Somontín es un pueblo milenario de origen romano y con unas características físicas marcadas por su pasádo árabe, aunque lo más importante, los somontineros de ahora, iniciaron su camino en este pueblo a finales del siglo XV, tras la expulsión de los moriscos, los anteriores somontineros.
A partir de fuentes de diverso tipo y con las aportaciones que ya han hecho otros sobre la historia de Somontín, en este apartado iremos desarrollando las diferentes épocas de este pueblo.
Con la poca información con que se cuenta, nos aventuramos a afirmar, en base a las argumentaciones que aportaremos a continuación que:
- Somontín fue fundado con anterioridad a la invasión musulmana del siglo VIII por pobladores de lengua latina (posiblemente romanos).
- Su nombre procede del latín "SUMMUS MONTIS" que quiere decir en la parte más alta del monte.
- Desde su origen se encuentra situado en su ubicación actual.
Dice el arabista del siglo XIX Francisco Javier Simonet en su "Descripción del Reino de Granada sacada de los autores arábigos", en la edición de 1872, (obra basada en documentos medievales de orígen árabe) que en dicho reino existió una mezcla muy importante de linajes y razas, formando una diversidad de elementos español, arábigo y bereber. "El elemento latino no es el de menos importancia en la nomenclatura geográfica de este reino ya que en esta tierra quedó una porción de población romana y gótica que conservó sus leyes y su idioma y con mayor razón los nombres geográficos de ríos, montes, ciudades y fortalezas". Al elemento latino pertenecen muchos nombres en que entran las palabras de elementos geográficos, como monte (Mondújar, Montefrío, Montillana, Somontín, ...), campo (Campillos, Campo Téjar, Cambea, ...), canal (Alcanar, Caniles, Canales, ...), torre (Torrox, Turre, Turrilla, ...), valle (Vélez, Bellidos, Belefique, ...), ...
En la misma obra Simonet dice que "los demás pueblos notables de esta provincia, que datan de la época árabe, y cuyos nombres constan por su mayor parte en aquellos autores son los siguientes: ...Hisn Somontan, hoy Somontin, ...".
Buscando el significado del nombre de Somontín podemos establecer algunas teorías diferentes, como las siguientes.
Teoría del "sub"
Tomando el latín como lengua de la que procede el nombre, la teoría "histórica" y aceptada tradicionalmente es que el nombre de Somontín procede de la unión de "SUB" y "MONS-MONTIS". Esto conduce a que su significado sería "debajo del monte".
De esta forma es como se interpreta en el "Breve diccionario de topónimos españoles" (Emilio Nieto Ballester. Alianza Editorial). Allí se indica que esta es su procedencia, al igual que otros topónimos como Sopeira (Huesca), Sopetrán (Guadalajara) que procedería de "sub petra", Surroca d'Ogesca (Girona) de "sub roca", ...
En "Etimologías españolas" (Vicente García de Diego. Cultura e Historia, Aguilar) de forma genérica, no refiriéndose a topónimos, a muchas de las palabras españolas que comienzan por "so" les atribuye el origen latino de "sub".
Teoría del "summus"
También tomando el latín como lengua de procedencia, otra posibilidad es que Somontín se forma a partir de la unión de las palabras "SUMMUS" y "MONS-MONTIS". Su significado sería entonces "en la parte alta del monte".
De esta forma es como se describe en el "Diccionario de topónimos españoles y sus gentilicios" (Pancracio Celdrán. Espasa).
Aunque no aparece explícitamente el nombre de Somontín, en la "Enciclopedia de los topónimos españoles" (Joseph Maria Albaigés. Enciclopedias Planeta), se describen todos los que comienzan por "som" como procedentes de "summus". Así es el caso de Somorrostro, Somosierra y Somport .
El nombre árabe
En diferentes lugares aparece en la literatura árabe perteneciente al periodo 711-1492 el nombre de Somontín. Suele aparecer escrito de diferentes formas: Shumuntan, Sumuntan, Somontan, ..., y acompañado en bastantes casos de la palabra "Hisn", que significa fortaleza, castillo e incluso en algunas ocasiones los árabes lo utilizaban para indicar que el lugar estaba protegido por una cerca.
Podemos dar por sentado que el nombre no tiene un origen árabe, por varios motivos: es demasiado evidente su procedencia del latín ya sea en una u otra de las formas descritas, y no se corresponde con ningún significado que pueda identificarse en árabe.
La dificultad que entraña para la lengua árabe la traducción de palabras cuyo origen está en otra lengua, en este caso el latín, es enorme, debido a que en la escritura arábiga no se suelen señalar las vocales breves y cada traductor, transcriptor o intérprete de un texto puede introducir variaciones sustanciales en la estructura de la palabra.
Normalmente vemos traducido el nombre como Shumuntan o Sumuntan. La trascripción literal de tal como se escribiría en árabe sería Shmntn o Smntn lo cual añade poca luz para conocer mejor el significado original del nombre.
Cortijo de Carrillo
En la zona del cortijo de Carrillo se han encontrado restos de origen romano. Esta zona se encuentra a unos 2 km al sureste del asentamiento actual de Somontín.
En esta zona encontramos pequeñas fuentes de agua. Se encuentra en la parte plana del Valle del Almanzora, a poca altura por encima de otros lugares como Purchena, Tíjola o Urrácal y es un emplazamiento que entraña mucha dificultad para su defensa por ser plana y sin una clara visibilidad para advertir ataques enemigos.
Cortijo Ríos (las Terreras)
En las Terreras, junto al Cortijo Ríos, también se encontraron numerosos restos humanos pertenecientes a un cementerio. Desgraciadamente no se conservan documentos gráficos ni de cualquier otro tipo que puedan ayudar a datarlos. Por los testimonios orales, se trataba de un cementerio con numerosas tumbas individuales con losas de piedra de base y otras que en forma de V invertida protegían al cadáver. Estos forma de enterramiento es idéntica a otras encontradas en otras zonas de España y que corresponden a enterramientos prerromanos. Por lo elaborado de las tumbas es poco probable que se tratase del enterramiento posterior a una batalla, sino que más bien sería lógico pensar en un enterramiento permanente y que debería de corresponder con algún núcleo de población cercana.
La zona en la que se podía situar este núcleo de población, igual que ocurría con el del Cortijo de Carrillo, es de difícil defensa, por tratarse de una zona en una pequeña ladera de una montaña (la Loma de los Pinos) y en la orilla de la rambla de Somontín.
Posiblemente sean las condiciones climatológicas y sus consecuencias lo que más pueda llegar a condicionar la estabilidad de un asentamiento humano en esta zona. Bien es cierto que no podemos asegurar la existencia de fuentes permanentes de agua en esa zona hace 20 siglos, pero si nos atenemos a la situación actual y al tipo de terreno que allí se encuentra, no hay fuentes de agua abundantes y permanentes. Las que podemos encontrar están claramente ligadas a las condiciones climatológicas. Así, tras un periodo de sequía de varios años, prácticamente todas la fuentes de la zona se secan o bajan tanto su caudal que resultaría difícil poder abastecer a personas y animales sin necesidad de desplazarse varios kilómetros.
Plaza del Santo
En las excavaciones que se realizaron para la construcción del sistema actual de alcantarillado, al final de los años 80, apareció un esqueleto humano en la plaza del santo, aunque no se continuó excavando ni se identificaron otros restos que ayudasen a datar el cuerpo.
Otros restos
Desgraciadamente no se han conservado los restos arqueológicos que han ido apareciendo.
En la construcción de los cimientos de una casa en la zona de La Cigarra se encontraron lo que, por la descripción, debían de ser depósitos de cereales. Se trataba de grandes huecos en el suelo, perfectamente realizados y tapados con una piedra.
A ciencia cierta que, voluntaria o involuntariamente, se han ido destruyendo a lo largo de la historia restos que podían haber ayudado a comprender, en primera persona, la historia de nuestro pueblo.
También han aparecido enterramientos humanos cerca del Cementerio actual.
Por el origen latino del nombre de Somontín, y a falta de más datos que lo concreten, la fundación de este pueblo sería, con total seguridad, anterior al siglo VIII.
Teniendo en cuenta varios factores, la ubicación original de Somontín puede, igual que el origen del nombre, dar lugar a dos teorías diferentes:
Teoría de la doble ubicación
Hasta el momento se ha supuesto que la ubicación original de Somontín era la zona del Cortijo de Carrillo, siendo ese asentamiento romano el origen del pueblo, tanto en cuanto a asentamiento como en nombre. Posteriormente, ya en época musulmana, se habría producido el traslado a la ubicación actual para asegurar, fundamentalmente, la defensa.
Si tomamos la "teoría del sub", es decir, que el nombre de Somontín significa "debajo del monte", observando la orografía de la zona y lo que sería normal al poner un nombre a la misma, no existe ningún monte cercano con la suficiente entidad como para hacer evidente que aquella está "debajo del monte". Es mucho más evidente en las ubicaciones de Tíjola, Armuña, Purchena, ..., que sí se encuentra en el pie de las montañas. Por tanto, podíamos decir que no resultaría demasiado lógico unir el asentamiento del Cortijo de Carrillo con el nombre de Somontín, entendido como "debajo del monte".
Si tomamos la "teoría del summus", Somontín significa "en la parte alta del monte",la posibilidad de que allí sea donde se encontraba el Somontín original prácticamente quedaría descartada.
Teoría de la ubicación única
Si tomamos como válida para el origen del nombre de Somontín la "teoría del summus", estaríamos diciendo que cuando se fundó el pueblo estaba encima del monte, en su parte alta, para ser exactos.
Si observamos desde las poblaciones principales del río Almanzora (Purchena, Tíjola, ...) y a lo largo del río, Somontín se observa allá arriba encima de un peñasco en la ladera superior de la montaña. Sólo hay que subir o bajar por la carretera actual en coche para observar el cambio de presión debida a la fuerte pendiente que hay que salvar para llegar del río Almanzora al pueblo.
Hay que considerar que el Valle del Almanzora ha sido una zona fronteriza permanentemente, lo cual obligaba a ubicar los asentamientos humanos definitivos en lugares fácilmente defendibles y con un suministro de agua constante y suficiente.
Así, teniendo en cuenta todas las ventajas que a nivel defensivo, en cuanto a existencia de agua, en cuanto a la posición estratégica para advertir a otros pueblos de la zona de movimientos enemigos y, tomando como origen del nombre "encima del monte" (Summus Montis), se podía afirmar que este pueblo fue fundado en su ubicación actual por habitantes de lengua latina.
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En el FORO ETIMOLÓGICO "LINGUAWEB" encontré una referencia a este artículo, no precisamente positiva, sino comentando los errores en los que se caía habitualmente sobre la lengua árabe. Corregí el error y, aunque había pasado mucho tiempo les contesté y Francesc tuvo la amabilidad de aportar cierta información que considero de interés, aunque vaya en contra de los argumentos expuestos en este artículo. A continuación copio los dos post en que me contestaba:
Una de las principales obras que relatan el periodo de Abdarrahman III son las crónicas de Ibn Hayyan de Córdoba. Son fuentes árabes en las que se han basado muchos de los libros de historia que hay en la actualidad, entre ellos los mencionados de Simonet y Dozi en el apartado que trata sobre las guerras de los muladíes.
Los textos siguientes corresponden a la traducción, notas e indices por Mª Jesús Viguera y Federico Corriente de la "Crónica del Califa Abdarrahman III An-Nansir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V)" de Ibn Hayyan de Córdoba.
En los índices toponímicos de esta traducción se hace referencia a Somontín como el pueblo de la provincia de Almería, atribuyendo a Simonet su ubicación.
Las primeras campañas de an-Nasir
En este año tuvo lugar la campaña de Monteleón, primera de an-Nasir y presagio de su fortuna, para la que se había preparado desde primeros de rayah de este año ( l1 febrero 913), enviando mensajes a los gobernadores de las coras y regiones que se mantenían en su obediencia, para que se movilizaran y aprestaran a partir con él. El primero que le respondió, corroborando su obediencia, fue el yund damasceno, o sea, los de la cora de Elvira, que se apresuraron a venir a palacio y ponerse al servicio del califa, dejando por él sus fortalezas y baluartes inexpugnables sin pedir amán ni tomar garantía. La causa de su sumisión fue la intervención de su cadí, Muhammad b. 'Abd al-Jaliq al-Gassani, en este asunto y sus admoniciones y consejos, pues era escuchado entre ellos y no se le llevaba la contraria: él vino en persona con ellos a la puerta del sultán, el cual los colmó de agasajos y les reconoció la prioridad, concediéndoles el gobierno de las fortalezas que tenían, tras asegurarse de que se mantendrían en la obediencia, y designando entre ellos a Musa b. Taryuman y a Mujariq b. Yahya como jefes de los dos yund, lo que fue la primera designación en su reinado; la designación como cadí de ellos de Mubammad b. ‘Abdaljaliq fue a mediados de rabi II del mismo año (29 noviembre 912), siendo también el primer cadí que nombró. Al cabo de algún tiempo, estuvieron listos los preparativos de esta expedición, para la que partió el califa an-Nasir el sábado 7 de ramadán del año en curso, 17 de abril del calendario solar (año 913). Sobre esto dijo Ahmad b.Muhammad b. 'Abd Rabbihi:
Partiste, siendo tus ejércitos la ayuda y el apoyo divinos,
con la gloria de cabecera y el poder por cauda,
extendiéndose por los horizontes la misericordia divina
y mostrando la tierra faustos presagios a tu aparición.
pues se puso las túnicas adornadas de sus flores
como imitándote su adorno en belleza.
Saliste al camino entre generosidad y fuerza,
ésta en tu diestra, aquélla en la siniestra:
aunque opuestas, reunidas en tus manos,
pues ni sin ellas valdría nada la vida, ni sin ti,
marcharía ante ti el auxilio divino apresurado,
quebrando victorioso a quien se te opone en la tierra,
mientras la gente invoca, las esperanzar ansían,
la obediencia te anhele y la rebeldía te teme.
El plenilunio de tu diestra no se sujeta a órbita,
pues no verás que tal hagan plenilunios de la tierra:
guía contra los enemigos un ejército atronador
y enorme que machaca las colinas:
¡Misericordia y gracia de Dios para el mundo!
Goce el mundo de tu misericordia y gracia.
An-Nasir acampó en la explanada de Sa‘id b. Hudayl, en la fortaleza de Monteleón el domingo, a mediados de ramadán del año en curso (25 abril 913), atacándola en la mañana del lunes siguiente, tras rodearla por todas partes y escalar los hombres el monte Yarisa que la domina, tras desalojar a los que lo ocupaban los del sultán. El combate por la fortaleza se encarnizó el siguiente martes, generalizándose el incendio de sus arrabales y penetrándose en su interior, de manera que mucha de su gente fue muerta a sus puertas: a punto de perecer, Sa‘id b. Hudayl se rindió, buscando refugio en el amán, bajando a entregar la fortaleza al sultán. Fue su conquista el martes, quedando trece noches de ramadán (27 abril 913), y el sultán se la dio en gobierno a Muhammad b. 'Abdalwahhab, según acta extendida en el mismo campamento.
El ejército fue luego a la fortaleza de Somontín, donde 'Ubayd Allah b. Umayya b./as-Saliya estaba ya espantado de lo sucedido a Ibn Hudayl, por lo que se entregó en manos de an-Nasir sin combate ni oposición, refugiándose en el amán y cediendo todas sus fortalezas y baluartes en Somontín, que eran cerca del centenar, castillos algunos famosos por su inexpugnabilidad, el gobierno de todos los cuales dio an-Nasir a Yahya b. al-Layt.
De allí fue a las fortalezas de los Banu Hábil, que les hizo abandonar una a una, y luego, a las fortalezas que tenía el malvado 'Umar b. Hafsún en la cora de Jaén, conquistando Bacor, donde hizo rendirse a su caíd, Ibn 'Arus, Castro, donde hizo rendirse a Dahhún b. Hisam, Sirra, donde hizo rendirse a Ibn 'Abdala‘la y Uqliq donde estaba Fahlun.
Luego fue contra las fortalezas que tenía el perverso ‘Umar b. Hafsun en la cora de Elvira, tras acabar con la de Jaén, y no dejó allí quien se le opusiera, aunque aquellas fortalezas agregadas a los dominios de Umar b. Hafsún se habían negado a rendirse al sultán, cuando la gente de la cora se había apresurado a hacerlo, entrando en sus filas. Las sitió una por una, pero se le resistió la de Juviles por su lejanía y la dificultad de alcanzarla con catapultas; como allí estaban algunos cristianos del perverso 'Umar, valerosos y enérgicos, resistieron bien, pero an-Nasir, empeñado en combatirlos, hizo construir una base, donde emplazó la catapulta, alcanzándoles con sus piedras, y les cortó el agua y apretó el cerco hasta vencerlos, siendo tomada la fortaleza al asalto y muertos cuantos partidarios del rebelde 'Umar allí había, lo que le hizo mella, cayendo con ésta todas las fortalezas de Ferreira y alrededores. El maldito Ya'far, hijo preferido y heredero de su perverso padre, que estaba en Salobreña, asustado con estos triunfos sucesivos, huyó de allí de noche, uniéndose con su padre en su capital de Bobastro.
An-Násir fue luego a la fortaleza de Esteban, que domina la capital de Elvira, al tiempo ya de regresar, pues la tranquilidad se había consolidado, a pesar de lo cual la sitió unos días, mientras se ocupaba del gobierno de las fortalezas conquistadas en las dos coras de Damasco y Qinnasrin [o sea, Elvira y Jaén], guarneciendo sus baluartes y recorriendo sus aledaños que visitaba repetidamente, hasta que todo aquello quedó seguro, como él quería.
Las conquistas suyas en ambas coras en esta campaña alcanzaron las setenta fortalezas principales, renombradas y famosas, refugio de disidentes y rebeldes, por las que se riñeron grandes batallas, a cuyo número hay que sumar sus alcazabas, atalayas y fortificaciones menores, hasta cerca de 300 fortificaciones y torres, pues de éstas, sólo 'Ubayd Allah b. Umayya b. as-Sáliya tenía más de cien. Nunca anteriormente se había oído que ningún rey del mundo hiciera tales conquistas en una sola campaña, según contó y señaló aproximadamente el gran poeta Ahmad b. Muhammad b. 'Abd Rabhihi en unos versos suyos, cuando dice:
"En una sola campaña te apoderaste de doscientas fortalezas
Llenas todas de petulantes rebeldes:
Ni Salomón tal hiciera,
Ni el constructor de la muralla de Gog y Magog."
Dijo también en otro poema:
"En medio mes dejaste a la tierra tranquila,
Tras habérsele agitado incluso el lomo:
Cuando vieron cenirse sobre ellos el halcón,
Tornáronse milanos, y hasta francolines."
An-Nasir regresó de esta expedición, entrando en palacio el día de la Pascua Grande de este año (18 julio 913), a los tres meses y tres días de su partida.
La nómina de los rebeldes desalojados en esto campaña es: Sa'id b. Hudayl, que residía en la fortaleza de Monteleón, entre las otras citadas que le estaban agregadas, ‘Ubayd Allah b. Umayya b. as-Saliya, que residía en la fortaleza de Somontín, y era quien tenía más fortalezas que llegaban hasta tierras de la cora de Elvira, los Banu Habil, Mundir, Hábil, Amir y U'mar, hijos de Hurayz b. Hábil, de los cuales, Mundir fue desalojado de la fortaleza de Bagtawira, Habil de la de San Esteban, y 'Amir de la de San Justo, teniendo cada una de estas fortalezas principales fortificaciones accesorias; Dahhün, desalojado de la fortaleza de Castro, que domina la capital de Jaén, ‘Ahdal'azíz b. 'Abdala'là, de la de Sirra, Fahlun b. 'Abdallah, de la de Santillana, Aflah b. 'Arús, de la de Bacor, en Elvira, aliado de Ibn Hafsun, así como
Muhammad b. Farwa, que fue desalojado de la fortaleza de Ubeda en Elvira.
Conquista de las fortalezas de Juviles y Alpujarras
En este año fue conquistada al asalto la fortaleza de Juviles, y muertos en ella 55 hombres, aliados de ‘Umar b. Hafsun, entre ellos campeones distinguidos como el llamado Rubiel y Hilál at-Tanyi.
También fue tomada al asalto la fortaleza de Fiñana tras once días de combate, pues sus moradores obtuvieron el amán a cambio de entregar a los aliados de 'Umar b. Hafsun al sultán, que los hizo morir, habiendo entre ellos caídes de aquél y personas notables, como Maslama b. Ru'ba, Jalid, conocido por Abu Sulayman, Munira y otros. De éstos, An-Nasir entregó a Maslama a Muhammad b. Adha, con el cual rescató a sus dos hijos, rehenes del perverso 'Umar b. Hafsun, con los que se había librado cuando cayó en su cautiverio.
También fueron conquistadas todas las fortalezas de las Alpujarras, que estaban anexionadas a Ibn Hafsun, pero que hizo volver an-Nasir en esta campaña a la obediencia, con claras señales del beneplácito divino, al tener éxito cuando hizo en ella, guerra o paz. (Se cuenta que) un mentecato de aquellas altivas fortalezas se asomó reprendiéndolo despectivamente diciendo: "Dadle, dadle al hijo de su madre en el rostro", a lo cual replicó un acemilero que estaba cerca en la formación: "Pardiez que no ha de partir sin la cabeza de Ibn Hafsun en su poder", al oír esto, dijo el califa: "El que ha dicho esto sea elevado a más noble misión, inscribiéndosele con los caballeros y dándosele montura y tal suma de dinero", y así se hizo en el acto, con lo que pasó a ser uno de sus hombres distinguidos, peregrina anécdota de su solicitud, que la gente hizo circular.
Sobre esta feliz campaña dice Ismail b. Badr en una poesía suya:
"Enarbolados fueron pendones de victoria en que
vimos cómo será la resurrección de la humanidad:
los lleva un ejército que, cuando se mueve,
aunque la tierra le sea huraña en hondonadas y asperezas,
hace ameno el desierto que estaba abandonado
y desierto por su causa a lo poblado y ameno."
Es un largo poema.
Dice ‘Arib b. Said: an-Nasir hizo su salida del palacio de Córdoba el jueves 13 de sa'ban del año 300 (24 marzo 913) y partió en dirección a la cora de Jaén el sábado, 7 de ramadán (17 abril 913), 23 días después del alarde, dejando al cargo del palacio al visir y zalmedina Musa b. Muhammad b. Hudayr, junto a Abdarrahman, hijo del chambelán Badr, que partió con él con numerosas tropas y cumplidos pertrechos. Antes de su partida se había acogido a él Muhammad b. Farwa, señor de Úbeda, con todos sus caballeros, a los que recibió y acomodó de la mejor manera posible, integrándose con sus hombres y llevándoselo a él con el ejército, con lo cual se dirigió a su objetivo. Al acampar en la fortaleza de Martos, de la circunscripción de Jaén, tuvo noticias de la llegada del malvado Umar b. Hafsún a lo ciudad de Málaga, alcazaba de la cora de Riyya, a hostigar a su población, codiciando aprovecharse de su desamparo: aquella misma noche envió a socorrerles a Sa'id b. Abdalwarit con parte del ejército, ordenándola marchar velozmente y abreviar jornadas hasta entrar en Málaga y asegurarla, cortando Ios designios de Ibn Hafsun sobre el particular. Llegado aquél a ella, la aseguró y protegió la zona contra Ibn Hafsun.
An-Nasir, por su parte, marchó contra la fortaleza de Monteleón, acampando junto a ella el domingo, a mediados de ramad,an del año (25 abril 913), y combatiendo a su señor, Sa'id b. Hudayl, hasta conquistarla el martes, quedando 13 noches del mes (27 abril 913). Desalojándolo de ella, le concedió un amplio amán y lo trató con largueza, y encargó el gobierno de aquélla a Muhammad b. 'Abdalwahhab. Luego se dirigió a la fortaleza de Somontín, cuyo señor, 'Ubayd Allah b. Umayya b. as-Sáliya le pidió el amán, imitado por Ishaq b. Ibrahim, señor de Mentesa, por 'Ukasa b. Muhsan, señor del valle del Guadodalla, Maslama b. 'Abdallah, señor de Bayila, Mundir b. Hurayz, señor de Bagtawira, Aflah b. 'Arus, señor de Bacor y Fahlun b. 'Abdallah, señor de Santillana: todos ellos le rindieron sus fortalezas, sometiéndose a su obediencia y entregándose a discreción, y a todos perdonó ampliamente e hizo objeto de su favor, haciéndoles salir de la zona y mandando por delante a sus mujeres, hijos y enseres a Córdoba, de modo que acabaron siendo modelo entre sus hombres, y en sus fortalezas y baluartes hizo caídes a hombres de su confianza. Luego rindió a ‘Abdal'aziz b. 'Abdala'la de la fortaleza de Sirra, y a Dahhun b. Hisam de la de Castro, consolidándose la obediencia en la cora de Jaén y reinando la seguridad.
Luego se dirigió a la cora de Elvira y, tan pronto la ocupó, la gente de las fortalezas de Baza, Tíjola, Murbit, al-Barayila, y los Cenetes se apresuraron a rendirse, acogiéndose a la obediencia y evacuando sus fortalezas: él los acogió según esperaban, controlando la zona y guarneciendo sus fortalezas con personas de confianza de la mejor manera, según su excelente táctica.
Trasladóse An-Nasir luego a las fortalezas de Guadix, que evacuaron sus señores por su temor, acampando frente a la de Fiñana el viernes, 4 de sawwal (14 mayo 913); en ella estaban algunos de la banda del rebelde ‘Umar b. Hafsun, los cuales disuadieron y engañaron a su gente, de manera que se negaron a rendirse con la esperanza de librarse por la inexpugnabilidad de su fortaleza y gran valor, pero los ejércitos los rodearon e incendiaron su arrabal, con lo cual se volvieron atrás sumisos y rogaron se les aceptara el arrepentimiento con tal de entregar a los de la banda del rebelde de Ibn Hafsun que tenían: concedido esto, los entregaron, y fueron apresados.
An-Nasir se puso en marcha enseguida dirigiéndose a los baluartes de la región de ásperas montañas de Ba--ira, penetrando con sus ejércitos en Sierra Nevada en la época en que es intransitable. Se lanzó con la gente y Dios le facilitó las cosas, haciéndolo llegar adonde quería, de modo que conquistó las fortalezas de detrás y asoló la comarca, no quedando en ella lugar que resistiera.
Allí supo que el rebelde Ihn Hafsun se había acercado con todo su ejército a la capital de Elvira, codiciando aprovechar la....
Simonet en su ”Historia de los Mozárabes de España” hace las primeras referencias historicas de Somontín, explicitando en su índice de topónimos de que se trata de Somontín (Amería).
Dozy en su “Historia de los Musulmanes de España”, sin mencionar este pueblo, relata los mismos hechos, de una forma más escueta.
Los hechos descritos son las guerras civiles que provocó el levantamiento de los muladíes, con Omar ben Hafsún a la cabeza. Discurrieron a final del siglo IX y principios de siglo X hasta que Abderrahman III acabó con la sublevación. Los muladíes eran mozárabes, es decir, musulmanes de nacimiento pero descendientes de cristianos.
El texto que sigue es un amplio resumen de lo descrito en la obra de Simonet, complementado con algún dato adicional, en algunos casos diferente, que aparece en la obra de Dozy.
Tanto Simonet como Dozy son historiadores, especialistas en la época musulmana que basan sus trabajos, principalmente, en las fuentes árabes de la época. El lenguaje y los términos utilizados son los originales de ambos autores.
Omar ben Hafsún era un bandolero de la época, que tuvo que huir al norte de África. Descendiente de españoles, visigodos, aunque musulmán de nacimiento, es decir, mozárabe. Después de que un anciano andaluz con el que se encontró en África le indicase que estaba predestinado a ser el libertador de la raza española de la tiranía des sultán, volvió a Al-Andalus. [1]
En el año 880-881 Omar ben Hafsún se revela por primera vez y se guarece con su partida sobre la cumbre del monte de Bobastro, durante el mandato del Sultán Mohámmed. En un principio se trataba de un grupo de bandoleros, como remarca Dozi en su Historia de los Musulmanes de España, ese José María del siglo IX[2], refiriendose a José María "El Tempranillo", famoso bandolero del siglo XIX. Pero poco a poco esta rebelión va tomando carácter más noble pasando Omar ben Hafsún de capitán de bandoleros a caudillo de una nación, caudillo de la causa española.
Unos tres años después, apresado Omar por el Sultán fue trasladado a Córdoba y paso a formar parte del ejercito de Mohámmed. Pero esta situación duró poco, pues en 884, ya se encuentra de vuelta a Bobastro[3].
Empezó Ibn Hafsún a sumar adeptos a lo largo de las coras de Elvira y de la Raya. Pasaron dos años hasta que el Sultán decidiese hacer frente a esta situación. Fue en 886 cuando Almondir ataca a los rebeldes y, cuando está a punto de vencerles, recibe la noticia de la muerte de su padre[4].
En efecto, el 4 de agosto de 886 muere el Sultán Mohámmed y le sucede su hijo Almondir[5].
Se sucedieron luchas encarnizadas en los distritos de Cabra, Elvira y Jaén, en las que se alternaron los triunfos con los reveses. Así, en la primavera de 888 fue el mismo Sultán Almondir quien sale al campo de batalla a luchar[6].
Su reinado fue breve acabando el 29[7] de junio de 888[8] a causa de la intriga de su hermano Abdala, que le sucede. Este hecho favorece la expansión de la revuelta de Omar ben Hafsún.
Durante el reinado del Sultán Abdala el movimiento de insurrección de la raza española fuer tomando cada día mayores proporciones. Pero esta situación, ya difícil, se agravó más para el Gobierno cordobés cuando, a ejemplo de los españoles, y por las mismas causas de malestar, descontento y desorden general, empezaron a levantarse las demás razas y principalmente la aristocracia árabe[9].
La raza árabe se alzó en varios puntos de la Península, pero principalmente en Sevilla, Elvira y Zaragoza[10]. También la raza berberísca se había levantado igualmente en diferentes comarcas, sobre todo en Extremadura y Portugal, así como en el Centro dela Península[11].
La situación en el año 891, cuarto del reinado de Abdala era la siguiente: casi todo el resto de la España musulmana se había emancipado de la obediencia; cada señor árabe, berberisco o español, se había apropiado una parte de la herencia de los omeyas[12].
Pero en esta disolución del Estado e imperio umeya tocó, naturalmente, la mayor parte a la raza española, incluyendo en este número a los mozárabes y muladíes, que formaban la gran mayoría de la población. A los alzamientos de esta raza que dejamos referido, pronto se siguieron otros muchos. En los montes de Priego fundó un señorío Said ben Ualid ben Mastana, capitán valeroso y grande amigo que fué de Omar ben Hafsún; fortificó su territorio con muchos castillos inexpugnables, entre ellos los de Carcabuli, hoy Carcabuey; el de Luque y el de Locubín, y los de Acuto, Annadra (la Atalaya), Alalia o Algalia y Ribera. La comarca de Jaén conservaba aún mucha población cristiana, y la Silla episcopal de Baeza se la repartieron varios señores de raza española que, para su mayor seguridad, ajustaron tratos de alianza o vasallaje con Omar ben Hafsún. El más poderoso de ellos fué Obaidala ben Umeyya ben Axxalía (Ibn-Chalia), que se alzó en el monte y castillo de Somontín, ganando luego, por fuerza de armas, las fortalezas de Castalona, antigua Cástulo, hoy cortijos de Cazlona (castillo de Cazlona), término de Linares y de Abén Omar (castillo de Ibn-Omar). Viéndose acosado por los generales cordobeses, se acogió á la alianza y protección de Ornar ben Hafsún, proclamándole por su Rey y emparentando con él por medio del casamiento de una hija suya con Cháfar, hijo de Omar. Con esto se aseguró en su señorío, y como hubiese reunido inmensa fortuna, vivía espléndida y regiamente en un suntuoso palacio, rodeado de una lucida corte y de poetas, á quienes pagaba largamente. Uno de éstos, llamado Obaidis, Secretario de este Príncipe, y que para entrar á su servicio había dejado el del Sultán, dice en una composición lo siguiente:
"El Alcázar de nuestro Emir es una copia del Paraíso, y está poblado de delicias.
Admíranse en él salones, que no se apoyan sobre columnas, construidos todos de mármol orlado de oro puro "
Este mismo poeta, según Ibn Hayyán, escribió una casida, celebrando el triunfo que alcanzó su señor cerca de Daimiel contra el bereber Alfatah, uno de los terribles Benu Dinnún.
Otros señores españoles de menos cuenta que se alzaron en la comarca de Jaén fueron los siguientes: Jáir ben Xáquir, que se hizo dueño del castillo de Jódar (año 890), y prestó auxilio al Príncipe de los rebeldes, Omar ben Hafsún, sirviéndole en estas guerras contra los árabes de Elvira, como veremos luego; Saíd ben Hodáil, que se levantó en el enriscado monte de Montillón (Monteleón) y lo fortificó con una alcazaba y un castillo, señoreando el territorio circunvecino. Por último, los Benu Hábil, cuatro hermanos que se alzaron con varios castillos de la misma comarca, entre ellos el de Margarita y Santisteban del Puerto.
Es a partir de año 890 el avance de Omar ben Hafsún fue imparable. Sometió por las armas la mayor parte de las comarcas de Rayya, Elvira, Priego y Jaén, cuyo señorío ya no compartía sino con algunos caudillos rebeldes, sus compatriotas y aliados. Tan cierto es que le estaba sometida casi toda la Andalucía, que el sultán no se cuidaba de nombrar gobernadores para Elvira y Jaén, cuyo título hubiera sido vano.
Durante los sucesos que acabamos de referir, Omar ben Hafsún, con sus señaladas prendas de general y gobernante, había adquirido gran poder; y como dice Ifn Alcutía, su empresa se había ido engrandeciendo hasta llegar a dominar cuanto hay entre Algeciras y Murcia.
Ibn Aljatib dice: "Hasta que dominó la provincia de Rayya y Algecira, y la de Elvira hasta Baza y Úbeda, Baeza y Cabra hasta el castillo de Poley (Aguilar)."
El día 5 de abril de 891, Viernes Santo, se produjo la batalla del castillo de Poley. Allí, con una importante superioridad numérica del ejercito de Omar ben Hafsún sobre el del sultán Abdala, los españoles perdieron la batalla y fueron masacrados por los musulmanes. Éste fue el inicio de la caida del caudillo español[13].
Durante los años siguientes continuaron las batalla y escaramuzas.
En el año 898, con el pensamiento de restaurar en España la antigua religión, el cristianismo, Omar ben Hafsún se convierte, adoptando el nombre cristiano de Samuel., abjurando de la religión islámica, junto con toda su familia. Esto le crearía problemas con algunos de los señores musulmanes o muladíes que hasta entonces le eran fiel[14].
Entonces, la religión llegó a ser el tizón de la discordia. Dondequiera, los españoles musulmanes y los españoles cristianos se miraban con ojos celosos y desconfiados; en algunos distritos llegaron a hacerse una guerra mortífera. En la provincia de Jaén, el renegado Ibn-az-Chalia (Obaidala ben Umeyya ben Axxalía) , cuando volvió a tomar Cazlona, fortaleza que le habían quitado los cristianos, pasó toda la guarnición a cuchillo (898)[15].
Cuando los poetas musulmanes empezaban a cantar victoria, murió el Emir Abdala, el 15 de octubre del año 912[16] a la edad de sesenta y ocho años y veinticuatro de reinado[17]. Un año antes había muerto Alfonso el Magno, rey de Asturias y León[18].
El presunto heredero de la corona se llamaba Abderrahman. Era el hijo del primogénito de Abdala, del infortunado Mahommed que había sido asesinado por su hermano Motarrif por orden de su padre. Huerfano desde su más tierna infancia, había sido educado por su abuelo, que atormentado sin cesar por los remordimientos de su conciencia, parece haber concentrado en este niño todo el cariño de que era capaz, y al que hacía mucho tiempo había designado para sucederle. Pero Abderrahman no contaba todavía veintidós años y podía temerse que no fuese apoyado por todos. Contra todo lo que era de esperar, nadie se opuso a su elevación, sino todo lo contrario, que contó con el apoyo unánime de príncipes y cortesanos. Abderrahman III, al proseguir con la obra de su abuelo, cambió el modo de hacer, pasando a realizar una política mucho más audaz, que le trajo buenos resultados[19].
Ocurrió que muchos señores de los castillos, sobre todo de las provincias de Jaén y Elvira, olvidando que habían tomado las armas por un sentimiento de patriotismo, se habían trocado en capitanes de bandidos, y sin distinguir entre amigos o adversarios, aquellos hombres sin fe ni ley se arrojaban como aves de rapiña sobre los viajeros a quienes podían quitar algo y sobre los pacíficos cultivadores de las campiñas[20]. En todos los lugares y en todas las ciudades se maldecía a estos tiranos, y el que rompiera sus colosales torres y derribara las murallas de sus detestables castillos, podía contar seguramente con la gratitud de las poblaciones cercanas[21].
En abril del año 913, el joven Sultan salió a campaña en persona y á la cabeza de numerosa hueste, dirigiendo su expedición a la comarca de Jaén, donde el partido español era aún poderoso. Habiendo llegado junto a un castillo de aquella comarca, llamado Marxen, que debe ser Las Márgenes, cerca de Cúllar de Baza, recibió la noticia de que Omar ben Hafsún amenazaba a la ciudad de Archidona, capital de la provincia de Raya, y esperaba apoderarse de ella con ayuda de los muchos parciales que allí tenía. Abderrahman envió luego en socorro de Archidona una división de su ejército capitaneada por el alcaide Said ben Abdeluárit, el cual llegó tan oportunamente, que Omar tuvo que retirarse cuando ya se prometía entrar en ella. Entre tanto, el Sultán fue a combatir el fuerte castillo de Montelón, cuyo señor, el ya nombrado Said ben Hodáil, aliado de Ibn Hafsún, se rindió al tercer día de cerco bajo seguro, evacuando la plaza, donde el Emir puso por Gobernador á cierto Mohámed ben Abdeluahab. Algún tiempo después, los españoles de Montelón, mal avenidos con el nuevo dominio, se rebelaron contra el Sultán y prendieron al Gobernador que éste les puso; entonces Abderrahman ordenó a su antiguo señor que fuese á sujetarlos, y como éste no quisiese o no pudiese ir en persona, envió en lugar suyo á su hijo Abdala. La afición y respeto que los monteloneses profesaban á aquella familia, bastó para reducirlos a la obediencia que les exigía, y por tan señalado servicio el Emir le nombró Gobernador de toda aquella comarca.
De Montelón marchó luego Abderrahman contra los castillos del territorio de Somontín, en la misma provincia de Jaén ; pero sus señores, en número de siete, entre ellos Ibn Axxalía, señor de Cazlona, e Ishac ben Ibrahim, señor de Mentesa, solicitaron luego el amán, y le entregaron cuantos castillos poseían, siendo, en virtud de la capitulación, conducidos a Córdoba con sus mujeres e hijos ( Dozi dice lo siguiente sobre este suceso: "El Sultán, por su parte, fue a poner sitio a Monteleón. El señor de este castillo, Said-ibn-Hodhail, uno de los más antiguos aliados de Ibn-Hafzun, quiso mejor negociar que combatir. El domingo embistieron la fortaleza, el martes se rindió. Ibn-az-Chalia, Isaac-ibn-Ibrahin, el señor de Mentesa y otros siete castellanos esperaron apenas a que el sultán llegara delante de las puertas de sus casa señoriales, para someterse y pedir el aman. Abderrahman se lo concedió, los envió a Córdoba bajo buena escolta con sus mujeres y sus hijos, e instaló a sus tenientes en las fortalezas que acababan de abandonar. En la provincia de Elvira todo pasó de la misma manera, y el sultán no encontró resistencia hasta llegar a Fiñana" ) . Desde allí movió el Sultán con su hueste, entrando en la cora de Elvira, donde se le rindieron de igual manera los castillos de Tíjola, Baza, Morbit, las Alpujarras y los Senedes, incluso el de Guadix, sin hallar resistencia más que en la plaza fuerte de Fiñana, donde había muchos parciales de Iba Hafsún. Confiados éstos en la fortaleza del castillo, animaron á los demás habitantes a resistir; pero como viesen éstos que el Sultán ponía fuego á sus arrabales, no sólo entraron en tratos para rendirle la plaza, sino que además se ofrecieron á entregarle presos a los partidarios del caudillo muladí, como se lo exigía Abderrahman.
