a resarcir,
porque es el pueblo español
pueblo que sabe morir.
Aquí en este mismo pueblo
han habitado mil moros
pero resonó el cañón
y a las huestes castellanas
se entregaron los canallas
para su turba y baldón.
En el sitio que han robado
nuestra imagen sacrosanta
aún quedan allí memorias
que recuerdan nuestras glorias.
Así pues mi general
somos hijos de Pelayo,
como él, muramos venciendo
en la venturosa lid,
o que podamos muriendo
nuestra honra conseguir.
¡Que retumben los cañones!
¡Que rebramen los aceros!
¡Que tremolen los pendones
que siempre triunfantes fueron,
que gran nombre consiguieron,
al noble pueblo español!
¡Guerra, guerra sin cuartel
a ese cobarde canalla!
Tenemos muy buena gente.
¡Ea pues, mi general
disponed ya la batalla!
Rey Cristiano
Con ese objeto he venido
y las tropas me acompañan
mas son tantos los cuidados
que mis atenciones llaman
que no sé, si aceptaré
a disponer la batalla.
Por una parte me admira
el silencio que ellos guardan
debiendo oírse las voces
de sus fuertes alharacas.
Por otra, espero esta tarde
carta de mi esposa amada
la que está con cuidado
y quiere que me ponga en marcha.
Mas con todo, esto es urgente
y mi deber lo reclama,
pero veremos primero
si se vencen con palabras.
El jefe de ese castillo
preséntese a sus murallas
a darme satisfacción
de lo que ha hecho su canalla.
Mas, Cielo, ¿No me respondes?
¡Ea cobarde!, ¿a qué aguardas?
Supuesto que no respondes,
disponed ya las descargas.
Paje
Alerta los centinelas
que guarnecen el castillo
que estamos todos cercados
de los cristianos activos.
¿Dónde está mi Emperador?
que salga a este desafío
pues yo soy niño y no puedo
cumplir este cometido.
Si las tropas no me faltan
y no abandonan sus puestos
temblará toda la España
a las filas de Marruecos.
Rey Moro
¿Quién se acerca a mi castillo
y sus líneas las traspasa?
Rey Cristiano
Cristianos que resentidos
allí en el campo te aguardan,
a exigir que les entregues
de San Sebastián la estatua.
Rey Moro
No quiero gastar el tiempo
en inútiles palabras;
si tan valiente te haces
preséntame tus escuadras,
pues mis valientes guerreros
todos dispuestos se hallan.
Rey Cristiano
Quedo enterado.
Muy pronto tu altivez será humillada.
Mis cuidados fueran menos
si Roque se presentara.
Roque
¡Señor, señor!
Rey Cristiano
¿Quien me llama?
Roque
Yo señor, que llego a veros,
y a entregaros esta carta
que mi ama me la dio
encargándome mil veces
que respuesta le llevara.
Rey Cristiano
¿Hace mucho tiempo
que te la entregó tu ama?
Roque
Señor, hace poco rato
que mi ligereza es tanta
que compite con el rayo,
y ni el aire con sus alas,
puede igualarse conmigo
en presteza tan extraña.
Rey Cristiano
Vamos a leer despacio
lo que contiene la carta.
(silencio mientras lee la carta)
No creía Roque amigo
que de engañarme trataras,
diciéndome que hace poco
que recibiste la carta,
cuando demuestra ella misma
según su fecha tan larga
que te has entretenido
o has padecido borrasca,
o que en Madrid te estuviste
por novedad de mi casa.
Roque
Puedo deciros señor
sin faltar a mi palabra
que no me he entretenido
ni he padecido borrasca,
que son cosas que en el mundo
acontecen a manadas,
y si su majestad quisiera
ahora mismo las contara.
Rey Cristiano
Cuéntalas Roque y veré
si es verdad o es patraña.
Roque
Quisiera tener palabras
para deciros señor
lo ocurrido en mi viajata,
pero al cabo lo diré
bien o mal o como salga.
Ya sabes señor que yo
me llamo Don Roque Parla.
Don porque yo me lo pongo
y Roque por las palabras
que el señor cura me dijo
cuando a mi me bautizaba.
Mira niña ¿Abrenuncias?
¿Sabes que Roque te llamas?
¿Y que no has de ser pesada
por ningún pretexto y causa?
Es fetal ese París,
lléveselo a su casa.
Desde entonces prometí
no sea que a parir
llegara andar ligero y hacer
lo que las embarazadas,
que están siempre en un ¡ay!,
no pueden estar paradas.
Conociendo esto muy bien,
mi señora a Roque llama.
