Poesía

Unas de autora o autor conocidos y otras anónimas, estas son algunas de las poesías que hablan de Somontín o han sido escritos por somontineras o somontineros.

A Somontín

Navidad e invierno.
De Lúcar a Somontín
agua, nieve y viento;
un trapecio de veredas
- vericuetos del destino -
se enreda en nuestro camino.

Entre cortijo y cortijo
hasta la ronda del pueblo,
solo canta su consuelo
el abrazo de la lumbre
y el beso del chimichurre.

Somontín cordial y amigo,
juega como testigo
en una batalla de estrellas
con cicatrices de talco
en la historia de sus sierras.

La Rambla lleva hasta el río
toda una ilusión de espejos,
¡ lastima que el Almanzora
tan agreste, tan esquivo
deje el mar de su cuenca
en el cajón del olvido!

Las gentes de Somontín
dividen su yerbabuena
entre el sudor de los campos,
la polvareda de talco
y el verde guardia civil.

Y el carnaval de los tiempos
que hace niebla los recuerdos,
no impide que yo desee,
volver a andar los caminos
adornados de trapecios.

A la higuera de mi puerta

Autor: Antonio Ramón García Oliver (Moreno)
 Verano de 1998
Poesía ganadora del primer certamen de poesía "Villa de Somontín"

Brazos abiertos clamando al Cielo
Llena de frutos y revuelta por un rosal
En una noche estrellada
En la noche de San Juan.

Sangre blanca de la Tierra
Savia nueva al despertar
Tú, que contemplas mi espacio
Mi jardín... mi soledad...!

Vestida en verano de verde Esperanza
Desnuda en otoño por la tristeza
Vestida de cepas, nudos y de hojas
Desnuda sola, desnuda de Pena.

Tú, que levantas tus brazos al viento
Tú, que discutes con los pinos, enredadera y olivos
Tú, la que siempre llora
Gotas blancas en mi paladar.

Y siguen las espinas punzantes del rosal
Y tú, desahogándote en el viento
Ruges, quiebras, llamas a una Primavera más
Alabas al Cielo y lloras al suelo
Le das cobijo al pájaro en LIBERTAD
Inspiras a poetas que tanto te admiran
Ocupas un hueco desde mi cristal
Tú.
La higuera de mi puerta.

A la orilla del Pretil

Autora: Dolores Pérez Pérez

Somontín tiene un Balcón
que le llaman El Pretil:
se ve la sierra de los Filabres
y los coches por Los Olivos venir.

Cuatro pasos más allá,
la avenida de Los Álamos,
donde los viejos refrescan
viendo los niños jugando.

Por la calle del Pilar
vamos a la Plaza del Santo,
donde todos los domingos
allí ponen el mercado.

Un poquito más arriba
está La Asomaica,
donde está el deposito del agua
que desde el pueblo se divisa.

Detrás de La Asomaica
está la Fuente de los Haces,
donde pasan buenos ratos
todos los veraneantes.

Que bonita está La Sierra
con sus pinos y sus collados
y andando bajamos
a la calle del Barrio Santo.

Bajamos a Las Peñicas,
tomamos hacia Los Liberillos,
a beber el agua fresca
del cortijo de los Conchillos.

Subimos a Las Toscas,
tomamos hacia La Agüilla;
debajo de los pinos
se encuentra la fuentecilla.

No podemos dejar de ir
a la fuente de Los Caños
y tomarnos unas copicas
en el bar de los jubilados.

Hemos hecho un recorrido
por las fuentes de Somontín
y de nuevo nos encontramos
a la orilla del Pretil.

Con el corazón

Autor: Antonio Ramón García Oliver oreno)
Verano de 1998
Poema solidario-pacifista, inspirado en una noche de luna menguante y dedicado a las gentes de mi pueblo, SOMONTÍN.

 

Luna menguante, Sol de cristal
Rumor de los vientos
De la LIBERTAD.

Luna menguante, luz de verano
Corazón abierto
Para aquel hermano.

Luna menguante, Paz sin rencor
Para el enemigo
De tu alrededor.

Luna menguante, duerme tranquilo
Vive despierto
Y sueña dormido.

Luna menguante, Almas tranquilas
Almas solidarias
De gentes sencillas.

Luna menguante o Luna creciente
Abrazando al mundo
De oriente a occidente.

Una historia transparente

Antonio Ramón García Oliver (Moreno)
Otoño de 1997

Una triste canción de despedida
Una historia de amor para borrar
Una senda de trabas y de quejas
Un camino con un punto y un final.

Un cuchillo de acero que se clava
Con tu nombre tatuado en mi pesar
Una mancha de negro en la memoria
Otra noche revuelto en soledad.

Una copa de vino que se acaba
Unos labios muy hartos de besar
Unas manchas de carmín en el espejo
Unas fotos y unos restos de metal.

Un poema de amor desesperado
Con promesas que no fueron verdad
Un reloj de cuerda que se para
A la hora de tanta falsedad.

Ahora quiero borrarte para siempre
Tus mentiras no me han de consolar
Esa infiel baraja de los sueños
Fue la carta que volviste a utilizar.

Ahora eres, pasado en mi presente
Una historia... ¡Tan solo!...¡Nada más!
La testigo que supo aquel fracaso
Entre excusas, pretextos... ¡Qué más da!

Y me fui, sin recordar la fecha
Me alejé de donde no debí llegar
Y ahora lejos, escribe la memoria
De una historia que tuvo su final.