Continuó el Emir con su campaña de éxitos por la cora de Elvira.
Desde entonces, las provincias de Elvira y de Jaén quedaron purgadas de bandidos y pacíficas. Una campaña de tres meses bastó para obtener tan importante resultado. [22]
Sojuzgadas del todo las comarcas de Jaén y Elvira en una campaña de tres meses, el Sultán envió un ejército contra Sevilla que le abrió sus puertas antes de fin de año
Abderrahman continuó su conquista a la par firme y conciliadora, atrayendo a los caudillos y señores cristianos, quedando Omar más solo cada día. La causa de los españoles se hundía, pues, sin remedio.
Entonces, en el año 917 ocurrió que Omar ben Hafsún falleció en su residencia de bobastro como un buen cristiano, siendo sepultado con los ritos de esta religión[23].
Dejó Omar cuatro hijos: Cháfar, Suleiman, Abderrahman y Hafs. Fue Cháfar quien sucedió a su padre en el gobierno de sus estados y dirección de la guerra contra el Sultán. Tres años después, en 920, moría a manos de sus soldados en Bobastro tras anunciar su renuncia a la religión cristiana y su vuelta al islamismo. Suleiman, que al poco de la muerte de su padre pasó a servir al Sultán, dejó este servicio y sucedió a su hermano. Durante los años siguientes continuaron perdiéndose castillos y pueblos a manos del sultán[24].
En 924 Abderrahman III hizo una expedición por las comarcas de Jaén y Elvira, donde aún quedaban algunos amigos y aliados del partido español. Acometió nuevamente el fortísimo castillo de Montelón, que defendía el caudillo Abdala, hijo de Said ben Hodáil, y lo conquistó, juntamente con otras fortalezas que aún se conservaban en poder de aquella familia, firmes aliados de Omar. Ganó igualmente y destruyó muchos castillos de aquella comarca, refugio de los rebeldes y maleantes, e hizo lo mismo en la de Elvira, hasta que acampó sobre el importante castillo de Sant Esteban, que acabó conquistando[25].
Continuaron los éxitos del Sultán hasta que el 21 de enero del año 928 cayó Bobastro. Antes había muerto Suleiman y su hermano Hafs tomó el mando. Después de la toma de Bobastro, Hafs entró a servir al Sultán en sus ejercitos[26].
De esta forma acabó la historia de Omar ben Hafsún y sus descendientes.
[1] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 513 a 516.
[2] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 162.
[3] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 160-161.
[4] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 163-164.
[5] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 521.
[6] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 164.
[7] Dozy, en Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 166 dice que fue el día 20 en lugar del 29.
[8] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 522.
[9] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 527.
[10] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 527.
[11] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 528.
[12] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 206.
[13] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 557-558
[14] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 566.
[15] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 258.
[16] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 574.
[17] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 252.
[18] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 574.
[19] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 252-253.
[20] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 577.
[21] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 256.
[22] Dozy, R.P.. Historia de los Musulmanes de España. Tomo II. Pag. 261
[23] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 584.
[24] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 587-589.
[25] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 593.
[26] Simonet, F.J.. Historia de los Mozárabes de España. Tomo III. Pag. 594-595.
Con el título de "LIBRO DE APEO, REPARTIMIENTO DE SUERTES Y DEMAS INSTRUMENTOS PERTENECIENTES A LA POBLACIÓN DE LA VILLA DE SOMONTIN" encontramos, en un muy bien ordenado archivo del Ayuntamiento de Somontín, con la referencia "Serie 3 - Legajo 4º - Documento 537" en el apartado de "Documentos de Valor", una copia del libro con el apeo del lugar y repartimiento de suertes a los nuevos pobladores que Felipe II mandó hacer tras la expulsión de los moriscos de Reino de Granada en el siglo XVI.
El libro es un grueso volumen de unas 600 páginas, con el título de la tapa ilegible, escrito a mano y encuadernado en piel, con algunas marcas del paso del tiempo, como un quemado en el lomo, algunas hojas arrancadas y ciertas anotaciones de quienes han ido consultándolo en diferentes épocas. Entre estas últimas cabe reseñar, por lo curioso de las mismas, las cuentas a lápiz de la última página, que calculaban los años que habían pasado, hasta esa fecha, desde que se hizo la copia en 1.771, incluyendo un error en la resta de uno de los personajes que la hicieron a final del siglo XIX.
Se trata de una copia, que incluye el correspondiente certificado de autenticidad, que data del 1.771 con la transcripción del Libro de Apeos y Repartimiento que se empezó a escribir a partir de 1.572.
Cuando empieza la narración del libro, con un escrito del 8 de marzo de 1.572, hemos de imaginarnos un Somontín como un pueblo fantasma, despoblado, y con algunas señales, aunque pocas, del paso de una guerra civil. Hasta el año anterior, 1.571, el pueblo estaba poblado de moriscos, musulmanes convertidos por la fuerza al catolicismo desde 1.502. Aquella época dejó profundas huellas que definieron la imagen y la forma de vida del pueblo, algunas de las cuales continúan presentes en Somontín.
Empieza el libro con una certificación, fechada en Granada a "en doce dias del mes de abril de mil e quinientos y setenta y dos años" de Don Pedro Osorio Vanorra y Marin vecino de Granada, "Familia del Santo Oficio, y Contador perpetuo por su magestad de la Real Hacienda de Poblacion de este Reyno" en la que se confirma el cumplimiento de la Real Cédula que resultó de la visita realizada al Reino de Granada ordenada por el rey "Don Phelipe por la gracia de Dios Rey de Castilla, de Leon, de Aragon, de las dos Secilias, de Jerusalen, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdenia, de Cordova, de Corcega, de Murcia, de Jaen, Conde de Flandes, y de Tirol" en la que se mandó al Doctor Peñalova a visitar las tierras "del Rio de Almanzora, y ciudades de Vera, y Mojacar, y sus Partidos", con el fin de apear y deslindar las haciendas que eran de moriscos y tomar posesión de todo ello en nombre del Rey. Se certifica que en los libro consta el apeo, las condiciones con que se demandaron poblar los diferentes lugares, el repartimiento de suertes a los nuevos pobladores y la escritura de Censo Perpetuo que otorgaron en favor de su majestad.
Se indica que han de poblarse los lugares de Reino de Granada que han quedado yermos y despoblados a causa de haber sacado de ellos a los moriscos que vivían allí, a causa de su rebelión y levantamiento "especial los que estan en las Alpuxarras, Sierras, e Marinas del este Reyno". Se especifica que a cualquier persona, procedente de fuera del Reino de Granada, que viniese a poblar estas tierras se les había de dar en propiedad " las casas, tierras, viñas, huertas, e otros heredamientos, y arboledas , que en ellos, y en sus terminos tenian, e poseian Moriscos". Estas propiedades habían pasado a formar parte de la Corona.
Se fijan, por reconocimiento y señorío al Rey, las siguientes cargas para casas y tierras:
Juramento De Los Apeadores
En primer lugar, el 21 de mayo de 1572, se hizo jurar "en forma de orden por Dios nuestro Señor, e por las palabras de los Santo Quatro Evangelios e por una Señal de la Cruz donde corporalmente pusieron sus manos derechas" a Bernal Brocal, cristiano viejo y vecino de Somontín, así como a los dos seises Diego y Juan, ante el escribano de su majestad, Esteban de Salazar, y del Juez de la Comisión, el Doctor Peñalova.
Los seises eran moriscos que habían sido pobladores del lugar a apear y que se utilizaban para definir las tierras que pertenecían a todos los moriscos del pueblo. Normalmente, tras el apeo, eran expulsados del pueblo, como el resto.
Villa De Señorío
Durante el apeo, es decir en 1572, la Villa pertenece a Doña María Carrillo, que era viuda de Gaspar Rótulo, y vecina de la Villa de Almagro. Posteriormente, ya en 1574, aparece como Señor de la Villa su hijo Gálaso Rótulo Carrillo
El sistema de gobierno de la Villa estaba formado por un alcalde mayor y alcaide, depositario del poder de la Señora de la Villa, y por dos alcaldes ordinarios. También se indica que había un alguacil.
El Término Municipal del Somontín Morisco
Por lo importante de la descripción de los mojones que limitaban el término de la Villa de Somontín, transcribimos directamente lo que en el libro aparece:
"Preguntados, por que parte parte el termino de la dicha Villa, dijeron que parte con la Ciudad de Purchena, y Urracal y con Oria, y Lucar, que va desde la Rambla del Marchar del Canari a dar a Cabri almara, y de alli va a dar a handanviles, y de alli a Jarzaleira, y de alli va a dar a Guidalayon, y de alli el Rio arriva hasta dar en una de las Fuentes de Verascandera y de alli va a dar al Chercholir, y de alli va a dar a Handatgalouve, y de alli al marva alaviar, y de alli al Cidri, y de alli al moraiga, donde esta un Pino, y de alli al fechi de Andala, y de alli a la racunda excaguera, y de alli a la escaleruela, y de alli a la Iley, hasta Viauanahara, y de alli a liete albacar, y de alli a liforaybe, y de alli a la rambla a dar con el termino de Oria la rambla abaxo a dar con el termino de Urracal, que divide entre Somontin, y Urracal, y Purchena, y Oria y de alli Cundid hani, y de alli a una Atalaya, que se dice Almayla, y de alli a la hoya que dice del Nadi a Cerro que se dice de Cidani, y de alli a otro Cerro que se dice de las Herrerias y de alli a otro Cerro que se dice de la Loma de Paylares, y de alli al Cerro, y nido del melion, y de alli al Cerro que dicen del buho, y de alli viene a dar al marchar del Canari a donde se comenzo el dicho termino, y de todo esto no supo dar razon Bernal Brocal Cristiano viejo de los antiguos de la villa."
Pocos son los lugares que se pueden identificar en la actualidad de estos parajes. Sería de gran interés poder conocerlos todos dado que ello supondría poder confeccionar el mapa del término del Somontín morisco. Los lugares identificados son:
Los Cristianos Viejos De 1572
En Mayo de 1572 solo había en el pueblo el alcalde, el aguacil, al sacristán y el clérigo de la villa.
Se indica sobre ellos que "estos son los que el Señor pone de sus oficiales, y el Señor Obispo en la Iglesia". Posiblemente con esta expresión se esté indicando que no eran antiguos pobladores de Somontín, sino que habían sido puestos allí por el Señor de la Villa y por el Señor Obispo tras la rebelión, sometimiento y expulsión de los moriscos.
El alcalde, Bernal Brocal, declara que de lo que describen los dos moriscos seises "no sabe cosa alguna por ser poblador de los nuevos" aunque se trata, evidentemente de los primeros repobladores de la villa.
Las Fuentes Y El Riego
Se dice en el apeo de las fuentes de la Villa que había una fuente principal con la que se regaba la mayor parte del pago y que se llamaba "La Fuente Grande de Somontín". Se encontraba dicha fuente en "lo alto de la heredad de Alonso El laravi al pie de la Sierra".
En relación con la Fuente Grande de Somontín, el agua se poseía en propiedad y existía un tandeo, tal como se describe en el párrafo siguiente:
"desde que se pone el sol, hasta otro dia que sale el sol, se recoge toda el agua de la dicha fuente grande que esta abaxo de la villa en las huertas junto con heredad de Benito franco Morisco, y que el agua se recojia en la dicha balsa se partia entre todos los vecinos del dicho Lugar, cada dia partian nueve partes que se decian nueve palmos, que hacian quatro pulgadas cada palmo, y quando habia poca agua recogida, era un palmo tres pulgadas, mas menos, conforme al agua que entraba en la dicha balsa, por manera que si entrava poca o muncha agua se havia de repartir en nueve partes, y que recogida esta agua cada un vecino venia, y tomava la que le pertenecia, que estos testigos no lo saben declarar, mas de que el Señor de la dicha villa havra veinte años que hizo averiguacion, y lo tiene en un libro en su poder, y el agua que viene del nacimiento, salido que sale el sol, sera parte entre los vecinos de la dicha villa unos tenian medio dia, y otros la mitad de medio dia, y que no saben quien eran los que tenian el dicho repartimiento, mas de que por e dicho libro"
Por tanto, tal como decíamos, el agua se tenía en propiedad y, alrededor de 1550 se había recogido el nombre de todos los propietarios en un libro y se había realizado un tandeo. Esto lo había realizado el Señor de la Villa, que en ese momento era Gaspar Rótulo. Ese libro de tandeo y de propiedad del agua no lo conocían ni el alcalde ni los seises en el momento del apeo, lo cual seguro que hizo que una buena parte del agua de la fuente se asignara en propiedad al señor de la Villa.
También consta que el agua se recogía en una balsa situada debajo de la villa, en la huerta, junto a las tierras del morisco Benito Franco. En esta balsa (¿ era la Balsa Grande?) se recogía permanentemente el agua, lo cual permitía medirla y repartirla entre los propietarios.
Se hacían, cada día, nueve partes, que eran un palmo de altura. Este palmo era de cuatro pulgadas cuando había agua suficiente, mientras que era sólo de tres pulgadas cuando se recogía poca agua. No obstante, siempre se repartía en nueve partes iguales. Cada vecino, según su turno, venía y tomaba el agua que le pertenecía.
No queda claro si a cada vecino le correspondía solamente una parte, en cuyo caso se trataría de un reparto igualitario del agua, o por el contrario, cada vecino tenía un número diferente de palmos de agua. Este término debía de estar claro en el libro de tandeo que elaboró el señor de la Villa.
Es también interesante el apunte de la variación del agua recogida. Podía deberse a dos factores diferentes:
Parece claro de que se trata de una de las tres fuentes que conforman en la actualidad la Fuente de San Sebastián.
En cuanto a la creación del sistema de riego y su mantenimiento, se trata del sistema que existe en la actualidad, que ha sobrevivido al paso del tiempo. Se describe que la acequia común era mantenida por los vecinos, mientras que cuando esta acequia llegaba a una propiedad privada, se hacía pasar por la frontera de la misma y se tomaba la parte de tierra necesaria de la orilla. Era responsabilidad del propietario de la tierra hacer y mantener la acequia. Cuando esta acequia llegaba a un terreno común o a un baldío, eran de nuevo todos los vecinos los que volvían a ocuparse de ella.
Aparte de la Fuente Grande de Somontín, había otras pequeñas fuentes repartidas por la huerta que eran propiedad de los dueños de las tierras en las que se encontraban. Se dice de ellas en el libro de Apeo que "son tan pocas, y de tan poca agua que no ay que hacer caudal dellas". Muchas de estas balsas siguen estando activas en la actualidad y no tienen ninguna relación con la Fuente de San Sebastián ni con su explotación. Normalmente estas balsas pertenecen a uno o varios propietarios y tienen un tandeo propio. Para su riego si se utiliza la red de acequias del pueblo, aunque siempre es prioritaria la hila de la fuente principal.
Las Zonas Comunales
Sobre las zonas comunes que no están cultivadas había en Somontín algunos montes, encinas, y pinares, los cuales no se arrendaban porque eran zonas pequeñas u pobres. Es de remarcar el hecho que se indica en el Libro de Apeo, sobre los acuerdos con la Ciudad de Purchena y Urracal para la explotación conjunta de las zonas comunes de los tres municipios.
La Industria Morisca
Basada en la agricultura, la industria morisca era escasa. Se describen las siguientes propiedades de moriscos:
Estas producciones parecen excesivamente reducidas para la población morisca que habitaba la villa. No obstante, depende de la ocupación que en las tierras del señor tuviesen los pobladores de Somontín.
Auto Y Nombramientos
El mismo día 21 de mayo de 1572, se llevaron a cabo distintos autos nombramientos y pregones, tal como se describen a continuación:
Auto:
El Sr. Juez de la Comisión manda hacer un pregón para que cualquiera que tuviese pendientes censos contra moriscos los hiciese presentes. Si pasados dos días no se habían hecho públicos, quedaban excluidos al hacer el apeo. De la misma forma también mando pregonar que desde ese mísmo día comenzaba el apeo, deslinde y amojonamietno de las heredades y casas de moriscos y que tomaba posesión de ellos en nombre de Su Majestad.
Notificación:
El Sr.Juez notifica el auto anterior a Jorge Jil, Alcaide y Gobernador de la Villa de Somontín, representante de la Señora de la Villa
Nombramiento:
Como no había cristianos viejos en la Villa que puedan estar presentes con los seises durante el apeo de tierras y casas, se nombra alamines y tasadores de ellas a Pedro de Toledo y a Fernando de Aro vecinos de la Ciudad de Purchena.
Notificación y aceptación:
El Doctor Peñalova, juez de la Comisión, notifica el nombramiento anterior alos nuevos alamines, siendo testigo Diego, el criado del juez. Ambos aceptan.
Como no había pregonero en la Villa, y también eran muy pocos los pobladores, tal como ya hemos descrito, se deja constancia que se les comunicó verbalmente el contenido del auto y nombramientos anteriores. Es de suponer, dada la importancia de los actos que se estaban realizando y de los pobladores que había en ese momento, que todos ellos se encontraban presentes en todos y cada uno de los actos que se desarrollaron durante esos días.
Tras el auto y nombramientos anteriores, todos juraron el "cargo", tanto los seises, de nombre Diego y Juan, moriscos, como los alamines y tasadores.
Comienza el día 22 de mayo de 1572 el apeo de las casas de la villa.
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Nº |
TIPO |
PROPIETARIO |
ESTADO |
LINDES |
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1 |
Casa |
Francisco el Cadudi |
Habitable |
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2 |
Casa |
Hernando Alaxcar |
Habitable |
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3 |
Casa |
Alonso el Cohayli |
Habitable |
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4 |
Casa |
Juan el Hafio |
Habitable |
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5 |
Casa |
Diego Abul |
Habitable |
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|
6 |
Palacio bajo |
Pedro Carrillo |
Habitable |
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7 |
Casa |
Pedro de Narvaez |
Habitable |
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8 |
Casa |
Diego Carrillo |
Habitable |
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9 |
Casa |
Benito Franco |
Habitable |
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10 |
Casa |
Francisco Mocarra |
Habitable |
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11 |
Casa |
Francisco Velez |
Habitable |
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|
12 |
Casa |
Francisco Martinez |
Habitable |
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|
13 |
Casa |
Gonzalo Marin |
Habitable |
|
|
14 |
Casa |
Alonso Cahaf |
Habitable |
|
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15 |
Casa |
Diego Marin |
Habitable |
|
|
16 |
Casa |
Juan Velez |
Habitable |
|
|
17 |
Casa |
Hernando Abulaquen |
Habitable |
|
|
18 |
Casa |
Alonso Laravi |
Habitable |
|
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19 |
Casa |
Grabiel Cenife |
Habitable |
|
|
20 |
Casa |
Geronimo Ruiz |
Habitable |
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21 |
Casa |
Hernando Alaxcar |
Habitable |
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|
22 |
Casa |
Benito Franco |
Habitable |
|
|
23 |
Casa |
Pedro de la fid |
Habitable |
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24 |
Casa |
Luis Alaravid |
Habitable |
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|
25 |
Casa |
Juan Xarquia |
Habitable |
|
|
26 |
Casa |
Diego El mocarra |
Habitable |
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|
27 |
Casa |
Belnaldino Abulaquen |
Habitable |
|
|
28 |
Casa |
Garcia el Pardi |
Habitable |
|
|
29 |
Casa |
Bernaldino Abeyhamon |
Habitable |
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|
30 |
Casa |
Ofo Prieto |
Habitable |
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31 |
Casa |
Luis Laso |
Habitable |
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|
32 |
Casa |
Andres de Castilla |
Inhabitable |
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33 |
Casa |
Iñigo El nife |
Habitable |
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34 |
Casa |
Diego el truyni |
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35 |
Casa |
Diego Jurruiny |
Inhabitable |
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36 |
Casa |
Gonzalo El truyni |
Habitable |
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|
37 |
Casa |
Grabiel el Guari |
Habitable |
|
|
38 |
Casa |
Diego de Herrera |
Habitable |
|
|
39 |
Casa |
Pedro Carrillo |
Habitable |
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40 |
Casa |
Hernando Mocarra |
Habitable |
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41 |
Casa |
Alonso de Laravi |
Habitable |
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42 |
Casa |
Grabiel Leguari |
Habitable |
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43 |
Casa |
Gonzalo Herrero |
Habitable |
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44 |
Casa |
Gonzalo Abeyfanib irusci |
Habitable |
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45 |
Casa |
Hernando el Mocarra |
Habitable |
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46 |
Casa |
Alonso el cohayli |
Habitable |
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47 |
Casa |
Luis de Velez |
Habitable |
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48 |
Casa |
Bernaldino el nife |
Inhabitable |
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49 |
Casa |
Diego de Soria |
Habitable |
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50 |
Casa |
Pedro Lafid |
Habitable |
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51 |
Casa |
Hernando Alaravi |
Habitable |
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52 |
Casa |
Diego de Velez |
Habitable |
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53 |
Casa (Tiene un corral fuera de la cerca de la Villa) |
Geronymo Ruiz |
Habitable |
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54 |
Casa |
Grabiel Abelhaca |
Habitable |
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55 |
Casa |
Pedro Garcilaso |
Habitable |
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56 |
Casa |
Gines de Velez |
Habitable |
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57 |
Casa |
Diego Alaycan |
Habitable |
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58 |
Casa |
Luis Alaycar |
Habitable |
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59 |
Casa |
Diego Garcliaso |
Habitable |
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60 |
Casa |
Grabiel Jurriony |
Habitable |
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61 |
Casa |
Luis Aladid |
Habitable |
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62 |
Casa |
Diego Alhadid |
Habitable |
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63 |
Casa |
Luis el mocarrad |
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Del apeo de las casas se obtienen interesantes informaciones:
Este es un pequeño extracto del Catastro realizado entre diciembre de 1751 y enero de 1752 que mandó hacer el Marqués de la Ensenada. En el archovo del ayuntamiento de Somontín se encuentra un legajo con dicho catastro completo.
Se inician los trabajos a final del año 1751 con el juramento, en presencia del cura de la Villa, del ayuntamiento y de los peritos que se nombran para colaborar en la realización del catastro. El párrafo siguiente describe este momento:
En la Villa de Somontín a veinte y seis del mes de diziembre de mil setecientos cinquenta y un años el señor Don Julián Lapido Juez subdelegado para la aberiguación examenes, y demas diligencias que previene la real instrucion a fin de establecer una sola Contribución en virtud de despacho del Muy Ilustrisimo Marques de Campo Verde Corregidor Yntendente, y superintendente General de todos Rentas Reales de la ciudad de Granada y su Reyno, en concequencia del Capitulo quarto de dicha Real instrucion por antemi escribano, y a precencia del Licenciado Don Antonio Patricio Mellado Gabaldon Cura de esta Parrochia que para este efectto concurrio recivió juramento de Diego de Blesa, Pedro Brocal, Alcaldes, Juan Ibañez, Juan Phelipe de Mesa, Regidores, de Christobal Maldonado escrivano conzejo Justicia y Regimiento, de Fernando Molina y Andres de Mesa vezinos y labradores de esta dicha villa, peritos nombrados por dicho conzejo todos los quales habiendolo hecho por Dios nuestro Señor, y a una Señal de Cruz como se requiere segun derecho ofrecieron decir verdad.
Encontramos por tanto las siguientes personas que intervienen en el catastro:
| CARGO | NOMBRE |
| Cura de Somontín | Antonio Patricio Mellado Gabaldón |
| Diego de Blesa | Alcalde |
| Pedro Brocal | Alcalde |
| Juan Ibáñez | Regidor |
| Juan Phelipe de Mesa | Regidor |
| Christobal Maldonado | Escribano del concejo |
| Fernando Molina | Labrador, nombrado perito |
| Andrés de Mesa | Labrador, nombrado perito |
Se realiza un cuestionario previo al catastro, que debía de ser el mismo para todos los pueblos, y del resultado del mismo se obtienen las siguientes informaciones:
El pueblo se llama Villa de Somontín.
Esta villa es de señorío y pertenece al Señor Don Francisco Gaspar María Escotí Rótulo y Castillo, Mayordomo de semana de su majestad. Recibe dos partes de tres de todos los frutos por razón de diezmos y de los novenos otras dos partes y la utilidad de las tierras y un molino de aceite, dos de pan y una casa que tiene en la Villa con los diezmos y otras posesiones en la Villa de Fines le produce 8000 reales en que los tiene arrendados a Don Martín de Aro, vecino de esta villa.
El territorio que ocupa esta villa de Levante a Poniente es menos de medio cuarto de legua. Del Norte al Sur una legua y de circunferencia, dos leguas y cuarto y confronta por levante con el término de la Ciudad de Purchena y villa de Urracal, al Poniente con el de la de Lucar, al norte con el de la de Oria, y al sur con el de Purchena y su figura es como la del mapa (hoja en papel).
Hay tierras de regadío y de secano. Hay algunas cortas porciones de viña tanto en secano como en regadío. Las demás son de sembradura y aunque no son aparentes para hortaliza los vecinos cultivan para el gasto de sus casas. También hay matorrales y monte alto con pinos y encinas. Las tierras de regadío producen dos cosechas de trigo y maíz en un año y descansan otro. Algunas de secano producen un año y descansan otro; otras producen un año y descansan dos y otras producen un año y descansan tres y las viñas producen todos los años.
Hay tierras buenas medianas y de inferior calidad.
Hay morales, olivos, higueras y otros distintos géneros de frutales.
Los árboles están plantados en tierras de secano, regadío y viñas.
Los árboles están plantados en las orillas y márgenes de las parcelas y otros en el centro, sin ningún tipo de orden.
La medida de tierra habitual es la fanega, doce celemines, que es lo que se siembra con una fanega de trigo, o fanega y media de cebada o medio celemín de maíz u ocho celemines de centeno. En cuanto al cañamón y a la linaza, es igual que el trigo, una fanega.
Hay 334 fanega en el término de Somontín, de las cuales, 85 de regadío. Dentro del regadío hay 24 de mayor calidad, 18 de media, 23 de inferior y 20 que no dan fruto por estar muy pobladas de olivos. En las tierras de secano 70 son de buena calidad, 50 de mediana y 60 de inferior. Hay 4 fanegas de viña de buena calidad, 1,5 de media y 1,5 de inferior. Las tierras son endebles y de poco acudir. Hay además 15 fanegas de secano de tercera calidad que son de pinar y encinar. Las sesenta restantes son de monte bajo y pedregales inútiles.
Se produce en las tierras trigo, cebada, centeno, maíz, aceite y muy corta porción de lino, cáñamo y legumbres.
Cada fanega de trigo de regadío de primera calidad, que se siembra un año si y otro no, se siembra una vez de trigo y otra de cebada y en el mismo año de maíz, produce, un año con otro, seis fanegas de trigo, ocho de cebada y tres de maíz. Las de segunda calidad, que se siembran una vez de trigo y otra de cebada producen cuatro fanegas de trigo y seis de cebada. En tierra de tercera calidad, cada fanega de trigo produce tres fanegas y si es cebada, cinco. En la corta porción de tierra que cada dueño puede estercolar se produce cáñamo, lino y hortalizas para el consumo propio de producción anual. Secano de primera, en el año de llevar 6 de trigo y 8 de cebada. Secano de segunda, 8 fanegas. Secano de tercera, seis fanegas de centeno. La Viña produce, la de primera calidad 150 arrobas de mosto, la de segunda 50 y de tercera 30 arrobas (aparece escrito el símbolo arroba como ahora @).
Como los árboles no están ordenados no se pueden dar medidas de producción en función de extensión plantada. En cuanto a los árboles, un moral de primera calidad produce anualmente 6 arrobas de hoja, segunda calidad 3 y tercera calidad 2. Los olivos dan fruto un año si y otro no. El año de producción el de primera calidad produce 3 arrobas de aceite, segunda calidad 1,5 y tercera calidad 0,5 arrobas. Una higuera de primera calidad 1 arroba de higos secos, segunda calidad 0,5 y tercera calidad medio cuarto. La fruta de cada uno de los árboles frutales valdrá un real de vellón y cada parra medio real. Parece que en cada fanega se pueden regular, cómodamente, 12 morales, 12 olivos, 12 higueras, 48 frutales, parras o cepas parras, y las encinas y pinos no producen fruto alguno pues no tienen permitido aprovecharse de la leña y por la que consumen de monte bajo y matorral regulan cada fanega en ocho reales anualmente.
El valor de los frutos es, un año con otro, de 22 reales por fanega de trigo, 10 la de cebada, 15 la de centeno y maíz, 15 la arroba de aceite, 5 la de vino, 1 la de hoja, 4 la de higos secos y 40 la libra de seda.
Se paga diezmo de todas las frutas de la parte del Obispo de la Santa Iglesia de Almería, parte al Señor de la Villa, también se paga primicia y de la parte del cura, siete partes de ocho y una el sacristán y el Voto de Santiago que pertenece a su Santa Iglesia.
Los diezmos ascienden, un año con otro, a 45 fanegas de trigo, 90 de cebada, 9 de centeno, seis de maíz y cinto ochenta arrobas de aceite un año si y otro no. Pertenecen a la Iglesia 60 arrobas de aceite, 15 fanegas de trigo, 30 de cebada y 3 de centeno y el resto de los frutos, que se llama minucias se arriendan, un año con otro en 12 ducados. Don Martín de Aro cobra y administra la parte del Señor de la Villa. También pertenece a la Iglesia la casa de escusado que se arrenda un año con otro en 18 ducados. Los frutos de la Primicia ascienden a 14 fanegas de trigo, 30 de cebada, 4 de centeno y dos de maíz y el Voto de Santiago asciende su producto anual a 18 fanegas de trigo, 1 de cebada, 3,5 de centeno y 2 de maíz.
Hay dos molinos harineros y uno de aceite propiedad del Señor. También hay dos calderas de aguardiente, una de cuatro arrobas de cabida y la otra de dos.
No se realiza esquile de ovejas en este término.
Hay 52 colmenas en este término.
En este término solo hay ganado mular, asnal, de cerda, un caballo burrero, lanar y caprino.
Hay 130 vecinos, incluido uno que vive en una casa de campo.
Hay 130 casas habitables y ninguna en ruina. No se paga nada por ellas al Señor de la Villa. 25 de las casas pagan censo a la Real Población por las 25 que les fueron repartidas.
El Común de esta villa no tiene propios algunos.
El Común no se beneficia de nada por no tener.
Los gastos que paga el Común son los que causan los verederos (serederes, herederos ¿?), 50 reales al Predicador de Cuaresma y 27 de conductor de bullas al año.
El Común no tiene cargos algunos de Justicia.
En cuanto a algún empleo alcavalar o rentas enajenadas, solo hay en esta Villa las tercias de Diezmos y el oficio de escribano, nombrado por el Señor.
En época de verano, cuando se saca el vino, hay una taberna. También hay una panadería, cuyos precios corren a cargo de los regidores. Los precios son los de coste.
No hay hospital.
No hay ni cambistas ni mercaderes.
Los "profesionales liberales" de la villa y la ganancia que se les regula: Un escribano, 40 ducados - dos notarios, 6 ducados para uno y 2 para otro - un teniente de sacristán, 40 ducados - un sacristán, 200 reales - El gobernador de la villa, 10 ducados - Un aguacil mayor, 6 ducados - Un guarda de montes, 40 reales - un barbero, 100 reales - un estanquero de tabaco, 40 ducados - Marin de Aro por el arriendo de la Villa, 2000 reales.
Las ocupaciones de artes mecánicas: un molinero que es de los dos molinos de harina, un molinero de aceite y un oficial que le ayuda, un alpargatero, un panadero, dos herreros y un ayudante de herrero, un hornero de pan, tres carpinteros.
Solo se arriendan las tierras del señor, aunque algunos vecinos arriendan las minucias.
Hay 30 jornaleros que se ocupan del orden de 100 jornales, a 4, 3 y 2 reales, dependiendo de la época. Han de buscar trabajo fuera, incluido en esos 100 jornales.
12 pobres de solemnidad.
Hay 4 eclesiásticos, 3 sacerdotes y uno de menores.
No hay conventos.
Solo se paga el Censo Real de Población sobre 25 casas que asciende anualmente a 573 reales y 18 maravedís, más 11 reales sobre un molino.
El resumen de la población es el siguiente:
A. Vecindario Eclesiástico: 9 personas
B. Vecindario secular: 151 vecinos
Total 517 personas.
En la Iglesia Parroquial de Santa María de Somontín se puede encontrar la imagen más venerada del municipio. Se trata de la Virgen de los Dolores, imagen popularmente atribuida a la escuela de Salzillo, escultor murciano.

Se trata de una imagen de vestir, con cabeza manos y peana, dotada de ojos de cristal y peluca y pestañas postizas para realzar el naturalismo barroco de la obra. Posee la cabeza ligeramente ladeada hacia el lado derecho, y una mirada compungida hacia delante y ligeramente hacia arriba con las manos extendidas que se recogen ante el pecho.
Se atribuye esta imagen al escultor murciano Roque López.
En su lista de trabajos aparece en el año 1788 una escultura para Almería con las características de esta imagen, por la que se pagó 550 reales de vellón.
Durante la Guerra Civil Española se salvó de ser quemada, como ocurrió con el resto de tallas de la iglesia parroquial, gracias al ingenio de la familia de los “Cachelas”, que la escondieron en su casa, dentro de una cama como si se tratase de su hija enferma, y posteriormente dentro de una mina de talco, en la Sierra.
Roque López, escultor de la Virgen de los Dolores
Roque López (Santomera 1747-Murcia 1811) fue el principal discípulo del escultor barroco Francisco Salzillo, quien encontraría en las magníficas tallas de Roque unas dignas sucesoras de las suyas.
La producción artística de Roque López se caracteriza por la cantidad y la calidad de sus piezas, elaborando las obras con una técnica en la que se concitan la pasión y el sentimiento como manifestaciones de la profunda vida interior por la que se caracterizaban sus personajes.
Tras una vida marcada por la influencia de su maestro y por la trágica pérdida de su mujer, Roque López siguió tallando hasta el mismo día de su muerte, realizando durante su vida cerca de 500 esculturas para satisfacer encargos provenientes de toda España.
Roque López entró muy joven a trabajar en el taller del genial escultor murciano Francisco Salzillo. Cinco meses después de haberlo contratado, Salzillo ya habla en su testamento de Roque López como oficial, legándole sus propias herramientas de trabajo.
Con Francisco Salzillo aprendería Roque López las claves de las esculturas barrocas, los conocimientos bíblicos necesarios para representar las imágenes religiosas, así como las obras y los artistas más importantes de la historia del Arte. Tanto aprendería de su maestro, que en algunas de las obras comenzadas por Salzillo y concluidas por Roque López a la muerte de éste, no se puede apreciar el cambio de mano en la talla.
Se trata del más inspirado continuador del arte barroco y algunos especialistas incluso han llegado a decir que en ciertas obras llegó a superar esculturas de su maestro.
La principal diferencia entre la imaginería de ambos autores estriba en que la obra de Roque López concede mayor importancia al fondo que a la forma. Sus esculturas serían más introspectivas, plasmando los sentimientos que animan los personajes representados.
Tal fue la fama de Roque, que recibiría encargos prácticamente de todos los municipios de la Región.
Desde el año en el que murió Francisco Salzillo, hasta el año de su propia muerte, Roque López realizaría cerca de medio millar de esculturas.
Era una persona meticulosa que anotaba en un cuaderno todas las esculturas que realizába, indicando su tamaño, descripción, lugar para el que fue realizada y su precio en reales de vellón. Este cuaderno tenía por título “Memoria de las hechuras que he fabricado en el año 1783”, aunque abarcaba sus obras desde 1783 hasta 1811.
Entre las 470 escultura registradas en el mencionado cuaderno, aparece inscrita en 1788 una Virgen de los Dolores – cabeza, manos, pies y peana – para Almería por 550 reales de vellón, que con bastante probabilidad corresponde con la Virgen de los Dolores de la Iglesia de Somontín.
El 19 de julio de 1789 nacía en Somontín Juan Oliver y García.
Cuando era Procurador Síndico del Ayuntamiento de Málaga fue elegido diputado a las Cortes Generales por la provincia de Málaga para las legislatura de 1822-1823. Se celebró la elección el día 3 de diciembre de 1821, obteniendo 12 votos de un total de 12 electores (corresponde el número de electores al de los elegidos en los partidos).
Su periodo como diputado comienza el día 20 de febrero de 1822, jurando el cargo unos días después, el día 25 del mismo mes.
Según consta en el Diario de las Sesiones de las Cortes del día 7 de diciembre de 1822, se procedió a la elección de presidente, obteniendo 62 votos a favor de un total de 122 parlamentarios. Ocupó este cargo, que era interino, hasta el día 6 de enero de 1923.
El día 27 de septiembre de 1823 acaba su etapa como diputado de las cortes.
Estos años se encuadran dentro del periodo llamado “Trienio Liberal” (1820-1823), reinando Fernando VII, de nuevo tras la Guerra de Independencia. Seguramente fue testigo nuestro paisano de más de una acalorada discusión en las Cortes en un periodo tan radicalizado como el que le tocó vivir.
Juan Oliver y García fue abogado, oficial segundo de cuentas del Ministerio, procurador síndico del Ayuntamiento de Málaga y auditor de Guerra en 1834. Se le consideraba un experto en comercio y aranceles y con una buena formación en temas económicos, así como de una gran amabilidad y buenas relaciones sociales.
En 1822 fue nombrado Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga y con ese nombre, Decano Oliver y García, tiene una calle en esta ciudad.
En 1938 se inicia en la provincia de Almería la llamada "Desamortización de Mendizábal", por la que una gran parte de los bienes que pertenecían al clero, tanto secular como regular, pasaron a ser del estado y se subastaron entre el pueblo.
Hacía poco tiempo que se había realizado la división administrativa en provincias del Reino de Granada, en concreto en 1833 por Francisco Javier de Burgos. Se crea entonces, tal como la conocemos ahora, la provincia de Almería, quedando Somontín integrado en ella, aunque eclesialmente, este pueblo ya pertenecía desde hacía siglos a la diócesis de almeriense.
El proceso de desamortización se inicia tarde en la provincia de Almería, casi con dos años de retraso con respecto al resto de España, aunque los gobernantes de la misma habían puesto empeño en que se llevase a cabo al mismo ritmo que en el resto. Así, el Intendente de Almería, José Sánchez Ocaña, en una circular firmada y fechada en Almería el 4 de enero de 1838 dice lo siguiente:
"En 8 de diciembre próximo anterior (...) dige a los ayuntamientos de esta provincia lo siguiente:
Debiendo los Procuradores Síndicos de los Ayuntamiento de esta Provincia nombrar un perito en fincas rústicas y otro en urbanas que intervengan en la tasación de las nacionales que se enajenen con arreglo al articulo 20 de la Real Instrucción de 1º de marzo de 1836, y no constando en la Intendencia se haya cumplido tan interesante servicio recomiendo y espero que dichos Ayuntamientos procuren se me remita a vuelta de correo (...) bien la noticia de los nombramientos que se hubiesen hecho antes de la segregación de esta provincia o ya los que en virtud de la presente han de verificarse. (...)