Acudí, pregunté al punto
que era lo que me mandaba
y me dice, ¿Serás hombre
a conducir esta carta
a mi esposo, que no puedo
sufrir ausencia tan larga?.
Yo le respondí, señora
si encontrase alguna lancha
que surque el ligero mar,
al punto me pongo en marcha.
La encontré, le di el aviso;
escribe pronto la carta,
me la entrega, me la embolso,
me despido, y al momento
se pone lista la barca.
Caminamos con gran aire
para el gran puerto de Urrácal
y al pasar por la bahía
se armó tan fuerte borrasca
que nos fue preciso anclar
en frente de aquellas playas;
comimos bien y despacio
mientras pasó la borrasca;
mas luego que hubo pasado
al momento y sin tardanza
el barco se hizo a la vela
y próximo a la playa
de una ciudad populosa
que creo Purchena llaman
tuvo que estar detenido
porque el viento quedó en calma.
Mas luego que favorable
el mar se nos presentaba
hice que se dirigiera
hacia aquí el buque en su marcha
y estando cerca del muelle
que las Rayicas le llaman
se movió un aire tan recio
y una tempestad tan mala
que hasta el Itsmo de Motroy
nos echó la marejada.
Por fin después de correr
tan peligrosa borrasca
vine a dar con el castillo
que al parecer llaman Granja,
desde donde vi las almenas
de esta fortificación
y de esta ciudad amurallada.
Llegué al puerto felizmente
que Peñaredonda llaman,
registré la artillería
que guarnecía esta plaza
y los muchos centinelas
que en el Pretil registraban
todas las embarcaciones
que a la bahía llegaban
nos vocearon: ¿Quien vive?
Yo manisfesté la carta
que traía para vos
y al momento tuve entrada
y haciendo un fuerte ruido
de clarines y de cajas
me he encaminado hacia aquí
con novedad tan extraña,
y ver señor el motivo
de mi imprevista tardanza.
Rey Cristiano
Válgama Roque; y qué humor
es siempre el que te acompaña.
Déjate de esas locuras
y empuña firme la espada
y sígueme, que si el Santo,
me da su protección santa
he de vencer a ese moro,
y esa imagen sacrosanta
que retiene, ella saldrá
a las fuerzas de mis armas.
!Ea, fuertes españoles!,
nuestra religión sagrada
pide el condigno castigo
de las huestes africanas.
Fórmense los batallones
y prepárense las armas.
Mitades hacia el frente
a presentar la batalla.
Ganaderos, cazadores,
quedar a la retaguardia.
Suene el parche, el clarín suene:
¡alarma, alarma!.
Rey Moro
No tengáis, moros, cuidado,
el castillo preparad
las almenas coronad,
el bronce está preparado
municiones hay bastantes,
para que salgamos triunfantes
de los cristianos airados.
Rey Cristiano
Calla moro, calla moro
la batalla te preparo
si esa imagen que has robado
con felonía tan rara
no la entregas al momento
a las fuerzas de mis armas.
Rey Moro
No la entrego y tu verás
que las huestes africanas
no se rinden a la guerra
ni temen tus amenazas.
Esa efigie que adoráis
con vuestra religión vana
he de quemarla en el fuego
y a las aguas arrojarla
para que con ilusión
no propongáis alcanzarla.
Solo Mahoma es profeta
y su religión santa.
Rey Cristiano
! Oh moro impío, soberbio idólatra
no profanes con sacrílegas palabras,
una Ley de las que es autor
la misma Ley soberana
que sin conocerla tú
vino a salvar tu alma.
Ley que a Israel asombró
ley de profetas amada,
entre truenos publicada
extendida por el mundo
y con la sangre esmaltada
de mártires valeroso
que a la corona romana
se opusieron defendiendo
la cruz de nuestra esperanza.
Uno fue aquel Sebastián
que representa esa estatua
que supo vencer valiente
la tiranía inhumana
de Diocleciano furiosa,
que estando el cuello a su espada
así sujeta esa lengua,
sucia, soez y menguada,
que vive Dios que si oigo
tan insolentes palabras
he de estremecer el aire
el fuego, la tierra y el agua,
y hasta el Cielo quedará atónito
al ver mi espada.
Responde:
di, si entregas esa imagen sacrosanta.
Rey Moro
No pienses que temo yo
esas fuertes amenazas
que Alá sabrá defender
de esta guerra la causa;
y si tu no te retiras
te haré una fuerte descarga
que en ella todos quedéis
en el campo de batalla
pues si tengo como gente
vil, fatua y afeminada
y tal vez a ti tampoco
la ley de guerra te valga.
