Somontín es un pueblo pequeño, sencillo, con calles empinadas, muchas casas blancas y una gente entre la que la acogida se encuentra entre sus mejores virtudes.
Si te pierdes, si es que es posible en un pueblo de este tamaño, no dudes en preguntar. Sin duda que obtendrás generosamente la ayuda que necesites.
En tu visita no esperes encontrar grandes monumentos ni parajes únicos que le hagan destacar en exceso de los pueblos de alrededor. No obstante, sí que encontrarás muchos rincones con encanto, y vistas maravillosas a todo el Valle del Almanzora.
Prepara tu cámara de fotos, poco peso en la mochila, unas gafas de sol, escoge una hora que no esté entre las 12 del medio día y las 5 la tarde de un día de verano y disponte a disfrutar del paseo.
A Somontín se puede acceder por los cuatro puntos cardinales:
Una vez se ha llegado al pueblo por cualquiera de los accesos, dado que Somontín es un pueblo pequeño, perfectamente manejable a pie, es recomendable aparcar el coche en el primer sitio que sea posible y comenzar la visita.
Hay en Somontín varios lugares que pueden servir de punto de encuentro para iniciar la visita. Elegimos la Plaza del Santo entre ellos por ser la plaza mayor del pueblo y lugar donde se encuentra el ayuntamiento.
En esta plaza es en la que se celebra los principales actos de las fiestas del pueblo. También en ella se realiza la parada de las procesiones patronales y el Paseo de la Rosca el día de San Sebastián, patrón del pueblo.
Si has llegado hasta la plaza en coche puede que encuentres algún aparcamiento.
En la fachada del lado norte está el ayuntamiento, en donde, si tienes alguna duda puedes recavar más información.
Cuatro calles y un callejón sin salida desembocan en la Plaza del Santo. Por la calle que llega del sur, la Calle del Pilar, se llega a los Caños, a la fuente pública, por la que viene del este se llega al Barrio Alto, a la calle de la Sierra, la que llega del norte es la continuación de la calle del Pilar y continúa hasta el camino de la sierra y la que llega del oeste es la que llega del Barrio Santo, lugar al que proponemos dirigirnos en primer lugar.
Desde la Plaza del Santo llegamos al Barrio Santo y nos encontramos con el Juego de Pelota, antiguo frontón, convertido en pista polideportiva cubierta. Allí se vivieron tardes memorables en la década de los 40 y 50 con reñidos partidos de pelota al más puro estilo vasco (ver el artículo El juego de pelota de Baldormero Oliver).
En este barrio se encuentra la ermita de San Sebastián situada sobre el antiguo cementerio de Somontín y en la cual se encuentran las imágenes de San Sebastián, San Sebastián el Chico (talla de principio del siglo XX) y Santa Inés.
En otros tiempos, era el Barrio Santo un barrio de casas humildes, en su mayoría de una planta, habitadas por labradores y peones del campo, igual que el de Triana al que se llegará más tarde en el extremo opuesto de Somontín.
Ahora, sin embargo, ha sido una de las zonas de expansión natural del pueblo y se encuentra lleno de casas nuevas, algunas de ellas de imponente tamaño.
Entre sus calles estrechas se puede ver todavía alguna cueva usada como corral para los animales o, incluso, formando parte de alguna casa.
Atravesando el barrio en la dirección en la que veníamos desde la plaza del Santo llegaremos a la circunvalación que separa del nuevo barrio de las piscinas.
Alrededor de la piscina municipal se ha construido un nuevo barrio, con casas de dispar diseño, y con unas excelentes vistas del valle.
Aún sin finalizar, se encuentra la ermita que desde la Hermandad de la Virgen del Pilar se está construyendo en honor a su patrona, virgen de gran devoción en Somontín dado el gran número de guardias civiles de origen somontinero.
Si realizamos la visita en los meses veraniegos, será un buen momento para darse un chapuzón en la piscina.
Siguiendo el camino que ha debajo de la piscina llegamos a La Cigarra.
El Barrio de la Piscina, sin pretenderlo, ha acercado La Cigarra al pueblo. Ahora son pocos los metros sin casas entre el final del barrio Santo y este Barrio de la Cigarra.
Menos de una decena de casas constituían el núcleo de este barrio que se está ampliando en los últimos años y que goza de estar pegado al pueblo pero de estar a la vez entre la huerta y la montaña.
Damos la vuelta y volvemos por el mismo camino que nos trajo a La Cigarra para retomar la Circunvalación de subida para dirigirnos al Barrio de la Sierra.
Siguiendo el itinerario indicado, llegamos por la circunvalación a través de una zona de casas nuevas que limitan con el monte a la calle que sube desde el Juego de Pelota y que era el barranco del Barrio Santo, ahora canalizado subterráneamente. Lo que eran las Mancovas, zona de baldío donde muchos aprovechaban para tirar basura se ha reconvertido en una nueva zona del pueblo, que enlaza con el principio del Barrio de la Sierra que lleva desde el Barrio Santo hasta Triana siguiendo el perfil del pueblo y la ladera de la montaña, ahora arañada por las excavadoras que están abriendo una nueva calle.
A lo largo de la Calle de la Sierra peden encontrarse todavía algunas casas con la estructura típica del Somontín de los siglos XVIII y XIX: casas pequeñas de una sola planta adaptadas al terreno, en ocasiones bastante desnivelado.