A pesar del tiempo transcurrido sólo han contestado los Ayuntamientos que se expresan a continuación (...). Pueblos que han remitido el nombramiento (...)
Almería, Alboloduy, Arboleas, Armuña, Berja, Cuevas de Vera, Gádor, Lucainena, Lubrín, María, Olula de Castro, Olula del Río, Pechina, Rioja, Rágol, Santa Fée, Serón, Sierro, Somontín, Suflí, Tabernas, Tíjola, Urracal, Uleila de Campo y Vera."
Vemos por tanto, que, a pesar del retraso general de la provincia (sólo 25 de los 97 municipios han contestado), Somontín se encuentra entre los que han nombrado a los cargos necesarios para realizar el Inventario General de Fincas.
El intendente no menciona en su comunicado las dificultades por las que atravesaba gran parte de la provincia al encontrarse en estado de guerra, sobre todo en la zona norte de la misma (Serón, María, Vélez-Rubio, Vélez-Blanco y Huercal-Overa).
Pertenecientes al clero secular, en concreto al Convento de monjes Dominicos de Santa Bárbara de Baza (Granada), se ven afectadas dos fincas con 1,5 celemines de regadío, 5 fanegas y 3 celemines de secano. El valor de tasación, en reales de vellón, es de 5.320, y el de venta remate es de 13.100.
Con posterioridad, el 2 de septiembre de 1841 se publica el real decreto por el que se inicia el proceso de enajenación de las propiedades de clero regular y es publicado en nuestra provincia el día 15 del mismo mes. En este caso se produce una mayor resistencia que en el caso del clero secular, viéndose afectadas en Somontín un mayor número de propiedades.
En cuanto a fincas urbanas, se ponen a la venta 2 con renta propia que no son adquiridas.
Por lo que hace referencia a las fincas rústicas, se pone a la venta 11 fanegas y media cuartilla de regadío y 7 fanegas y 7 cuartillas de secano. En general están repartidas en fincas pequeñas, ya que hay 24 con menos de 1 Ha y 3 están entre 1 y 5 Ha.
En la siguiente tabla encontramos los nombres de los compradores y los datos de las adquisiciones:
|
Comprador |
Nº fincas rusticas |
Fanegas regadío |
Celemines regadío |
Fanegas secano |
Celemines secano |
Tasación (reales de vellón) |
Remate (reales de vellón) |
|
Antonio Azor García |
7 |
|
10,5 |
3 |
8,5 |
4.132 |
10.630 |
|
Juan Ginés Cañabate Cruz |
7 |
2 |
7 |
5 |
3 |
7.815 |
19.837 |
|
José Pérez de los Ríos |
12 |
7 |
10 |
1 |
4,5 |
8.213 |
13.210 |
Extraido de la obra "La Desamortización de Mendizábal en la provincia de Almería (1.838-1.849) de Mario J. Navarro Godoy (Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Almería, 1987)
Durante 346 años Somontín formó parte de un señorío jurisdiccional regido por la merced que los Reyes Católicos concedieron a Alfonso Fernández de Córdova y Montemayor el 25 de junio de 1492.
Se sucedieron 19 señores y señoras, muchos de los cuales nunca vendrían a Somontín pero que nunca olvidaron cobrar los diezmos de las gentes que durante estos tiempos habitaron el pueblo.
La transformación durante esa época fue enorme, pasando de un pueblo mudejar con unas 50 casas cuando lo recibió el primer Señor de Somontín, hasta llegar a ser un pueblo minero con más de 1000 habitantes cuando el último Señor de Somontín aún pretendía adueñarse de la producción de las minas. Entre un momento y otro pasaron épocas tan complicadas como los casi 70 años moriscos, la expulsión de todos ellos y la posterior repoblación, que supondría unos años de difícil subsistencia para los que fundaron las raices de todos nosotros.
El día 25 de junio de 1.492, pocos meses después de finalizada la reconquista, los Reyes Católicos, en pleno reparto de favores entre quienes les habían ayudado durante las múltiples campañas militares que se habían realizado, otorgaron el señorío de las Villas de Somontín y Fines a Don Alfonso Fernández de Córdova y Montemayor.
De esta manera, y hasta casi mediados del siglo XIX, Somontín y Fines estarán unidos como parte de un señorío jurisdiccional. Es decir, durante ese tiempo pertenecieron a un señor o señora que poseía ciertos derechos sobre el pueblo, sus tierras y sus gentes. Estos derechos se fijaron en la merced que concedieron los Reyes Católicos a Don Alfonso Fernández de Córdova y Montemayor.
Los Reyes Católicos hicieron a Don Alfonso Fernández de Córdova y Montemayor gracia y donación pura, perfecta e irrevocable para él y sus herederos y sucesores de las Villas de Somontín y Fines, en el Reino de Granada, con sus castillos y fortalezas y con todos sus términos y tierras, distritos y territorios y con todos los vasallos que en ellas y en sus términos había y hubiese en adelante con la justicia y jurisdicción civil y criminal, alta y baja y mero y mixto imperio, y con las casas, huertas, corrales, viñas y tierras labradas y no labradas que eran suyas y le pertenecían en las dichas villas y sus términos y tierras, y con los prados, dehesas, pastos, abrevaderos, ejidos, sotos, árboles, montes, ríos, molinos, fuentes y aguas corrientes y manantiales, reservándose la soberanía de la justicia real para que las apelaciones fueran a la Chancillería; y también los mineros de oro y plata y otros metales si los hubiese y todas las otras cosas que pertenecían a la preeminencia y soberanía Real.
Don Alfonso Fernández de Córdova y Montemayor era V señor de Alcaudete, VI señor de la villa de Montemayor y X señor de Dos Hermanas. Pertenecía a la ilustre familia de los Fernández de Córdova, en su cuarta rama, la de los Montemayor y Alcaudete y era el tercero con el mismo nombre dentro de su familia. Era el primero de los hijos de Don Martín Alfonso de Córdoba y Montemayor y Doña María Carrillo de Córdoba. Asistió, al lado de su padre y del Conde de Cabra, su tío, a todas las empresas de la conquista del Reino de Granada, y a partir de 1489, con su casa ya fundada, continuó participando en la reconquista hasta la toma de Granada. Como premio a estos servicios recibió en señorío las villas de Somontín y Fines. Se casó en dos ocasiones y de su primer matrimonio con Doña María de Velasco nacería Doña María Carrillo de Córdova y de Velasco, a la que pusieron en primer término los apellidos de su abuela paterna.
Doña María Carrillo de Córdova y de Velasco pasó a ser la señora de Somontín y Fines según consta en escritura del 4 de octubre de 1507 en que sus padres le trasmitieron este derecho. Se casó con el ilustre Don Francisco de Benavides y Pacheco, III conde de Santisteban del Puerto, de quien pronto enviudó (1519), aunque con varios hijos.
En 1531 compró Gaspar Rotulo el señorío de las villas de Somontín y Fines a Don Diego de Benavides, Conde de Santisteban del Puerto, y a sus hermanos, hijos de Doña María Carrillo de Córdova y Velasco. El matrimonio Rotulo Carrillo obtuvo posesión del señorío el 23 de marzo de 1532 en presencia de Francisco de Gamboa, escribano de su majestad, y del Concejo de Purchena.
De esta forma el señorío cambiaba por primera vez de familia por compra del mismo. No se volvería a vender durante el resto de su existencia, sino que fue pasando de generación en generación o cambiando de familia siempre siguiendo las líneas sucesorias o los testamentos de los diferentes señores.
Era Gaspar Rotulo un ilustre italiano segundo hijo de Galeazzo Rotulo y de María Trincheri. Se estableció en la villa de Almagro en 1500 donde fundó su casa ganándose el reconocimiento de los Reyes Católicos y de sus sucesores.
Doña María Carrillo Osorio era hija de Don Fernán Carrillo de Guzmán y Toledo y de Doña Juana Osorio de Rojas, primeros señores de Totanés.
Gaspar Rótulo y Doña María Carrillo quisieron evitar que sus posesiones pudiesen ser divididas por sus sucesores para lo cual obtuvieron de la corona el 25 de septiembre de 1539 la facultad para poder instituir el mayorazgo de su familia. De esta forma, el 30 de agosto de 1550 fundaron en Almagro el Mayorazgo de los Rotulo Carrillo incluyendo en el mismo las villas de Somontín y Fines, sus casas de Almagro, su dehesa de Belvís (Toledo) y otros bienes. Para todo ello nombraron sucesor a su hijo mayor y con imposición de las armas combinadas de Rotulo y Carrillo.
Con la fundación de este mayorazgo, Gaspar Rotulo y Doña María Carrillo Osorio serían los primeros Señores de las Villas de Somontín y Fines.
También crearon otro mayorazgo, al que ligaron el señorío de Totanés, para su segundo hijo.
En 1559 falleció Gaspar Rotulo, habiendo testado el 14 de noviembre de 1555. Fue su mujer, Doña María Carrillo, quien asumió la gestión del patrimonio y con ello el título de señora de las Villas de Somontín y Fines, hasta su muerte en el verano de 1573. En esa fecha tomo posesión como segundo Señor de las Villas de Somontín y Fines Don Galeazzo Rotulo Carrillo, primero de los siete hijos del matrimonio Rotulo Carrillo.
Durante esa época trascurrió la guerra de los moriscos con su posterior expulsión, el apeo de las casas y tierras de Somontín y la repoblación con gentes venidas de Castilla, precisamente de los alrededores de Almagro (Albacete), la residencia habitual de los Rótulo Carrillo. Era el Señor de la Villa, en este caso Doña María Carrillo, la más interesada en que el pueblo estuviese debidamente poblado, pues de ello dependía la explotación de la tierra y el pago que, de parte de las cosechas, debían de hacer todos los somontineros.
Don Galeazzo Rotulo Carrillo, junto con varios de sus hermanos, participaron a reducir la sublevación de los moriscos del Reino de Granada. Fue Gobernador de los presidios de Cádiar y Vérchul en las Alpujarras. Pronto trasladó su residencia a Milán, donde falleció en 1580 sin descendencia de sus dos matrimonios.
Le sucedió como tercer Señor de las Villas de Somontín y Fines su hermano Don Hernán Carrillo Rotulo de Mena. Este último apellido lo agregó tras su matrimonio con Isabel de Mena, del cual no obtuvo descendencia. En 1585 falleció.
Le sucedió como cuarto Señor de las Villas de Somontín y Fines su hermano Don Ginés Rotulo Carrillo. Éste era Presbítero, Canónigo y Dignidad de Tesorero de la Santa Iglesia de Cuenca y Comisario del Santo Oficio de la Inquisición. Murió el 28 de octubre de 1587.
Le sucedió como quinto Señor de las Villas de Somontín y Fines su hermano Don Leonardo Rotulo Carrillo. Fue Regidor Perpetuo de la Villa de Almagro y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición. Se casó con Francisca de Hoces de quien tuvo dos hijos, el primero que falleció a poco de nacer y la segunda, Doña Antonia María Rotulo Carrillo que continuó con la línea sucesoria tras la muerte de su padre en 1610.
Doña Antonia María Rotulo Carrillo fue la sexta Señora de las Villas de Somontín y Fines a partir de 1610. Había nacido en Almagro en 1568. Se casó con Don Juan Serrano Zapata, que fue por matrimonio Señor de las Villas de Somontín y Fines. Éste, entre otros cargos, fue embajador de Felipe IV en la República de Génova, donde falleció en 1633. Doña Antonia María Rotulo Carrillo le sobrevivió 23 años, hasta el 15 de octubre de 1652, cuando falleció en su casa de Almagro.
Heredó todos sus bienes su sobrino, el primer Conde de Torralba, en representación de los derechos de su abuela Doña María Rotulo Carrillo, quinta hija de Gaspar Rotulo y Doña María Carrillo. Se había casado con Don Diego Fernández de Córdova y Mendoza, quinto señor de las villas de Torrequebradilla y de Torralba y jefe de la línea de los Córdovas de Cabra.
Por tanto, el séptimo Señor de las Villas de Somontín y Fines a partir de 1652 fue Iñigo Jacinto Fernández de Córdova y Mendoza Rotulo Carrillo y Osorio que, entre sus cuantiosos títulos tenía el de primer Vizconde de las Torres y primer Conde de Torralba. Se casó con Doña Blanca Mesía Carrillo de Guzmán, Señora de Monturque y de las Torres del Maestre. Del matrimonio nacieron ocho hijos, de los cuales, el segundo de ellos, Don Francisco Fernández de Córdova y Mendoza siguió con el linaje de las casas principales de su familia pero no pudo heredar el Mayorazgo de los Rotulos por ser incompatible con el de la Casa de Córdova. Así, su padre en escritura pública fechada el 21 de febrero de 1657 y ratificada el 16 de noviembre del mismo año, pasaba la titularidad del mayorazgo a su tercer hijo, Don Gonzalo Pedro Fernández de Córdova Rotulo y Carrillo que sería el octavo Señor de las Villas de Somontín y Fines durante 34 años.
Fue un gran benefactor de sus territorios. Así, en 1689 había reedificado, desde sus cimientos, las iglesias parroquiales de sus Villas de Somontín y Fines.
En escritura fechada el 22 de junio de 1691, Don Gonzalo Pedro Fernández de Córdova renunció al señorío a favor de su sobrino del mismo nombre hijo de su hermano mayor.
Fue noveno Señor de las Villas de Somontín y Fines Don Gonzalo Fernández de Córdova Rotulo Carrillo, segundo hijo de Don Francisco Fernández de Córdova y Mendoza y Doña María Ana de Grimau y de Lupiá. Fue Capitán de Corazas en el Ejército de Cataluña. Al frente de su compañía hizo las campañas de Cataluña de 1691 y 1692, muriendo en Barcelona de un trabucazo que le dispararon la noche del 12 de septiembre de ese año de 1692.
El señorío de Somontín y Fines volvió a manos de su tío, anterior poseedor del mismo, en 21 y 22 de octubre de 1692 para volver a renunciar del mismo a favor de su sobrino, hermano del difunto, Don Francisco Álvaro Fernández de Córdova Rotulo Carrillo que sería el décimo Señor de las Villas de Somontín y Fines a partir del 10 de febrero de 1693. Era Canónigo de la Santa Iglesia de Jaén.
Se había reservado Don Gonzalo Pedro Fernández de Córdova la jurisdicción del señorío a la que renunció en escritura del 22 de noviembre de 1697.
En 1702 Don Francisco Álvaro Fernández de Córdova Rotulo Carrillo, tras la muerte de su tío, tomó posesión definitiva del señorío de las Villas, pero murió el 29 de noviembre del mismo año habiendo dado poder para testar a su hermana, quien tomaría posesión de sus bienes.
Fue la undécima Señora de las Villas de Somontín y Fines Doña María Ana Teresa Francisca Fernández de Córdova Rotulo Carrillo, hermana del anterior señor.
Estando viuda del Señor de Castril, su primer marido, se casó el 21 de julio de 1704 con Don Pedro María Scotti de Agoiz, secretario del Conde de Torralba (hermano de doña María Ana). Este matrimonio no fue bien visto por la familia de ella. A los 5 meses de la boda, en noviembre de 1704, nació el único hijo de este matrimonio. Al mes del nacimiento del hijo la esposa y Señora de las Villas falleció. Posiblemente por acuerdo con la familia de ella, se permitió a Don Pedro María Scotti de Agoiz posesionarse de los Mayorazgos de Somontín y Fines y Casa de Almagro en escritura del 6 de mayo de 1706 a nombre de su hijo como herencia de la pudiente familia. Durante años fue Señor de las Villas de Somontín y Fines, en representación de su hijo Don Pedro María Scotti de Agoiz, aunque fue su hijo, Don Francisco Gaspar José María Scotti Fernández de Córdova Rotulo y Carrillo, quien llegaría a ser duodécimo Señor de las Villas de Somontín y Fines. Falleció en 1770 sin sucesión.
Al no continuar la línea sucesoria, volvió la posesión del mayorazgo a dos biznietas de Doña María Ana Teresa Francisca Fernández de Córdova Rotulo Carrillo, undécima Señora de las Villas de Somontín y Fines. Ambas fueron Señoras de las villas de forma sucesiva. Eran Doña María Teresa de Zafra y Garma y Doña María Petra de Zafra y Garma, que también murieron sin sucesión y con las que acabó la línea mayor directa de la familia de Zafra a la que pertenecían.
Por tanto, fue Señora de las Villas de Somontín y Fines Doña María Teresa de Zafra y Garma, posiblemente la decimotercera desde 1770 hasta 1788. También fue Señora de las Villas de Somontín y Fines Doña María Petra de Zafra y Garma, posiblemente la decimocuarta desde 1788 hasta 1799.
Al volver a romperse la línea sucesoria, el Mayorazgo de los Rotulo volvió a los descendientes que continuaban poseyendo los derechos sobre el mismo. De esta forma, Doña María Manuela del Rosario Fernández de Córdova Mendoza y Pimentel fue quien posiblemente recogió la herencia del mismo, siendo la decimoquinta Señora de las Villas de Somontín y Fines de 1799 a 1800, fecha de su muerte, a la que llegó sin descendencia.
Doña María Ángela del Rosario Fernández de Córdoba, tras la muerte de su hermana mayor, heredó el señorío en 1800 siendo la decimosexta Señora de las Villas de Somontín y Fines hasta su muerte en 1817, sin dejar tampoco descendencia.
Tras un año de pleitos por la propiedad de las herencias, en 1818 la Real Chancillería de Granada otorgó el Señorío de las Villas de Somontín y Fines a Don Francisco de Paula de Valdivia Fernández de Córdova y Corral, que sería el decimoséptimo Señor de las Villas de Somontín y Fines, así como, entre otros, séptimo Conde de Torralba y Señor de Torrequebradilla. Falleció sin sucesión en Córdoba el 10 de agosto de 1825. Heredó el Señorío su sobrina, hija de su hermana.
A partir de 1825 fue la decimoctava Señora de las Villas de Somontín y Fines Doña Manuela Joaquina Francisca de Paula Fernández de Santillán y Valdivia Corral Fernández de Córdova y Mendoza, sexta marquesa de la Motilla, quinta condesa de Casa Alegre y Marquesa de Valencina entre otros numerosos títulos. En sucesión de su tío materno fue octava Condesa de Torralba, Señora también de Torrequebradilla y de la Villa de Totanés, como de las ya mencionadas Somontín y Fines. Había nacido en Sevilla el 27 de marzo de 1791. Se casó el 13 de febrero de 1810 con Don Antonio José Jerónimo Desmaisières y Flórez. El matrimonio murió el mismo día, 21 de julio de 1834, en Sevilla, a causa del cólera que asolaba la ciudad. Al menos tuvieron dos hijos, Fernando y Miguel Ángel.
Desde 1834 y hasta el final de estos derechos de señorío ejerció como decimonoveno Señor de las Villas de Somontín y Fines Don Fernando Desmaisières Fernández de Santillán Florez y Valdivia.
Este sería el último Señor de Somontín, ya que en 1837 se promulgó la ley por la cual se derogaban los señoríos.
Acababan así, con 19 señoras y señores, los casi 346 años en que Somontín fue tierra de señorío.
En el Archivo General de Simancas se conserva el documento por el que, con fecha 25 de junio de 1492, los Reyes Católicos conceden el señorío de Somontín y Fines a Don Alfonso Fernández de Córdova Montemayor, 5º señor de Alcaudete, 6º señor de la villa de Montemayor y 10º señor de Dos Hermanas (Archivo General de Simancas,RGS,LEG,149206,12).
En el documento, que adjuntamos en formato PDF, se describen detalladamente las posesiones y derechos que se traspasan al nuevo propietario, los que quedan en posesión de la Corona así como las condiciones en que se realiza dicha cesión. Así, los Reyes Católicos le hacen a Don Alfonso Fernández de Córdoba
“gracia e merced e donacion pura e perfecta e acabada que es dicha entre vivos e non revocable por agora e para siempre jamas para vos e para vuestros herederos e subcesores e para aquel o aquellos que de vos o dellos ovieran causa e razon en cualquier manera” de las Villas de Somontín y Fines, lo cual significa que pertenecen al nuevo Señor “las villas de Somontín e Fines que son en el nuestro reino de Granada con sus castillos e fortalezas con todos sus terminos e tierras distritos e territorios e con todos los vasallos que en ellas en en sus terminos agora hay e oviere de aquí adelante con la justicia jurisdicion civil e criminal alta e baxa mero mixto ymperio e con las casas huertas corrales viñas e tierras labradas e no labradas que son nuestras e nos pertenecen en las dichas villas e sus terminos e … con los prados e dehesas abrevaderos exidos sotos arboles frutuosos e ynfrutuosos … e pastos e rios molinos fuentes e aguas corrientes estantes e manantes e con Las escribanias alguacilazgos servicios e fueros e drechos e maravedis e pan e pechos e drechos e otras cualquier rentas e penas e calupnias que a nos pertenescan e pertenecer pueden o deben en qualquier manera en las dichas villas e sus terminos e fortalezas e vasallos e en cada uno dellos por rason del señorio con todos los siervos de los moros que agora viven e de aqui adelante vivieren en las dichas villas e sus terminos”.
Dicho de otra forma, el Señoría incluye la posesión de:
Quedan, no obstante bajo la propiedad Real:
“retenemos en nos e para nos e para nuestros sucesores en los dichos nuestros reinos la soberania de nuestra justicia Real e que las apellaciones de vos e de vuestros alcaldes mayor vayan ante nos e ante nuestro oidores de la nuestra Audiencia e chancilleria e que nos fagamos e mandemos faser justicia en las dichas villas e fortalezas e en sus terminos e en cada uno dellos cada que nos fuere pedida e nos vieremos que cumple a nuestro servicio de la mandar haser e que non podays vos ni vuestro herederos labrar ni hedeficar de nuevo en las dichas villas fortaleza ni fortalezas algunas mas de las que agora ay sin nuestra licencia e mandado e que si oviere de aber escribano o escribanos publicos cristianos en las dichas villas que tengan aquellos tales titulos nuestros e de los Reyes que despues de nos vieneren e que en otra manera no puedan usar de las dichas escribanias e otros y quedando para nos los mineros de oro e plata e otros metales u los y oviere e todas las otras cosas que pertenescen a nuestra peheminencia e soberania Real e asi mismo sacando alcavalas e tercias si las oviere en las dichas villas quando fueren pobladas de cristianos”.
Por tanto, los Reyes Católicos se reservan
Se hace mención expresa a los derechos acordados en las capitulaciones de la guerra recién terminada con los moros por las cuales estos quedan sujetos a los mismos impuestos que pagaban a su Rey:
“retenemos en nos e para nos e para nuestros sucesores … alcavalas e tercias si las oviere en las dichas villas quando fueren pobladas de cristianos porque en tanto que fueren pobladas de moros no a de aver en ellas acavalas ni tercias algunas porque según lo que en las dichas villas tenemos asentado e mandamos capitular al tiempo que la dicha tierra ganamos de los moros no nos an de dar ni pagar otros drechos algunos mas de los que pagaban al Rey moro de Granada”.
Algunas curiosidades sobre el documento y su contenido
El documento tiene dos versiones, la original y una trascripción del 26 de mayo 1866 realizada por el archivero Manuel García. Como puede leerse en una nota adjunta al documento:
“Diose certificación de esta merced en virtud de suplicatorio del Juez de 1ª Instancia de Purchena y decreto de la Dirección General de Instrucción Pública , hoy 26 de mayo de 1866.”
Esta copia, con la certificación indicada en esta nota, fue la que se utilizó en la batalla legal que se llevaba a cabo en aquel tiempo entre el que había sido el último Señor de Somontín y sus herederos contra el ayuntamiento de Somontín por la propiedad de las minas de jaboncillo.
Sería determinante el contenido de este documento a la hora de que la justicia dirimiese el derecho de las minas de jaboncillo a favor del Ayuntamiento de Somontín en lugar de los herederos del señorío. En concreto, el párrafo en el que se indica “quedando para nos los mineros de oro e plata e otros metales si los y oviere”. Para finalizar de dar razón jurídica, a requerimiento del Ayuntamiento de Somontín, el Tribunal Supremo decidió que el talco puede considerarse un metal ya que su extracción se realiza de forma similar a como se hace con otros metales claramente definidos en la ley de minas de vigente en aquel momento.
Ambas cosas, la reserva de la extracción de metales para la Corona y la declaración del talco como metal, acaban siendo decisivos a la hora de absorver al Ayuntamiento de Somontín por extraer talco de la Sierra sin pagarle y sin permiso del Maqués de la Motilla, heredero de los derechos del, ya en aquel momento, abolido señorío.
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| Merced Reyes Católicos - Original.pdf | 4.51 MB |
| Merced Reyes Católicos - Copia de 1866.pdf | 3.15 MB |
La explotación de esteatita en el término municipal de Somontín de la Sierra de las Estancias fue el motor de este pueblo durante más de un siglo.
El talco, tan blanco y puro como en pocos sitios, se extraía a miles de toneladas año tras año y convirtió a Somontín por un tiempo en el destino de toda la comarca.
Trascripción completa de la sentencia al recurso de casación que el Marqués de la Motilla interpuso contra el ayuntamiento de Somontín por la explotación de las minas de talco. En esta sentencia se absuelve al ayuntamiento y se condena al marqués teniendo esto como consecuencia que la propiedad de las minas era del ayuntamiento y no eran propiedad privada.
Recurso de casación (8 de Julio de 1878). — REIVINDICACIÓN DE UNAS CANTERAS DE ESTEATITA. —Sala tercera: Se declara no haber lugar al recurso de casación (Aud. de Granada), y se resuelve:
Que si al declarar la Sala sentenciadora que el demandante no ha probado el dominio que pretendía sobre unas canteras y minas de esteatita ó jaboncillo que en los autos se litigan, absolviendo de la demanda al demandado, lo hace apreciando en su conjunto, y en uso de sus exclusivas atribuciones, el resultado de las pruebas practicadas y la eficacia de una Real cédula de concesión hecha por los Reyes Católicos en 25 de Junio de 1492 a favor de un causante del recurrente, sin que contra esta apreciación se haya citado como infringida ley ni doctrina alguna legal; no ha podido infringirse la ley de minas de 6 de Julio de 1859, ni la 15, tít. 31, Partida 3a.
En la villa y Corte de Madrid a 8 de Julio de 1873, en los autos que ante Nos penden por recurso de casación, seguidos en el Juzgado de primera instancia de Purchena y en la Sala de lo civil de la Audiencia de Granada, por D. Miguel Ángel Desmaycieres, Marqués de la Motilla, con el Alcalde de Somontín, en representación del común de vecinos de dicho pueblo, sobre reivindicación de unas canteras de esteatita ó jaboncillo de sastre:
Vistos, siendo Ponente el Magistrado D. Pedro Borrajo de la Bandera:
Considerando que al declarar la Sala sentenciadora que el Marqués de la Motilla no ha probado el dominio que pretendía sobre las canteras y minas de esteatita ó jaboncillo que en estos autos se litigan, absolviendo de la demanda al Ayuntamiento de Somontín, lo ha hecho apreciando en su conjunto, y en uso de sus exclusivas atribuciones, el resultado de las pruebas practicadas y la eficacia de la Real cédula de concesión hecha por los Reyes Católicos en 25 de Junio de 1492 a favor de D. Alfonso Fernández de Córdova, de quien trae causa el recurrente, sin que contra esta apreciación se haya citado como infringida ley ni doctrina alguna legal:
Considerando, en consecuencia, que no han podido infringirse las leyes que se citan en este recurso, en el cual, haciendo supuesto de la cuestión, se reputa el Marqués de la Motilla, dueño de los terrenos en que el mineral se produce, contra lo expresamente declarado en la sentencia recurrida;
Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de casación interpuesto por el Marqués de la Motilla, a quien condenamos en las costas: líbrese la correspondiente certificación a la Audiencia de Granada, con devolución de los documentos y apuntamiento remitido. — (Sentencia publicada el 8 de Julio de 1878, é inserta en la Gaceta de 16 de Agosto del mismo año.)
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| Recurso de casación - 8 de Julio de 1878.pdf | 52.98 KB |
Don Emilio Jiménez Pérez nació en Somontín el día 11 de octubre de 1863. Fue bautizado dos días después, el día 13 de octubre. Era hijo legítimo de don Estevan Antonio Jiménez Moreno y doña Juana Mercedes Pérez Martínez.
Estudió en Somontín y los dos primeros cursos de latín y humanidades en el Instituto de Almería donde consiguió el título de bachiller en artes. En septiembre de 1876 entró en el Seminario de San Indalecio, donde cursó todos los estudios de humanidades, filosofía y teología. El año 1885 recibió, en el Seminario Pontificio de Granada, los grados de licenciado y doctor en teología y posteriormente la licenciatura en derecho canónico.
Con 22 años, el 24 de abril de 1886, es ordenado como sacerdote.
Fueron muchísimos sus cargos en la diócesis de Almería. Enseñó diversas materias en el Seminario de San Indalecio, incluida la teología dogmática. Impartió también clases en el Colegio de Jesús. Opositó el 1892 a una canonjía de la Catedral de Almería, mereciendo ser aprobado por sus brillantes ejercicios, aunque no obtuvo la plaza. En septiembre de 1895 opositó a la vacante de doctoral, que consiguió brillantemente.
Don Emilio va ganándose la confianza y el respeto de los dirigentes de la iglesia almeriense. Así, en una carta que el obispo de Almería, don Vicente Casanova y Marzol envía el 3 de febrero de 1917 al nuncio de su Santidad en España, monseñor Tedeschini, entre otros asuntos, le dice que aprovecha la ocasión para remitirle la contestación que han dado los ministros a las instancias del diputado don Julio Amando respecto del doctoral, don Emilio Jiménez Pérez.
El 27 de septiembre de 1917 don Vicente Casanova comunicaba al Cabildo oficialmente que el nuncio de S. S. había presentado al doctoral, don Emilio Jiménez Pérez, para ocupar como obispo administrador apostólico la sede de Barbastro. Al día siguiente se celebraba cabildo extraordinario y se expresó al prelado la gratitud y el gozo de la corporación por tal designación.
En noviembre la noticia se había difundido por toda España la noticia como se desprende de una carta al nuncio desde Barbastro insistiéndole en que le mantengan con administrador apostólico. La diócesis, que había sido fundada en el S. XI y después restaurada por Pío V, fue suprimida como tal por el Gobierno el 1851. Su último obispo don Jaime Fort y Puig había muerto el 1855. La Santa Sede la había mantenido con administrador apostólico y después de la salida del último había sido elegido por indicación del nuncio el deán como vicario capitular. El pueblo había hecho un gran esfuerzo depositando en el Banco de España un capital que producía 2.000 duros anuales para la sustentación del prelado.
El 20 de noviembre de 1917 el cardenal secretario de Estado, Gasparri escribe al nuncio Ragonesi acusando el recibo del proceso de don Emilio.
El 26 de enero de 1918 Casanova, en carta al nuncio, le dice que del nuevo administrador apostólico de Barbastro no ha llegado ningún documento oficial de Roma y sigue levantando las cargas de su prebenda en esta Catedral.
Aunque el Cabildo de Almería había sido distinguido en diversas ocasiones con la designación por parte de la Santa Sede de obispos de su seno, no tenemos noticias de que en la Catedral de Almería se hubiese consagrado prelado alguno.
Hasta el día 10 de febrero de 1918, en que se recibieron las bulas con el nombramiento de obispo titular de Antedón, no se hizo pública la noticia. Ese día hubo repique general de todas las campanas de la ciudad. El júbilo fue general en la ciudad y la diócesis. El Cabildo, según la tradición, colocó en su asiento del coro un cojín rojo y acordó regalarle el báculo pastoral. El nuncio, Mons. Francisco Ragonesi, por su parte, fijó para el día 7 de abril la fecha de la consagración episcopal.
Otro tanto ocurría con el anuncio de la venida del nuncio de S. S., que por primera vez en la historia visitaba nuestra ciudad.
El día dos de abril, Mons. Casanova hacía pública una circular en la que anunciaba su gozo de poder celebrar el décimo aniversario de su estancia en la diócesis con la feliz noticia del nombramiento y consagración episcopal del «doctoral de la Catedral, don Emilio Jiménez Pérez, hijo de la diócesis, antiguo alumno y hoy dignísimo Prefecto de Estudios de nuestro querido Seminario». Anunciaba asimismo la llegada inminente del nuncio de S. S.. El día tres La Independencia publicaba un artículo interesantísimo en el que se describe como el Cabildo remozó toda la Catedral y sacristía para tan gozoso acontecimiento. Asimismo habla del báculo pastoral que los capitulares regalaron a don Emilio Jiménez. Había sido forjado en Valencia y remataba con las imágenes de La Virgen del Mar y San Indalecio. Los beneficiados por su parte le obsequiaron con una bellísimas crismeras.
El día cuatro de abril llegó a Almería, en el tren correo, Mons. Francisco Ragonesi, arzobispo de Mira y nuncio apostólico. Fue recibido con toda solemnidad en la estación y se le rindieron honores militares de ordenanza por una compañía con su banda de tambores y cornetas. Acudieron con el prelado todas las autoridades y representaciones oficiales y muchísimos fieles. Recorrió las principales calles de la ciudad que estaban profusamente engalanadas. A la llegada al templo Catedral fue recibido por el Cabildo. Entró bajo palio. Se cantó solemne Te Deum por la capilla de la Catedral acompañada de orquesta. Esa noche la banda municipal dio un concierto extraordinario en la plaza de la Catedral.
Terminado el acto el nuncio se dirigió al palacio episcopal donde se tuvo la recepción oficial. La plaza y calles cercanas estaban repletas de fieles. Hubo un gran entusiasmo cuando el nuncio apareció en el balcón de palacio, desde donde impartió la bendición a los fieles que le aclamó con entusiasmo.
Con el nuncio apostólico llegó el obispo de Barcelona, Mons. Reig y Casanova. Era persona muy querida en la ciudad y por los sacerdotes de la diócesis. Venía para ser el prelado asistente del principal consagrante. Todos recordaban a aquel gran obispo que, terminados sus estudios de abogacía y renunciando a todo lo humano, vino desde Valencia atraído por el inolvidable obispo Orberá, cursó sus estudios teológicos en nuestro Seminario de San Indalecio. Aquí en Almería recibió todas las órdenes sagradas y fue profesor de historia eclesiástica. Habiendo coincidido en el seminario por el mismo tiempo con don Emilio Jiménez, era natural se uniese en momento tan especial.
El domingo, día 7 de abril de 1918, se celebró en la Catedral la consagración de don Emilio Jiménez. La Catedral estaba espléndidamente engalanada. El Cabildo adelantó el rezo de las horas canónicas y pasó a palacio a recoger a los obispos. Desde el palacio a la Catedral se hizo la solemne procesión de entrada, en la que tomaron parte con el Cabildo y beneficiados, el seminario y clero de la diócesis. Apadrinaron al nuevo obispo don Juan de la Cruz Navarro y doña Josefa Padilla Sánchez, viuda de Gay.
Como queda dicho, actuó de consagrante el nuncio Mons. Francisco Ragonesi, arzobispo de Mira y los obispos de Almería y Barcelona, Mons. Vicente Casanova y Marzol, y Mons. Enrique Reig Casanova. Con mucha dificultad se dirigió la procesión a la capilla del Sagrario, desde donde, después de orar breves instantes, se dirigieron al altar mayor. La Catedral estaba abarrotada, quedándose muchos fieles fuera.
Además de todas las representaciones oficiales hay que destacar, con las representaciones del Cabildo y Ayuntamiento de Barbastro, a don Joaquín Juste, canónigo de Zaragoza y a los ilustres almerienses, don Federico Salvador, canónigo de Guadix y don Miguel Sirvent y López, doctoral de Valencia y lectoral famoso que había sido de nuestra Catedral.
Después de la solemnísima ceremonia en la que actuó la capilla de la Catedral a toda orquesta, con gran dificultad, el nuevo consagrado pudo dar la bendición, dando la vuelta por las naves. Al final y durante una hora se celebró el besamanos.
Después de la comida en casa de la madrina, se hizo una escapada obligada a Pechina, donde se recuerda la primera sede de Urci y donde estuvo sepultado San Indalecio hasta su traslado al Monasterio de San Juan de la Peña. Impresionante y solemne.
Esa misma tarde se celebró un acto brillantísimo en la iglesia del Colegio de la Compañía de María, donde está sepultado el fundador inolvidable obispo Orberá y donde desde el primer momento don Emilio Jiménez había sido el capellán y director espiritual. Es justo dejar constancia de las personalidades que intervinieron. Abrió el acto el alcalde de la ciudad don José Muñoz Calderón. Intervinieron también don David Esteban, abogado y poeta y el famosísimo literato don Antonio Ledesma Hernández. Además de las actuaciones de la schola cantorum del seminario merece destacar las de los sacerdotes don Víctor Lozano Díaz, don Domingo Sebastián Caparrós y el penitenciario de la Catedral don Joaquín Peralta Valdivia.
Las autoridades militares retrasaron al día 8 de abril la jura de bandera de los soldados del Regimiento Córdoba. Se tuvo a las 10 de la mañana en la plaza circular ante la estatua de la Caridad. Celebró la misa don Vicente Casanova y Marzol, y asistieron todos los señores obispos y el nuncio.
El día 9 los prelados y el nuncio se dedicaron a recorrer todos los centros benéficos de la ciudad, los conventos y los colegios todos. El día 10 de abril, después de una visita del nuncio a la Catedral y de reunirse con los señores canónigos en la sala capitular, partió para el puerto. El ministro de Marina puso a disposición del legado pontificio, Mons. Ragonesi, el buque de la escuadra Almirante Lobo. Acompañado del obispo de Barcelona, Mons. Reig, zarpó rumbo a Melilla, para desde allí dirigirse a Ceuta y Cádiz. Fue emocionante y cálida la despedida que a ambos prelados se dispensó 131.
Don Emilio Jiménez celebró su primera misa pontifical el día uno de mayo en la iglesia del Colegio Compañía de María y el día 15 de mayo, fiesta de San Indalecio, también de pontifical en la Iglesia Catedral. En ambos actos estuvo auxiliado por los señores capitulares. El día 20 partió para Barbastro acompañado de su secretario, don Andrés Castejón Jiménez, y de su gran amigo el párroco de San Sebastián don Pío Navarro. El día 26 de mayo, fiesta de la Santísima Trinidad, hacía su entrada solemne en la Catedral de Barbastro.
Cuando Mons. Casanova, en 1921 iba a dejar la diócesis de Almería, se tuvo en consideración que fuese don Emilio Jiménez el sustituto. Para ello hubo una interesante documentación dirigida desde Almería a Tedeschini, rogándole insistentemente para que la vacante de Casanova fuera cubierta por el administrador apostólico de Barbastro, don Emilio Jiménez Pérez, considerado un ilustre almeriense.
Los padrinos de la consagración episcopal de don Emilio, don Juan de la Cruz Navarro y doña Josefa Padilla Vda. de Gay, dirigen una emotiva carta a Tedeschini el día 13 de enero de 1821. En ella hacen una exposición de cuál es el sentir del pueblo de Almería. En el mismo sentido se envían telegramas y cartas por diversas personalidades almerienses. Cabe destacar el telegrama que firman conjuntamente don Luis Sanz Matamoros, gobernador civil, don Ambrosio Mena, presidente de la Diputación y don Carlos Granados, alcalde de Almería, así como el que firma Walter Mactéllan y la carta de la Cámara Oficial Agraria que firma don Francisco Rovira Torres.