Rey Cristiano
Calla moro y reflexiona
muy bien lo que te hablas.
Te enviaré un embajador
que mis propuestas te haga:
¡Piensa muy bien la respuesta!
¡No desprecies la embajada!
te la envío porque te estimo
por mi caridad cristiana.
Adiós. Al ir, no te olvides
de lo que mi voz te habla.
Rey Moro
Alá os guarde vida larga.
Rey Cristiano
¡Ea, formen en batalla!
Vuelta la espalda al castillo,
medias compañías salgan,
para formar en columna,
toquen el tambor o caja.
Caminar al campamento
y allí la tropa formada,
luego que vea el resultado
os será la orden dada.
........................
Atención embajador
ya sabes muy bien la causa
que estimula a que te envíe
con la presente embajada
y que por grandes motivos
doy la presente batalla
en esto se empeña Dios
y su religión sagrada;
San Sebastián nos ayuda
todo el Cielo nos ampara;
hacerle presente al ir
en las mejores palabras;
amenazarle con furia,
y hacerle ver que mi espada
tomará satisfacción
de una empresa temeraria
si da lugar a que yo
determine mi venganza
¡El señor vaya contigo!
Embajador
El nos conserve en su gracia.
Jamete
Señor, señales hacen de paz
un embajador cristiano.
Rey Moro
Pues permitirle la entrada
y veré que es lo que quiere
su impertinente embajada.
Salir dos a recibirle
y recogerle la espada.
Embajador
Rey invicto,
cuyo valor fuera fácil,
a no ser lo que partiera
de adoraciones calmarte.
Sabed que mi Rey me envía
a que os ruegue y a que os hable
que le entreguéis ese santo
que en su procesión robasteis.
Os haga ver es un Santo
que a pesar de su sangre
supo vengar con dunuedo
de Dios el tirano ultraje,
nada ganáis con tenerle,
pues para vos nada vale,
al católico le sirve,
pues es un capitán grande
amparo de nuestras vidas
y del ejercito adelante.
Yo os ruego os prestéis gustoso
y al hacerlo nos dilatas;
pues si te tardas, es fuerza.
Y os requiero de su parte
que le temíais que es guerrero.
Rey Moro
Callad, callad.
Embajador
Señor, al rogar con paz vengo
y para esto es preciso
que te proponga primero
que estáis sujeto al arbitrio
de nuestras valientes armas.
Hallándose este castillo
colocado en este monte
mal defendible, retira
las armas. Pues en él
cuando no te estreche el brío de los soldados
podrán los embotados cuchillos
del hambre y de la sed
herir con menos peligro que el acero
y cuando no fuere bastante
uno de estos conflictos
pueden poner fuego
a todo este distrito
haciendo que arda en pavesas
aún, antes de que alumbren visos.
Siendo pues señor así
y que no tendréis auxilio
mas que apelar al perdón
que mi rey use contigo.
Mirar si os está viendo
disponerse a sus partidos
en cruda guerra, pudiendo
capitularles conmigo.
Voces
No, no aceptad, señor, la vida
pues, te contemple rendido.
Rey Moro
Antes que yo te responda
mi gente te ha respondido
pues es mi gente tan mía
que viendo que nunca he sido
cobarde para las armas,
están diciendo que no,
a tus voces que han oído
así, retírate, y di
que yo no temo conflicto,
que Alá me socorrerá
para que quedéis vencidos.
Embajador
Me ha dicho también mi Rey
que si en esto andáis remiso
dará orden a un general
que os abrase este castillo
os maten todas las tropas
sin reserva a vos mismo
haga Numancia esta tierra
mengivilo todo el sitio
horno todo el horizonte
y pavesas el castillo.
Rey Moro
No temo esas amenazas.
Embajador
Pues no os queréis a vos mismo.
Rey Moro
Yo soy sujeto a la muerte
y sin honor no desisto.
Embajador
Temer su furia señor.
Rey Moro
Encargo no necesito.
Embajador
Pues Dios os guarde.
Rey Moro
Alá se vaya contigo.
acompáñale soldados
y darle la espada os digo.
Jamete
A darnos esas noticias
no vengas mas al castillo
pues si otra vez te veo
haz de salir aturdido.
¿Pensabas que aquí venias
a escupir por un colmillo?
No quede aquí a Panzacola
Jamete os hará la mamola.
Embajador
Señor, la respuesta traigo.
Rey Cristiano
Muy bien, ¿Y cuál ha sido?
Embajador
Que el santo no nos lo entregan.