Confluyen a la Calle de la Sierra varias calles que conducen a, prácticamente, cualquier lugar del pueblo (Plaza del Santo, Los Álamos, Plaza del Mercado, ...).
Continuando por la calle de la Sierra llegamos a la encrucijada que en la que se encuentran con esta calle la de El medio, Estanco y la de Triana. Otro de los puntos donde pararse a contemplar las diferentes vistas que se nos ofrecen.
Todavía puede verse en algún rincón de este barrio una estructura similar a la del Barrio Santo y el Barrio de la Sierra, es decir, casas pequeñas de una sola planta.
De los barrios que formaban el Somontín que podíamos encontrar a principios del siglo XX, el de Triana es de los más modernos, al igual que los ya mencionados del Barrio Santo y de la Sierra, habitados por labradores.
También ha cambiado mucho este barrio, con la canalización del Barranco que lleva su nombre y con la creación del acceso a través de la Agüilla que viene desde la carretera de Urrácal.
Una de las tradiciones populares de Somontín, el Judas, se realiza a los piés de este barrio.
Desde Triana y a través de la calle de las Parras, estrecha y ondulada, llegamos a la Plaza de la Constitución, conocida por la Plaza del Mercado. Allí comienza el núcleo antiguo de del Somontín que se estructuró alrededor de la Iglesia, y antes de la mezquita.
En esta pequeña plaza se pueden disfrutar las carretillas el 19 de enero, víspera del día de San Sebastián.
La entrada sur de esta plaza está formada por unos porches en los que aún puede observarse el arco y ubicación de la puerta que cerraba el pueblo, que en ese punto acababa.
A través de estos bonitos emporchados se llega bajo la torre de la Iglesia de Santa María. La calle viene del este, la Calle de la Iglesia, nos conduce a la Placeta, lugar en el que podemos encontrar varias casas que aún conservan señales de su brillante origen. En una de ellas se puede ver un escudo de la Inquisición, tratándose, casi con toda seguridad, de la casa del inquisidor que habitaba en Somontín en el siglo XVIII. A su lado, casi en ruinas, puede observarse la casa que, posiblemente, era la casa del Señor de Somontín, en los siglos XVI al XIX, época en que éste pueblo era tierra de señorío y perteneció a diferentes familias. También está en la Placeta la Casa de Curato, propiedad de la Iglesia.
Volviendo a la Iglesia de Santa María en ella podemos encontrar una magnífica talla de la Virgen de los Dolores, procedente de la escuela de Francisco de Salcillo, insigne imaginero murciano del siglo XVIII, imagen que , junto a San Sebastián el Chico, sobrevivieron a la quema de santos realizada durante la Guerra Civil.
Hasta 1983 pudo observarse en el techo de la iglesia un magnífico artesonado mudéjar de madera que databa del siglo XVI, época de construcción del templo. Diversas causas confluyeron en el deterioro del edificio que provocaron en el verano de ese año el hundimiento de todo su techo con la consiguiente pérdida de su artesonado.
En la cara sur de la iglesia encontramos el Pretil. Francisco Villaespesa, asombrado por la magnífica vista que desde allí puede observarse, lo denominó Balcón del Almanzora, su actual nombre. Desde este nuevo mirador, pueden observarse todos los pueblos del valle del almanzora desde Cantoria hasta Lúcar, asi como toda la vega de cultivo somontinera.
Dejando el barrio de la iglesia, hacia el oeste, nos encontramos con Los Álamos, lugar soleado donde acostumbran a reunirse los ancianos para discutir de política y del tiempo. Son Los Álamos un mirador interno desde donde podemos ver una buena parte del pueblo y al fondo los Caños, nuestro siguiente destino.
Antes de tomar la bajada de la Calle del Pilar, en la equina de los Álamos encontramos una casa roja, del primer tercio del siglo XX, que contrasta con el habitual blanco de las casas del pueblo. De subida, la corta pero intensa, Cuesta de la Villa, que parte de la que eran la Puerta de la Villa, otra de los puntos que daban acceso al pueblo en el siglo XVIII.
Bajando por la Calle del Pilar llegamos a una pequeña plaza con tres impresionantes castaños bordes o plataneras como le llaman en otros lugares, que dan sombra a la Fuente de San Sebastián.
Podemos refrescarnos en ella con el agua que, a pie llano, procede de las entrañas de la sierra y que con una temperatura constante mana permanentemente. Si la visitamos en diferentes épocas podemos observar el curioso efecto de que en verano el agua estará fria y en invierno caliente.
Esta fuente fue el resultado de la unión de las tres fuentes que existían en Somontín a finales del siglo XIX.
El agua de esta fuente está regulada en tandas de 15 días, cada uno de los cuales se inicia a las 6 de la tarde, y es de propiedad privada. No obstante, puede utilizarse libremente para el abastecimiento doméstico de todo el pueblo y los sobrantes del mismo son los que se dedican al riego de los campos.
Desde aquí, siguiendo la Avenida de Juan Carlos I, dejamos a la derecha las Escuelas, y más abajo la Casa del Médico, volviendo a la entrada principal del pueblo, donde iniciamos esta visita.
Nos gustaría que tras esta visita te lleves un recuerdo agradable de Somontín. Olvidate de las cosas que hayas visto que no te gusten, que no serán pocas, y quédate con las positivas, que serán muchas.
Somontín tiene la fama de que el que viene una vez repite.
Te esperamos de nuevo.
¡¡¡ Hasta pronto !!!