La respuesta a todos ellos por parte del nuncio Tedeschini es que por su parte no había ninguna dificultad, pero que la presentación correspondía al Gobierno. Parece ser que era una respuesta sincera y no simplemente diplomática.
Finalmente no se produjo vacante en Almería y don Emilio Jiménez no alcanzó a ocupar ese puesto.
Siendo Obispo Administrador Apostólico de Barbastro, Emilio Jiménez Pérez, con fecha de 12 de noviembre de 1918, emitió un certificado en el que concedía su conformidad para el ingreso en el Seminario de Logroño de Josémaría Escribá de Balaguer, que posteriormente fundó el Opus Dei, a la vez que le concedía el Exeat, el permiso para cambiar de diócesis, por el que transfería su jurisdicción por razón de origen al Obispo de Calahorra.
El 21 de octubre de 1926, con 63 años, aún como Obispo Administrador Apostólico de Barbastro, fallece don Emilio Jiménez Pérez después de haber sido sacerdote durante cuarenta años y obispo durante los últimos ocho.
Por Baldomero Oliver Navarro, “el Rulo”
(Palma, 13-12-2011, día de Santa Lucía)
Somontín, por suerte o por desgracia, siempre ha sido pueblo de emigrantes, en todo tiempo de su historia, muchos somontineros tuvieron que salir de nuestra tierra en busca de nuevos horizontes, de nuevas tierras donde afincarse provisional o definitivamente, hombres, mujeres o familias enteras cogieron lo poco que tenían y emprendieron el camino hacia un lugar en el mapa, para ellos totalmente desconocido, en busca de una vida posiblemente mejor, en busca de fortuna con la que regresar al pueblo y mejorar sus condiciones de vida.
Algunos pudieron ver sus ilusiones y pretensiones cumplidas, con mayor o menor suerte, otros volvieron igual que se marcharon, unos pocos no volvieron y de alguno de ellos no se supo nada más tras su marcha.
Aunque es difícil recordarse de todos por el tiempo que ha pasado, voy a intentar que no se me quede nadie en el olvido y rememorar a todos aquellos que en el periodo que va desde antes de la guerra a principios de siglo XX partieron de Somontín, y facilitaros la información que guardo por mi conocimiento propio o por lo que pude escuchar de mis antecesores, con el fin de que esta información sirva para que los que tienen curiosidad por saber cómo fue nuestro pasado, o alguno de fuera pueda saber cosas del origen de una tierra de la que posiblemente han oído hablar a familiares o conocidos pero que no conocen, y ni siquiera ubican en un plano.
Puede que la información que yo expongo en este escrito no coincida exactamente con la que a vosotros os han transmitido vuestros allegados, sobre todo si os afecta personal y familiarmente y no es de vuestro agrado, también puede que mi memoria con el paso del tiempo no sea correctamente exacta y algún apellido, nombre o dato esté errado, pero lo que yo expongo de mis recuerdos es lo que popularmente se hizo saber en nuestro pueblo y por tanto es lo que corrió a través de la palabra de unos a otros, aunque la mayoría de los relatos que cuento, son cosas que viví personal y directamente por vínculos familiares muy próximos.
Me he centrado en el tiempo anterior a la guerra, por la falta de información que existe sobre el tema de la emigración de esos días, puesto que de la gente que salió de Somontín con posterioridad sí que existe información y la mayoría de familiares y allegados saben donde se localizan sus familiares o amigos, algunos aunque residen fuera de Somontín, aun mantienen vínculos próximos y de tanto en tanto regresan a pasar unos días de paisanaje, a recordar, a vivir, a respirar el aire de nuestro querido pueblo, añorado y amado por igual, para seguir manteniendo fresco el sabor de lo nuestro en la lejanía.
Quisiera que sirviese este paso por la memoria de nuestros antepasados, como homenaje a su valentía, decisión y espíritu de sacrificio a la hora de emprender el camino hacia lo lejano, sin tener ni la menor idea de lo que les deparaba el futuro tras dejar atrás la silueta de nuestro pueblo, algunos para llegar a su destino tardaron más de un mes de viaje, sobre todo los que emigraron a América o Australia, que tenían que subirse al barco en Málaga (algunos de los barcos que hacían el trayecto eran: Mongolia, Chicago, La Bourdonnais, Montevideo o el “Dios Eolo”, etc.) y para llegar a cualquier puerto con destino en América, la travesía duraba unos 30 días yendo todo bien, luego había que arreglarse la manera de llegar a destino o aventurarse días y noches de buscarse la vida en espera de que les saliese alguna oportunidad de trabajar; como se suele decir: “Había que tenerlos bien puestos” para acometer esa odisea e incertidumbre, pero nuestros paisanos “los tenían bien puestos”, ya que todos sabían lo que era jugarse la vida cada día en las minas y pozos de talco, el viaje y lo que se presentase era la continuidad de lo que vivían en Somontín diariamente.
Deseo que este artículo signifique el principio de una idea que quede abierta a todos los que podáis aportar datos que mejoren su contenido, desde este momento estáis invitados a que aportéis lo que sabéis y entre todos podamos hacer un homenaje a su recuerdo y que nadie quede olvidado y si es posible mejorar la información que yo expongo sobre nuestros queridos paisanos.
José Navío Acosta, el "tío Nano", (abuelo de Ramón Navío y según la información que le facilita su padre), en este primer viaje estuvo primero en Argentina unos años.
Pedro Oliver Oliver “Rulo” (mi padre), en esta primera salida mi padre fue a parar a San Rafael y tras 3 años regresó y con el dinero que trajo mi abuelo Baldomero compró “La Cañá”, unos bancales en “el Rincón” y otros en “la Suerte Larga”, a su regreso se echó de novia a mi madre Encarnación.
José María Navarro Egea “el Cojo”, mi abuelo materno, estaba casado con Carmen Mesas Acosta, se marchó a Argentina dejándola con 3 hijos de mediana edad, Antonio, Encarnación (mi madre) y Rosa, al principio de su ida escribió unas cuantas cartas, hasta que dejaron de tener noticias de él, no regresó nunca ni se preocupó de su familia, a través de José “el Conchillo”, su mujer y familia, supieron que se había juntado con una mujer en Argentina y creado una nueva familia, allí se erradicó y no volvió nunca más.
José “el Conchillo”, se marchó con mi abuelo materno, y regresó a Somontín a repartir la tierra y la parte del cortijo de sus padres que le había tocado, lo vendió todo y se regresó a Argentina y ya no volvió más.
La parte de su cortijo se la compró su hermana Isabel “la Conchilla”, que estaba casada con José Porta y tuvieron 5 hijos: Manuel casado con María Catellón; Antonio casado mi prima Dolores “la Rula”; Angel soltero; Juan casado con Carmen Resina; y José casado con Emilia la de “Juan Emilia”.
Juan “Pérez” Martínez “el Tío Juan Pérez”, casado con Dolores Mesas Acosta (mi tía materna), tuvieron 3 hijos: María, Pedro (maestro escuela), Carlota (casada en 2.ª nupcias con Gervasio “el Civil”), a su vuelta compró un cortijo y tierras.
Gervasio “Pérez” Martínez, hermano del anterior, se quedó en Argentina, le vendió la casa a mi padre por 8.000 pesetas, en la Pl. el Santo (la que ahora habita mi hermana Encarna y mi cuñado José “el de Paula”).
Rafael Galera “el Ramales”, hermano del “Papalis”, se marchó a Argentina y más tarde se llevó a su familia: una hija que no recuerdo su nombre, José y Luis Galera Pérez, se fueron a San Rafael, con la suerte de que embarcaron en Málaga 2 días antes de que estallara la Guerra Civil Española y se cerraran las fronteras y puertos, no habrían podido salir de España, con Luis (“Ramales” hijo, que era de mi edad) me estuve carteando durante mucho tiempo, incluso nos mandamos cintas de radio-cassette grabadas donde nos contábamos recuerdos y añoranzas del pueblo, él regresó al pueblo hace unos 10 años siendo ya muy mayor, con la Operación Añoranza y luego se volvió a Argentina donde ya ha fallecido.
Antonio García García “el Hierro”, era el padre de Antonio “el Hierro”, que estaba casado con Filomena Padilla “la del tío Pisa”, vivían en la casa de Juan Padilla en la Pl. El Mercado, tuvieron 2 hijos y allá por el año 1953 se fueron todos con su padre a Argentina.
APORTACIÓN REALIZADA POR TEODOSIO OLIVER
El padre de mi abuelo Teodosio, que se llamaba José Pallarés Azor, y su hermano Antonio Pallarés Azor, emigraron allá en 1909. Mi abuelo tenía de su padre un recuerdo borroso, pues marcharon a Argentina cuando él tenía sólo 3 años, mi bisabuela Rafaela López García (la Jacoba) se quedó viuda al año siguiente. Se establecieron en San Rafael de Mendoza, donde había mucha gente de Almería, y muchos otros de Somontín. Mi bisabuelo José, murió al año siguiente a consecuencia de la caída de un caballo, pero su hermano Antonio Pallarés que apodaban "el Levita", y que se marchó soltero de Somontín, se casó allí y ya nunca más volvió a España. Hace años, han escrito en esta página algunos Pallarés de Argentina, que yo creo que son descendientes de aquel.
Gervasio Cañabate “Gervasillo”, casado con María Pérez Acosta, hermana de Ramón “Pintao”, tuvieron 1 hija: María, al volver compró tierras y casa.
Fernando Galera “Gazpacho”, casado con Paula, tuvieron 3 hijos: Carmen, Vicenta y José (mi cuñado), a su regreso compró un cortijo (Chavarrias) y tierras.
Juan Oliver “Primavera”, no recuerdo con quien estaba casado, pero tuvo 2 hijos: Juan que se estableció en Brasil y Antonio que se ubicó en Granada y ya no regresaron.
José “Ambrosio” Navío Arriaga, se casó con Filomena “la Canilas”, tuvo 2 hijos, enviudó y se fue a Brasil y no regresó, era hermano de Joaquín, Carmen y Francisco.
Serafín Oliver “el Cañete”, emigró también por los años 1920 y también se pasó trabajando en las minas unos 4 años o más, a la vuelta al pueblo compró unos bancales y más tarde le compró la casa de la Pl. El Mercado a mi cuñado Juan Echavarrías, la que ahora es propiedad de Ramón Navío y Soledad Galera, tuvo una hija llamada Carmina que se casó con Trinidad “el Mosca” de Urrácal y tuvieron 2 hijos: Serafín y Antonio.
“Los Lirias”: Serafín, Juan (murió antes de la guerra), Plácido y me parece que 2 hermanos más, se marcharon todos y se establecieron por Cataluña.
Serafín Oliver “el Periquillejo”, el barbero del pueblo, como dato curioso citaré, que como mucha gente no tenía dinero para pagarle, se establecía una iguala que consistía en un afeitado y un corte de pelo durante todo el año, que equivalía a una fanega de trigo, los que no tenían que afeitarse, por ejemplo: jóvenes y niños, o sea solo corte de pelo durante todo el año, la equivalencia era media fanega de trigo.
Se casó con Isabel y tuvieron de hijos a: Serafín que también fue barbero, Pedro que estaba de mozo con Manuel “el de Manuel Diego” en el molino, Adela, Isabel, José, y Juan.
En Barcelona montaron una peluquería en Granollers.
“La Rubia la Pandera”, no recuerdo datos precisos sobre ella, pero recuerdo su existencia y sobre todo su espectacular y épica marcha de nuestro pueblo, ella agarró un fardo de tela y se echó sobre sus espaldas todo lo que tenía y emprendió el camino hacia Cataluña a pie, cuentan que hizo todo el trayecto andando, comiendo y durmiendo por el camino donde y como mejor podía. Se estableció en Cataluña y se agarró a todo para sobrevivir, entre otras cosas contaban que se alquilaba en los funerales para hacer de plañidera, cosa que por aquellos tiempos era bastante habitual.
Amador, Juan y María “los Sardineros”, lo mismo que de la anterior, una vez que se marcharon del pueblo no hemos tenido más noticias de su paradero, ya que mi familia y yo salimos de Somontín en el año 1967, pero según cuenta Ramón Navío volvió al pueblo y residió en la C/ del Aire unos cuentos años y murió en Almería hará ahora unos 20 años.
Pedro “el Turuta”, se casó con Matilde “la Carabina”, que era hija del “tío Pepe Carabina”, y Juan “Turuta”, su hermano, se casó con María “la Sardinera”, mencionada anteriormente, tampoco supe más de ellos.
Isabel “la Fraila”, recuerdo que era viuda y tenía una hija que también se llamaba Isabel Azor, que se casó con Miguel Afan de Ribera en Cataluña, que era hijo de Francisco Afan de Ribera, este era un alto cargo de la Audiencia Territorial de Cataluña, tuvieron 2 hijas y tenían unos bancales en Urrácal, a los que más tarde añadieron un buen cortijo que la familia de su marido tenía cerca de sus tierras, ya que ellos eran originarios de Urrácal. En Somontín vivían al lado de Martirio en una casa-cueva en Triana.
Rafaela “la Baldomera”, recuerdo su existencia remotamente siendo yo un niño, un día tomó camino hacia Cataluña y no volví a saber más de ella.
Anselmo Oliver “el Chico”, casado con Rafaela Azor, tuvieron 4 hijos: Isabel, Rosa, Juan y Rafaela, esta última volvió a Somontín al cabo de muchos años y se casó con uno de Purchena.
Trinidad Cañabate “el Marañoso”, primo hermano de Ramón “Jabones”, se casó con Margarita y tuvieron 6 hijos: Dolores “la de Pepe Castellón”, Diego, Trinidad, Margarita, Amador y Manuel.
Pedro Oliver “el Cañete” que estaba casado con Pilar “la Vegara”, no supe nada más de él.
Antonio Oliver “el Cañete”, estaba casado con una que no recuerdo el nombre pero de apellido “Lorente”, y tuvieron 3 hijos: Juana, Antonio y Dolores, una de ellas estaba casada con Antonio Galera.
Serafín y Manuel “los Chatos” de Triana, trabajaban exclusivamente en el talco y aunque sacaban mucho mineral, en su época no se lo pagaban bien y siempre estaban ahogados económicamente, por lo que se marcharon a Cataluña y ya no regresaron.
Antonio y Pedro Navío “los Cagaos”, su padre era hermano del “Tío Nano”, estaban de encargados en la Vuelta Requena en el cortijo de “los Navarros”, se marcharon a Cataluña y progresaron a los 12 ó 15 años volvieron y se compraron el cortijo “el Panzón” de Lúcar.
Rafael Navío, casado con Leocadia, tenía de hijos a Dolores la mujer de Pedro “el Chico”; Serafina viuda de Juan Miguel, tuvieron una hija María, que se casó con Gervasio García Acosta “el Potete”, después se casó en segundas nupcias con José “del Rubio Victoria” y tuvo 2 hijos, Rafael y José, que nacieron en Madrid y allí se erradicaron; José que se casó con Pepa, hija de Remedios “la Recha”, hijos de estos: Leocadia, Remedios que se casó con Pepe “el Calisto”; Manuel, se fue a Puerto Rico y se casó con una puertorriqueña y se estableció allí; Antonio, con Carmen de origen murciano y que tuvo un capítulo lamentable con Alonso, que acabó el fatal tragedia; María, se casó con uno de Lúcar.
Rafael Navío se fue a trabajar a las minas de Rio Tinto en Huelva por los años 1920 y estuvo unos 3 años y como anécdota contaré que era un buen cantante de coplas y de muy buena presencia, él mismo nos contó que un día estaba cantando en un bar en Huelva y alguien le robó la voz y ya no quiso cantar más, la cuestión es que estando en plena exhibición, le grabaron en un gramófono y cuando acabó su actuación le sentaron para que se escuchara y viera los adelantos de la técnica, así que al oírse se asustó y dijo: “Me habéis robado la voz”, creyó que era algo de brujería.
Con él se fue también su hijo José Navío Oliver a trabajar en las minas de Río Tinto y al volver compró tierras y arregló su cortijo.
Hacia Madrid salieron un gran grupo de somontineros, de familias casi enteras de los que puedo recordar a Antonio “el Dondín” con sus hijos Antonio, Bautista, Manuel, Dolores y Rosa, esta última hasta hace poco venía por el pueblo y era muy popular por las buenas fiestas de San Sebastián y de verano que montaba y compartía con los somontineros de ahora.
José “el Rubio Vitoria”, su hijo José se casó con mi prima Serafina “la Locadia”, tuvieron 2 hijos: Serafín y Juan.
José García “el Tío Moreno”, era el abuelo de la familia de “Los Ronquillos” sus hijos José García Miras, Juan “el Ronquillo”, que hizo de mozo del “Tío Paco Ventura en el molino y más tarde se fue a La Coruña y se quedó a vivir definitivamente allí.
José Navío Acosta "el tío Nano", después de su paso por Argentina regresó y se marchó a Estados Unidos, este segundo viaje está justificado en uno de los documentos del archivo de viajeros del barco Montevideo, que partió de Málaga el 27 de octubre de 1917, en el que aparece y se hace constar que entonces tenía 35 años y estaba casado con Filomena Sánchez. Tuvieron 7 hijos: Mercedes, Manuel, Francisco, Flor, Juan, Pepe y Filomena.
Antonio Cañabate Acosta "el tío Hombrebién", era hermano de Rosario que se casó con mi tío Juan "Rulo", de la madre del cura D. José Jiménez (no recuerdo su nombre), de Amador (el padre de María Guerrero) y del "tío Pedro Serafina", aparece en el mismo listado de pasajeros que José Navío, y en la fecha de embarque tenía 33 años y estaba casado con Rosa Cañabate, tuvieron 2 hijos: María y Amador, que se hizo maestro de escuela y se fue a Velez Rubio, en donde se erradicó. Hizo fortuna, le compró una casa a mi suegro en la Pl. el Mercado que recibió de herencia de su padre Manuel Acosta, la que hace esquina con la Cuesta La Villa, la reformó y aumentó una planta y en los bajos puso una tienda.
Antonio Sánchez Mesas, el "tío Panbueno" (hermano de de la abuela de Ramón Navío: Filomena Sánchez, madre de Manuel, Francisco, Juan y Pepe “el Nano”). La familia del “tío Panbueno” se estableció de forma definitiva en EEUU, pero algunas de sus hijas han vuelto al pueblo. Ramón Navío nos cuenta, que recuerda que cuando era un crío pequeño, a Somontín venía una de sus hijas de vez en cuando y hace unos 5 ó 6 años apareció "la pequeña" de ellas, que era la primera vez que venía a España con 81 años. Traía a su hijo (de la edad de Ramón) y a su hija con sus respectivas familias. La única que hablaba algo de español era ella y sobre todo recuerda que el hijo estaba muy emocionado de conocer el pueblo de sus antepasados.
Manuel Acosta Brocal "Faustina" (cuñado mío), sabemos por la documentación encontrada de mi suegro: Certificado de Residencia expedido en Nueva Orlenas, que estuvo en Estados Unidos antes de 1920 unos cuantos años y que regresó a Somontín, ya que en América con el tema de la Ley Seca las cosas se pusieron mal, no tenía noticias de ello hasta que salieron estos documentos y su hijo Antonio nos confirmó que había estado
un tiempo en América, tendría entonces unos 19 años.
Ramón Pérez Acosta “el Pintao”, casado con María Pérez, tuvieron 3 hijos: Antonio, María Dolores, que murió sin conocerla mientras él estaba en Estados Unidos, y Dolores, estuvo en América, logró traer algo de dinero y se compró una viña en la Rambla. Según consta en el listado de pasajeros de La Bourdonnais, embarcó el 20 de mayo de 1926 con destino a New York (USA).
Bernabé Cañabate Azor, su paso por América no fue tampoco demasiado afortunado, aunque trajo un poco de dinero y compró unos bancales en la “Suerte Larga”. Su viaje está documentado en la lista de pasajeros del barco La Bourdonnais, que salió de Málaga el 5 de diciembre de 1923, donde figura que entonces contaba con 31 años.
Juan Acosta Brocal “Faustina” (mi cuñado), casado con María Acosta, tuvieron 2 hijos: Antonio y Soledad, no tuvo fortuna en su estancia en América, regresó casi igual que se fue.
José Mora “el Chumbelete”, casado con Soledad Oliver “la Marquesa”, tuvieron una hija, no fue bien el matrimonio y al final las abandonó y se volvió a marchar a América. Volvió al pueblo ya jubilado y vivió hasta su muerte en la casa “del Marqués” de la plaza del Mercado, según nos cuenta Ramón Navío.
Fernando Mollina, casado con Lola “la Manolona”, tuvieron 3 hijas: Concha, Pepa (mi cuñada) y Lola, hizo algo de dinero, compró tierras y se trajo un coche (Chevrolet) que fue la sensación de aquellos tiempos en el pueblo y lo empleó para hacer de taxi muchos años, los jóvenes estábamos deseando que desechara una cámara de neumático para hacernos pelotas para jugar a las mecas, era la mejor goma que podíamos encontrar para hacer las pelotas puramente artesanales.
Emilio Galera Galera “Ventura”, se casó con Dolores “la Colomera” o “la Hornera”, tuvieron hijos: María, Trinidad, José, Emilio, Ventura y Rosa, se fue a América y no tuvo mucha fortuna y regresó a Somontín.
Cristino Sánchez, casado con una de Bacares de la familia “los Cerezos”, tuvieron 3 hijos: María, Antonio e Isabel, sin demasiada suerte al igual que el anterior.
José "Martínez" Rubio, estaba casado con Isabel Sánchez y tenía un hijo que se llamaba José, éste se casó con Carmen “La Jorquera” que aun vive, por desgracia para él nunca pudo regresar a Somontín, la familia pasó su ausencia con muy pocas noticias y al final, creo que les enviaron sus pertenencias y una pequeña indemnización del un seguro que tenía. Su marcha está documentada en el listado de pasajeros del barco Chicago con destino a New York, contaba entonces con 28 años.
Pedro Oliver Rueda, al igual que el anterior se embarcó en el barco Chicago en la misma fecha, por esta documentación sabemos que tenía entonces 33 años y era hijo de Joaquina Rueda, que vivía en la C/ Triana, 1 de Somontín, tampoco tengo recuerdos de ellos.
José Portaz Rueda, se casó y se fue a América con su mujer, María Mesas “La Candelita”, tuvieron 2 hijos: Luis “Erminio” y María, cuando estos eran pequeños, María se enamoró de otro emigrante asturiano y los abandonó.
Erminio se casó con Matilde Acosta Azor “la Pepeperanta”, tuvieron 2 hijos: Pepe y Matilde, por los años 1955 regresó a América. Él murió en Estados Unidos, donde continúan viviendo sus hijos y Matilde.
María se hizo monja y continúa viviendo en Estados Unidos.
María Mesas “la Candelita” (su 1.ª mujer), regresó a España con su nuevo marido y tuvo 3 hijos más, se establecieron en Asturias.
José Portaz, hizo fortuna en su paso por América a su regreso se compró el cortijo “Las Hortichuelas”, unos bancales de olivos y 4 horas de agua.
Se casó después con Encarna “la Candela” y tuvieron 2 hijos más: Juan y José.
También su marcha está documentada en el listado de pasajeros del barco Chicago, juntamente con los 2 anteriores, donde además figura que entonces vivía en la C/ de la Iglesia, 20 y tenía por aquellos días 38 años.
Antonio Castellón González, se casó con Isabel la hija del “tío Pepe Isabelica”, a su regreso se compró un cortijo en Lúcar, vecino del de mi padre, tuvo 3 hijos, una hija que no recuerdo el nombre, Juan que se fue a Granada más tarde y montó un bar y Pepe que murió siendo muy joven.
Pedro Oliver Oliver (mi padre), en esta segunda salida mi padre lo hace a Estados Unidos donde pasan unos 4 años, acompañado de sus hermanos, trabajando en todo lo que se les presentaba, con más o menos suerte, a su regreso de este segundo viaje mi
padre se casó con mi madre y le compró un cortijo en Lúcar a Don Adolfo Juan y Juan de unas 360 hectáreas, era de los más grandes que había, allí nos criamos varios hermanos míos y yo, hasta que volvimos a Somontín, ya que a mi madre no le gustaba el cortijo, mi padre se lo volvió a vender otra vez a Don Adolfo y en Somontín compró una casa en la Pl. El Santo junto a la de sus padres, tierras y 4 horas de agua.
Baldomero Oliver Oliver "Rulo" (mi tío), está documentada su marcha en el listado de pasajeros del barco Mongolia, que partió de Málaga el día 8 de septiembre de 1920, tenía entonces 18 años, solo hay una hoja con 28 pasajeros de 45, posiblemente en otra hoja estarán los nombre de mi padre y de su hermano Juan, ya que se fueron juntos. Consiguió algo de fortuna y con lo que trajo se compró unos bancales en la “Mata Canal”.
Juan Oliver Oliver "Rulo" (mi tío), hizo el mismo viaje que los 2 anteriores y los 2 más abajo citados. Trajo algo de dinero y con él se compró un buen trozo de tierra en la “Suerte Larga”.
José García García, era hermano de Francisco el "tío Sacristán", Juan "Nena" y Antonio "el Nene", por la documentación del listado de pasajeros del barco Mongolia, que salió de Málaga el 8 de septiembre de 1920, sabemos que era de Somontín y que tenía entonces 17 años.
José Acosta Oliver, al igual que los anteriores figura en el listado de pasajeros del Mongolia y consta que estaba casado con María Fernández, tenía en ese momento 30 años.
Antonio Navarro Mesas (mi tío materno), se casó con Consuelo García, que era de Fuencaliente (Serón), tuvieron 3 hijos: Amador, Antonio y Carmen, trajo algo de dinero, vivieron en Somontín unos 30 años y luego se fueron a Las Menas de Serón a trabajar en las minas de hierro, más tarde sus hijos se establecieron en Almería capital.
Juan Diego Acosta, se casó con Consolación Acosta, tuvieron 5 hijos: Juan, María, Pedro, Manuel y Carlota, volvió con fortuna y se compró un cortijo y bastantes tierras.
Antonio Oliver García “el Figurín”, se casó con Carmen, que era de Urrácal, y creo que tuvieron solo 2 hijos: Amador y Antonio, a su regreso le compró el molino a “el Foguera” y más tarde se lo vendió a su hermano Amador, que lo explotó hasta el final de sus días, él se fue a vivir a Urrácal, donde su mujer tenía bastantes tierras tras recibir la herencia de sus padres.
Serafín Portaz Azor, se casó con Serafina García (hermana de José García que estaba casado con mi tía materna Rosa), tuvieron 5 hijos: Joaquín, Juan, Rosa, Serafín y Dolores, también tuvo suerte a su regreso se compró un cortijo en el Plantonal de Lúcar.
Segundo Echavarría Ortega, casado con Rosa Cañadas, tenían 3 hijos: Antonio (cuñado mío), Torcuato y Rosa, estuvo en América más de 10 años y a su regreso se compró el cortijo del “Baladrar”.
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|---|---|
| Lista_pasajeros-Barco_Mongolia_1920.jpg | 517.09 KB |
| Lista_pasajeros-Barco_Bourdonnais_1927.jpg | 201.46 KB |
| Lista_pasajeros-Barco_Chicago_1925.jpg | 251.35 KB |
| Lista_pasajeros-Barco_Montevideo_1917.jpg | 705.27 KB |
| Lista_pasajeros-Barco_Bourdonnais_1926.jpg | 313.12 KB |
| Manuel_Faustina-Certificado_nacionalidad.pdf | 323.93 KB |
El primer emigrante que recuerdo que se fue a Francia fue Pepe Navío y allí estuvo por lo menos unos 20 años y regresó casado con una francesa que se llamaba Luisa y ya no se volvió a marchar, regresó sobre los años 1930, se hizo una buena casa en el Barrio Santo, compró tierra y emprendió una nueva vida en Somontín, se juntó con mi padre Pedro “el Rulo”, “el tío Gervasillo” y Juan Segundo e iniciaron la búsqueda del jaboncillo en el pozo “el Tardío”, más tarde se puso a la venta el cortijo de Luis “el Lázaro”, a él le interesó, vendió la casa y las tierras que había comprado al venir de Francia y se decidió a comprar este cortijo, donde se estableció con su mujer y vivieron allí muchos años, a partir de entonces al cortijo le conocíamos como el de “Pepe Navío” o el de la “Francesa”, se entraba a través de una vereda que llevaba a la explanada de la casa siempre llena de flores y bien cuidado, allí vivieron hasta que se hicieron muy mayores, como no tenían hijos se fueron a Barcelona con una hija de Juan Peneque, allí quedó viudo y más tarde murió, dejando el cortijo en herencia a Pedro el del “Compadre Juan Rosa”.
Juan y José Pallares Oliver, eran hijos del “tío José Mariano” y la “tía Doloricas”, no encontraron un trabajo en condiciones y se dedicaron a todo lo que les salía, eran menudos pero de complexión fuerte y durante un tiempo se hicieron boxeadores, uno era de peso mosca y el otro gallo, combatieron por dinero en todo tipo de peleas, no tuvieron demasiada fortuna.
Regresaron al pueblo y al poco tiempo se volvieron a marchar a Francia, casándose allí y estableciéndose definitivamente.
Tedosio “el de la Tía Jacoba”, se casó con María “Clara”, hermana de Ramón, tuvieron 3 hijos: Rafaela, Patro y María?, no tuvo suerte al igual que los anteriores.
Gervasio Oliver Oliver “el Rulo”, mi tío y cuñado después, se fue con los 3 anteriores y no encontró un trabajo en condiciones, a la falta de trabajo se dedicó más a la fiesta, al baile y a concertar combates de boxeo, regresó a Somontín tal como se fue.
Trinidad Acosta Oliver, se casó con la hija del “tío Juan Agudo”: Dolores “la Quintina”, regresó al reparto del cortijo de sus padres y ya no regresó más, era hermano de Pepe Belén, Soledad, Adela y Alberto.
APORTACIÓN REALIZADA POR TEODOSIO OLIVER
Teodosio Pallarés López (1905-1996), hijo de Rafaela la Jacoba. Efectivamente estuvo en Francia entre 1921 y 1926. Se marchó con 16 años y estuvo cinco años atraido por sus primos Pallareses, que Baldomero nombra también en su artículo. Allí estuvo también mi tío Pepe Jacoba (Pallarés López) que volvió en 1923 para incorporarse al Servicio Militar y participar de lleno en la guerra de África.
Mi abuelo Teodosio hizo en Francia varios trabajos en esos cinco años, comenzó nada más llegar en una mina de carbón en Saint Etienne, departamento Loire, en un pueblo llamado La Croix de l'Homme. Era un pozo de unos 700 metros de profundidad, donde trabajaban mayoritariamente españoles y argelinos. Allí aprendió mi abuelo a trabajar en técnicas mineras que luego le sirvieron para ser capataz en la Mina Virgen del Carmen en las Alquerías, en nuestras minas de jaboncillo, que desde 1948 trabajó para los leoneses.
Además en Francia trabajó en líneas eléctricas en Champagnole y otros pueblos junto a la frontera de Suiza. Hay que decir que Francia acababa de salir de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y nuestros somontineros estuvieron trabajando en su reconstrucción.
En 1926, mi abuelo Teodosio volvió a España, para cumplir el servicio militar, en Valencia, y luego tuvo un largo periplo de emigración por España: Cañavedija (Cuenca), Riaza (Segovia), Dosante (Burgos), siempre en trabajos relacionados con las obras públicas. Recordemos que en estos años el régimen del General Primo de Rivera promocionó mucho las obras públicas, especialmente el ferrocarril, construyendo la línea Santander-Mediterráneo, donde participó mi abuelo en estos años, hasta 1930.
Después de la Guerra Civil, y ya casado con mi abuela María Clara (Rueda Mesas), emigraron unos meses a Rivas de Freser en Cataluña, pero voliveron pronto a Somontín. Después, hacia 1946 estuvo también Teodosio en Palma de Mallorca, ya estaban allí algunos somontineros, creo que los Candelitas. Pero al año siguiente volvió a Somontín, pues comenzó una época de bonanza para las minas, y ya se incorporó pronto a la mina de la Alquería donde estuvo hasta su jubilación en los años 60.
Juan Echavarría Cañabate (mi cuñado), casado con María “Faustina”, tuvieron 3 hijos: Soledad, Anselmo y Juan, anduvo una temporada larga en Nuevo Méjico, pero no logró ningún trabajo que le hiciera mejorar y regresó al pueblo como se fue.
Aunque sin la repercusión que tuvo en otros lugares en los que el frente de batalla castigó duramente a muchos pueblos, Somontín también sufrió los efectos de la Guerra Civil y, sobre todo, acabó enfrentando a unos contra otros.
Precisamente por ese enfrentamiento, es difícil tocar la historia reciente que aún está en el recuerdo de padres o abuelos. Intentaremos ser lo más objetivos posible en lo que aquí incluyamos de esa época basándonos en la documentación que encontremos.
La Causa General fue un extenso proceso de investigación impulsado por el régimen franquista instaurado en España tras la Guerra Civil Española, mediante Decreto del 26 de abril de 1940, con el objeto, según su preámbulo, de instruir «los hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la dominación roja».
La Causa General recopiló exhaustivamente información de manera exclusiva sobre las circunstancias y detalles no solamente de abusos y crímenes contra personas y bienes cometidos durante la contienda en las zonas de control del llamado bando republicano, sino todo tipo de acciones emprendidas por la autoridades, fuerzas armadas y de seguridad y partidarios de los gobiernos de izquierdas desde la instauración de la Segunda República en 1931.
La información registrada por la Causa General, que para Somontín se finaliza el 17 de diciembre de 1941, llevó en muchos lugares a la apertura de numerosas procesos judiciales en contra de los que se consideraban responsables de los mismos, hasta la promulgación por el gobierno de Francisco Franco en 1969 de una ley para la prescripción de los "delitos cometidos con anterioridad al 1 de abril de 1939".
La Causa General se llevó a cabo de manera sistemática y detallada, tal como puede observarse en el documento correspondiente a Somontín, en el que, de manera estructurada se recogía información sobre los muertos durante la Guerra Civil naturales del pueblo, qué daños se causaron en la Iglesia, quienes dirigían las acciones, …
Evidentemente se trata de una causa instruida desde el bando ganador de la Guerra Civil y, por tanto, se trata de una versión oficial de los hechos que, en general, es parcial.
En particular, los datos expuestos sobre Somontín no muestran, afortunadamente, un revanchismo exacerbado de los que declararon para completar el documento contra los que formaron parte del bando republicano. Solo aparecen unos cuantos nombres, que coinciden con los que han aparecido en las historias que nuestros abuelos nos han contado y relatando unos hechos que parecen ceñirse, sin muchos detalles ni excesivas inculpaciones, a los que también se han ido transmitiendo de forma oral. A muchas de las preguntas sobre hechos ocurridos, no se dio respuesta.
Como dato más destacado por trágico, fueron 9 los somontineros muertos durante el periodo de la Guerra Civil:
De ellos, solo del primero, Antonio Oliver Martínez, se tenía constancia del paradero de su cadáver (murió en el frente de Extremadura), mientras que se ignoraba para el resto. 7 de ellos los clasificaron como de derechas y de izquierdas a los otros 2.
Adjuntamos el documento completo de la Causa General de Almería, Pieza principal, Rama separada, número 48, Pueblo de Somontín.
| Adjunto | Tamaño |
|---|---|
| Causa General - 1941 - Somontín.pdf | 8.27 MB |

A modo de introducción quisiera explicar a los somontineros de estos días, que en otro tiempo atrás, no hace mucho más de un siglo en algunos casos y en otros mucho menos, en nuestro pueblo, nuestros antepasados, vuestros antepasados, vivieron, crecieron y se desarrollaron de una manera totalmente distinta a la de estos días que os ha tocado vivir a los jóvenes que habitáis y disfrutáis de una vida mucho más fácil, llena de comodidades, de adelantos, de máquinas, etc., que hacen, que el vivir en Somontín, como en cualquier otro lado del mundo, no sea luchar cada día un motivo de sobrevivencia.
Voy a intentar contaros historias de vivencias personales, narraros como eran otros días en otros tiempos en el mismo lugar que vosotros ocupáis, como se desenvolvían vuestros antepasados, quienes eran los personajes más carismáticos, los que dejaron su huella impresionada en los habitantes del pueblo por sus peculiaridades, como eran sus vidas, que hacían.
Espero que los comentarios que puedan ser molestos, para alguno de los actuales somontineros, por raigambre personal o familiar, sean los mínimos y trataré en todo momento de ser objetivo, respetuoso y cariñoso con todos, ya que en muchos casos los hechos son narraciones de vivencias personales, que guardo como un tesoro dentro de mí, por la suerte que he tenido de poderlos conocer y compartir con estas personas, parte de los días de mi vida, y antes de que el transcurso de los años me lleve a mi también, quisiera dejaros a vosotros como era ese Somontín anterior al de ahora, lleno de personas amigas, familiares y paisanos.
Las anécdotas irán saliendo poco a poco, e intentaré hacerlo personificando y perfilando las historias de los hechos, en busca de dar a conocer algo que pasó, que fue lo que fue, sin enjuiciar a nada ni a nadie, sino solo dando matices sobre lo que fue o quien fue el personaje o el hecho.
Además intentaré que sea divertido y ameno, para que no os aburráis con las historias de vuestros paisanos.
Por otro lado, quiero disculparme anticipadamente, por si alguno de los relatos que hay en el contenido de este breve anecdotario, puede molestar a alguien y muy especialmente a los descendientes de las personas mencionadas, ya que posiblemente su visión, o el conocimiento que puedan tener ellos de sus allegados no sea coincidente con el mío.
Por último, quisiera pediros que os pongáis en situación de tiempo y lugar para poder ver y entender las narraciones y a los que somos protagonistas del contenido de las mismas.
Bueno amigos, deseo que estos relatos, sean de vuestro agrado y además os parezcan interesantes a las nuevas generaciones de somontineros, o a los que sois descendientes de allí, y podáis ver en ellos, a través de la ventana del tiempo, como ha ido cambiando la vida tras el paso aplastante y regenerador de los años y aprendamos a valorar las facilidades y avances que nos ha dado el tiempo transcurrido, para poder realizar nuestros nuevos trabajos, con los que podamos conseguir lo necesario para vivir con dignidad, nada parecido a lo que por fortuna hemos dejado atrás hace ya bastante tiempo.
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| Arrieros y bandoleros en Somontín - Baldomero Oliver Navarro.pdf | 349.05 KB |
Los habitantes de Somontín, ahora hace ya bastante tiempo, tuvimos una forma muy dura de buscarnos la vida, allá por los años finales del siglo IXX y principios del siglo pasado, llegando hasta muy cerca de 1950, esta fue la de hacer de arrieros o transportistas de mercancías, que llevábamos de un lado para otro con el fin de que en cada trasiego nos quedasen algunas pesetillas, con las que muchos de nosotros logramos conseguir un complemento más de subsistencia.
Andábamos por los más vericuetos, sinuosos y desconocidos caminos de la Sierra de las Estancias, yendo y viniendo a los cortijos y ventas del río y sierra de Baza, sierra de Cúllar, zona de Granada capital e incluso acercarnos a las tierras de Málaga y Jaén, siempre andando tras nuestras recuas de bestias: burros, mulos y algún que otro caballo, que iban cargadas de trigo, harina, judías, centeno, garbanzos o cualquier otro tipo de grano, en un sitio, en otro se cargaba aceite, o de lo que se encontrase, o se compraba algún animal: cabra, oveja, cerdo, etc., con tal de que se pudiera ganar unos cuantos reales con ello.