Rey Cristiano
Vive Cristo, vive Cristo
que de hacer arda en pavesas
todo ese fuerte castillo
! Ea! ánimos soldados
a la guerra preveniros
no temáis las medias lunas
porque Dios nos dará brío
mañana el castillo será nuestro
pues en el santo confío
toda la riqueza es vuestra
sin reservar al Rey mismo.
JURA DE BANDERA
A una guerra soy llamado
donde el honor se interesa
por los moros con presteza
nos encontramos sitiados
y, pues estáis alistados
me ha ocurrido un pensamiento
que prestéis el juramento
que presta todo soldado.
Abanderado hacia el frente,
cuatro pasos adelante,
tú, a su derecha, ayudante,
cruza la espada y detente,
¿Juráis a Dios y a su santa Religión
toda la sangre verter
cual forzado campeón?
Responden todos
Sí, juramos.
Rey Cristiano
La Gloria de este patrono
hijos, juráis defender.
Responden
Si.
Rey Cristiano
Pues si así lo hacéis
Dios os lo premiará
y si no os lo demandará.
Ahora debéis venir
con un alma satisfecha
pues la propuesta está hecha
y la debemos cumplir,
ahora desfilar, venir
que la cruz vais a besar,
ella os ha de librar
de aquella sangrienta lid.
Desfilad todos y besad la cruz.
Guerreros, la gloria alcanza
el que muere en esta acción,
el pago halla en la mansión
con la bienaventuranza.
(Fuego)
Descansad de la fatiga
y dad a vuestras personas
del sueño el preciso alivio
que mañana ganareis
victoria todos conmigo.
Fin del Primer Acto
Rey Cristiano
Valientes hijos de España
norma de invictos soldados
vuestro valor indomable
vuestro arrojo sobrehumano.
Paje
Qué voz tan alarmante ésta
contraria a nuestra nación
para mi no es este empeño
que salga mi emperador.
Rey Moro
Africanos valerosos
invencibles como fieras
salid al campo de Marte,
arda en guerra el Universo
haciendo ver al cristiano
que sois dignos de respeto.
Venga pues, enhorabuena,
a conquistar este reino;
sabrá de los marroquíes
a donde llegó el esfuerzo
mas ya se habrá arrepentido
y habrá mudado de intento
al ver a Sierra Buyones
que compite con el cielo
y mis valientes soldados
tan bravos como soberbios.
Venid, venid, ignorantes,
conoceréis por muy cierto
que Marruecos necesita
catorce Españas lo menos.
Ya lo contareis vosotros
de otro modo muy diverso
si quedáis para contarlo
uno vivo en cada ciento.
Tú, Muley, a la cabeza
de éste formidable ejército.
Muley
Voy gustoso a obedeceros.
BATALLA
Rey Moro
Oigo pasos ¿quién ha entrado?
Muley
Es Muley, abad tu siervo
Rey Moro
Con mucho cuidado estaba
cargado de mil recelos
¿murieron ya los infantes?
¿matasteis los nazarenos
que tuvieron la osadía
de avasallar mi reino?
¿Han quedado escarmentados?
¿Saben ya que tiene Marruecos
soldados que la defiendan
y que son hombres de arresto?.
Muley
Señor, si me dais licencia,
con la sumisión que debo
referiré francamente
varios acontecimientos,
de las batallas y acciones
y resultados funestos
que han tenido nuestras tropas
pero gran señor te ruego
no te acalores y oigas
todos mis razonamientos.
Rey Moro
Concedido cuanto me pides,
háblame sin ser modesto.
Muley
Ya sabes que por la Orden
de tu Real Mandamiento
me coloqué a la cabeza
de tu formidable ejército.
Todos me siguieron valientes
y en los envites primeros
peleaban con fervor
y atacaban con denuedo
todos juntos a la vez,
pero señor me estremezco
al considerar los días
terribles de sangre y fuego
que tuvimos en batalla.
Perdimos la acción primera,
la segunda fue lo mismo,
igual pasó la tercera,
¡ Prestadme hasta el fin silencio ¡
nos tomaron el Serrayo,
y mudé mi campamento
a la Sierra de Buyones;
hicimos grandes esfuerzos
pero también la tomaron.
Rey Moro
De ira estoy que reviento;
nos han tomado la Sierra
Dime pues ¿por ventura el terreno
no estorbaba a los infames
y protegía a los nuestros?
Muley
Señor, son tan cándidos
tan hábiles y tan diestros
que si cogieran las nubes
ganarían hasta el cielo.
Pues que del terreno habláis
os aseguro, y es cierto,
que nos ha favorecido
con sus muchos parapetos
que si no, no hay un soldado
en las filas de Marruecos,
pues han llegado a cobrar
tal valor los nazarenos
como temor nuestros moros,
que en diciéndole, a ellos,
echan todos a temblar,
cuando no salen huyendo,
y para hacerlos volver,
los castigos más severos
es preciso ejecutar;
y no basta, pues viendo
el moro al español
le teme mas que al infierno.
Rey Moro
No puedo oír con paciencia
tan cobardes pensamientos.
Mis armas atropelladas
y mis valientes dispersos,
sierra Buyones perdida
donde mis esperanzas tengo.
! Imposible me parece
haber llegado los perros
a los puntos que me dices!
Muley
Señor, no han parado en eso.
No tengáis duda de que son
muy ladinos y despiertos,
tienen mucha disciplina,
y sus jefes muy atentos,
obedientes a sus mandos
y sobre todo guerreros;
saben de todos oficios,
pues los mas son ingenieros.
Por los ásperos peñones,
por los bosques más intensos
abren brechas y caminos
pero todo en un momento,
y colocan sus carnes
aunque sea allá en el cielo
Al toque de sus cornetas
de considerarlos, ¡ tiemblo !
Hacen las operaciones
y atacan con tanto riesgo
que no teme al peligro
el soldado nazareno.
Pierden mil veces la vida
y no abandonan sus puestos.
Los nuestros, por el contrario,
avanzan mucho, y es cierto,
en grupos muy apiñados
y sin cautela en el riesgo,
y para perder un hombre
el enemigo, de hecho,
perdemos nosotros mil,
que solamente por eso
después de una acción terrible
perdimos los Castillejos,
la Aduana, Río Martín,
la Altura de Cabo Negro;
allí les hicimos frente,
el combate fue tremendo,
que parecía fin del mundo
pero también nos vencieron.
Los nuestros se dispersaron
y abandonaron sus puestos
dejando a los enemigos
nuestras tiendas y camellos;
tan escarmentados iban
que ni en Tetuán quisieron
esperar a los españoles,
donde sin impedimento
del pueblo se apoderaron
y una vez estando dentro
no hay medio que les haga salir.
Gran Señor, y te confieso,
que si vieras la ciudad
de la suerte que le han puesto
te deberías de alegrar
en vez de tenerle tedio.
Le han hecho calles y plazas
con tanto primor y aseo
que parece una delicia
del Edén más pintoresco
Rey Moro
Infame, ¿te regocijas
dándome tanto tormento?
Tú, traidor que has dado fin
de mis valientes guerreros,
¿,Cuántas veces han querido
las Naciones y los Reinos,
conquistar estos dominios
y nunca lo consiguieron?
Mas, juro el dios grande
que te he de cortar el cuello.
Retírate a una mazmorra
que me voy al mar ligero
y a convocar mis vasallos
y verás en poco tiempo
si recobro lo ganado
del villano nazareno,
de ese cobarde ardiloso
que te impone tanto miedo
! Quítate de mi presencia !
! Haz lo que te mando presto!
Espera, Muley, espera.
Muley
Espero Señor, espero.
Rey Moro
Datos positivos tengo
por el Rey de Inglaterra
que el español es perverso
tirano con el vencido
pero en acción poco diestro
que en viendo sangre es muy débil
y hombre de poco esfuerzo.
Muley
Aunque contra mi lo digo
Señor, te juro y prometo
que en todo el mundo no hay
ejército mas guerrero,
ni mejor disciplinado,
al contrario de los nuestros.
Avanzo con diez mil hombres
mas en los tiros primeros
se dispersan y me hallo
unos tres o cuatro cientos.
El español no es así
tiene obediencia y respeto
y viéndose precisado
forman un cuadro tan recto
lo mismo que si formaran
una muralla de acero.
Ocultan la artillería
bien colocada en el centro
donde esperan nuestro envite
bien sosegados y quietos
y al disparar el cañón
con su mortífero fuego
matan más moros que arena
contiene ese mar soberbio
y finalmente te digo
que si va todo Marruecos
morirán, no hay que dudarlo,
así que te aconsejo
que si no cesa la guerra,
se pierde tu basto Imperio.
El español es valiente
es con el vencido atento
muy cariñoso y amable
muy generoso, muy bueno;
díganlo nuestros heridos
que por su buen tratamiento
los alaban y bendicen
porque son dignos de aprecio.
Rey Moro
¡ No se qué partido abrace, estoy loco ¡
Muley
Así lo creo
pero escucha mi dictamen
y te diré lo que pienso.