A este trabajo acudíamos, como recurso económico de ayuda a nuestras casas, en todas las épocas del año que se diesen las circunstancias adecuadas para poderlo llevar a cabo, sobre todo en los días de primavera y verano, cuando el clima mejoraba y se podía transitar por estos estrechos caminos de nuestra sierra, cuando alguien nos avisaba de que en un cortijo o venta había algo que pudiera ser interesante, nos desplazábamos hasta allí para ver en que condiciones, y sobre todo a que precio estaba el material y si conseguíamos hacer alguna compra, esperábamos el atardecer para cargar nuestras bestias, salir a los caminos y enfrentarnos a la noche y caminar hasta el amanecer, donde procurábamos llegar de día a un buen y conocido sitio, que sirviese de refugio, que encontrásemos por el camino para ocultarnos, en el que aprovechábamos para descansar y dar de comer a nuestros animales y prepararlos para la jornada siguiente, que casi siempre, cuando se iba cargado se transitaba de noche.
Este trabajo o actividad siempre fue muy peligrosa, ya que los asaltantes de caminos o bandoleros estaban al acecho donde menos nos lo esperábamos para robarnos lo que llevásemos encima: carga o dinero, cuando te salían al camino con la escopeta montada y te echaban el alto, estabas perdido, tenías que hacer lo que te decían si no querías tener males mayores, como llevarse las bestias y dejarnos tirados o amarrados en mitad de la sierra, en espera de mejor suerte y que alguien nos pudiese socorrer, de lo cual podían pasar algunos días.
A principios de siglo, fue una actividad comercial tolerada, cada uno corría con su propio riesgo de ser asaltado o la suerte de poder salir adelante sin ningún problema y ganarse unos buenos dineros con tan penoso trabajo, pero a partir del inicio de la Guerra Civil Española en 1936, se convirtió aún en más peligroso y arriesgado seguir con la tarea de trajinar cosas de un lado para otro, puesto que además de los bandoleros de la sierra, había que añadir la persecución que inició contra nosotros la Guardia Civil, durante la guerra los milicianos y después los maquis y somatenes, ya que con el inicio de la guerra el gobierno de la nación de aquellos años y posteriores consideró esta actividad, como un fraude de ley y por tanto era delictivo e ilegal los intercambios o compras y ventas de materiales y animales, sobre todo perseguían los alimentos, por lo que se le denominó estraperlo o contrabando, y si te cogían te expropiaban la carga, te ponían una fuerte multa y hasta podías acabar en la cárcel por un tiempo, además de llevarte, indiscutiblemente, una buena manta de palos de forma gratuita gracias a la generosidad de la benemérita, que en aquellos años no se andaba con muchos miramientos.
Era peligroso hacerlo abiertamente de día, porque además de poder ser detectados por la Guardia Civil a simple golpe de vista, teníamos a los otros enemigos: los bandoleros de siempre, que a su vez también se escondían de la Guardia Civil y que en aquella época abundaban en todo el Sistema Penibético, sobre todo el la Sierra Morena y sierras más cercanas como la nuestra.
Muchos somontineros probamos nuestra suerte como arrieros, así nos considerábamos nosotros, o como estraperlistas, que era la denominación que nos daba la legalidad vigente, algunos tuvieron más suerte que otros, pero todos pasamos miedo, incertidumbre, calamidad, y sufrimientos sin fin durante aquellos días, los bandoleros nos tenían atemorizados y siempre que salíamos procurábamos ir en grupos de tres o más personas al mismo tiempo, para compartir nuestra suerte, era lo más seguro, aunque también algunas veces nos aventurábamos a hacerlo solos, todos íbamos armados, las navajas y pistolas se ocultaban en nuestros cuerpos o en los aparejos de nuestros animales, para poder defendernos si teníamos oportunidad.
Normalmente, iniciábamos la búsqueda de lo que nos interesaba comprar, cuando alguien nos avisaba de que en tal sitio o en otro había algo que podía ser interesante, o cogíamos el camino de la aventura e íbamos preguntando en los cortijos y ventas a ver si tenían algo que nos interesase comprar o si les hacía falta algo por si lo encontrábamos en otro lado poderlo tener ya vendido de antemano, podíamos pasar varios días de un lado para otro sin encontrar nada que fuese rentable transportar, los cortijeros nos vendían los que les sobraba a ellos de las cosechas, si tenían mucho trigo, pues nos vendían trigo y si habían tenido una buena cosecha de aceite, pues a comprar el aceite y llevarlo a donde mejor creíamos que se podía pagar, el grano se transportaba en sacos, y el aceite se llevaba en pellejos de animales cosidos y sellados a propósito, a cada bestia se le cargaban 8 arrobas llamadas “Colambres”, con lo cual quedaban bien arregladas y servidas nuestras caballerías para un par de días de camino.
En el tiempo de la guerra, los molinos del pueblo no podían moler, estaba prohibido y si pillaban a algún molinero trabajando, tanto los de la CNT o la FAIT, la Guardia Civil o alguien les denunciaba, ya que siempre había algún chivato o colaboracionista, estaban perdidos, se les caía el pelo, como se suele decir popularmente, así que el que se atrevía a hacerlo, lo hacía siempre de noche y procurando que sus hijos o familiares de confianza, montaran guardia en los caminos de entrada al pueblo para avisar si veían que venía alguien y parar enseguida el molino y retirar y esconder todo el grano y harina que hubiera en ese momento.
Había algunos molinos que si podían moler, no en el pueblo, pero si en la zona, bien porque lo tenían convenido de forma solapada con la autoridad competente o porque tenían comprado a algún jefe de zona, recuerdo que por aquellos años íbamos al molino del “Tío Eugenio”, que estaba en Baza o al de “Pedro el Buscavidas” en El Rollo y cargábamos lo que necesitábamos, casi siempre tenían lo que buscábamos sin ningún problema, pero en el camino de vuelta ya te las arreglabas tu como pudieras y si te paraba la Guardia Civil o te salían los bandoleros, era cosa tuya.
Había quienes se especializaban en un tipo de mercancía, Juan Polio y Rafael Navío se dedicaban exclusivamente al aceite, casi vivían de ello, se desplazaban a los pueblos de la provincia de Jaén en busca de aceite y otros se dedicaban más al grano, como mi padre Pedro Oliver y sus hermanos Juan y Baldomero, juntamente con Juan Diego, padre de Manuel Acosta que ha sido secretario del Ayuntamiento de Somontín durante muchos años, o el “Tío Juaquinillo” (Joaquín García), otros como Juan Primavera y su hermano Antonio se especializaban en la compra de huevos, casi siempre se tardaba en cada viaje 2 ó 3 días de ida y 2 ó 3 días de vuelta, dependiendo de donde se consiguiese comprar la mercancía, así que cada semana se solía hacer un viaje.
Muchas veces la mercancía que se traía solo estaba en Somontín un día, ya que el lunes de la semana siguiente salía camino de Albox, a Níjar, u otros pueblos de Almería, donde sabíamos que nos lo pagarían mejor que en el pueblo, otras veces la mercancía se quedaba en el pueblo, recuerdo que en una ocasión Juan y Amador Lucía, hermanos de Isabel y Gregorio, le encargaron a mi padre una carga de harina, que logró encontrar en el pueblo de Pedro Martínez en la provincia de Granada, le pagaron 20 duros de aquella época y a mi padre le había costado 14, con lo que en una semana de trabajo, de ir y venir, dormir donde se podía, pasar penas y miedos, comer poco y mal, se había ganado 6 duros, un duro por día de trabajo, era casi una fortuna, los jornales por aquellos tiempos se pagaban muy poco y había que trabajarlos de sol a sol.
En otras ocasiones, cuando partíamos a buscar algún tipo de carga, ya teníamos quien nos la había encargado y quedábamos en un sitio determinado para hacer el trasiego, por lo que la mercancía no llegaba a Somontín; recuerdo con gran cariño a mi compañero de viajes, mili y otras andanzas: Juan Padilla, cuando fuimos a la sierra de Baza a por 4 cargas de trigo, salimos con nuestras bestias cargadas al anochecer, ya que a las 5 de la mañana teníamos a otros arrieros que nos estaban esperando en la “Balsa del Dingue” en el cruce con el camino de Lúcar, para hacer el cambio de mercancía de nuestras caballerías a las suyas, nos pagaron lo convenido y ellos salieron rambla abajo hasta llegar al Río Almanzora a su paso por Purchena, para seguir por el río hasta Cantoria y desde aquí tomar dirección al Campo de Níjar, siempre por caminos o ramblas, nunca por la carretera.
Pasábamos mucho miedo, miedo a todo, a lo desconocido, a las historias y hechos que nos contaban, a las sombras, a los ruidos y a los recodos de los caminos, no sabías que te podías encontrar, pero le echábamos valor y coraje y tirábamos para adelante, una noche yendo solo por el llano de los Cristianos sentí unos bufidos a lo lejos, yo no sabía lo que pasaba, pero pegué un salto y me subí a mi burro y comencé a correr sin saber que dirección tomar, ya que el ruido me venía por todos lados, cuando me harté de huir y el burro no podía más, paré y me di cuenta que era el viento que soplaba a rachas y los cambios sonaban en la noche por todos lados y de forma diferente, mi corazón en ese momento iba como una moto.
En otra ocasión, iba con José “el Figurín” de noche, veníamos de cargar judías en Benamaurel, nos comenzó a nevar y aguantamos como pudimos hasta llegar al “Cortijo La Corrizofa”, tocamos a la puerta y tardaron un rato en abrirnos, nos encontramos a una mujer y a unos hijos con más miedo que frío teníamos nosotros, y que no se fiaban de abrirnos, puesto que el padre de la familia también estaba por los montes haciendo lo mismo que nosotros, buscarse la vida con el estraperlo, nos dejaron entrar y al quitarme la manta que llevaba por encima, la dejé en el suelo y se quedó tiesa con la misma forma que tenía cuando la llevaba puesta, al día siguiente mejoró un poco el tiempo y salimos para Somontín, los caminos estaban helados y con medio metro de nieve, para no quedarnos helados encima de las bestias, decidimos ir caminando detrás de ellas bien liados y arropados en nuestras mantas; el pobre de José “el Figurín” tuvo muy mala suerte, se lo llevaron los rojos a él y a su cuñado Juan, a los 8 meses de mili y 4 días de estar en la línea del frente lo fusilaron los rojos, porque su cuñado Juan se había pasado al bando nacional.
Una noche de luna llena, cuando iba caminando por la sierra solo, en dirección a Baza, se comenzó a poner oscura la noche, la luna iba desapareciendo poco a poco y llegó un momento en que todo quedó totalmente negro, no veía nada, yo no sabía que era una eclipse de luna ni la esperaba, me quedé paralizado del miedo que me entró en el cuerpo.
En otra ocasión comencé a sentir en una noche clara de verano un tropel de caballerías, pero no sabía de dónde me venían, cogí mis bestias y me escondí detrás de unos chaparros y esperar a ver que pasaba, el corazón me latía a mil por hora, la espera se me hizo interminable, hasta que ví que era un grupos de 7 mulos que estaban sueltos e iban y venían por donde se les antojaba.
Recuerdo, que un viaje que fui a por trigo solo, yo era un mozuelo en la primavera de 1939, la guerra estaba tocando a su fin, lo hice a la Venta de Angulo en los llanos de Baza, cuyo propietario era José “el Traillón” y como no tenía trigo, para no volver de vacío al pueblo, decidí comprarle 4 ovejas, las amarré a mi burro y me costó Dios y ayuda poder llegar con ellas al pueblo, cuando llegué a Somontín había que ver si a alguien le interesaban para vendérselas, así que encontré al “Tío Paco Ventura” que me las compró, me habían costado 2.000 pesetas y se las vendí por 3.000, hice el negocio de mi vida, pero a los 4 días el “Tío Paco Ventura” se las vendió a Amador “el Figurín”, y éste sólo las tuvo un día en su corral, se las vendió a Gervasio “el Civil”, quien se las quedó definitivamente y fue el que salió mejor parado de todos nosotros, ya que a los 10 días acabó la guerra y todo el dinero que empleábamos en aquellos tiempos y en ese especial momento, había quedado sin valor alguno, sólo servía el dinero que se había acuñado en Burgos a partir del 1 de abril, por tanto perdí el dinero y las ovejas, perdimos todos, menos Gervasio “el Civil”, que por lo menos se quedó con los animales.
A partir de aquellas fechas, en Somontín se puso la vida aun peor de lo que estaba, ya que no había nada, muy poco trabajo, el dinero no servía y había que salir adelante con lo que se tenía, o lo poco que nos daba la tierra, muchos vivieron casi a crédito, el único que tenía dinero que sirviese era Antonio Cañabate, quien extendía certificados de crédito, hacía vales por cantidades pequeñas de dinero, que se podían canjear en las tiendas por alimentos u otros materiales que se necesitasen, estos vales eran a cambio del jaboncillo que se sacaba de las minas y pozos del pueblo, Cañabate te compraba el jaboncillo y te extendía el vale con el que uno podía negociar solo en el pueblo, a veces cuando una familia tenía mucha necesidad y ni si quiera tenía jaboncillo que vender, Cañabate le hacía un vale comprándoles el jaboncillo que pudiesen sacar en un futuro.
Otra manera de buscarse la vida, era el hacer jornales de sol a sol, estos jornales se pagaban de diferentes maneras, lo más habitual era en especies, o sea cobrabas con lo que el que te contrataba tenía: aceite, trigo, habas, garbanzos, etc., en dinero, era poco frecuente o a tanto la siembra, o sea si se sembraba una fanega de grano, por la siega de la misma nos daban una fanega de grano, por recogida de la siembra de un saco de patatas, pues un saco de patatas, este sistema también era bastante común, cualquier trabajo era bueno para sobrevivir y ayudar a la familia.
Entre los emboscados o bandoleros de nuestra sierra tenemos que destacar a dos: “La Bigarda” y “El Espadilla”, actuaban conjuntamente a lo “José María el Tempranillo” o “Parrón”, asaltando cortijos y a los arrieros que se encontraban por los caminos, éstos sobrevivían de lo que robaban y operaban en la zona de la provincia de Almería por aquellos años, causando el terror entre nosotros por los atropellos que cometían con los pobres arrieros y cortijeros que tenían la mala suerte de encontrarse con ellos en plena sierra, en los sitios y horas más desfavorables para poder defendernos de ellos, tales como la Sierra de María, el Chirivel, el Contador, Ventaquemá, Vertientes y el Campo Cisneros, nosotros estábamos en mitad de una plena indefensión, ya que cuando nos asaltaban, te amenazaban de muerte si dabas cuenta a las autoridades y como la actividad que realizábamos estaba considerada como ilegal, encima podíamos acabar en la cárcel y además calentitos de “leña”.
Como durante un tiempo todo les fue saliendo a pedir de boca, debido a la poca vigilancia que había y además no encontraban casi oposición, al ir conociendo mejor la zona donde se desenvolvían, se fueron haciendo cada día más fuertes y se confiaron en que de esta manera vivir se podía alargar eternamente.
Tanto “La Bigarda” como “El Espadilla” estuvieron en Somontín, seguramente inspeccionando la zona, “La Bigarda” se hacía pasar por lañador y “El Espadilla” por carpintero, especialista en arreglar sillas y el otro lañaba platos, lebrillos y peroles, en aquel tiempo todo se arreglaba, nada se tiraba, por que la economía no lo permitía o por que eran recuerdos de familia, de padres, de abuelos, etc., y se tenía un gran cariño a las cosas que nos dejaban nuestros viejos.
Hasta que un día tuvieron un enfrentamiento con unos cortijeros, que se habían organizado, esperando una nueva envestida en el Cortijo del “Tío Piñón”, cerca del Chaparral, además de tener que salir por piernas si llevarse nada, la Guardia Civil fue avisada a tiempo y tomó parte en su persecución y durante bastante días fueron tras ellos, hasta que los localizaron cerca del Chirivel, en un cortijo llamado “Lorran”, se encerraron en el cortijo, se hicieron fuertes y por la noche la Guardia Civil preparó el asalto, se inició un tiroteo en el que cayó mal herido “La Bigarda”, que murió a las pocas horas y pudiendo escapar su compañero de correrías “El Espadilla”, corría el verano de 1940.
Por aquellos tiempos Somontín tenía un Jefe de Falange y un Jefe de Juventudes, estas personas estaban autorizadas a poder portar armas y a utilizarlas en caso de ser necesario, el Jefe de Falange era Antonio Reche y el de Juventudes era Pepe “el del Cortijo Seco”, hijo de Manuel Gazpacho, este era un poco tirado para adelante, presumido y algo lanzado, siempre llevaba la pistola a la vista, una noche lo estaba esperando escondido “El Espadilla” cerca del Molino de Pepe Castellón, que tras su huida del “Cortijo Lorran” del Chirivel, se estableció en la zona del término municipal de Somontín, le echó el alto y le quitó la pistola, lo metió en el Molino y a Pepe Castellón también lo encañonó y le quitó la escopeta, los encerró a los dos en una habitación y se marchó.
Al poco tiempo se supo que tenía su refugio o guarida en el “Cortijo del Tío Fernandillo”, que está en la “Cañá del Tío Manuel Diego”, subiendo para el pueblo a la derecha, a unos 20 metros de la carretera, se encontraba bien instalado y tranquilo ya que nadie lo buscaba allí, de vez en cuando salía de su escondite y se dirigía hacia la sierra, asaltaba un cortijo o a unos pobres arrieros y se volvía a su escondite, hasta que un día fue descubierto, ya que asaltó a un somontinero que tuvo la mala suerte de tropezarse con él, éste fue Juan “Polio”, el padre de Serafín y Trinidad “Polios”, con lo que su tranquilidad se fue al traste, desapareció llevándose con él a una hija del “Tío Fernandillo”, marchándose a Francia, lo que se supo después por las cartas que la hija le remitió a su familia.
Otro de los bandoleros que se hizo fuerte y muy temido por aquellos años en nuestra sierra fue el conocido con el nombre Antonio Manchón Jiménez, alias “El Carbonero”, que siempre iba acompañado de un lugarteniente que le llamaban “El Chófer”, cometían sus asaltos preferentemente por los Llanos de Baza y por Cúllar, haciendo los mismos estragos o más que “La Bigarda” y “El Espadilla”.
De Somontín a los primeros que atracó, fue una noche en los Llanos de Baza allá por el verano de 1936, a José García, a su sobrino Juan Portal y a Baldomero “el Rulo”, que soy yo y que también era sobrino de José García, ya que su esposa: Rosa, era hermana de mi madre, nos salió al camino de improviso, escopeta en mano y pistola en el cinto, nos echó el alto, ante lo que tuvimos que parar las caballerías: “Alto ahí, dadme todo el dinero que lleváis o de aquí no sale ni uno vivo”, nosotros asustados intentamos ver como estaba la situación, pero no podíamos hacer nada, ya que en todo momento su escopeta no dejaba de mirarnos, así que intentamos convencerle de que éramos pobres que intentábamos ganarnos la vida como podíamos, se ve que le dimos lástima y no dijo: “Dadme todo el dinero que lleváis y os dejo marchar y aquí no ha pasado nada”, como la cosa no estaba para nada mejor, decidimos hacer lo que nos decía y entre los tres llegamos a reunir 163 pesetas que llevábamos para realizar las compras en las ventas y cortijos, para luego venderlas o cambiarlas en otro lugar por otro material que nos interesase y que pudiéramos colocar en otro pueblo, aunque ahora parezca una miseria, 163 pesetas, menos de un euro, en aquellos tiempos era casi una fortuna, llevábamos encima casi todo el dinero que podía haber en nuestras casas, se ha de tener en cuenta, que un jornal de un hombre de sol a sol, se pagaba en aquellos días aproximadamente a 3 pesetas, con la entrega de todo el dinero “El Carbonero“ se conformó, sin dejarnos de apuntar con la escopeta, nos dijo: “Tirad para adelante y que a ninguno se le ocurra volver la cabeza atrás o se la vuelo”.
Poco tiempo después dio otro golpe a otros somontineros, ayudado por su compañero, éstos eran Fernando Gazpacho y Felipe Rebelles, fue en el río de Baza, les quitó las cargas de trigo que traían, los metió en un cortijo deshabitado y los encerró en una habitación, el compañero de “El Carbonero”: “El Chófer”, se quedó en el cortijo y a punta de pistola controló la situación, mientras que “El Carbonero” fue a descargar las bestias en un sitio seguro, a las pocas horas apareció otra vez con las bestias ya descargadas y los dejó marchar, ya que si hacías lo que te pedían, y no ofrecías resistencia, se quedaban con lo que les interesaba y te dejaban ir, para ver si otro día te podían volver a asaltar.
Pero tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe y “El Carbonero” tuvo el mismo final que “La Bigarda”, estaba en unas cuevas de la Sierra de Cúllar con una querida que tenía de Serón y la Guardia Civil lo tenía controlado, esto era por la primavera de 1941, decidieron ir a por él y como se resistió, enfrentándose a ellos a punta de pistola, la Guardia Civil abrió fuego y acabaron matándolo allí mismo.
FICHA DE LA GUARDIA CIVIL SOBRE “EL CARBONERO”
“CARBONERO” (Antonio Manchón Jiménez):
Natural de Nerpio (Albacete). Su actuación arranca en la primavera de 1940, tras su fuga de la cárcel de Cuevas del Almanzora (Almería). Partiendo de sus bases de la Sierra de los Filabres llegará a dominar dos zonas muy concretas: por el norte, la de Bayarque-Tijola-Lúcar, y por el sur, la de Gérgal-Tabernas. En estos últimos pueblos, tanto la partida del «Carbonero» como otras partidas almerienses, tuvieron puntos de apoyo seguros durante largos años.
Esto se debía a la existencia nómada de la familia del “Carbonero” -cuyo apodo le viene de su oficio, que era también el de su padre-, con la que el jefe de partida había recorrido, desde sus más jóvenes años, todas las zonas montañosas de Almería y parte de las de Granada, en las que, tenía numerosos amigos y simpatizantes.
En el verano de 1941 traslada sus bases hacia el norte: a la Sierra de las Estancias, desde donde batirá la zona de Huércal-Overa (Partaloa, Chirivel, El Contador y Oria) y la de Puerto Lumbreras (Murcia), ya que uno de sus lugartenientes. “el Chófer", conocía bien, gracias a su antigua profesión de camionero.
Pero en Majada de Masegosas, un paraje de Venta del Peral, dependiente municipio de Cúllar (Granada), "Carbonero" fue víctima de una encerrona que le preparó un falso enlace, en noviembre de 1941, en la que murió junto a su compañera sentimental, Isabel Navarro Sánchez, en una cueva que fue atacada con bombas de mano por la Guardia Civil. La partida quedó bajo el mando del «Chófer» durante un tiempo y luego los restos de la misma fueron absorbidos por la de "los Matías", de Granada.
Gracias a Javier Castillo Fernández, de Molina de Segura (Murcia), recibimos esta informacion adicional: En esta localidad, Cúllar (de donde Javier es natural), que linda con la de Chirivel (Almería) y con su aldea de Contador, lugar de residencia de este guerrillero antes de la Guerra Civil, aún se recuerdan sus acciones y su muerte violenta. Hace un año localizó su acta de defunción en el Registro Civil de Cúllar. La inscripción se realizó el 8 de noviembre de 1941 y nos transcribe su contenido para actualizar los datos que tenemos. Los (sic) que aparecen son de nuestro colaborador Javier Castillo:
“Antonio Menchor (sic) Jiménez, nacido en Nerpio (Alicante (sic), de treinta años de edad, hijo de D. Antonio Menchor y de D.ª Gregoria Jiménez, domiciliado en Contador (Almería), profesión del campo y de estado casado en 1.as nupcias con (en blanco), de cuyo matrimonio quedan dos hijos llamados (en blanco).
Falleció en el sitio conocido por “Majada de los Masegosas” el día de ayer a las doce horas y treinta minutos a consecuencia de las heridas sufridas por metralla y fusil en combate con la Guardia Civil, según resulta del oficio recibido del Sr. Juez Militar Especial de la ciudad de Baza y reconocimiento practicado, y su cadáver habrá de recibir sepultura en el cementerio de esta villa. /
Esta inscripción se practica en virtud del oficio recibido hoy del Sr. Juez Militar Especial de la ciudad de Baza, expedido en méritos de las diligencias sumarias instruidas por la muerte del referido”.
(Al margen, a bolígrafo: “Nota: En el sentido de hacer constar en la misma como ampliación de circunstancias personales del fallecido; que en el momento de su fallecimiento estaba casado con D.ª Catalina García Pardo, y de cuyo matrimonio quedaban dos hijos, llamados Eduardo y Antonio Menchón García, que el primer apellido del fallecido debe ser Manchón y no Menchón, como por erros (sic) se hizo constar, así como también el padre del mismo, Manchón y no Menchón. El fallecido nació en Nerpio (Alicante), como figura en la inscripción pero esa localidad no pertenece a Alicante sino [a] Albacete, el nombre del padre es Eduardo no Antonio como por error figura en la inscripción. Así por este su auto lo proveyó, manda y firma. Doy fe” (sello y rúbrica, sin fecha).
Su compañera sentimental, hija del pastor que le daba cobijo en su majada, era “Isabel Navarro Sánchez, nacida en Serón (Almería), de 18 años, hija de Miguel Navarro e Isabel Sánchez, domiciliada en esta villa, calle Majada de los Masegosas, profesión la de su sexo, y soltera”; que falleció a resultas de las heridas recibidas a las 18’10 horas del mismo día.
A este tipo de individuos teníamos que enfrentarnos si queríamos salir de la situación de casi miseria en que vivíamos en aquellos años, el estraperlo era una fuente más de ingresos que podía mejorar la situación familiar, pero que de vez en cuando, se cobraba el tributo de tener que dejar el fruto de nuestro trabajo, en manos de unos sinvergüenzas que se dedicaron a vivir de las penas de los otros.
Además de tener que desplazarnos de noche, a escondidas y asustados, muchas veces pasando hambre y sed, sin tener a nadie que te diera una mano, ya que si te cogían los bandoleros, lo perdías todo y suerte si no tenías más consecuencias, pero no podías ir a la Guardia Civil a denunciarlo, por que era ilegal y si te cogía la benemérita era peor, además de expropiarte todo, había que pagar la multa correspondiente, posibilidad de ir a la cárcel y por si faltaba algo, soportar una buena manta de palos, para que el cuerpo aprenda a no hacer cosas ilegales y tenga todo el respeto que se merece la autoridad.
Desde finales del siglo IXX y primeros años del siglo XX, en Somontín existían familias que se dedicaban casi exclusivamente a la arriería, cosa que por suerte hoy en día se ha perdido, como ha pasado con la explotación de las minas y los pozos de talco, que fue durante muchos años de nuestras vidas, la fuente de recursos que abasteció la pobre economía de la casi totalidad de los somontineros.
En un principio, al transporte de mercancías se dedicaban, casi en exclusiva, los miembros de una familia, la formada por Pedro “el Visperón” y María López Rueda, a esta tarea se fueron agregando, a medida que pasaban los años e iban creciendo, los hijos de éstos, que fueron cinco: Baldomero, Juan, Amador, María del Carmen y Leocadia.
Los tres hijos varones de este matrimonio y los maridos de las hijas, fueron los que continuaron con la arriería familiar, y luego los hijos de éstos, a los que llegado el inicio del siglo XX se les fueron añadiendo otros somontineros que decidieron también, continuada o esporádicamente, tantear la suerte en este negocio, que según como fueran las cosas podía ser bastante rentable, aunque no exento de peligros, riesgos y penalidades, era un trabajo muy duro y sacrificado.
Todos los que se dedicaron a la arriería, tenían en sus corrales un gran número de animales de carga: burros y mulos, dispuestos y preparados para llevar a cabo esta labor y poder formar una buena recua para el transporte de la mercancía de un lado para otro.
Una recua la formaban normalmente: tres burros y una mula, la mula al ser más fuerte, servía para llevar la comida y poder montarse en ella el arriero, para aliviar un poco las piernas y sobre todo a la hora de comer y así continuar la marcha sin tener que pararse, la comida se portaba en unas alforjas que solo las usaban los arrieros.
A este grupo de arrieros, a los iniciadores de este trabajo en Somontín se les conocía por el apodo de los “Primaveras” y eran: Baldomero, Juan y Amador, por aquellos tiempos se les agregó un vecino de Urrácal que se llamaba Juan María Peñaranda y durante muchos años se dedicaron al transporte de aceite desde las tierras de la provincia de Jaén a Somontín, distribuyéndolo después a otros pueblos de la provincia de Almería que tenían necesidad de tan preciado y valorado líquido, fundamental en la vida y en la alimentación de las personas de aquellos años.
Con el paso de los años, se fueron creando nuevas generaciones de las familias de éstos, con lo que también se fueron multiplicando las recuas que transitaban por los caminos de nuestra sierra, para no ir todos juntos y a los mismos lugares, o bien para poder variar en la mercancía que se adquiría y se transportaba, o para asegurarse el poder cargar al llegar al sitio, ya que al ser tantos podían encontrarse que no hubiera mercancía suficiente para todos y alguno tuviera que hacer el recorrido en balde, se comenzaron a dividir en grupos, en cada grupo solían ir tres o cuatro arrieros con su correspondiente recua cada uno, así se formaban filas de entre diez o veinte animales, delante de la recua siempre se colocaba para que los demás animales le siguieran, al burro más noble, el mejor de toda la manada, al que se le llamaba “El Liviano”, y aunque varios grupos de recuas partieran el mismo día, al llegar a un punto determinado se dividían, y unos se dirigían a un lugar y otros a otro, solían salir por la mañana temprano, con la primeras luces del alba.
Casi todos los miembros descendientes de la familia de los “Primaveras” se dedicaron a la arriería, los hijos de Baldomero: Baldomero, Juan y Pedro, los hijos de Amador: Antonio y José, y el marido de Leocadia, llamado Rafael Navío, a los que se les agregaron sus primos: Antonio y Juan, y por otro lado también se les unió por aquellos años otros arrieros más: Juan Diego, José García, Juan Portal, Juan Padilla, José “el Hornero” (mi cuñado), “El Cristino”, Serafín “El Perdío”, El Tío Canales” y alguno más que de vez en cuando se apuntaban a salir.
En un recorrido o transporte, para ir a Granada, se empleaban tres jornadas caminando, en la primera procuraban llegar hasta Baza para poder dormir en la “Posada de los Caños Dorados”, en la segunda jornada se dormía en los corrales de algún cortijo próximo a Guadix y la tercera en Granada, en la que casi siempre se dormía en la “Posada de las Tablas”, que aun hoy, en el siglo XXI, todavía existe en el centro de Granada. Otras ventas o posadas en las que recalábamos de vez en cuando eran: “Venta Vicente”, que tenía una capacidad de unas 150 bestias, la “Venta el Pastor”, que tendría cobijo para unas 120 bestias.
En las ventas o posadas, normalmente dormíamos los arrieros en los corrales con las bestias, sobre todo en invierno, ya que el calor de la cuadra, nos ayudaba a mitigar el frío, sobre un montón de paja echábamos los aparejos y nos acomodábamos para pasar el tiempo de espera.
Algunos de estos nuevos arrieros, para que su ganancia fuera mayor, comenzaron a llevar a Granada lo que se llamó “recova”, o sea huevos, ya que a los que llevaban huevos le llamaban “recoveros”. Uno de los hermanos “Primavera”: Antonio, vio la posibilidad de quedarse en Granada, vendiendo los huevos que los otros cada semana le traían, así que decidió quedarse allí y probar suerte, la cosa no le fue nada mal, al poco tiempo se estableció en Granada, abrió un negocio y además de quedarse con los huevos, se quedaba con toda la mercancía que le traían los otros arrieros, aun hoy, todavía existe una huevería en el Mercado Central de Granada, que se llama “Huevería Oliver”, así como una “Cervecería Oliver”, cuyos orígenes vienen de Somontín.
A partir del año 1936, con la llegada de la Guerra Civil Española, los arrieros pasaron a ser llamados estraperlistas, ya que quedó totalmente prohibido el poder buscarse la vida como más buenamente se podía, al estar Somontín enclavado en esta época en la “zona roja”, si te pillaban estraperlando, te intervenían todo lo que llevabas en nombre del “Comité”, los alcaldes o dirigentes de los pueblos hacían lo mismo, requisaban todo lo que había: en el campo se llevaban las cosechas, de las almazaras: el aceite, y luego lo repartían para el racionamiento, a cada vecino del pueblo con familia, se les hizo una cartilla en la que figuraban los miembros que tenía cada familia y con arreglo a lo que habían requisado o intervenido y al número de miembros de cada familia hacían el reparto, esto acabó por arruinar a más de uno, ya que los vecinos que tenían algo para sobrevivir, fruto de su trabajo, en muchas ocasiones vieron como se les arrebataba, con lo que se dio paso a la picaresca, por un lado, se intentaba ocultar lo que se tenía, para que no te lo requisaran los del “Comité”, que te extendían un vale que decía que el “Comité pagará lo requisado”, apuntando a continuación lo que se llevaban, pero como los rojos perdieron la guerra, aun hoy es hora de cobrar, y por otro lado la gente se desmotivó a sembrar y a producir nada, o a transportar, ya que era injusto ver, como el fruto de tu trabajo, te era arrebatado por una causa de justicia, que considerábamos totalmente injusta.
Después, tras la ruina de la Guerra Civil, aun fue peor y más dificultoso dedicarse a la arriería, perseguidos por un lado por los emboscados o bandoleros, por otro los “maquis” y por si faltaba alguien más: la Guardia Civil, así que poco a poco fue desapareciendo este duro trabajo hasta llegar a su total extinción, poco antes del final de la década de los años cuarenta.
En una ocasión me dirigí al Chiribel con una carga de uva, ya había acabado la guerra y el médico del pueblo que tenía 7 hijos y vivía en la Posada del “Tío Maximiliano”, siempre se quedaba con una gran cantidad de uva o de lo que le llevase, nunca había visto nada raro, pero en esta ocasión Antonio Marín, hermano de la mujer de Ramón Jabones, un falangista de Purchena con mucho poder y con su fusil ametrallador en mano me insinuó de muy buenas maneras que este tipo de mercadeo se tenía que acabar.
Otro de los episodios que mencionaré, con relación a la guerra, por su curiosidad y que tiene relación con nuestra sierra de las Estancias y Filabres, es que por aquellos 3 años que duró la guerra, a Somontín y a toda la provincia de Almería, le tocó estar todo el tiempo en zona roja o republicana, con lo que además de haber sido esquilmados en nombre del “Comité” pertinente, sus habitantes se vieron voluntaria o involuntariamente obligados a alistarse, si querías como si no, al ejército rojo, la otra alternativa era esconderse y pasarse los días escondidos en cuevas y madrigueras humanas para no ser enviado al frente, lo que repercutió a las familias que se vieron presionadas, apresadas y coaccionadas para que delatasen a sus familiares o conocidos escondidos.
Como dato curioso, mencionaré que Juan Panzón era el Comisario Político o Sargento de Tapas, encargado del reclutamiento de los mozos de la zona y en una partida envió primero a Almería y de allí a Madrid a hacer la instrucción y luego al frente de Extremadura a Pepe “El Calixto”, Alberto Reyes, Juan María, José García y “El Urraqueño”, acabaron la instrucción, los armaron y los mandaron al frente, no llegaron ni a desenfundar las armas, a los 4 días de estar en el frente, desertaron y se vinieron al pueblo, andando por las sierras que hay desde Extremadura a Somontín, estuvieron 15 días andando de noche, ya que de día se tenían que esconder; comían lo que pillaban por el camino, a veces arriesgándose a ser descubiertos, Alberto Reyes contaba que en un cortijo que entraron a buscar comida les salieron unos perros y fue tal el susto, que salieron a la carrera y contaba que tenía tal pánico, que saltaba los olivos como si fueran tomillos.
Otra escapada posterior del mismo frente, fue la protagonizada por Manuel Navío “El Nano” y Antonio “El Fernández” su compañero de huida, (casado con María Pallares hija de Pepe y María Mesas), también atravesaron desde Extremadura a Somontín en las mismas condiciones que los anteriores, guiándose por la Estrella Polar, al llegar a Somontín se escondieron cerca del cortijo “Los Fogueras” en la Rambla, que tenía el “Tío Nano” y por las noches su madre u otro familiar, que sabía dónde estaban escondidos, les acercaba algo de comer, así hasta que acabó la guerra.
Había otro tipo de escondidos, eran los falangistas, estos se hicieron fuertes en la sierra, haciéndose respetar, ya que estaban bien armados y eran gente muy decidida, durante los 3 años que duró la guerra los milicianos, encabezados por los hermanos Francisco y Juan Fernández Rodríguez con el apodo de los “Manchegos” ambos, eran de Serón, el primero era el Secretario Comarcal de la CNT durante la guerra, fue fusilado en Almería el 25-4-44, el segundo era vice-alcalde de Serón y Presidente del Comité Revolucionario durante el año 1936-1937, también fue fusilado en Almería el 10-7-41, lo que da a entender su grado de implicación en la persecución de todos los que no se mostraron colaboracionistas con sus ideales.
Estos líderes de la CNT y su grupo fueron tras nuestros paisanos que no comulgaban con sus ideas de todas las formas y maneras, presionando a las familias, llevándolas a la cárcel, buscando y comprando delatores, pero no hubo manera de dar con ellos, se movían por el cortijo “El Sache”, “El Arenal”, Barranco del Agua, en un monte muy grande y espeso llamado “Lo Muñoz” y en “La Pinilla”, etc., este grupo estaba formado y capitaneado por Emilio Múñoz, Jefe de la Falange de Purchena, Pepe Alvarez, 2.º Jefe de Falange, Julio Acosta y Pepe “Faustina” de Somontín y cuñado mío, contaban con 2 enlaces en el pueblo, Ramón Jabones y Juan Chambas, que se turnaban en llevarles provisiones y noticias una vez por semana, para no levantar sospechas, siempre iban de noche a contactar con ellos en el sitio que habían quedado con el enlace anterior.
Emilio Muñoz no se fiaba mucho de Juan Chambas y para ponerlo a prueba le entregó una pistola y le ordenó que se desplazara al cortijo los “Berruezos”, a los que acusó de colaboracionistas con los rojos y le ordenó matar al propietario; Juan Chambas se asustó y se echó para atrás, era una prueba para ellos de que no era de fiar y a partir de entonces dejaron de contar con él, y solo se quedaron con la colaboración de Ramón Jabones.
Ramón Jabones en aquellos días vivía en el porche en la casa que hoy en día es de Ramón Clara, y una noche recibió la visita de unos 20 a 25 milicianos que venían en un camión de los pueblos del río Almanzora, encabezados por los hermanos Manchegos y algún delator o colaborador del pueblo, indiscutiblemente venían a por él para que delatara a los escondidos, Ramón Jabones tuvo tiempo de reaccionar, vio lo que se le venía encima antes de acabar de abrir la puerta y salió corriendo escaleras arriba hacia la azotea de su casa, los milicianos la emprendieron a tiros hiriéndole en un brazo, él no se amedrentó, continuó su huida como pudo y a través de los tejados comenzó a saltar de casa en casa: la del “Tío Cristino”, la de Juan Lucas, la de Juan Antonio, la de Gregorio, la de Don Alberto Acosta, la de Juan Emilia y finalmente llegó a la última: la Casa Curato, bajó a la terraza y desde allí se tiró al huerto del “Tío Foguera”, una altura de unos 15 metros, tuvo suerte en la caída y no le pasó nada más, así herido de bala, pudo proseguir su huida y se dirigió a Urrácal, donde tenía 2 hermanos, allí le curaron y se fue a la sierra a unirse al grupo de amigos escondidos, hasta el final de la guerra.