Cuando vi a los cristianos
decididos y resueltos
a tomar Tánger
quise valerme de otro pretexto,
que fue pedir otra tregua
cosa que me concedieron.
Fortifiqué bien la plaza
y arengué bien a los nuestros
y les dimos una acción
que fue el ataque mas recio.
Confiados en ganar
les causamos muchos muertos
y en la parte de nosotros
¡ con qué pena lo refiero!
muy pocos quedaron vivos
y no quedaron que huyeron.
Perdida toda esperanza
viendo tan cercano el riesgo
a Tánger lo vi perdido
como perdido tu Imperio.
Señor abracé el partido
De pedir un parlamento
Y el general español
Me lo concedió al momento.
Me presenté yo e persona
Y por Alá lo prometo,
que a toda costa haya paz
con España y con Marruecos.
Y al oír mi petición
concediola muy atento
bástele ser español
generoso, que a no serlo,
el gran Mequinez, tu corte
fuera de España por cierto.
Me pidió las condiciones
que lo otorgué sin recelo,
pero lo mas importante,
no te horrorice el saberlo
son cuatrocientos millones
contados en buen dinero.
Ya se lo he prometido,
el armisticio está hecho
que se pagara a plazos
y cuando se dé el postrero
Tetuán vuelve a nosotros.
Rey Moro
¡ Qué es esto que a mi me pasa!
¡ No se lo que estoy oyendo!
¡ Que borrón para mi nombre!
¡ Que fama para mi reino !
Dios grande dame la muerte
que yo sin honor no quiero
vivir más de este mundo
de tanta vergüenza lleno.
Muley
Reflexiona, gran Señor,
lo que te estoy refiriendo
que mi palabra no vale
si no das consentimiento.
Más mira bien lo que haces,
que si el inglés embustero
te dijo diversas cosas
fue por encender el fuego.
O que te dijo es muy cierto,
No desperdicies mis consejos,
Cese ya la mortandad.
Mira Señor por tus pueblos
Que los Reyes en la Tierra
Son regidos por el Cielo.
Si Marruecos ha vencido
Otras Naciones, es cierto,
Que al español le protege
El Dios Grande, no hay remedio.
Hazte amigo de la España
Y civilizará tu reino,
Y tendrá muchas ventajas
De ilustración y comercio
Y finalmente serás
feliz de lo venidero...
Rey Moro
Ya me tienes decidido
con tus prudentes consejos.
Anda, confirma la paz,
todo mi poder te entrego,
abomino a Inglaterra
a sus tramas y sus enredos;
a España se le concede
cuanto pida de mi Reino
y luego que me reponga
y haya pasado algún tiempo
le declaré la guerra
al inglés que tuvo ingenio
de oponerme con España
para sacar partido de ello.
Muley
Cristianos vengo contento
con la orden que me ha dado
mi Emperador, y es muy cierto;
ha confirmado la paz
con mis precedentes consejos
y dice que te concede
cuanto pidas de su Reino.
Rey Cristiano
Muley, mucho me alegro
porque si tu Emperador
no tomara tus consejos,
daría fin a mis tropas
todo su basto Imperio.
Muley
En esto nunca habrá fallo
Te lo aseguro por cierto.
Rey Cristiano
Pues adiós, hasta la tarde.
Muley
A la tarde nos veremos.
Fin del Segundo Acto
Paje
Los cristianos se presentan
en grupos y compañías
y yo defiendo a Marruecos
con esta fuerte gumía
pues soy cadete inhumano
de las tropas marroquinas.
Rey Cristiano
Al frente del enemigo
para probar mi venganza
os suplico embajador
le presentéis la batalla.
Embajador
Voy gustoso a obedeceros
y a enseñaros mi palabra.
El soberbio africano
que no quiso la paz
y la amistad que le ofrecí,
venga a mis ojos,
pruebe mi venganza
y el cuello indócil
a la par que rinda
y porque a los mortales
fatal empleo de orgullo sirva
al estribo del bruto generoso
mis trofeos confirmen mi dominio.
Rey Cristiano
No más, no más.
Basta soldado.
Si fuera muy tenaz
si no se humilla,
si no obedece,
derribarlo y muera.
Mandad hagan alto prevenido,
en el sitio propuesto y asistido.
De la caballería en escuadrones
haya fija la gloria. En batallones
fórmese la infantería,
que antes que acaso llegue el día
he de ver al contrario en tal estado,
que mísero, abatido y destrozado,
conozca la soberbia que lo inflama,
perdiendo todo el ser, su Reino y fama.