Otro de los que protagonizó un episodio digno de mencionar fue mi tío y cuñado Gervasio Oliver Oliver “El Rulo”, hermano de mi padre y su mujer Soledad, que aun vive, hermana de mi mujer Rosario “Faustinas”, lo cogieron los rojos, lo alistaron y mandaron a Almería, lo destinaron al frente de Valencia, en el transcurso del viaje de Almería a Valencia al llegar el tren a unos 400 metros de la estación de Purchena y al comenzar frenar para hacer la parada, él saltó del tren y salió corriendo para Somontín, llegó a su casa que estaba en la calle del Medio y como allí no estaba seguro, se bajo a la Rambla al cortijo de nuestro suegro, y en un goterón que estaba bien tapado por una gran frondosidad de matas, además de tener justo delante un gran olivo, que hay encima del Bancal del Cuezo se excavó un poco más de espacio para poder estar más o menos cómodo e ir pasando los días, por las noches mi suegra Soledad le llevaba la comida y él aprovechaba para salir y darse algún que otro paseo, ya que conocía perfectamente la zona, así se pasó más de 2 años, él ya estaba casado y con un hijo.
Un día mi amigo de aquellos tiempos y cuñado a posteriori: Antonio “Faustina”, que había sido reclutado e incorporado a filas republicanas, evidentemente si quererlo, ya que toda su familia era de derechas, fue destinado en el frente de Valencia, en una expedición lo enviaron a Granada en busca de un grupos de reclutas para llevar al frente, consiguió que el jefe de expedición aceptara una propuesta suya y le diera permiso unos días para ver a su familia, al llegar el tren a los Puentes de Hierro de Tíjola, como vivía cerca, se bajó y se vino al cortijo de su padre, quedando para el día que el tren volviera hacia Valencia, para estar en el mismo sitio e incorporarse al grupo de vuelta a Valencia, unos de aquellos días quedamos en verlos y como cosa especial nos fuimos a tirar unos tiros para probar su Mauser, con tan mala fortuna que el olivo que decidimos hacer de centro de diana, era el que hacía de parapente al goterón de mi tío Gervasio, tiramos una veintena de disparos y él pesó que ya lo había encontrado e iban a matarlo, por la noche se lo contó a su suegra y ella le dijo que seguramente habíamos sido nosotros; cuando acabó la guerra nos propuso meternos en el goterón y él hacer lo mismo que habíamos hecho nosotros con él, a lo cual no aceptamos, ya que lo más seguro es que nos hubiera matado o al menos ganas no le faltarían.
Faltando unos pocos meses para el final de la guerra, nos pusieron en cada pueblo un cuartelillo de guardias de asalto, que no dejaban moverse ni a Cristo, pero sus componentes sí que se tiraron a la buena vida como toda aquella gente miliciana que campaba por nuestro municipio y alrededores.
Nosotros teníamos unas cabras que criaban unos chotos y una noche vino un tal “Eduardo”, que era el cabo y se lo llevó todo y si te vi no me acuerdo y a callar para que no te llevaran por delante, que entonces sí que estabas perdido.
En otra ocasión fue Manuel “Pasamontes” Casas, que estaba casado con Dolores Pallares, que se dedicaba a la costura y padecía una deficiencia física, al igual que su marido, y en el pueblo se les sacó una cancioncilla que decía: “Atención señores mano a la estrella, que si cojo está él, cojo está ella”; él antes de la guerra cobraba los consumos de Purchena, como era un poco espabilado se fue al frente y a los cuatro días lo hicieron capitán; el tío era verdaderamente listo, le pidió permiso a su comandante, que era “El Campesino” y le propuso una maniobra para irse con su compañía por la retaguardia y dirigirlos después al frente, el comandante creyó en él y se lo autorizó, “Pasamontes” se tira para atrás, más que otra cosa, huyendo de ir al frente y empieza su estrategia, desde Pinos Puentes, que está a unos pocos kilómetros de Granada, donde estaba establecido el frente, levantó su compañía y vino a aterrizar a Somontín.
Aquí hizo de todo lo malo que se puede hacer, suerte que no mató a nadie, al día siguiente de llegar, como conocía bien el pueblo y lo que él no sabía se lo decía su mujer, que vivía en la casa de Pedro Castellón; metió en la cárcel a medio pueblo, a otros pocos los mandó a una prisión de Almería, que tenía fama de mala y muy dura, le llamaban “Gachas Coloradas”, por citar algunos nombres de los que mandó, diré: el “tío Paco Ventura”, que no tenía ni hijos, el “tío Manuel Navío”, al padre del cura; en fin quince o veinte, o más.
A mi padre Baldomero (mi abuelo), le obligó a meter en su casa para que durmieran allí, doce soldados, uno de ellos se llamaba “Joselito”, que era el sargento, no sabía ni leer ni escribir, era de los más malos, estos creo que deberían ser sus méritos para hacerlo sargento; otro se llamaba el “Jopo” que también hizo de las suyas, entre otras, se llevó a una muchacha que era hermana de Juan Guaracha.
Los soldados que dormían en la casa de mi abuelo, vieron que en la sala de la casa tenía unos sacos de trigo, que eran la renta que le daban sus 4 hijos, cada uno le daba cuatro fanegas y con esto tenía que arreglarse; pues bien, éstos se lo dicen a “Pasamontes” y éste obliga a su cuñado Bermúdez, que era el Jefe de Abastos y estaba casado con Pilar, hermana de Dolores, a que se las decomise o requeise, se las quitó todas, dejándoles en la más absoluta miseria, suerte para mis abuelos que mi padre vivía a su lado y de lo poco que había en nuestra casa, lo primero era para los viejos, cosa muy bien vista por todos nosotros, ya que el tío Gervasio “El Rulo”, estaba escondido y mi tío Baldomero también.
Además de estas dos hermanas Pallares que he citado, su familia estaba compuesta por otros 3 hermanos más: Pepe, casado con María Mesas Acosta (hermana de mi abuela materna), Piedad, casada con el “Pan Bueno”, que un día emigró a la Argentina, dejándola con 2 hijos (Clotilde y Manuel) y no volvió nunca más y por último Antonio? Pallares (no estoy muy seguro de su nombre), pero sobre esta persona me voy a extender un poco más.
Todos los de la familia “Pallares” estaban más o menos, más bien más que menos, en el bando rojo y casi en todo colaboraron con las milicias revolucionarias que visitaban el pueblo y atosigaban a los que no tenían sus mismos ideales, pero la excepción la marcó Antonio, ya que en tiempos de la guerra estaba destinado como sacerdote en Albox, una noche se presentaron unos milicianos y lo detuvieron, a los pocos días se lo llevaron de madrugada con otro 12 detenidos, y en la entrada al pueblo de Albox los bajaron del camión y en lo alto del cerrillo que hay en la carretera general de Albox viniendo de Purchena los acribillaron a balazos, como era muy de noche, los milicianos no se percataron que Antonio no había sido herido, él se hizo el muerto y cuando no escuchó nada, ni ruido ni personas, se levantó, él padecía de una gran falta de vista y al estar desorientado comenzó a caminar sin saber que dirección llevaba, hasta que sin darse cuenta se volvió a encontrar con los que hacía unas horas le habían disparado, inmediatamente se lo volvieron a llevar y lo remataron con un tiro en la cabeza, le quitaron la sotana y la colgaron en un almendro a modo de bandera y allí estuvo hasta que se acabó la guerra. Él es otra de las víctimas de la guerra de nuestro pueblo que no parece ser contabilizado por ningún sitio.
Mejor suerte corrió el párroco de nuestro pueblo en los tiempos de la guerra, que era Don José Jiménez, también nacido en Somontín y que apercibido con antelación de que venían a por él, se escondió hasta que finalizó la guerra y pudo salvar la piel, ya que seguro que se lo hubieran cargado igualmente.
Al mi suegro Gervasio “Faustina”, ya que era de derechas y siempre había estado metido en política, fue uno de los que más amenazas recibió por parte de los republicanos y milicianos, se lo llevaron en varias ocasiones, para presionarle y atemorizarlo, en una ocasión se presentaron a las 3 de la mañana en el cortijo de la Rambla, porque querían que les dijera donde se escondía su hijo Pepe y su grupo, como no colaboró, lo apresaron y se lo llevaron para el pueblo, al llegar al cortijo del “Cojillo”, por encima de la “Cuesta Quinos”, el jefe de los milicianos, que era el “Manchego” de Serón, le dijo: “Tío Gervasio, si quiere se puede marchar, de momento está todo bien, no importa ir al pueblo”, mi suegro se olió algo raro y pensó en cuanto comience andar me acribillan, por lo que se agarró al brazo de Juan “Cachelas”, que era uno de los confidentes que ellos tenían en el pueblo y le contestó: “Vosotros me habéis venido a buscar y yo voy donde me llevéis”, así que como no se movió y en todo momento se mantuvo agarrado al brazo de Juan “Cachelas”, tras la negativa a marcharse continuaron hacia el pueblo y lo tuvieron 3 días en la cárcel, para ver si delataba a su hijo.
Trinidad Padilla, fue otro de los que sufrió el atosigamiento y la persecución de los milicianos, un día lo vieron desde el “Pretil”, ya que estaba escondido en unas paratas que tenía su padre justo debajo del pueblo, se engancharon a tiros con él, suerte que no le hirieron y pudo escapar agazapado por debajo de los ribazos, éstos creían que lo habían herido y fueron para abajo a rematarlo, pero él se había dado a la fuga.
Cuando a finales de 1938 y principios de 1939, los republicanos comienzan a ver que van a perder la guerra, deciden coger para reclutar a todos los muchachos, fueran o no mayores de edad, bastaba con dar un poco la talla y todo el que veían por la calle que les pudiera servir para aguantar un fusil lo reclutaban, juntaban unos cuantos de un pueblo y otros de otro y cuando tenían bastantes, los cargaban como ganado en un camión y los mandaban a su línea de frente republicano, así aguantaron un poco más y abastecieron sus tropas de nuevos soldados.
Por el mes de marzo de 1939, en aquellos días yo estaba a punto de cumplir los 18 años, y como sabía que vendrían a por mí, decidí junto con mi amigo Juan Padilla esconderme también por si acaso, antes de que nos reclutasen, así que nos fuimos al “Rincón” y debajo de una gran higuera que tenía el “Tío Nano” nos pasamos 3 semanas, mi padre sabía dónde estábamos y nos acercó un par de mantas y cada semana no traía algo de comer, hasta que el 1 de abril se declaró el fin de la guerra y volvimos al pueblo.
La algarabía que había en el pueblo era total, todo el mundo estaba contento o asustado, según los ideales que se tenían, pero todos estábamos desconcertados ante el futuro que nos venía.
Los falangistas y gente de derechas salieron a la calle y mostraron su alegría, después de 3 años de opresión y miedo, gritando consignas que los niños repetían por todas las calles del pueblo, lo más popular era: “Viva Cristo Rey! Muera Negrín! La guerra ha terminado!”.
Una de las primeras acciones que hicimos los más jóvenes que nos habíamos escapado de ir a la guerra o al menos ser reclutados, fue la de ir a la “Casa Curato”, en aquellos días se le conocía desde antes de la guerra como “Casa del Pueblo”, lugar donde se reunían tanto los comunistas, como los anarquistas, como los socialistas, y allí ondeó durante todo este tiempo la bandera comunista a la entrada de la casa; Juan Domene, el que posteriormente fue el maestro del pueblo, se encargó de arriar la bandera y entre todos la arrastramos por todas las calles del pueblo, para finalmente pegarle fuego en la plaza “El Santo”.
En Somontín hubo bastantes muertos en un bando y en otro, con motivo de la guerra, de los que no se ha sabido su paradero de casi ninguno, recuerdo con mucho cariño a mi compañero de noches larguísimas de viaje a José Oliver García “El Figurín”, a Antonio Navío Mesas “El Chato Peneque”, Francisco Cañabate Fernández “El Candelas”, a los 2 hermanos “Yélamos” Diego y Juan Yélamo Mesas, que vivían en la calle las Parras y que fui vecino de su familia muchos años, su madre Dolores siempre les llevó luto, Enrique Mora Vicente “El Perdío”, que murió en Marruecos, Antonio Oliver Martínez “El Correo”, murió en el frente de Extremadura, Juan Oliver Brocal “El Chico”, Juan Reche Reche “Rechillo”, Juan Sánchez Cañabate “El Gachas”, Antonio Ramos Castillo “El Lacre”, casi todos estos murieron en el frente, la mayoría en la Batalla de Belchite en Teruel, que era el frente más temido, morían como piojos y de allí salió una canción popular que decía:
Belchite ya no es Belchite,
Belchite es un matadero,
Donde van los milicianos
A morir como corderos.
Mención aparte merece la muerte de Modesto Acosta Cañabate, que era el Teniente de Puesto en la Comandancia de la Guardia Civil de Albox por aquellos días, una noche los milicianos rodearon el puesto y fueron a por él y el resto de guardias civiles, él observó que no tenía posibilidad de defender el puesto y salir bien parado de allí, decidió rendirse para evitar un baño de sangre, pero su suerte ya estaba echada, tomase la decisión que fuere, a los pocos días se lo llevaron al Campo de Tabernas y lo arrojaron vivo a él y todos sus compañeros en unos pozos que había allí de más de 50 metros de profundidad, y posteriormente les arrojaron unas cargas de cal viva para hacer desaparecer sus restos.
Otro hecho que nos causó un gran impacto y nos llenó de miedo, fue la muerte de Don Gonzalo y de Joaquín Ruiz, que eran de Tíjola, una noche los milicianos los apresaron en sus casas y se los llevaron hasta las curvas de las higueras del Km. 6 de la carretera de Somontín, allí los bajaron del camión y a unos 20 metros de la carretera los acribillaron a balazos, dejándolos allí tirados, así estuvieron casi 2 meses, hasta que los familiares supieron donde estaban y vinieron a buscar los restos de sus cuerpos. Todo el que pasaba por la carretera durante ese tiempo podía contemplar los cuerpos de estas dos personas, cuyo único delito era el ser personas con un cierto nivel de riqueza.
Durante muchos años todos los somontineros que bajábamos jaboncillo a la estación de Purchena, al pasar por las higueras podíamos ver a pocos metros de la carretera una cruz que colocaron sus familiares en recuerdo de su memoria.
A “Pasamontes” no le quedó más remedio que ir al frente de Cataluña, donde al final calló prisionero, lo metieron en la cárcel y según dijeron, como tenía mucho miedo por todo lo que había hecho, intentó escaparse con otros 4 prisioneros más a través de las tuberías de las aguas sucias de Barcelona, uno de ellos era también del pueblo: Pepe Pallarés, que estaba casado María Fernández, no pudieron conseguir su objetivo, ya que murieron todos asfixiados por la emanación del gas metano de las alcantarillas.
Unos de los capítulos que también fue muy impactante, además de sonoro, por que se oyó en todo Somontín, fue el derribo de las campanas de la iglesia de Somontín, cuando ya estaba mediada la guerra.
Manuel “El Manolón”, era un somontinero muy lanzado y ambicioso, formaba parte del Partido Socialista y pronto se alistó para irse al frente, donde le destinaron a Valencia, a los pocos meses de estar allí ya era cabo, al año cabo primero y 3 meses más tarde lo hicieron sargento.
Un día de finales del 1937, se presentó en Somontín con un coche del ejército republicano, lo aparcó en Los Caños y directamente se dirigió a la casa de Don Alberto Acosta Jiménez (que durante más de 40 años fue Juez de Paz de Somontín, haciendo una magnífica y conciliadora labor), que está aun enclavada en la Placeta, en ella vivía en alquiler ocupando una parte de la casa la maestra y alcaldesa Doña Carmen, perteneciente y líder del Partido Comunista de Somontín, y como entre ellos, comunistas y socialistas, que tenían fines comunes, pero también una gran rivalidad por demostrar quién era mejor y más competitivo, sacó su pistola, un revolver del 9 largo, lo encañonó hacia la ventana en la que supuestamente estaría la maestra y para asustarla y demostrarle a la vez que alardear de que ya tenía un gran poder, la emprendió a tiros con la fachada descargando el cargador.
Al día siguiente, yo estaba en la casa del “Tío Juan Padilla”, ya que era muy amigo de su hijo Juan, cuando de pronto oímos temblar la tierra y unos grandes estallidos que nos hicieron salir corriendo hacia la calle, poco a poco nos encontramos con un montón de gente que estaba contemplando como Manuel “El Manolón” y un grupo de soldados venidos de Valencia en un camión ese mismo día, habían tirado las 4 campanas de la iglesia desde lo alto de la torre al suelo, unos 10 metros de altura, aquello era lamentable, eran unas campanas de bronce de más de mil kgs. de peso tiradas en el suelo, unas campanas que cuando daban las horas y sus cuartos se oían en toda la comarca del municipio, nos quedamos pasmados, mirando atónitos, sin poder hacer nada, para evitar lo que aquellos soldados estaban haciendo.
Al poco rato acercaron el camión hasta los álamos y arrastrándolas, desde los pies de la torre de la iglesia las sacaron y cargaron en el camión y se las llevaron hacia Valencia, las habían requisado en nombre de la República, para poder venderlas y sacar algún dinero por ellas, con la excusa de fundirlas para hacer armamento y equipar a su ejército.
Otro de los capítulos que más nos impactó a todos los habitantes del pueblo y más especialmente a los que no comulgaban con las ideas revolucionarias o anarquistas, fue la quema de los santos del pueblo y la documentación y equipamiento eclesiástico que encontraron en nuestra parroquia.
Era sobre las 23 horas de una noche clara de verano, el día 20 de julio de 1936, 2 días después de haberse declarado el inicio de la guerra, yo estaba en la Cigarra con mi hermano Pedro, regando la tanda del agua de la fuente de San Sebastián que nos tocaba, en unos bancales que tenía mi padre, cuando de pronto mi hermano me llama y me dice mira lo que se ve en el pueblo: el cielo estaba iluminado y había una gran humareda, dejamos lo que estábamos haciendo y movidos por la curiosidad y por la incertidumbre nos fuimos corriendo a ver que estaba pasando.
Nos encontramos con un dantesco espectáculo: habían amontonado detrás del Juego Pelota, frente a la casa de los “Chumbeletes” al inicio de la subida de la cuesta de la Somaíca, a todas las estatuas de los santos de la iglesia, todo el mobiliario que encontraron, además de un montón de libros y documentos y le habían pegado fuego en nombre de la revolución. Durante bastantes horas estuvieron acarreando todo tipo de materiales de carácter religioso y lo iban tirando a la hoguera.
Todo el mundo estaba asustado y atemorizado, fuera del ideal que fuese, menos los cuatro bravucones y cabecillas de tan desalmado acto, que entre ellos se alentaban e intentaban con proclamas convencer a los demás, pero nadie tenía una explicación lógica y el miedo hacía callar.
Entre estos cabecillas se hacían destacar el “Tío Juan Galera”, que fue el que decidió iniciar y encender la hoguera, ya que los otros, según nos contaron no estaban muy convencidos, pero le siguieron los líderes de estos grupos: Juan “Panzón”, García el de “Antonio Manuel”, “Los Dondines”, “Los Lirias”, “El Pata Goma”, “El Pata Vino”, Juan “El Cachelas”, etc.
Paradójicamente de toda esta quema de imágenes, mobiliario y documentación eclesiástica, al final de la guerra se supo que gracias a "el Tío Ramón Cachelas", que fue toda su vida un gran devoto de la Virgen y de nuestro patrón, se salvaron de la quema 2 de nuestros santos más queridos, venerados y emblemáticos, como son la Virgen de los Dolores y San Sebastián “El Chico”.
En un primer momento los escondió en el agujero de la torre de la iglesia que sirve de guía a las piedras del reloj, y más tarde cuando tuvo su oportunidad y sin ser visto se los llevó a una cueva que hay encima del Barrio Santo, un poco más debajo de donde se quemaron todos los demás, en la que el “Tío Anselmo Echevarría” guardaba el jaboncillo que compraba y se bajaba de la sierra.
La Casa Curato durante mucho tiempo, antes de la guerra y durante toda la contienda fue conocida como “La Casa del Pueblo”, pero en realidad era la sede del Partido Comunista.
Tras la guerra pasó a denominarse “Casa de Auxilio Social”, ya que en ella, cuando llegaron las primeras ayudas de víveres de Argentina: leche en polvo, maíz, alubias, azúcar moreno, etc., se utilizó para el reparto de estos víveres y para que las personas más necesitadas del pueblo pudieran acudir allí a comer un plato de comida caliente, cuando había.
Más tarde en los años sesenta, cuando los americanos con el Plan Marshall comenzaron a mandar ayuda a España, también se utilizó para almacenar y repartir entre las familias del pueblo estas ayudas: leche en polvo, aceite de soja, pastas, queso, etc.
La sede de la UGT: Partido Socialista, estaba en la Plaza el Santo, en la casa de Juan Cocón, éramos vecinos, la casa de mi padre estaba justamente al lado.
La de la CNT estaba en la Calle del Pilar que va al Juego Pelota en un almacén del “Tío Anselmo Echevarría” que era de derechas, y se lo tenía alquilado a los anarquistas, pero que nunca cobró un duro, en lo que hoy en día es la casa de Antonio “El Chipilín”.
El actual ayuntamiento o casa consistorial del pueblo, antiguamente era la casa de “Tío Juan Segundo”, ya que el ayuntamiento en tiempos de la II República y la guerra estaba en la Casa Sindical, en el callejón que hay entre la casa de Juan Domene y la antigua Herrería, tenía su entrada por la parte de arriba del callejón, frente a la casa de Emilio “El Hornero” más conocido por nosotros como el “Emilión”, la Herrería que estaba debajo era la cárcel del pueblo, este edificio era de la “Tía Cecilia”, que mató a su marido y cumplió 11 años de cárcel en Madrid en la prisión de Alcalá, cuando acabó su condena regresó al pueblo y se juntó con el “Tío Luis Guerrero”.
Más información: http://www.somontin.info/node/309 http://www.somontin.info/ficheros/Causa%20General%20-%201941%20-%20Somont%C3%ADn.pdf
En nuestro pueblo por aquellos días: antes de la guerra y después de la misma, en un espacio de tiempo no muy largo hubo una serie de sucesos lamentables, que convulsionaron a todos sus habitantes.
El primero que relataré, es uno que afectó directamente a la familia de mi mujer, eran el principio de los años 30 del siglo pasado, al hijo mayor de mis suegros: Manuel le tocó ir a filas a Almería, allí se pasó 7 años de mili y antes de acabarla tuvo que casarse, y se estableció en la capital, fruto de este matrimonio fue su primer hijo, como por aquellos tiempos la vida era muy dura en todos lados, y por lo menos en el pueblo no nos faltaba algo de comer, durante un par de veranos mandaron al niño al pueblo para que pasara el verano con sus abuelos en el cortijo de la Rambla.
En la segunda ocasión que vino tuvo la mala fortuna que estando jugando en la placeta de la entrada al cortijo con mi mujer, que era tía suya, pero casi de la misma edad, y un poco más allá su otro tío Pepe, ya más mayor y que era somatén, se encontraba limpiando su revólver, con la mala fortuna que al manipularlo se le disparó, atravesando de lleno el pecho del niño que quedó muerto al instante.
Mis suegros y sus padres lo pasaron muy mal, y su tío Pepe aun peor, al final se pudo demostrar que fue un lamentable accidente.
Después de la guerra a Somontín se le asignó un guarda forestal: Pepe Belerda, que venía de Bacares y se le dio como casa la que más tarde fue de Torcuato, que está en el Callejón del Porche, este pobre hombre tuvo la mala fortuna un día en que haciendo un recorrido por los campos del pueblo, se acercó al cortijo de la Rambla de mis suegros a la hora de comer y antes de llegar a la vivienda, al lado del camino había un montón de cañas y para no llevar consigo su arma reglamentaria, una tercerola o fusil, a fin de evitar que algún niño o alguien manipulase indebidamente el arma, decidió esconderla en el montón de cañas en posición vertical, se acercó al cortijo y estuvo allí un par de horas, cuando decidió marcharse se acercó al lugar donde tenía el arma, la agarró por el cañón y tiró de ella, con tan mala fortuna que el gatillo se enganchó entre la cañas y se le disparó el arma, atravesándole el pecho de abajo hacia arriba.
Como consecuencia del impacto de estos hechos mi suegra Soledad enfermó y no pudo recuperarse nunca, fueron dos muertes de gente muy próxima y en plenitud de vida.
Corrían los años treinta, antes de la guerra y a Somontín destinaron como cartero a Torcuato, que venía de Vertientes y tenía 5 hijos, lo ubicaron en la casa de Alberto Belén, el hombre y su familia no tenía otro medio de vida que la pobre paga que tenía de cartero, no tenían tierras ni nada que les pudiese aliviar el hambre, viéndose en la más extrema necesidad, para poder salir adelante comenzó a retrasar pagos del dinero que los inmigrantes de Somontín, especialmente los que estaban en América mandaban a sus familias, al final fue descubierto y ante el miedo y la vergüenza decidió poner fin a su vida arrojándose al tren en la Estación de Purchena.
Un suceso que conmocionó los días de la vida tranquila que en Somontín se respiraba al final de los años cincuenta; hacía mucho tiempo atrás, a nuestro pueblo llegó un chico apuesto, fuerte y con ganas de trabajar, todos lo conocíamos como Alonso, él era natural de Zurgena, desde donde salió para buscar trabajo por todos los pueblos de la comarca, pasó por Albox, Fines, Cantoria, Olula, Purchena, Tíjola, Lúcar, hasta que llega a Somontín y encuentra trabajo en el cortijo de Pedro Castellón, ya que éste tenía mucha tierra y trabajo y poca gente que le ayudara en la familia, tenía dos hijos que aun eran pequeños, y el mayor Trinidad estaba estudiando para maestro, así que lo cogió como mozo y se pasó unos años trabajando allí, hasta que entró en quintas y tuvo que irse al servicio militar, hizo su mili y regresó otra vez al pueblo, donde el tío Pedro Castellón lo volvió a coger como mozo en su cortijo, pasa el tiempo y Alonso se hizo novio de una hija del “Tío Mollina” y se casa, poco después le sale un nuevo trabajo con la recogida del esparto, Gervasio “el Civil”, lo contrata como vigilante y pesador de esparto, le ofrece ganar bastante más que con el “Tío Pedro Castellón”, y él no se lo pensó.
Como disponía de algo de dinero, cosa que no había tenido nunca, se le abren nuevas puertas en la vida y al ser bien parecido, no lo tenía difícil con las mujeres, una de ellas, que estaba casada con el “Arán” y tenía 2 hijos y a la vez mantenía otra relación con otro amante: Antonio “Leocadia”, al comenzar el nuevo romance con Alonso, comenzó a dejar de lado a su antiguo amante, éste celoso, una noche decide ponerse al acecho en el cortijo del padre de la amante, cerca de la puerta había un albercoquero, se sube en él y espera a ver qué pasa, al rato llegó Alonso, entra y cierran la puerta y de esta manera confirmó lo que él ya sospechaba, a partir de este momento comenzaron los celos y envidias, ya que pasaba más tiempo con su nuevo amante que con él, lo curioso del caso es que todos estaban casados y con hijos.
Un día el padre de la mujer, el “Tío Negrito”, fue alertado del lío a tres que tenía su hija: casada y con 2 amantes, se puso a observar a ver si podía confirmar los rumores que corrían por el pueblo, así que un día entró de improviso en su cortijo y pilló en la cama a su hija y a Alonso, ellos salieron como pudieron cada uno por su lado, el padre tomó el peor de los caminos, avergonzado cogió un ramal de esparto y se ahorcó en un olivo.
Tras la muerte de su padre y el escándalo que había armado, ella cogió a sus hijos y emigró a Cataluña.
Con la desaparición de la mujer, los dos amantes siguieron haciendo sus vidas lo más normal posible, pero con los celos encendidos por parte de uno contra el otro, hasta que llegaron los días de Semana Santa y en aquel tiempo todo el mundo asistía a la Vela del Señor, al finalizar la misma y salir de la iglesia, se juntaron para despedirse allí esa noche en la Plaza del Mercado en la esquina de la casa del “Hombrebien”: Serafín Cañete, Luis Cocón y Alonso, en este momento Antonio “Leocadia” venía de la calle Las Parras de casa de su cuñado, el “Tío Pedro el Chico”, al ver a su rival de amores allí, se enfureció, se lleno de rabia y celos, se subió a su casa sin mediar palabra, cogió una pistola del 9 largo que tenía y bajó en busca del que consideraba culpable de la pérdida y alejamiento de su amante, llegó al lugar donde los había dejado, vio que ya no estaban allí y siguió su búsqueda, la altura de la puerta de la casa de Rosa Guerrero en dirección a la Plaza El Santo, divisó a Luis Cocón hablando con Alonso en la esquina del callejón que da entrada a los corrales de la casa de Juan Echavarria y del “Ronquillo”, se dirigió hacia ellos pistola en mano y sin mediar palabra, le pegó un tiro a Alonso que le atravesó el corazón que lo dejó frito al instante.
Antonio regresa a su casa se despide de su familia y va a casa de su cuñado Pedro “el Chico” y le cuenta lo que acaba de hacer, éste le dice: “Vamos inmediatamente a Purchena, tienes que entregarte a la Guardia Civil”, llegaron al cuartel, entregaron la pistola y dieron cuenta de lo que había pasado; al otro día lo trasladaron a Almería, lo juzgaron después y le cayeron 16 años de cárcel, como en prisión realizó trabajos que le ayudaron a rebajar la pena, cumplió 8 años en total, al salir se fue a Murcia donde estaba su familia.
Al final también tuvo mala suerte, pasó el tiempo y tenía un hijo ya con 26 años muy aficionado al futbol, un día fueron a ver un partido entre el Murcia y el Real Madrid, de regreso a casa pincharon una rueda de su coche y se pusieron a cambiarla en el arcén de la carretera, con tan mala fortuna que se les echó encima un camión, matándolos a los dos.
Con este nombre se les dominó en Somontín a todos los nacidos en el año 0, o sea en 1900 y que yo recuerde fueron los siguientes:
“El Sacristán”, Baldomero “El Rulo” mi tío paterno, Antonio Navarro hermano de mi madre, Manuel Cañabate, Juan García, Juan Hierro, Antonio Navío, Antonio “El Zurdo”, José Porta, Juan Padilla Redondo, Amador Jacoba.
Hasta el 1905 hubo un numeroso grupo de somontineros a los que la guerra les afectó de una manera u otra, según su circunstancia o inclinación política, que podía ser voluntaria o forzada, de ellos recuerdo a Juan “Faustina” mi cuñado, Pepe Calixto, Juan Manuel, Juan “Panzón”, José García, Juan “Nene”, Pepe “el del Tío Manuel Diego”, Pedro “El Turuta”, Pedro “El Cañete”, Antonio “El Figurín”, Gervasio “El Civil”, Amador “El Sardinero”, José Jiménez “El Cura”, Excequiel, Pedro Mesas, Francisco Ambrosio, Juan Florentino, Juan Emilia, Antonio “El Calabazas”, José “El Ronquillo”, Luis “Jurao”, José “El Tuerto”, Joaquín “El Herrero”, Ramón “El Zurdo”, Luis Galera “Papalis”, Amador Galera, José “Chambas”, Alberto Reyes, Antonio “Paterno”, Manuel “Dondín”.
Para medir el aceite, se usaban vasijas de medidas de capacidad, no de peso, que de menor a mayor eran las siguientes: 4 onzas, 1/2 libra, 1 libra, 1/2 cuarterón, que equivalía a 3 libras, 1 cuarterón y la mayor que era de 1/2 arroba.
Se acostumbraba a tener en cada casa una vasija de barro, de forma cilíndrica y ovalada, abierta por una boca de entrada en su parte superior, dedicada a almacenar el aceite, que se llamaba “el cuezo”, de una capacidad variable, al que con cada cosecha se procuraba llenar, para paliar las necesidades de cada familia a lo largo del año.
Para el grano, se empleaban las siguientes medidas de capacidad: 1 cuartillo, 1/2 celemín, 1 celemín, 1 cuartilla, que equivalía a 3 celemines, y por último 1/2 fanega, ya que no existe otra mayor.
Como dato a destacar, hay que decir que para medir grano de raspa: trigo y cebada, las medidas había que hacerlas rasas, o sea que las medidas se llenan colmadas y luego había que pasarles la rasera, para que diesen la medida exacta, los demás granos, los de cáscara o vaina, se miden colmados, o sea llenos hasta arriba: con colmo, todo lo que quepa en la vasija, a este género pertenecen los garbanzos, judías, lentejas, habas, etc.
En el cargamento, para el transporte en las caballerías del aceite, se utilizaban los pellejos o “colambres”, éstos eran de piel de cabra, pero tenían que ser de un animal sano y que no hubiera parido ninguna vez, estos pellejos se revolvían y se ponía el pelo hacia adentro, después este pellejo se metía en otro ya en desuso, pero con el pelo hacia fuera, para protegerlo de algún que otro restregón, que se le pudiera dar, en su tránsito por los caminos por donde se pasaba.
Los pellejos tenían una capacidad aproximada de entre cuatro a cinco arrobas y para su transporte y carga, tenían que estar bien llenos, para que no se moviera mucho el aceite y así darle mayor equilibrio y fijación. Se amarraban con unas cuerdas de unos 10 ó 12 metros, a estas cuerdas se les llamaba “Lias”, puesto que eran para liar fuertemente el pellejo y así poderlo manejar con facilidad al subirlo hasta el lomo del animal, fijarlo y amarrarlo de tal manera, que pellejo y bestia hicieran un solo cuerpo.
Se cargaban dos pellejos en cada transporte, de ocho a diez arrobas, aproximadamente unos 100 kilos de peso por cada animal.
En Somontín nació y vivió, pero dejó la huella de su existencia a lo largo de todo el Río Almanzora el “Tío Pedro Brocal”, así era conocido Pedro Brocal Romero, hijo de Juan Brocal y Carlota Romero, un personaje muy peculiar para los tiempos que le tocó vivir y el lugar donde vivió, para definirlo perfecta y escuetamente diría que era un gran y magnífico vividor, que vivió su vida al máximo y que fue genio y figura hasta el final de sus días, un conquistador de mujeres, un hombre alto, delgado de muy buen parecido, hablador, juerguista y sobre todo pícaro y astuto.
El “Tío Pedro Brocal”, era hermano de mi suegra Soledad (que tuvo 14 hijos, de los que vivieron solo 9), tenía otros 2 hermanos, Casimira (4 hijos: Juan “Ollas”, Maria que murió joven, Carlota, que se caso con el “Tío Paco Ventura” y tuvieron un hijo que quedó paralítico y también murió joven y Rosa, que se casó con Luis “Chambas” y se marcharon a Lizarte – Guipúzcua, parte de su familia luego emigró a Córdoba - Argentina), el otro hermano era Ramón, que tuvo 5 hijos y se marchó a Francia, por tanto, él y mi suegra, al marcharse sus hermanos se quedaron administrando y cultivando sus tierras y pudieron disponer de bienes para poder vivir bastante más holgadamente.
El “Tío Pedro Brocal” estaba casado con María y con ella no pudo tener ningún hijo, pero a lo largo del Río Almanzora, por allí donde pasaba y le dejaban, sembraba lo que podía, mi suegra, su hermana llegó a contarle 17 hijos, en Baza tenía 3 hijos de diferentes mujeres, uno de ellos se llamaba Serafín, que al acabar la guerra se fue voluntario al ejército y antes pasó por Somontín a ver a su padre, en Armuña tenía otro, que a los pocos meses de morirse su padre, tendría unos 17 años, se presentó en el Cortijo de la Rambla que era de mi suegro y de la hermana del “Tío Pedro”, y les dijo que quería ingresar en el seminario para hacerse cura y le pidió a mi suegro que le ayudase económicamente para poder estudiar, ya que no había recibido nada de herencia de su padre, a lo que mi suegro le contestó que él no había podido darle estudios a sus hijos y que por tanto tampoco podía costearle los estudios a los hijos de su cuñado, en Albox tenía 2, una era Carlota, una chica guapísima, alta con una peca oscura en la mejilla, que estaba y trabajaba en una Venta, donde los somontineros, cuando íbamos a la feria de Albox nos alojábamos, la Venta tenía unos grandes corrales en donde pasábamos la noche junto con las bestias, en la sierra de Somontín tenía otro que se llamaba el “Tío Oradán”, que hacía de pastor por la sierra, que al final fue el que heredó lo poco que le quedaba cuando se murió, del resto de hijos no hemos sabido directamente nada.
En el pueblo tenía su casa en el Porche, junto a la iglesia, la que posteriormente fue casa de Antonio “el Nene”, también era de su propiedad, el cortijo que más tarde fue del “Chumbelete”, en las Alquerías tenía otros 2 cortijos, casi semi-enterrados entre las paletas de higos chumbos, y otro en las Canteras de Lúcar, además tenía parte en la almazara que había debajo de la actual casa de Juan Berbel, frente a los Alamos y la Cuesta la Villa, que era de su familia.
Al no tener hijos con su mujer y tener bastante patrimonio, además de ser bien parecido y atractivo y al estar constantemente de aquí para allá, encontró en la necesidad de algunas o en el enamoramiento de otras, un filón donde poder dar rienda suelta a sus instintos más primarios y llevarse por delante todo lo que se le ponía a tiro, y fruto de ellos fueron esos 17 hijos contabilizados, no reconocidos legalmente, pero tampoco rechazados, él procuraba ocupar a sus madres y compartía con ellas las cosechas que producían sus tierras y otras cosas que él cosechaba cuando se daba la ocasión.
Era un hombre que se adaptaba a todo, los cortijillos de las alquerías no tenían nada de lujo, eran una simple habitación donde dormía en un camastro (2 palos cruzados de parte a parte, con unos colchones de paja) o sobre los aparejos de las bestias y así se movía de uno a otro cuando le parecía y en cada uno tenía la compañía que temporalmente estaba con él, a la hora de hacer de comer no era muy exquisito, se bastaba con poca cosa y comía de lo que daba el terreno y la temporada, casi de lo mismo durante días, en los cortijos de las alquerías tenía en cada uno una lata de carburo y en ella cocía lo que había, cuando había patatas, pues patatas, y a comer de lo mismo un día sí y otro también, luego venía la época remolacha azucarera, de los garbanzos, etc., y con cuatro frutas y las verduras, se alimentaba él y quien convivía con él.
En épocas de faena, juntaba sus mujeres para que le ayudasen a recoger la cosecha, que podían variar en número, unas eran de un pueblo y otras de otro, y cuando acababan a todas les daba su parte, estos encuentros no eran solo de trabajo, estaba tan seguro de sí mismo y de que aceptarían lo que les propusiera, que como no podía atender la demanda de su pequeño harén, les hacía competir entre ellas trabajando y la que más recogiera ese día, era la afortunada de dormir con él, así pues, en una ocasión llegó a juntar a 5 mujeres en una buena añada de recogida de oliva, se las trajo al cortijo, él se puso por delante tirando la oliva al suelo y ellas detrás recogiéndola y compitiendo por ser la afortunada de poder compartir esa noche la cama con él, las demás dormían alrededor, en el suelo sobre colchones o sacos de paja y encima las jarapas, en poco más de una semana ya había acabado con la recogida de la oliva, lo mismo hacía con todo tipo de productos: almendras, siega, etc., siempre tenía mano de obra casi gratis y además complacida por poder ser la elegida ese día para poder disfrutar del hombre que las tenía como locas.