Roque
Y vamos caminando hacia el castillo
A que nos den cerezas y rosquillas,
pues yo creo, según advierto ahora
que seremos bizcochos antes de una hora.
Rey Cristiano
¿Tan poca confianza tienes en tu patrón?
Roque
No señor, que yo en todo siempre abogo
su santa protección.
Rey Moro
¡Alarma, alarma!
Rey Cristiano
¿Qué voces son aquí estas que resuenan?
que al asegurar terrible de la muerte
a la tierra, Marte se convierte?.
Roque
Moros son que alborotados
preparan sus municiones quiera
Dios que no nos den
con algunos coscorrones.
¡Hola moros, advertir
que esas joyas que tenéis
no quiero las entreguéis
yo no lo he de consentir.
Rey Cristiano
Nobles cristianos, campeones valerosos
ha de triunfar el turco furioso
de vuestro valor, espíritu esforzado.
No espero de vosotros tal perfidia,
sino que un castillo guarnecido
este mismo día, quede rendido.
Divídanse las tropas en varios
trozos circunden y rindan el castillo
y hagan prisionero a su caudillo.
Roque
Y para que llevar preso
a ese sultán furioso
si es más feo que un oso
y no nos dará queso,
dejémonos de eso
y si parece a vuestra excelencia
porqué parece indecencia
no prendamos a ese moro
no sea que se vuelva un toro
y nos quite la existencia.
Rey Cristiano
Roque, si eres cobarde
vuélvete a la tienda
para que nadie entienda tu cobardía
y la gloria de España
se pierda en este día.
Roque
¿Roque, señor, cobarde?
no por vida mía
que solo lo que siento
es que vuestra majestad
pierda su tranquilidad
paciencia y entendimiento.
Rey Cristiano
Caminad hacia el castillo
ninguno quede con vida
y solo al Soberano
prestad la atención debida.
Rey Moro
A las armas, musulmanes. Fuego.
Rey Cristiano
Las banderas tremolan ya rendidas
oigamos sus clamores
pare el sonido de tambores
y veamos si deben ser oídas.
Rey Moro
¡Somos vencidos somos vencidos!
Rey Cristiano
Cercad ese castillo campeones
y luego que se entreguen
tremolemos los pendones españoles.
Entregad moros las llaves.
Rey Moro
Sin honor no las entrego.
Rey Cristiano
Entregadlas, que el honor
también ha de ser hoy vuestro.
Rey Moro
Las tropas que a mí me siguen
capitulando prometo
que rendirán sus personas
y entregarán su armamento,
pero sus vidas seguras
quedarán de vuestro intento.
Rey Cristiano
¡Oh gran rey!
vuestras personas están reservadas
las tropas que trabajan,
y a las fuerzas que tú entregas
la libertad les prometo.
Rey Moro
Pues recibid estas llaves.
Rey Cristiano
Yo las aprecio.
Desarmad vuestros soldados
bajo el severo concepto
que si alguno se opusiera
a mi superior decreto,
le pasaré por las armas
y lograrán fin funesto.
Rey Moro
Podéis entrar sin cuidado.
Rey Cristiano
Pues al castillo pasamos.
Rey Moro
Aquí tenéis general
rendido de toda Asia,
desligadme el acero,
disponed de mi persona
pues que ya soy prisionero
en esa cárcel estrecha
a Sebastián tengo preso.
Recibidle pues, que yo
no lo conozco ni quiero.
Rey Cristiano
Gran señor
os vais a enterar primero
que no el interés ni el mando
anima nuestros aceros
sino que el Gran Fernando
de nuestra España portento
ejemplo de Santidad
y valor al mismo tiempo,
se propuso conquistar
no solo vuestros aceras
sino también vuestras almas,
que es lo que yo ahora pretendo,
concluida ya esta guerra.
Solo siento ahora
que vos estéis ajenos
de aquella felicidad
que el cristiano disfruta
y que esta no sea vuestra.
Rey Moro
Dime cristiano y ¿en qué consiste?
la vida eterna?
Rey Cristiano
En disfrutar de Dios mismo
que es la felicidad nuestra.
Rey Moro
¿Y como puede ser esto
en nuestra naturaleza?
Rey Cristiano
En conocer a su Dios
dueño de toda potencia.
Rey Moro
¿Como se conoce a Dios?
Rey Cristiano
Por lo que dicta El mismo.
Rey Moro
Pues decidme algo de Él.
Rey Cristiano
Que me oigas te suplico.
Dios es la sabiduría eterna
creó el mundo y le impuso
mandato su providencia
este Dios Trino en persona
y Único en Naturaleza.
¿No miras una linterna?
¿No pasa por su cristal
la luz sin hacerle mella.
El Sol, ¿no entra en tu aposento?
¿Conoces por donde entra?
¿Entre abrojos no se crían
flores que entre ellas descollan?
Pues esta mujer feliz dotada
por Excelencia
fue flor entre los abrojos
y fue para la luz linterna.
Recibió la luz del Sol
sin tocarle a su pureza
y nunca recibió mancha
su humilde naturaleza,
y si Dios lo pudo hacer
¿a qué viene la duda vuestra?
Recibid pues el bautismo
abandonad vuestra secta
dejad a Mahoma infame
impostor que os embelesa
que con embustes y enredos
os priva la vida eterna.
Rey Moro
Me parecen tus palabras
razones muy lisonjeras,
fuertes, terribles y grandes
mejor que las de mi secta.
Jamete
Maldito si me bautizan.
Roque
Tú, simplicidades dejas.
Mira: el cristiano disfruta
comodidades honestas,
come conejo y faisán,
tocino, jamón perdido,
gallinas y gallinetas,
y otras muchas cosas buenas
que vuestra Ley no permite
y sí, la religión nuestra.
Jamete
Pues viviendo de esa manera
también me convierto yo
a esa religión tan buena.
Dime cristiano, ¿Y habrá
también unas poquitas
de abejas, avispas, pulgas y moscas,
castucos y sanguijuelas
ventosas y sinapismos
melocotones y brevas,
que por detrás de las orejas
se les pueda aplicar
a la gente forastera
y aquella que mal quiera?
Roque
Si, y luego irás a mi casa,
y verás aquellas paneras
llenas de trigo, garbanzos,
centeno, mijo y avena,
panizo, jazmín, lentejas,
pesos, duros y pesetas:
tú, tomarás los que gustes
para jugar cuando quieras
tendrás novias a montones
y les cantarás copletas.
En fin, gozarás de todo
y te divertirás
más que se usa en tu tierra.
Jamete
¿Y sin bautismo me dejas?
Roque
No, que te lo darán allí.
Jamete
Pero me lo traerán aquí.
Roque
No, que eso lo dan en la iglesia.
Jamete
Vaya a priesa, vaya a priesa.
SUPLICAS
Paje
Como niño yo te pido
postrado aquí, en este suelo
que perdonéis a mi Rey
las ofensas que os ha hecho.
Madre sois de pecadores
esposa del Rey eterno
nuestro amparo, nuestra guía,
y también nuestro consuelo.
Ni se ha dicho, ni se dirá,
con los andares del tiempo,
aquel que llegara aquí
no haya encontrado consuelo.
Sí madre y señora mía,
hermosura de la tierra
danos la paz en esta vida
y gloria en la venidera.
Rey Moro
! Oh mi Reina soberana!
¡Oh mi Soberana Reina!
¡Oh reina del Cielo hermoso!
¡Oh hermosura de la tierra!
¡Oh emperatriz dadivosa!
¡Oh modelo de clemencia!
¡Oh madre del Dios más grande!
¡Oh consuelo de indulgencia!
¡Oh madre mía, tus hijos
son mis soldados que impetran
que olvidando sus defectos
oigas benignos sus quejas!
Yo con ellos, vil infame,
me burlé de tu pureza,
mofé tu divinidad,
me reí de tu grandeza,
más ahora que conozco
madre mía que eres tierna,
eres modelo de afable,
iris de eterna clemencia,
la Madre del Dios más grande.
Reina de los serafines,
soberana de la tierra,
que recibes en tu amparo
a todo aquel que te impetra.
Vengo pues, madre
mis tropas ya sin dureza
no secuaces de Mahoma,
sí adictos a tu pureza:
te dirigieron oprobios,
mas esperan tu demencia
vuelve tus ojos María
¿no ves cómo ya les pesa
de su necia obstinación?
¿No ves que sus tristes ojos
esperan ya tu perd6n?
Si la obtuve, no lo dudo
mi lengua desenfrenada
os colma de bendiciones.
¿Quién tuviera las entrañas
tan puras como una virgen
y en tu honor sacrificarlas?
¡Quien cristiano hubiera sido
toda la vida pasada!
¡Quién un puro corazón
sacrificara en tus aras!.
Más ya que en esta ocasión
se me ha ofrecido tu gracia
no quiero perder momento
que un puro remordimiento
a mi existencia amenaza.
(Se levanta y se dirige al cristiano diciéndole)
Volemos nobles cristianos
con tus almas y tus lenguas
me has cautivado dos veces
corramos hacia ese Dios.
Fin del Tercer Acto
FIN