Para poder contentar y atender a sus mujeres, además de divertirse y pasárselo bien, comenzó a vender sus tierras, se compró una gramola y unos discos de pizarra y con su burra se iba por los cortijos de la sierra y por los pueblos del Valle del Almanzora, de fiesta en fiesta, montaba su gramola y a pasárselo bien, se hizo famoso y en muchos sitios lo esperaban como agua de mayo y él encantado de la vida, a cambio le daban comida, cama con o sin compañía y algún dinerillo.
A partir de los años cuarenta comenzó su declive, los años pasan y dejan huella y viendo que se quedaba solo, su mujer ya había muerto, comenzó a buscar refugio entre conocidos, familia y ex-compañeras, pero nadie quería hacerse cargo de él, ya que tampoco daba confianza y además el instinto que le movió durante toda su vida nunca se extinguió, recuerdo que mi suegra les decía a sus hijas, que cuando el “Tío Pedro” esté por aquí, no quiero que ninguna de vosotras salga del cortijo más allá de la placeta, ya que su propia hermana no se fiaba de él ni un pelo.
En el año 1948 logró que lo admitiesen en un hospicio en Almería, a cambio de dejarles en herencia las tierras y bienes que le quedaban, su estancia allí fue muy corta, a los 2 meses lo echaron, por haber intentado meterles mano a las monjas que le cuidaban.
De regreso al pueblo, buscó refugio con su hijo ilegítimo que tenía en la sierra, el “Tío Oradán”, que tenía un pequeño cortijo cerca de la Fuente del Pino y allí vivió los últimos días de su extensa e intensa vida, un día de invierno de mucho frío y nieve del año 1950, nos llegó la noticia de que había muerto y había que ir a buscarlo para darle sepultura, Agustín, hijo del “Tío Oradán”, por tanto su nieto fue el encargado de avisar a la familia, inmediatamente mi cuñado Juan “Faustina”, su sobrino y los cuñados Juan Echeverría y Felipe Rebelles, se pusieron camino a la sierra a buscarle y a traerle al pueblo, como hacía mucho frío y los caminos no estaban transitables, decidieron pasar la noche en el cortijo, el “Tío Oradán” decidió matar un cordero para agasajar a los familiares y cenar en condiciones, para que al día siguiente mirar si mejoraba el tiempo y poder ponerse en marcha hacia el pueblo.
Como no cabían todos en el habitáculo del cortijo, decidieron sacar al difunto fuera en la explanada de la puerta y a la intemperie de una noche gélida, al hacerse de día, al intentar poner el cadáver sobre los lomos de la burra que lo tenía que transportar al pueblo, presentaba tal estado de rigidez que parecía un palo y no había manera de estabilizarlo, por lo que decidieron ir al cortijo de Amador “el Polonio” a pedirle unas aguaderas y sobre ellas lo colocaron, estirado y bien amarrado emprendieron camino de regreso al pueblo, allí los esperábamos y tras una rápida vela de sus familiares los enterramos, esperando que su cuerpo que nació para vivir, descansase al fin en paz.
Allá por los años 1930 y hasta casi los 1950 del siglo pasado, como no había muchas diversiones, las gentes de nuestros pueblos: Somontín, Tíjola, Lúcar, Urracal, Purchena, etc., se las tenían que ingeniar para hacer más divertidas y amenas las fiestas de nuestros patrones y patronas, por aquellos días era muy frecuente el asistir a los actos festivos de los pueblos vecinos, sobre todo para mantener vivos e intactos los vínculos familiares, por lo que se hacía necesaria una visita para ver a la familia que vivía en el pueblo vecino, aunque solo fuera unas cuantas veces al año.
La gente joven aprovechaba cualquier cosa para divertirse y hacer más entretenidas las fiestas, ya fuera con los juegos, con los teatrillos, con las canciones y bailes, o como en el caso que nos ocupa, sacándose coplillas entre unos y otros, que acababan con verdaderas batallas dialécticas, para ver quien la hacía mejor y dejar en mal lugar al rival o rivales.
Recuerdo que en cada pueblo había una comparsa de gente joven, que solía ir a las fiestas del pueblo vecino a encararse y contar chascarrillos que se hacían rimar con mucha imaginación y que contaban cosas del quehacer diario, o ensalzaban o degradaban a los personajes más populares del lugar, con el fin de pasar un rato agradable.
En mi memoria aun suenan los ecos de alguna de ellas y como muestra os contaré un par de ellas, que se hicieron famosas y sonaron en bastantes ocasiones por nuestras fiestas:
COMPARSA DE JUAN “OLLAS” 1933 (*)
Por allí viene Juan “Ollas”,
que parece ser un buen “payo”
vamos a ver entre todos
la manera de engañarlo.
Aunque parezca buen “payo”,
él no se deja engañar,
así que no os canséis,
que no adelantaréis nada.
Por allí viene Juan “Ollas”
que trae una buena “turca”,
probaremos a engañarlo
los comparsitas de Lúcar.
Aquí tenéis a Juan “Ollas”,
que no trae ninguna “turca”
y a Juan “Ollas” no lo engañan
los comparsitas de Lúcar.
COMPARSA DE LA ESPIGADORA (*) (**)
La Tía Filomena “la Quijola”
La Espigadora con su esportilla
hace la sombra de la cuadrilla
y como tiene tan buenos ojos,
espiga a veces de los manojos.
Ay! Ya, ya, yayai!
Que trabajo nos manda el Señor,
todo el día a los aires,
todo el día al sol,
levantarse y volverse agachar.
Ay! Ya, ya, yayai!
La Espigadora con su esportilla
sigue espigando tras los segadores,
con los mismos sudores,
que el hombre que siega y que trilla.
Ay! Ya, ya, yayai!
La Espigadora con su esportilla,
¡No arrebates los campos de mies,
que detrás de las hoces voy yo:
la Espigadora con su esportilla!
Ay! Ya, ya, yayai!
(**) Una de las espigadoras más conocidas de nuestro pueblo fue la Tía Filomena “la Quijola”, esta mujer era una gran trabajadora, vivía de todo lo que se podía aprovechar, rebuscaba almendras, oliva, etc., se dedicaba principalmente como casi toda la gente de Triana en aquellos tiempos, a la confección de pleita y cuerdas de esparto, con las que se hacían todo tipo de utensilios, que los sábados preferentemente llevaban al mercado de Tíjola para venderlos; como espigadora se la podía ver por cualquier secano en pleno verano, rebuscando las espigas que se habían caído de los manojos y de los haces de trigo, se desplazaba desde por el secano del Cortijo “El Piojo”, del “Baladrar”, a los Puentes de Hierro, a donde fuera, y era tan hábil, que casi siempre venía a Somontín a pie con su espuerta bien llena de espigas, que podía pesar 12 ó 15 kilos, un año llegó a recoger más de 12 fanegas de trigo de esta manera. Una fanega de trigo equivale aproximadamente a unos 40 kilos de grano limpio.
Canciones y coplillas de la tía M.ª Navío
El ministro Canalejas
no se va de Somontín,
por no dejar en su sitio
a su amigo Miguelín.
* * *
Somontín no tiene reloj,
Somontín no tiene ayuntamiento,
Somontín no tiene plaza
y nos ha castigado Dios
con el esparto y la maza.
• Dureza y miseria de vida en nuestro pueblo.
* * *
Cuando vino Gabiolí,
Frasco no tenía chaqueta
y le prestó Gregorio
la suya para bajar a Purchena.
• Los representantes de nuestro pueblo andaban escasos de lujos y para ir a representaciones tenían que equiparse con lo mejor que poseían otros o sea se prestaban las prendas de vestir.
* * *
A María Acosta le ha dado,
la madre de su marido,
para que ponga en el balcón
el calzador y el rocío.
• M.ª Acosta era su sobrina y cuando se casó con mi cuñado Juan, la abuela Soledad le regaló muchas cosas para tapar un poco el fracaso de su hijo a su vuelta de América, era una manera de decir cosas que todo el mundo sabía.

La narración que voy a desarrollar en adelante en el presente artículo, está basada principalmente en el punto de vista personal del autor del escrito y por otra parte, de las muchas referencias que me llegaron, principalmente de mi padre: Pedro “el Rulo” Oliver y mi suegro: Gervasio “Faustina” Acosta y de otros antepasados nuestros, que hoy ya han desaparecido.
El objetivo primordial de este relato y mi intención es: el haceros llegar y notificaros a las nuevas generaciones de somontineros, o refrescar la memoria de los otros más mayores, como fue la manera de defendernos no hace mucho tiempo y de donde provenía la mayor fuente de riqueza en la que vuestros antepasados más cercanos, en muchos casos, se tuvieron que mover para conseguir su sustento diario, sobrevivir en otros y en unos pocos, conseguir una cierta fortuna.
Fueron días muy duros para todos los somontineros, en los que tuvimos que adaptarnos a lo que nos deparó la vida, eran momentos de salir adelante como fuese día a día, donde el horizonte, la línea que nuestros ojos podían divisar, no llegaba más allá de los límites de nuestro pueblo, o apenas podíamos pasar, como mucho, a los pueblos de la comarca del Almanzora, no llegábamos mucho más allá, ya que no había los medios de comunicación y transporte que hoy se poseen y por tanto estábamos anclados en nuestro querido pueblo sin muchas más posibilidades de cambio.
Si la línea del horizonte era muy corta y no llegaba lejos, nuestra imaginación también estaba limitada y no podía viajar mucho más allá, por aquella época no había muchas referencias de lo que el futuro nos podía deparar, no teníamos ventanas llenas de imágenes, televisión, internet, o noticias rápidas de lo que estaba pasando en el resto del mundo, más bien estábamos casi aislados, encerrados en un pequeño término municipal, situado al pie de una sierra, a donde apenas llegaba algún periódico de la época con algunos días de retraso o semanas, y poco más tarde comenzábamos a sentir alguna emisora de radio que a duras penas podíamos sintonizar, pero en torno a la misma, casi todo el pueblo se reunía para saber las últimas noticias, aunque no nos afectase, o no nos importase demasiado lo que decía, o nos resultase casi increíble de imaginar, el que en una caja de madera pudiera haber tanta gente hablando.
En este ambiente quiero situaros, para que comencéis a tener una pequeña idea de cómo era el Somontín del final del siglo IXX y comienzos del XX y posterior, donde vuestros abuelos y padres se tuvieron que mover, luchando diariamente para conseguir vivir lo mejor y más dignamente posible.
Espero que el relato sea de vuestro interés, y quiero deciros que es mi visión particular, enriquecida por lo que me transmitieron otros, a los que también, con este recuerdo, deseo honrar su memoria y la de todos los somontineros que han luchado como verdaderos jabatos, para conseguir que Somontín siga hoy vivo y lleno de esperanza hacia el futuro. Sólo intento transmitirlo, para que el día de mañana todo esto no quede en el olvido.
El presente escrito está abierto, para que cualquiera de vosotros que tenga otra interpretación o más datos que enriquezcan éste, los aporte y entre todos podamos recuperar algo de nuestro pasado, que es de todos y a todos nos pertenece.
Un fuerte abrazo a todos somontineros y a todos los que de alguna manera se sienten ligados y quieren nuestro pueblo.
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|---|---|
| La Sierra de Somontín - Baldomero Oliver Navarro.pdf | 193.72 KB |
En la Sierra de las Estancias del sistema montañoso o Cordillera Penibética, frente a la Sierra de los Filabres, al norte de la provincia de Almería, está enclavada la Sierra de Somontín, que a lo largo de los cientos de años de historia y de existencia de nuestro pueblo, ha sido la principal fuente de riqueza de la que nos hemos beneficiado todos los somontineros, ya que de nuestra sierra emana la razón de ser de nuestro municipio, comenzando por la Fuente de San Sebastián, a la que entorno a la misma nos hemos ido agrupando y concentrando nuestras casas desde el inicio de la habitabilidad de nuestro término municipal y de la que nos hemos surtido del agua que necesitamos para subsistir nosotros mismos, nuestros animales y como no, nuestros campos, que se han beneficiado del sobrante de aguas de la fuente de Somontín, o de la gran cantidad de fuentes que desembocan en nuestras balsas, que también se nutren de las aguas que bajan de la sierra, para que reguemos y a cambio ofrecernos una enorme cantidad de productos agrícolas, desde todo tipo de frutas, verduras, cereales, etc., con las que hemos cubierto nuestras necesidades más primordiales de subsistencia.
La Sierra de Somontín ha sido siempre para los habitantes del pueblo, una fuente inagotable de recursos y de riqueza, que han servido para que miles de somontineros vivan en parte de ella, a lo largo de los años y encuentren los recursos naturales necesarios para sobrevivir en un ambiente natural muy duro y hostil.
Nuestra sierra ha sido una despensa de recursos naturales: tenemos una gran riqueza que comienza con la recaudación y reconducción del agua, la diversidad de la fauna animal: perdices, palomas, jabalís, conejos, liebres, zorros, tejones, garduñas, etc. y la variada vegetación que nos ha proporcionado un diverso arbolado y plantas de las que nos hemos aprovechado constantemente: pinos, chaparros, aliagas, retamas, cañas, tomillo, romero, espliego, rascavieja, abelfilla y sobre todo el esparto.
La sierra de Somontín, desde la fundación del núcleo poblacional tal como lo conocemos ahora, tras la expulsión de los moriscos que vivieron en nuestro término municipal antes que nosotros, hará ahora aproximadamente unos 750 años, con la repoblación de las tierras, ha fundamentado principalmente su riqueza y medios de vida de los habitantes de nuestro municipio en el agua que emana de la Fuente de San Sebastián a lo largo de toda la historia de todos estos años, lo que le ha permitido el cultivo de su huerta, que siempre ha sido regada por el agua que provenía de la parte alta del término municipal: LA SIERRA.
De nuestra sierra dependíamos casi totalmente para poder salir adelante a lo largo de los siglos, pero vamos a centrarnos en los finales del siglo IXX y principios del XX y años posteriores, en los que hay que situar el desarrollo de la presente narración, ya que esta es mi intención y mis recuerdos y fundamentos, están enraizados en este espacio de tiempo en el que me tocó afortunadamente vivir.
La Sierra de Somontín es y ha sido siempre un bien comunal, del que nos hemos aprovechado todos los hijos del pueblo, para poder usar y beneficiarnos de su riqueza; para ser hijo del pueblo había que haber nacido o estar ligado al pueblo por vínculos familiares: estar casado con alguien o tener hijos en el pueblo, o adquirir bienes y empadronarse, en caso de venir de fuera.
La revolución industrial que tiene sus orígenes en el mundo moderno, hará ahora unos 200 años aproximadamente, hace que el ser humano comience a estudiar, investigar, inventar todo tipo de ingenios mecánicos, instrumentos y combinaciones de materiales, para conseguir que éstos le faciliten mejores formas de vida y que se descubran nuevas fuentes de riqueza para los pueblos, zonas, comarcas, regiones y países.
Esta lucha por la investigación y por el progreso, está favorecida por la aplicación de nuevas técnicas y por el aprovechamiento de materiales que faciliten otros productos, que sirvan para comercializarse y a su vez enriquezcan a los promotores y productores.
Uno de estos materiales comienza a tener una demanda muy importante en el mercado comercial con la nueva situación mundial y hay que ir a sus fuentes de nacimiento en busca de su extracción, se trata del Silicato de Magnesio, más sencillamente: polvos de talco o para nosotros los somontineros: JABONCILLO.
El Silicato de Magnesio o Polvos de Talco, consiste en un preparado mineral de textura muy fina, suave al tacto, que se presenta en masas de láminas blancas, del grosor y textura al de las hojas de una flor, muy fáciles de reducir en polvo finísimo, se encuentra principalmente en rocas eruptivas y metamórficas.
El talco debido a su escasa dureza, sirvió de base para comenzar la escala de minerales, que empiezan por el talco y acaban en el diamante, así pues es el primero en este orden mineral.
A lo largo de los siglos se ha venido utilizando para muchísimos usos, en un principio se utilizó para esculpir y moldear esculturas y más tarde se le han encontrado nuevas aplicaciones, como es el satinado de papel, la fabricación de pinturas, insecticidas en polvo, el lubricado en seco en la industria textil y sobre todo se ha usado en la confección de perfumes y derivados.
El talco molido tiene la propiedad de absorber la humedad, aislar y dejar la piel seca y muy suave, de ahí que se haya empleado tradicionalmente para secar el culito de los bebes. Así pues, hemos encontrado la razón comercial e industrial de la explotación de este producto, la demanda social a la cual se destina, para que tenga sentido su extracción.
La Sierra de Somontín nos ha dado abundante y generosamente un producto: el talco o jaboncillo, ese oro blanco que hubo que extraer de las entrañas de la tierra, a base de pico y espuerta, teniéndonos que arrastrar a través de larguísimas y estrechas galerías, pasando por un montón de trancas y escalones, o de bajar y subir miles de veces a los profundos pozos, cavados a base muchos sudores, amarrados a las cuerdas que se enrollaban en los tornos, este trabajo para la economía del pueblo ha sido esencial a lo largo de los más 100 años que ha durado su explotación.
En nuestra sierra se daban especial y abundantemente 2 tipos de talco: el blanco puro, que se presentaba en bloques y cantos, era el más apreciado y el reunía una excelente calidad, y era empleado para la confección de los productos más refinados y el moreno, que tenía un color grisáceo, debido especialmente a las filtraciones de agua que arrastraban sedimentos arenosos procedentes de la composición rocosa de las montañas de la sierra, dándole ese color turbio y oscuro, éste era de inferior calidad y se empleaba en la composición de materiales más bastos, como por ejemplo para hacer jabón, por supuesto su precio también era bastante inferior.
Nuestra Sierra desde siempre ha sido un bien comunal, propiedad del municipio: de todos los somontineros, todos los hijos del pueblo tenían derecho a su riqueza, por esto cuando comienza la explotación de la extracción del jaboncillo, prácticamente la totalidad de los habitantes del pueblo se dedican a desarrollar este trabajo, puesto que en un principio, a mediados y finales del siglo IXX y principios del XX se conseguía sacar muy fácilmente, puesto que estaba a flor de tierra, como en el Taritatron, los Laborcicas, el Rendío, el Zagal, el Trabajaero, los Golondrinas, que labrando con un arado romano lo sacaban, pero con el tiempo estos medios tan fáciles se fueron terminando.
Aproximadamente por el año 1920, se comienza una nueva forma de trabajo, como por ejemplo hacer algunos pozos y abrir algunas minas, como la mina Dura de unos 40 metros, la Larga de unos 100 metros, la Teja de unos 80 metros y la más importante en el Benerito: el Pinato de unos 150 metros de largo, hubo otras minas de menos importancia que sus propietarios fueron abandonando su explotación, se cansaban de trabajar ante la poca producción y rentabilidad que daban, una vez abandonadas por sus propietarios, éstas podían ser ocupadas por nuevos mineros que intentaban tener mejor suerte.
Una de las causas más frecuentes, por las que se decidía también el abandono de una explotación minera, era el encontrarse a menudo con filtraciones o vetas abundantes de agua, que hacían imposible seguir adelante por ese camino y había que buscar otro por donde seguir accediendo al filón o veta, por lo que se tenía que abandonar y proceder a picar otra entrada para encontrarle por otro lado.
En la mina el Pinato no pasó lo mismo, casi siempre perteneció a la familia Benigno, hasta que un día, por ser mayor el padre, decide venderla y la compramos José Galera Lucas “el Hornero”, Juan Fernández “Mangurrino” y el que os relata el presente artículo: Baldomero Oliver Navarro “el Rulo”, con el tiempo el jaboncillo se fue agotando y voluntariamente la abandonamos y tuvimos que emprender, allá por el año 1964, el camino que siguieron una gran cantidad de somontineros, el de la inmigración a Alemania, para buscar mejores perspectivas de futuro y mejores condiciones de vida.
La explotación de los pozos de talco comienza a realizarse en el Cerrillo, los que dieron bastante y abundante material y muy fácil de sacar, pues su profundidad no pasaba de los 15 metros y todo el material que se sacaba era de una calidad buenísima, de un blanco limpio y puro.
En Somontín se utilizaron dos formas de extracción del talco: la vertical, o sea el pozo y la horizontal: la mina, se organizaban en grupos o collas de obreros que podían ser desde parejas hasta un número indeterminado de hombres.
Los pozos se comenzaban a descubrir a partir de una entrada o boca totalmente redonda y a cielo abierto, que podía tener aproximadamente entre 1’5 a 2 metros de diámetro y se seguía picando con esta misma anchura, hasta que se llegaba a su agotamiento.
Los primeros pozos que se cavaron fueron el del “tío Sordillo”, padre de María Acosta, que aún vive a caballo entre Granollers y Somontín, el hombre tuvo muy mala suerte, murió aplastado por un liso que le cayó mientras trabajaba, allá por el año 1925. Otro de los pozos importantes fue el del “tío Pedro Candelas”, del cual aún vive en Mallorca su hijo Antonio “el Candelitas” que ya pasa los 92 años. También fueron importantes el pozo del “tío Cachelas”, el pozo la Carpa, pero el que se llevó la palma de todos entre los muchos que hubo, fue el del Cortijillo, propiedad de Anselmo Echeverrías, que reunía unas condiciones idóneas para trabajar, ya que para ello se construyó un habitáculo, para proteger a los trabajadores del calor tórrido del verano y del frío y viento en invierno, y así poder sacarles mayor productividad. El cerro donde estaba enclavado tenía unos 300 metros de largo por otros tantos de ancho.
Cuando se agotó el Cerrillo, la explotación siguió hacia arriba, subiendo al Cerro Gordo, donde las condiciones de trabajo empeoraron, por el desnivel del terreno, los pozos se tenían que hacer más profundos, algunos como el pozo los Cinco, llegaron a tener una profundidad de unos 45 metros, en este pozo desgraciadamente, también hubo otra víctima mortal: José “el Pizo”, era un 12 de agosto del año 1952, cuando estaba bajando al pozo para iniciar su labor de minero, se rompió la cuerda que le sujetaba al torno, precipitándose al vacío y estrellándose en el fondo del pozo, fue rescatado y aún se agarraba a la vida, pero poco después, cuando era llevado al pueblo falleció, no pudiéndose hacer nada por él; otros pozos de gran profundidad fueron el pozo Falange, el Sequero, el de los Zurdos, el Gorrión, los Aburrios, el de los Padillas, los Nanos y muchos otros.
También voy a citar otros dos accidentes muy graves, pero que no llegaron por suerte a ser mortales, fueron los que sufrieron en primer lugar Anselmo Oliver Azor “el Beta”, era por Semana Santa y quedó atrapado durante 3 días, bloqueado por una roca que le cayó encima, que al final pudo ser levantada para poderle sacar; el otro accidente fue el que sufrió Amador Mesas “el Pizó”, allá por el año 1959 aproximadamente, cuando trabajando en una mina al pié del Cerro Gordo, le cayó encima un liso de laja, lanzándole hacia delante y aplastándole la columna vertebral, Amador pudo ser rescatado y tras pasar un largo y duro periodo de recuperación, aún vive hoy y puede contarlo.
En estos pozos, debido a su profundidad, tuvieron la suerte de encontrar jaboncillo moreno a unos pocos metros antes de llegar al blanco, pero la cosa se complicaba, ya que para llegar al blanco había que atravesar una capa de chiscarra muy dura de unos 5 ó 6 metros, con lo que había que echar mano de la dinamita para poder abrir paso y acceder el precioso y blanco mineral.
Para romper la roca, había que agarrar el marro y el puntero o barrera, hacer el agujero para meter el barreno, enchufar la mecha a la dinamita, pegarle fuego y salir lo más rápido que se podía, ya que había que reventar la roca a base de barrenos, cuando no había otro remedio y en ello, a veces nos jugábamos la vida, aunque en Somontín hubo algunos accidentes, pocos fueron tan dramáticos y lamentables como los tres anteriores a los que hemos hecho referencia.
Se llegaron a abrir vetas de jaboncillo moreno en el pozo la Falange, o en el de los Cinco, de una anchura que iba desde 25 centímetros a 5 metros, parecía que aquella riqueza no se acabaría nunca.
En el cerro de la Albarda se abrieron 2 pozos, que dieron una gran cantidad de jaboncillo: el pozo de la Culebrina y el Tardío, pero no en todos los pozos que se abrían se tenía la suerte de llegar al ansiado mineral, en este lugar el “tío Fernando Mollina” se puso a cavar un pozo, llamado de la Virgen de los Dolores, que llegó hasta una profundidad de unos 30 metros y no tuvo suerte, no sacó nada, trabajo, tiempo e ilusiones perdidas, los que trabajábamos en el Tardío, le dijimos varias veces que no gastase ni tiempo, ni trabajo, ni dinero, ya que la veta no corría en dirección a su pozo, le aconsejamos que bajase a nuestro pozo para que así lo viera y comprobara, al final nos hizo caso y al poco tiempo lo abandonó, tras haberse gastado bastante dinero, puesto que tuvo que emplear mucha dinamita en barrenos.
Otro de los cerros que dieron una gran cantidad de jaboncillo fue el Cerro de la Cruz, en el que tan sólo se realizaron 4 pozos: el de los “Cristinos”, el del “tío Chambas”, el pozo el Cemento y el pozo la Cruz, cuyos propietarios fueron Joaquín Jorquera, Ramón Clara y Trinidad Clara, hermanos, recuerdo que empezó su explotación sobre los años 1930 y el jaboncillo que se sacó de éstos, era de un blanco purísimo. Además en la falda del Cerro la Cruz hubo una mina muy buena, que fue la de Serafín Cañete y el pozo la Terrera.
Por los años 1960, Somontín sufre una gran salida de emigrantes del pueblo, que se van en busca de nuevos horizontes y esperanzas de mejora, que encuentran en los países europeos, principalmente Alemania y Francia, a donde mayoritaria y paulatinamente se van marchando y por consiguiente también abandonando la explotación de las minas y pozos de talco, por esta década también se había comenzado a notar el agotamiento de recursos y cada vez era más difícil su localización y extracción, por tanto era lógico que con la nueva posibilidad de salir, los mineros se arriesgasen, ya que su trabajo no se veía recompensado y en Europa se podía ganar más en un mes que en Somontín en un año, no se perdía nada con probar y así comenzó el declive y la caída de nuestras minas y pozos.
Pero unos pocos aguantaron hasta el final, entre éstos estaban Juan Resina Pérez (nacido en 1919), su hijo y su cuñado Juan “Chimeneas” Vicente Mora, que desde muy niño, había trabajado toda su vida en la sierra haciendo catas en el Benerito, y ante tan poca producción, ya estaba cansado y aburrido, entonces decidió cambiar de sitio e intentar mejorar su suerte, buscó por toda la sierra, haciendo catas por aquí y por allí, que casi nunca pasaban de poco más de 1 metro, hasta que un día dio el golpe que todos los mineros hemos buscado a lo largo de nuestra vida. Corría el año 1965, en el Cerro del Aguila hizo una gran cata y enseguida afloró el jaboncillo, siendo una de las minas que más jaboncillo ha dado en Somontín y por supuesto, la última que pudo dar una gran riqueza a sus descubridores, un gran regalo y un mejor final, como epílogo a la explotación de las minas por parte de los somontineros.
A mediados del siglo IXX, aproximadamente 1850, se comienza a vender algún material, que se dedicaba sobre todo a realizar piedras de sastre, que en principio fue el primer aprovechamiento al que se dedicó el talco que se sacaba de Somontín debido a su gran calidad, según contaban los antiguos.
Con la afloración del talco en Somontín, llega la necesidad de organizarse y rentabilizar al máximo la explotación industrial de tan rico y apetitoso pastel económico, y así se crea la primera compañía: que en un principio estaba formada por Anselmo Echevarrías, Manuel “Diego” Acosta, Gervasio “Faustina” Acosta y Serafín “Teto” Ramos (padre de la Muda), y al no obtener rentabilidad alguna, ante el incierto futuro, tanto Gervasio como Serafín deciden salirse y así queda formada la “ECHEVARRÍAS & ACOSTA”, que se dedica a concentrar y adquirir todo el talco que sale de la Sierra de Somontín, para transportarlo a los lugares de refinamiento e industrialización.
Como dato anecdótico hemos de recoger que allá por el año 1918, se funda otra compañía de nacionalidad inglesa: “THE SOMONTÍN MINES LTD”, que también se dedica a la compra del jaboncillo y a su comercialización, pero debido al poco negocio que había en aquellos tiempos, su existencia duró muy poco tiempo.
Hasta que por los años 1928-1930 en que se nos presenta una nueva alternativa, la de los “Leoneses”, al frente de la cual estaba el Sr. Gabiolí, que también tenía minas en propiedad en la provincia de León, pero el material que se sacaba en Somontín era de una calidad infinitamente mejor, éste señor era buen conocedor de los mercados nacionales e internacionales, y encontró en Somontín la materia prima necesaria y adecuada para rentabilizar cualquier inversión económica, así pues llegó la competencia a la antes establecida, gracias a esto la explotación del jaboncillo comenzó a tomar fuerza y a ser conocida la calidad del talco de nuestro pueblo y se inició un periodo de máximo rendimiento en la extracción de talco, de lo que se vieron beneficiados los mineros del pueblo, que consiguieron mejor precio para su producto y mejorar su maltrecha y dura vida.
Sobre estas fechas, Somontín conoce la época más blanca de su historia, con la unión de la “COMPAÑÍA DE LOS LEONESES” y la “ECHEVARRÍAS & ACOSTA”, en el pueblo por aquellas fechas había más de 500 caballerías y durante más de un mes se estuvo bajando jaboncillo a la Estación de Purchena, a razón de 5 vagones de tren de mercancías diarios, la entrega final fue de 150 vagones.
En esta época dorada del blanco mineral de Somontín, se llega a una producción récord, se consigue sacar sólo en nuestra sierra, más del 45 % de la producción total del estado español.
Como en todo negocio que se precie, con la llegada de los “Compañía de los Leoneses” a Somontín, se crea un período de inestabilidad y de crispación social, ya que los anteriores empresarios no tenían competencia y prácticamente hacían lo que querían, poniendo y pagando el precio que estimaban oportuno y si lo quieres lo tomas y si no pues te comes el talco. La “Echevarrías & Acosta” se opuso, poniendo todo tipo de trabas a la entrada de los Leoneses, pero al final la presión de los mineros que se les echaron encima, ya que oyeron nuevas premisas de mejora, y por otro lado, la fuerza económica del Sr. Gabiolí, por lo que no les quedó más remedio que ceder a esta presión y así pues, la “Compañía de los Leoneses” se hace con el 51 % de la Cía. “Echevarrías & Acosta” y ésta se establece en la Estación de Purchena.
Para llegar a estos acuerdos, se organizó una representación de los mineros de Somontín, encabezada y dirigida por el sindicato de más representación: la UGT, del que era su presidente Juan Reche Reche “Cocón”, padre de Luis “Cocón”, hasta hace poco tiempo, cartero del pueblo y el “tío Frasco Navío”, éstos se desplazaron a Purchena para estar presentes en las negociaciones y seguir en directo, lo que se negociaba en dicha transferencia de poderes o fusión de empresas, y como comprobante, traerse una copia de los acuerdos que se tomaron ante notario; con esta operación comercial, el pueblo comenzó una nueva era más rentable y fructífera para sus intereses, ya que anteriormente apenas se podía comercializar el jaboncillo, ante la falta de mercados de la “Echevarrías & Acosta” y el bajo precio al que se pagaba.
Con motivo de este acontecimiento la hermana de tío Frasco Navío, María que era una persona muy alegre, despierta y a todo lo que acontecía en el pueblo le sacaba su cancioncilla, tuvo una dedicación especial al acto y lo plasmó con la siguiente ocurrencia:
Cuando vino Gabiolí,
Frasco no tenía chaqueta
y le dió Gregorio una
para bajar a Purchena.
Lo que nos da una idea, de cómo andaban las cosas económicamente por el pueblo, en aquellos años.
Esta unión-fusión-absorción: “Compañía de los Leoneses” y la “Echevarrias & Acosta”, se denominó SOCIEDAD ESPAÑOLA DEL TALCO (S.E.T.).
Más tarde se crearon otras compañías con mayor o menor volumen de negocio y tiempo de duración, como fue la creada por PEPE OLIVER, la de RAMÓN “EL CHINITO” de Tíjola (marido de la Muda), ANGEL SALAS, que tuvo una corta duración y la de DIEGO RUIZ, que fue la que más tiempo duró en la explotación del talco y hoy en día aun sigue, enclavada en el mismo lugar, muy modernizada, totalmente adaptada a otro tipo de explotación, ya que se ha convertido en una de las fábricas más importantes de la provincia de Almería, dedicada a la molienda de piedra de mármol, para productos y preparados de la construcción.
Desgraciadamente para nosotros hoy en día, todas estas minas y pozos están enterrados, sólo sobrevive al paso del tiempo la Mina del Pinato, de la que fui copropietario y a la que durante un montón de años de mi vida le he dedicado todo mi esfuerzo y trabajo, a la que le debo agradecer la entrega generosa de su riqueza, que me permitió a mi y a mi familia poder vivir un poco más dignamente.
La primera molienda del jaboncillo de Somontín se realizó en el “Molino de los Gaspachos”, hoy propiedad de los “Castellones”, que estaba dedicado a la molienda de trigo para hacer pan, después de los “Gaspachos”, este molino pasó a ser propiedad del “tío Paco Ventura” y a éste se lo compró “Pepe Castellón”, del que pasó a manos de sus herederos: sus nietos.
Como este molino se fue quedando pequeño, se construyó el “Molino Alconso”, el cual se hizo con unas enormes dimensiones y grandes naves para almacenar cientos de vagones de jaboncillo. Sobre los años 1927-1928 y para hacer funcionar y hacer rentable al máximo la molienda de jaboncillo, los propietarios del “Molino Alconso”, compraron un motor de avión procedente de Alemania, de marca YUNKER, con los sobrantes de la electricidad que producía este motor, se instaló una red eléctrica para el pueblo, que les costó bastante tiempo desarrollar, una vez instalada la red de distribución, el que deseaba aprovecharse de las ventajas de la electricidad se enganchaba a la red y por cada bombilla que se instalase había que pagar 5 pesetas. A las 01.00 horas de la madrugada, se cortaba el suministro de electricidad a los particulares.
En el “Molino Alconso” comenzaron a trabajar 3 hombres, que fueron Juan Emilia, Juan Nena y Antonio “el Calabazas”, 2 trabajaban de día y 1 de noche y se iban rotando los turnos periódicamente, el trabajo por aquellos tiempos se realizaba sin ninguna protección y no se conocían los efectos que pudiera tener la exposición constante de los trabajadores a los polvos que emanaban del molino y que estaban permanentemente respirando los que allí se encontraban, como resultado final hubo que lamentar la intoxicación y la muerte de los 3 trabajadores en edad muy joven.
Para el transporte del jaboncillo de la Sierra de Somontín a las instalaciones del molino o a la fábrica de la Estación de Purchena, se utilizó el único medio de transporte posible en aquella época de nuestra vida: las caballerías de todo tipo de animal equino. Los burros y mulos del pueblo comenzaron a trabajar a destajo y fueron de un aprovechamiento y utilidad impagada, y por que no decirlo, a veces maltratados, con poco pienso y muchos palos.
A los animales la noche anterior a un día de acarreo, se les solía dar una alimentación extra o especial, a la paja se le añadía una buena ración de pienso: grano, normalmente cebada, maíz, centeno, habas, lleros, trigo, etc., de lo que se tenía en más abundancia y no se necesitaba para las personas. Era algo especial, por que de ellos se esperaba también un buen rendimiento, en esos días de continuo ajetreo.
Constantemente estaban en marcha: yendo cargados con 2 quintales de jaboncillo en sus lomos, lo que es igual a 100 kgs. y viniendo vacíos a por la próxima carga, normalmente se hacían dos bajadas por jornada a la Estación de Purchena y podía variar entre 4 a 6 bajadas por jornada al “Molino Alconso”.
Las distancias que se recorrían en cada acarreo, eran aproximadamente dependiendo de donde se cargase, de la sierra al “Molino Alconso”: unos 4 kms. y de la sierra a la Estación de Purchena: unos 11 kms., que si contamos la ida y vuelta, nos sale un montón de kms. recorridos por día, no había que hacer mucho deporte en aquellos tiempos para tener un perfecto estado de forma física y una figura bien estilizada.
En el acarreo intervenían prácticamente todas las caballerías del pueblo, que iban guiadas casi en su mayoría por mozos de mediana edad de 12 a 16 años, alguna persona mayor y muchos niños, que apenas tenían los 6 años en adelante, era un trabajo muy duro para gente de esta edad, había que levantarse a la madrugada, entre las 05.00 y las 06.00 horas de la mañana, para subir a la sierra e ir a los pozos o minas, donde se entregaba el jaboncillo, había que soportar un frío terrible y cuando se llegaba, esperar el turno de carga, se cargaba la caballería con 2 quintales cada una y excepcionalmente, si el animal era muy fuerte o nervioso, para calmarle los ímpetus, se le cargaban 3, o sea 150 kgs. y andando hasta la Estación de Purchena.
Por aquellos tiempos y para recuperar la pérdida continua de asistencia a las clases de la escuela municipal de los niños del pueblo, por estar empleados continuamente en las labores de bajar jaboncillo, el maestro: “el Tío Cojillo”, estableció la posibilidad de asistir a clase después de un largo día de trajín y creó la Escuela de Noche para que pudiésemos recuperar algo de lo perdido, ya que cuando había jaboncillo, la escuela se quedaba prácticamente vacía.
Los caminos que conducen a la Sierra de Somontín estaban llenos de animales y personas en tránsito, las recuas de animales eran infinitas, todo un espectáculo ahora inimaginable, se podía ver el final de la cola conforme se asomaban por la Somaíca, bajando hacia el pueblo y la cabeza ya llegaba a las Eras, animales y personas guardando un perfecto orden, llevando un mismo ritmo de paso y todos en fila india hacia el destino de la carga.
Durante el camino podía pasar que la carga se soltase o torciese con el movimiento del animal al caminar, o que el animal tropezase y fuera al suelo animal y cargamento, u otros pequeños accidentes, que en el caso de tener fuerzas suficientes los que iban en ese grupo, se volvía a cargar o componer y se seguía adelante, pero si el grupo de arrieros no podía, por ser demasiado jóvenes, éstos tenían que esperar a que llegasen compañeros mayores, que les ayudasen a subir otra vez la carga al animal, para así seguir al lugar de destino.
Al llegar a la Estación de Purchena, se procedía a la descarga en el lugar que indicaba el operario que allí había y entonces se recogían sacos y sogas, se colocaban en el lomo del animal y a la vuelta nos subíamos en la caballería y por lo menos el regreso era más llevadero. Cada arriero solía llevar o hacerse cargo de 2 animales, algunos llevaban 3 ó 4, cuando esto sucedía, se ponía el animal más noble abriendo recua y los demás se amarraban uno al otro de reata, para así ser guiados y controlados, tanto al ir cargados como al volver de vacío.
Normalmente se realizaban dos entregas por día, en un segundo viaje, que acababa por la tarde, cuando los arrieros pasaban con sus animales cargados con destino a la Estación de Purchena, al llegar a la curva de Juan Galera, que está a la entrada del pueblo, bajando por las Peñicas, en el cruce del puente del barranco de las Mancovas y la entrada al camino de las Eras, se solía realizar un encuentro entre familiares que salían al paso de los que estaban de acarreo, para entregarles su merienda o comida, la que degustaban caminando hacia su destino, en este punto nos esperaba el hermanito o hermanita, o nuestra madre, que al pasar la recua nos acercaba el talego, que contenía según la época del año, un trozo de pan, algo de chicha (embutidos), higos secos, almendras o frutas del tiempo, la bebida la conseguíamos al pasar por las diferentes fuentes que emanaban en las balsas, que nos íbamos encontrando a lo largo del camino, no había mucho donde elegir y no se podía ser muy delicado: ¡sabía a gloria!
El precio del acarreo por los años 1928-1930, se pagaba muy mal, pero había que ir, ya que era una fuente más de ingresos, que nos permitía respirar un poco mejor en aquellos tiempos, las primeras cargas a la Estación de Purchena se pagaban a 7 reales de peseta, o sea 1’75 pesetas, aproximadamente 1 céntimo de los Euros actuales, y al “Molino Alconso” se pagaba a 3 reales de peseta, lo que es igual a 0’75 pesetas o a menos de 0’50 céntimos de Euro, o sea una miseria, ya que por cada viaje a la Estación se había de emplear media jornada, unas 5 ó 6 horas. Al “Molino Alconso”, se tardaba en cada transporte, aproximadamente 2 horas.
La economía de todos los habitantes del pueblo y la vida en general, comenzó a girar en torno a las entregas del talco, tanto por lo que se cobraba por la venta del material, como por lo que se conseguía con el acarreo, era muy común el ir comprando cosas en las tiendas del pueblo y pedir al propietario de la tienda que lo apuntase en la cuenta, que cuando el marido o los hijos entregasen el jaboncillo, o se cobrase el acarreo, se saldaría la deuda, ambas cosas iban ligadas, puesto que la compañía que compraba, solía liquidar las dos cosas el mismo día, así pues, todos los tenderos tenían sus libretas de apuntes en las que se anotaban las cosas que se llevaban los convecinos, también se solían saldar las deudas de otras adquisiciones, como casas o animales cuando se cobraba el jaboncillo, era el eje en el cual giraba la vida de nuestro pueblo.
La jornada de trabajo se solía hacer de dos maneras, los que explotaban un pozo o mina, se ponían de acuerdo en como trabajar, para sacarle más y mejor partido a su labor, dependiendo de sus necesidades o disponibilidad de tiempo.
La manera más común consistía en hacer una media jornada, la que se daba por finalizada aproximadamente a medio día, para ir a comer a casa en el pueblo y luego, proseguir por la tarde haciendo las labores propias del campo, casi todo el mundo tenía tierras de labor y animales a los que había que cuidar y sacar el máximo rendimiento, y la otra era, el comer a pie de pozo o mina, hacer un pequeño descanso y seguir picando, sacando talco hasta el atardecer, que se volvía a bajar al pueblo.
Por la mañana bien temprano, a eso de las 05.00 o las 06.00 horas de la mañana, nos levantábamos: un par de manotadas de agua bien fría a la cara para despejarse, preparar el carburo y la merienda o comida, y como primer alimento, para empezar el día, algo ligero, por ejemplo: 2 huevos crudos en un vaso de vino del país y adentro, esto era una de las cosas que solíamos tomar algunos, ya que su preparación e ingestión era rápida y poseía una buena cantidad de nutrientes y proteínas, en los días de mucho frío, según como pintaba la cosa, yo creo más para despejarse y calentar el cuerpo de manera artificial, si se tenía, un vasito de aguardiente del “tío Pepe Castellón”, te ponía las pilas y te quitaba el miedo a salir a la calle, y para arriba vamos.
Casi todos partíamos a buscar y juntarnos con el compañero o compañeros, para hacer el camino más ameno, y conforme íbamos subiendo las empinadas calles del pueblo, los grupos se iban haciendo más numerosos, para tomar la Calle la Sierra, subir por el camino de los Olivos de Bernabé, hasta desaparecer por la Somaíca, para enfilar la Cuesta de los Perigallos y darnos de bruces con el saludo matinal del petrificado e impertérrito, frío y venerado Picachegarre, hoy desaparecido, molido por los de la gravera, sin ninguna clase de miramiento ni compasión, hacia un monumento natural, referente y muy significativo para los somontineros, tras el Picachegarre nuestros ojos se encontraban con la abertura y esplendidez de una sierra llena de agujeros, que como un panal de abejas, nos ofrecía su más preciada riqueza, por su laderas emanaban los restos de la chiscarra y los desechos de sus pozos y minas, en torno a la cual, nos íbamos cada uno colocando en su lugar de trabajo con una gran armonía, para continuar con la labor emprendida el día anterior, había además un buen compañerismo, una gran solidaridad y sobre todo hermandad, todos sentíamos aquello era nuestro, era nuestra vida, nuestra riqueza, nuestro gran tesoro y como buenos hermanos, los somontineros, nos respetábamos y repartíamos todo los que nos ofrecía la sierra.
A media mañana, sobre las 09.00 ó 10.00 horas, según como fuera el trabajo, hacíamos una parada y nos disponíamos merendar nuestro exquisito manjar, una merienda compuesta por un poco de pan, chicha, higos secos, almendras y poca cosa más, y a seguir con la jornada hasta el medio día, sobre las 13.00 horas aproximadamente, era la hora de finalizar, los que se quedaban para continuar por la tarde, sacaban su comida, que consistía en algo más fuerte que la merienda: alguna fritada, huevos cocidos, tortillas, o algo que permitiese su conservación y que aportara las energías necesarias para seguir con el duro trabajo, hasta que el sol comenzaba a decir adiós, y los que acababan sobre esa hora, recogían los bártulos y a caminar para el pueblo, a comer a casa, descansar un rato y a preparar las bestias, que en el campo había faena que estaba esperando.
Cuando se había tenido suerte en la jornada, y se conseguía llegar a una buena veta y sacar una abundante cantidad de jaboncillo, era muy corriente entre los compañeros de trabajo el convidarse, pasar por casa de uno o de otro y tomarse un vasito de vino, había que celebrar la buena suerte y compartir la alegría, más tarde al entregar el jaboncillo, las ganancias del mismo, se repartían a partes iguales.
Cada compañía tenía en Somontín un delegado o persona de confianza, que se encargaba de contratar con los mineros la compra de jaboncillo, el día de la entrega y de realizar las labores de pesaje, recuento o anotación de la cantidad entregada por cada pozo o mina, y más tarde era el encargado de realizar los pagos a los mineros y acarreadores.
En los últimos años de explotación del jaboncillo, en Somontín tenemos como delegados: por la “Compañía de Pepe Oliver” a Luis Galera, por la de “Los Leoneses” a Gregorio Bautista, la de “Diego Ruiz” la representaba Juan “Faustina” Acosta y la de “Echeverrías & Acosta” a otro Luis Galera “el Papa Lis”, que no tiene nada que ver con el otro citado anteriormente.
Éstos y otros que ejercieron esta función, en primer lugar se encargaban de contactar con los mineros para realizar la compra del jaboncillo y de acordar el precio, cuando tenían contratada la cantidad solicitada por la Compañía, se fijaba el día de la entrega, que normalmente coincidía con el de varios pozos y minas, para así hacer también rentable el acarreo.
El día de entrega, el representante se desplazaba a la sierra y se presentaba en el pozo o mina contratada, allí se encontraba con el representante del ayuntamiento y con los propietarios que entregaban y por orden de llegada, una inmensa y larga fila de animales y de arrieros que esperaban su turno para cargar el jaboncillo al animal.
El pesaje se realizaba con una romana, primero se llenaba un esportón de jaboncillo, hasta alcanzar los 50 kgs., se le enganchaban los ganchos (un doble gancho unido a una anilla central, todo de acero), que se colgaba en la romana, ésta a su vez estaba sujeta a una cabria, que se apoyaba sobre tres palos o puntos de apoyo, anclados en el suelo, si faltaba un poco de talco se le añadía al esportón y si sobraba se le quitaba, hasta dar el peso que tocaba.
Cuando se tenía el quintal (50 kgs.) pesado, se vaciaba en un saco y se colocaba sobre uno de los lomos del animal, que esperaba se le colocase otro quintal al otro lado, la carga completa era de 2 quintales (100 kgs.), se amarraba la carga y listo para comenzar el camino. Así, paulatinamente se iban cargando animales, hasta que se acababa en jaboncillo en el pozo o mina, cuando esto sucedía, todo el aparejo de pesaje y el pesador, se desplazaba al siguiente pozo o mina de entrega, que solía estar cerca, se procuraba que esto fuera así, para hacer más rápida y amena la labor.
Cada encargado del pesaje se cercioraba de que el peso fuera el correcto, además apuntaba en una librera las cargas entregadas en cada puesto, cosa que era comprobada a su vez por un responsable del pozo o mina, y el representante del ayuntamiento, que controlaba la producción de cada pozo o mina, para posteriormente, tasar los impuestos municipales que habían de abonar los propietarios de las minas y pozos, con los que prácticamente se cubrían el total de los ingresos municipales, y así estar de acuerdo las tres partes interesadas, esta era una labor muy importante, ya que a la hora del pago también había que estar de acuerdo y por otro lado, en la fábrica o molino de la compañía contratante, había otro responsable que se encargaba de anotar las cargas que llegaban y se depositaban en cada entrega, era un control muy exhaustivo y casi nunca hubo diferencias.
Posteriormente, casi siempre pasado un mes o dos, llegaba el día de pago del jaboncillo a los mineros y a los acarreadores, que se realizaba en la casa de la persona responsable de la compañía en Somontín, era el día grande, el día de poder pagar las deudas, del ahorro o de poder realizar nuevas compras.
Para la extracción del talco de las entrañas de la sierra, utilizábamos diferentes herramientas, según fuese la explotación: pozo o mina, pero en líneas generales los utensilios eran éstos: TORNOS, GANCHOS, CUERDAS O SOGAS, PICOS, AZADA, ESPUERTAS O ESPORTONES, CARBUROS, MARRO, PUNTERO, BARRENA, DINAMITA Y MECHA.
El torno era un aparato o artilugio de madera, de forma cilíndrica, de un grosor aproximado de 25 a 40 cms. y un largo de poco más de 1 metro, situado en la boca del pozo sobre dos puntos anclados en el suelo en forma de cruz, llamados tijeras, sobre las que se sustentaba el torno por su eje central, que era de acero y lo atravesaba de parte a parte, al que a la vez se extendían o añadían los brazos o manivelas, llamadas cigüeñas, para hacerlo girar, servía en primer lugar, para bajar y subir a los mineros, éstos metían una pierna en el fardón y bajaban al fondo del pozo, para proceder a su trabajo, cuando los picadores llenaban las espuertas de jaboncillo, las enganchaban por las asas a los ganchos, que se sujetaban a la cuerda y desde la parte de arriba del pozo, otros compañeros hacían girar el torno, que por un lado iba enrollando cuerda y por el otro la iba soltando, al subir la espuerta cargada de talco hasta arriba del pozo, uno de los compañeros la cogía, la desenganchaba y depositaba el jaboncillo en el montón que estaba situado en la plazeta que se hacía alrededor del pozo, a pocos metros de la boca del pozo, alrededor de este montón se solía poner una base de piedras, para evitar que en caso de lluvia el jaboncillo pudiera ser arrastrado por el agua.
La cuerda que se utilizaba en la extracción del talco, era de esparto y de un grosor bastante estimable, ya que había de soportar mucho rodaje sobre el torno y mucho peso, también tenía un gran longitud, debía poseer más del doble de la profundidad del pozo.
Los picos de los mineros de Somontín, eran de acero, ligeros si se habían de utilizar con una sola mano, éste medía unos 25 cms. de largo y el astil medía unos 50 cms., éste era el más usado y práctico, debido al reducido espacio en el que se habían de emplear, no podían tener unas grandes dimensiones, en ocasiones se podía utilizar un pico más grande, asido con las dos manos y de doble uso, en un extremo acababa en punta y en el otro terminaba en zapa u hoja muy estrecha y cortante, que tenía una longitud de aproximadamente unos 50 cms. y 1,10 metros de astil, que quedaba sujeto al pico por la hendidura central, con éste se conseguía mucha más productividad y mejor desarrollo del trabajo. Se empleaban tanto en la mina como en los pozos.
La azada que se utilizaba, en algunas ocasiones en las minas y pozos era de acero y debido al espacio donde se empleaba, tenía unas dimensiones muy pequeñas y un astil corto de unos 25 ó 30 cms., se empleaba especialmente cuando se iniciaba la explotación para abrir la boca de la mina o pozo y para recoger y llenar la espuerta del material que se había picado.
Las espuertas o esportones, eran unas vasijas pequeñas, hechas de esparto, muy adaptables a las estrechas galerías y trancas, por donde debían en ocasiones arrastrarse llenas de jaboncillo, con una capacidad de un medio quintal, aproximadamente 25 ó 30 kgs..
El carburo era un artefacto con el que nos proporcionábamos la luz dentro del pozo o mina, tenía una forma de cilindro metálico, se desmontaba en dos partes que se unían mediante roscas al girar, en la parte baja se depositaba la piedra de carburo, sobre una capa de cenizas, la parte alta se llenaba de agua, al abrir el paso del agua y entrar en contacto con la piedra de carburo, se producía un gas, que era guiado por un conducto interno hasta la boquilla de salida, que estaba situada en la parte alta exterior del carburo, donde se producía la llama de luz que necesitábamos para trabajar en las entrañas de la tierra, la llama de luz se podía manipular mediante una pequeña rueda situada en la parte alta y externa del carburo, que girando hacia un lado u otro abría o cerraba el paso del agua hacia la piedra de carburo: a más paso de agua, más producción de gas, lo que era igual a más intensidad de llama o luz. Tenía un asa que se sujetaba en los laterales y al asa se le añadía un gancho metálico que servía para colgar el carburo donde más nos convenía para hacer nuestro trabajo.
La piedra de carburo está formada por una combinación de carbono con un cuerpo simple, el carbono cálcico, es de un color gris y se obtiene calentando la cal viva en un horno con carbón, que al entrar en contacto con el agua, reacciona y se produce el acetileno o gas.
El marro era una herramienta que se utilizaba para golpear la barrena y el puntero, cuando se encontraban cantos o vetas rocosas y la única manera de rebajarlos era a base de golpes contundentes, está formado por una pieza de acero macizo de forma rectangular, con un agujero en el centro de su cuerpo, que sirve para sujetarlo al astil, su peso oscila entre unos 5 a 7 kgs.
La barrena y el puntero se utilizaban golpeándolas con el marro, para rebajar las rocas o hacer el agujero donde colocar la dinamita, para abrir la roca a base de barrenos, el puntero y la barrena era de acero macizo.
El barreno o carga de dinamita se utilizaba cuando a base de golpes no se podía avanzar en la extracción del jaboncillo y había que abrirse paso en el interior de la mina de forma contundente, para seguir el camino natural de las vetas del talco, se hacía una agujero en la roca a base de barrena y marro, y en él se colocaba una carga de dinamita, a la que se le conectaban los metros de mecha que fueran necesarios, para asegurarse que la explosión del barreno no alcanzase a los mineros, se prendía fuego a la mecha y al llegar a la dinamita, ésta explosionaba, reventando la roca.
La mecha era un hilo o cuerda fina, de un grosor aproximado de 0,50 cms., de color negro, envuelto y cerrado, en el centro de su interior había un pequeño tubo que estaba lleno de pólvora, a la que se le prendía fuego para que lo transportase hasta la carga de dinamita o barreno para que estallase, la mecha era la línea que marcaba nuestra distancia de seguridad antes de explosionar el barreno.
Si nuestra sierra nos ha proporcionado de forma gratuita una abundante riqueza en jaboncillo, no menos abundante y generosa ha sido su aportación al desarrollo de nuestra vida y existencia con otro producto natural, que ha crecido a lo largo de los siglos en nuestros montes: el ESPARTO.
El esparto es una planta propia de los terrenos esteparios, pertenece al género de las gramíneas y se compone de finas, largas y duras hojas filiformes.
Con el esparto hemos confeccionado los enseres necesarios para poder trabajar y sacar el mejor rendimiento a nuestro trabajo, el esparto ha sido un material económico, ya que no nos ha costado nada, ha nacido en nuestra sierra de forma libre y salvaje, sólo hemos tenido que ir a buscarlo, recogerlo, tratarlo, curarlo, domarle y confeccionar con él nuestros elementos de trabajo como son: cuerdas o sogas, pleitas, serones, cofines, espuertas, barcinas, aguaderas, capachos, albardas, aparejos, cinchas, cestos, paneros, esteras, queseras y sobre todo ha tenido una gran utilidad para la confección de esparteñas con las que poder cubrir nuestros pies, en definitiva ha sido un elemento imprescindible para nuestra forma de vida.
En Somontín hubo épocas que la demanda del esparto fue una fuente de buenos ingresos para muchas familias, su recolección estaba bien pagada y hubo años, que durante meses, muchos somontineros se dedicaban a esta labor, por cierto muy dura y sacrificada, dada la dificultad y esfuerzo que requiere. Nuestro esparto tiene una gran calidad y tenía una gran aceptación en el mercado.
El esparto se arrancaba normalmente con una “maja”, éste era un instrumento muy rudimentario, consistía en un aparato o artilugio de madera, un palo de unos 25 a 30 cms. de largo, que se sujetaba con una mano y con la otra se le enrollaban las hojas de esparto que estaban bien sujetas a la planta y de un fuerte tirón se arrancaban poco a poco las hojas de esparto que quedaban liadas en la “maja” hasta conseguir un manojito, éste se desenrollaba y se volvía a iniciar otra tanda.
También era frecuente el arrancar el esparto con las propias manos de la planta, las hojas ofrecían una gran resistencia y se producían grandes callosidades y cortes al estirar para arrancarlas.
Poco a poco se hacían los manojos de esparto, que se apilaban en montones, luego se cargaban en el burro y para el pueblo, donde se almacenaba, dependiendo del comprador, en un lugar u otro; en un principio se comenzó a vender muy bien en el mercado de Tíjola, que se hace y se hacía todos los sábados, donde se concentraban grandes masas de gentes procedentes de todos los pueblos de alrededor y allí nos desplazábamos los somontineros con nuestro esparto que tenía una gran demanda y aceptación; más tarde, cuando comenzaron a llegar los primeros camiones al pueblo, se concentraba todo el esparto en grandes montañas a la entrada del pueblo, donde venían los compradores y tras su pesaje y fijación de precios, se cargaba en el camión y se lo llevaban a su lugar de destino. Una jornada de esparto duraba de sol a sol.
Cuando el esparto se utilizaba para el consumo propio, o sea confeccionar nuestros enseres, después de haberlo recolectado, se exponía al sol para secarlo y más tarde se sometía a un baño, durante más de 1 mes se sumergía en el agua para curarlo, luego se volvía a secar y por último había que picarlo para domarlo, así se hacía más fácil entrelazar sus hojas para conseguir formar las cuerdas que necesitábamos para nuestros utensilios; para la confección de las pleitas se usaba el esparto totalmente crudo, quedando totalmente rígidas las tiras de pleitas, que más tarde se unían por sus laterales o bordes y se daba la forma que se pretendía sacar de ellas.
Para picar el esparto se usaba la maza, ésta era de madera muy dura, normalmente de olivo o chaparro, un instrumento de forma cilíndrica, de una sola pieza y compuesto por dos partes: el cuerpo de la maza, que tiene una dimensión de unos 30 a 40 cms. de largo, por unos 8 a 12 cms. de diámetro, ésta era la parte que impactaba directamente sobre el esparto, que estaba apoyado sobre una roca o piedra maciza, y de su parte central, unido a la maza haciendo un mismo cuerpo, salía el mango de la maza con el que se sujetaba, tiene unas dimensiones que van de unos 10 a 12 cms. de largo, de unos 5 cms. de diámetro.
En nuestro pueblo había por aquellos tiempos una gran cantidad de muy buenos y verdaderos artesanos en el manejo del esparto para la confección de enseres y utensilios, tenían unos dedos habilidosos que trenzaban mágicamente entre sí las hojas de esparto, cabe destacar a la “tía Carmen la Catas”, que realizaba unos preciosos cestos de peine, que luego artísticamente adornaba pintándolos con vistosos colores, recordar también a “Martirio”, “la Rubia Pandera”, “Ezequiel el Largo”, “los Cañamones”, “Isabel la Ranilla”, “Mercedes la del Tuerto”, “María la Tuerta”, “Dolores la de Juan Pizo”, “los Chatos”, “los Moras”, “el tío Faustino”, “la Geroma”, “los Cachelas”, “Juan Pizo”, “José Mariano” especialista en hacer barcinas, etc., prácticamente todo el pueblo sabía manejarse y defenderse a la hora de trabajar el esparto, pero especialmente la gente de Triana tenía una escuela y un arte muy especial.
El tomillo también se da abundantemente de forma natural y salvaje en nuestra sierra y hubo épocas en que se ha recolectado para su venta, siendo utilizado como condimento o en infusiones antisépticas, en la confección y elaboración de perfumes y licores, es un planta aromática de la familia de las labiadas, de hojas opuestas lanceoladas, de bordes enrollados, con flores diminutas en racimos de color blanco o rosado.
El romero es otra planta que abunda en Somontín y pertenece igualmente a la familia de las labiadas, de hojas compuestas, aromáticas, lineares y de flores azules, se usa en medicina, perfumería y como condimento o aliñe, no ha tenido nunca una demanda aceptable, puesto que abunda mucho en el resto del territorio español.
De nuestra sierra emanan una enorme cantidad de hilos de agua, que brotan por aquí y por allí, dándonos una gran cantidad de fuentes naturales, de las que hemos ido recogiendo sus aguas en balsas para servirnos, en primer lugar, para el uso propio del ser humano: beber y lavarse, y después el que nuestros animales calmasen su sed y nuestros campos fuesen regados, para que nos diesen sus frutos y nos pudiésemos alimentar con ellos.
La fuente más importante que proviene de la sierra es la FUENTE DE SAN SEBASTIÁN, en torno a la cual, se ha construido nuestro pueblo y ha girado desde siempre nuestra vida, pero además de ésta, había una gran cantidad de fuentes que emanaban su preciado liquido pacientemente en balsas, que se iban llenando y luego regaban nuestros campos, nos daban de beber a nosotros y a nuestros animales, fuentes como: “la Fuente el Pino”, “la Fuente los Azes”, “la Fuente la Carrasca”, “la Fuente el Billar”, “la Fuente la Agüilla”, “la Fuente la Cigarra”, “la Balsa de los Cascabeles”, “el Balsón de la Alquería”, “la Balsa de las Tres Escaleras”, “la Balsa el Dingue”, “la Balsa de los Morales”, “la Balsa de los Liberillos”, “la Balsa de los Necios”, “la Balsa Maleno”, “la Balsa de Andrés Padillas”, “la Balsa Santana”, “la Balsa Redonda”, “la Balsa de los Chambas”, “el Balsón del tío Baldomero”, “la Balsa de la Rambla”, “la Balsa Nueva”, “la Balsa el Paso”, “la Fuente el Ciprés”, “la Balsa de los Colomeras”, “la Balsa el Llano”, “el Balsón de Manuel Diego”, “la Balsa San Juan”, “la Balsa el Cortijo Seco”, “el Balsón de los Pérez”, “el Balsón de los Perichas”, “la Balsa Mollina”, “el Balsón de la Cuesta Quinos”, “la Balsa el Rincón”, “el Balsón de José Acosta”, “el Balsón de los Reches”, “el Balsón de la Cañaneos”, “el Balsón de los Ropas”, “el Balsón de la Granja”, etc.
Con la construcción de acequias de cemento y debido también al abandono de las labores del campo y a la falta de cuidado, muchas de estas fuentes, balsas y balsones se han secado y han desaparecido en la actualidad.
Otro de los regalos que nuestra sierra nos ha ofrecido, ha sido la gran variedad de fauna que hemos tenido y de la que nos hemos aprovechado, sirviendo de despensa natural en algunos momentos, aportándonos la caza de los animales criados en la libertad de la sierra, siendo un complemento alimenticio lleno de proteínas, en el que la caza de los jabalís, perdices, conejos, liebres, palomas y otros, se ha realizado constantemente, tanto si ha estado permitida como si ha sido prohibida, la caza se ha realizado siempre y de todas maneras: con escopeta, con trampas, con cepos, con liria, etc., no le hemos dado tregua a los animales que han pasado por nuestra sierra, siempre ha habido algún cazador esperando.
En Somontín a lo largo de los años, han existido muy buenos y nombrados cazadores, voy a citar a unos cuantos, arriesgándome a dejar en el olvido algunos otros que también merecen ser citados, éstos han vivido en diferentes épocas, como por ejemplo: el “tío Verdejo”, el “tío Chimeneas”, el “tío Juan Ollas”, “los Nanos”, José Clotilde, Felipe Rebelles, “el tío Juan Botas”, “los Peneques”, “los Padillas”, “los Canales”, Juan Portal, “el Resina”, “el Marín”, “Clemente el de José Clemente”, etc.
La Sierra de Somontín también ha sido de gran utilidad para el ganado, y a lo largo y extenso de la misma, han pastado enormes cantidades de ovejas y cabras, guiados por pastores enraizados en nuestro pueblo como el “tío Perdío”, “los Chumbeletes”, “los Cachelas”, “los Conchillos”, etc.
La sierra, por último, también ha sido generosa con la aportación de su abundante flora y vegetación, rica, además del esparto, tomillo y romero, sobretodo en chaparros, retamas y pinos, que muchos hemos recogido para calentar nuestras casas en invierno y hacer nuestras comidas y guisos, unos pocos somontineros encontraron en la recogida, casi diaria de leña, su medio de vida, ya que se dedicaban a ello, para así ganarse el pan de cada día, ni mejor dicho, por que los hornos para cocer el pan eran de leña y se necesitaba una gran cantidad de la misma para poder calentarlos y confeccionar tan básico alimento. Era un trabajo muy duro y mal pagado, las manos de los que se dedicaban a este menester, estaban llenas de pinchos y astillas, sangrando en muchas ocasiones.
Los somontineros que se dedicaban a la leña, se tenían que levantar muy temprano, antes del amanecer, desplazarse a la sierra y con la salida del sol, comenzar su tarea cortar y de recoger leña, para estar en el pueblo antes del oscurecer, se amontonaba la leña, se hacían los haces y se cargaban los burros hasta arriba de todo, tan arriba, que apenas se podía ver algo del animal que portaba la carga, por delante de un montón de ramas salía una pequeña cabeza de burro con anteojeras, amarrada de reata al animal que abría el camino y para el pueblo a descargar al horno.
Entre los que más se dedicaron a esta labor de ir a buscar leña, sobre todo al Cañico, cabe citar, a modo de recuerdo y reconocimiento, al “tío Cucalo”, el “tío Paterno”, a Joaquín “Malo” el Hornero, el “tío Emilio Ventura”, el “tío José Isaac” que era de Lúcar, “El Calabazas”, “Gervasio el Perdío”, a “Juan Pizo”, a “Antonio el Cucalo” especialista en aliagas, era casi el único que se atrevía con ellas, etc.
En muchas ocasiones, la leña que recogían los leñadores, los horneros se la canjeaban por pan, a razón de un pan de 2 kilos por una buena carga de leña. También era común el pagar al hornero por la prestación de su servicio, o sea por la cocción de una tabla de pan, lo que era igual a 10 panes, el hornero se quedaba con uno como pago a su trabajo y uso del horno, a esta operación se le llamaba “la polla”.
Después de tantos años, el mundo ha cambiado últimamente de forma vertiginosa y todo lo anterior ya sólo es pasado, no tiene cabida en el mundo moderno, desarrollar una vida como la que nos tocó vivir no hace mucho tiempo, hoy todo es mucho más fácil, más rápido, más rentable, menos duro y sacrificado que antes, pero antes todo era más auténtico y natural, nuestra vida dependía totalmente de la naturaleza, de nuestro ingenio y también un poco de la suerte, no debemos olvidarlo nunca, no debéis olvidarlo tampoco los que habéis tenido la fortuna de venir al mundo en un tiempo lleno de ventajas y posibilidades para el ser humano.
Por esto quisiera proponer a las nuevas autoridades de nuestro pueblo, que en recuerdo y memoria de otros tiempos, de nuestros antepasados, de nuestros medios de vida, se contemple la posibilidad, en un futuro no lejano, de abrir un espacio físico, un lugar donde guardar, almacenar y dar un merecido descanso a nuestras herramientas de trabajo de antaño y que hoy ya no tienen utilidad, un pequeño lugar de nuestro pueblo, donde podamos colocar y venerar los vestigios, recuerdos y utensilios, que nos han servido a generaciones enteras de somontineros, a miles de nosotros, para progresar y avanzar en la vida hasta el día de hoy.
No debemos dejar que se borre de la faz de nuestro pueblo, lo que ha sido nuestro quehacer diario, nuestra lucha constante por la sobrevivencia; he visto con pena como ha caído la almazara de “los Reches”, para convertirse en un simple solar, han desaparecido de nuestro mundo una cantidad de labores y de materiales, de los cuales ya no queda ni el recuerdo, por ello propongo que se estudie la posibilidad de crear en un futuro un museo, para guardar en él nuestro pasado más reciente, en el que colgar de sus paredes nuestras herramientas de trabajo de antaño y todo lo que ya sea sólo pasado y esté irremediablemente condenado al olvido más absoluto.
En Somontín hay un lugar aprovechable, que está en ruinas actualmente, es amplio, espacioso y está lleno de historia: EL MOLINO ALCONSO, y desde hace decenas de años está esperando una nueva oportunidad para demostrar la utilidad de su existencia: ¿por qué no pensarlo?, ¿ por qué no planteárselo?, ¿por qué no aprovecharlo?
¡¡¡Un abrazo con todo mi corazón a todos los somontineros!!!
Palma de Mallorca, julio de 2001
Para muchos somontineros nacidos a finales del pasado siglo XX y los que han iniciado su andadura en esta vida en el presente siglo XXI, el "juego pelota y las mecas", quizá no tenga ningún significado ni sentido para sus vidas y el presente escrito sólo les suene al de unos apuntes que cuentan una historia ajena totalmente a su existencia, pero para otros somontineros que nacimos unos cuantos años antes y que tuvimos la suerte de ver y vivir una actividad lúdica-deportiva-recreativa, que durante los pasados siglos XIX y XX, fue lo que más apasionó a nuestros antepasados, siendo sin duda el acontecimiento deportivo que más nos entretuvo en los días de fiestas y ratos libres del quehacer diario de los somontineros de antaño y que con más significado y arraigo caló en nuestro pueblo, ocupando y entreteniendo a un montón de generaciones de somontineros que vivieron en Somontín a lo largo del siglo XIX y XX, dirimiendo apasionantes encuentros de pelota (mecas), en un frontón atípico en otros lugares de España, pero peculiar y genuino en Somontín y en Tíjola, ya que en otros pueblos de la cuenca del Almanzora no había frontón, por lo que los partidos se jugaban en las paredes más altas y anchas de los pueblos, que normalmente eran las paredes de las iglesias.
El deporte de la pelota o "las mecas" en Somontín, caló hasta la médula espinal de nuestros antepasados, posiblemente vino del norte de España en el siglo XIX, con la incorporación y establecimiento en Somontín de la familia Echavarría, que además ocupó otros espacios en pueblos como Tíjola y la estación de Purchena, aunque no puedo asegurar que fuese así, por no tener constatado este dato, pero hemos de suponer, que esta es la razón más fiable, ya que resulta paradójico, que un deporte típico del país Vasco, se implantase en una zona concreta del sur de España tan recóndita y escondida, al mismo tiempo que en una serie de pueblos del valle del Almanzora donde se practicó durante tantos años.
El Juego Pelota de Somontín, o el terreno donde se practicaba, estaba enclavado en la pared de un cortado, cuya parte frontal quedaba debajo del camino de la sierra, que subía desde el Barrio Santo, entre el barranco de las Mancovas y al otro lado daba con la Cueva de la Arena, el frontón o pared, quedó enclavado debajo de unos corrales de ganado, cuyos últimos propietarios fueron la familia de los Chumbeletes y la parte trasera daba directamente al barranco de las Mancobas.
Este terreno de juego se construyó de forma peculiar, puesto que tenía dos paredes laterales, una daba al Barrio Santo y la otra al antiguo cementerio y olivos del Calvario, hoy ermita de San Sebastián, esto implicaba un cambio sustancial en el desarrollo del juego de la pelota que se practica en Vascongadas, en otras partes del Estado Español y en algunos países y zonas del resto del mundo (para los somontineros, la acción de jugar a la pelota, era jugar a las mecas), ya que en el país Vasco el juego de pelota se realiza en un frontón, que posee sólo una pared lateral situada a la izquierda de los jugadores, quedando libre la parte derecha y se juega a partidos individuales o por parejas, en este último caso, cada equipo está formado por un delantero y un zaguero, éste suele ocupar una posición más retrasada para tomar el juego largo; sin embargo, en Somontín al tener dos paredes: izquierda y derecha, el frontón se practicaba normalmente por equipos de tres, dos delanteros que tomaban cada uno el juego de cada una de las paredes y jugaban más adelantados y un zaguero, que ocupaba la parte de atrás del terreno de juego y solía colocarse en el centro de la cancha, el cual tenía más movilidad y se encargaba del juego largo que podía venirle de ambos lados.
El Juego Pelota que conocimos nosotros en los años que se practicaron las mecas en Somontín, fue construido y formado por una pared frontal alta y dos laterales de cemento y bastante bien alisado, para que la pelota al golpear en la pared saliese despedida sin realizar efectos extraños que despistasen a los jugadores, las dos paredes laterales en principio eran altas e iban bajando altura escalonadamente a medida que se alargaba el terreno de juego, para acabar en una pared final de 1 metro de altura que cerraba el campo de juego y que servía de asiento a los espectadores, que solían colocarse a los alrededores del terreno de juego para ver el desarrollo de los partidos; el piso del juego pelota era simplemente de tierra y los jugadores procuraban quitar todas las piedrecitas que pudiera haber, para evitar posibles botes o efectos extraños de la pelota; en el país Vasco el piso es de cemento y está completamente alisado.
Las dos paredes laterales servían de apoyo al desarrollo del juego frontal, la pelota podía golpear en las paredes laterales antes de impactar en la frontal, o después de haber impactado en la frontal, también hacerlo en la lateral, con lo que se dificultaba la devolución de la pelota y el juego del equipo contrario, por lo que el juego se desarrollaba basándose fundamentalmente en estas dos paredes.
En nuestro juego de pelota había una línea hecha de cemento que sobresalía del resto de la pared frontal y que delimitaba la parte de la pared o zona de juego válida, donde se debía hacer impactar la pelota, y si la pelota golpeaba más abajo de esta línea era tanto a favor del equipo contrario al que últimamente había golpeado la pelota, esta línea quedaba aproximadamente a 1 metro de altura del suelo; en el país Vasco, la línea de delimitación de la zona frontal que da validez al juego, se realiza o delimita, colocando una plancha metálica de unos 10 centímetros, pues si la pelota la toca mínimamente el metal, éste suena fuertemente y es mucho más fácil detectar con el sonido la validez del juego.
En cada partido nos encontrábamos con seis jugadores en el terreno de juego, que formaban parte de dos equipos y los partidos se dirimían al mejor de 3 tandas o juegos, el equipo que primero consiguiese ganar 2 juegos, había ganado el partido; cada juego tenía 12 puntos y para adjudicárselo había que ganarlo por al menos una diferencia de dos tantos, en caso de tener un punto de diferencia a favor de un equipo u otro, había que seguir jugando puntos, hasta que uno de los dos equipos conseguía dos tantos más que el adversario.
Para controlar el juego y dirimir las posibles diferencias e interpretaciones dudosas se disponía de la figura del árbitro, que era de suma importancia y que otorgaba el tanto a un equipo o a otro, según su manera de interpretar, y a veces se contaba con la colaboración del apuntador o ayudante del árbitro, que se encargaba de llevar el marcador de los partidos, anotando en un papel, o haciendo rayas en la tierra del propio suelo del juego pelota, los tantos de cada equipo, según decidía el árbitro.
En Somontín también se admitían otro tipo de partidos con tal de jugar a las mecas, a veces eran individuales, en este caso se realizaba una línea en el suelo, trazada con el propio pie de uno de los contendientes, que delimitaba hasta donde era válida la zona del bote de la pelota, en este caso se utilizaba la parte izquierda del juego pelota, al igual que en el país Vasco, o según el número de jugadores se podían concertar partidas de parejas, tríos, o más componentes, con tal de que jugasen y se divirtiesen un rato todos los que lo deseaban, pero la más peculiar de las partidas estaba compuesta por 3 jugadores en cada equipo y era apasionante verlos jugar, sobre todo los encuentros que se concertaban los domingos al salir de misa, o los domingos por la tarde, en que se elegían los componentes y éstos se retaban a tener un duelo deportivo en toda la regla.
Otra de las peculiaridades y diferencias en el desarrollo del juego de las mecas de Somontín con el País Vasco, era el saque para iniciar cada punto de los partidos, en nuestro pueblo el jugador tomaba la pelota con la mano y desde cualquier lugar del campo podía lanzar la pelota directamente contra la pared frontal, para que a partir del impacto de la pelota en la pared, los jugadores del equipo contrario pudiesen iniciar el juego, golpeando con la mano la pelota y devolverla otra vez contra la pared frontal, se podía esperar que la pelota botase en el suelo o matar el tanto, o sea, golpear la pelota antes de que ésta tomase contacto con el suelo, sólo se permitía que la pelota botase una sola vez en el suelo, para que el juego siguiese adelante, cuando la pelota botaba dos veces o más en el suelo, o golpeaba por debajo de la línea de separación de la pared que demarcaba la zona válida de juego, el punto o tanto era para el equipo que había proyectado en último lugar la pelota sobre la zona válida de juego de la pared frontal.
En el país Vasco el saque para iniciar cada punto del juego, se debe efectuar desde una zona delimitada para realizarlo, marcada por unas líneas blancas pintadas en el suelo, y a una distancia determinada de la pared frontal, el jugador que realiza el saque e inicia el juego, previamente ha de dar un bote en el suelo con la pelota y después la golpea con la mano y así se comienza con el juego en cada punto.
La pelota estaba hecha artesanalmente por los propios jugadores, que antes de comenzar solían sacar varias pelotas, para probar con cual de ellas iban a jugar, éstas eran verdaderas obras de artesanía, su tamaño era un poco más pequeño que el de las actuales pelotas que se emplean para jugar al tenis.
La confección de una buena pelota, que se apreciara para jugar como tocaba en Somontín, se realizaba de la siguiente manera: lo primero que se buscaba era una piedra redondeada del tamaño de una cereza, que servía de eje y que le daba peso y estabilidad a la pelota, a esta piedra se le daban varias pasadas de tiras de goma entrelazadas en sí mismas, procurando darle una ligera tirantez para que la propia goma quedase bien apretada y sujetada, las capas de tira que se les daba a cada pelota podía variar según fuese el grosor de la tira de goma, luego se cubría la goma con unas pasadas de tiras de tela o lana, éstas se cubrían con otras pasadas de goma, se volvía a dar varias vueltas más tela o lana, y al final se rodeaba todo de tiras de cuero y se cosía con hilo fuerte y una aguja alpargatera, si se tenía, y si no, con una normal.
La pelota era totalmente compacta y se intentaba que fuese lo más redonda posible, para quitarle dureza se le daba la última pasada de tela o lana antes de cerrarla con el cuero, con lo que se conseguía además evitar que ésta fuese muy viva y corriera demasiado al impactar en la pared frontal o al botar en el suelo, por regla general el bote, tras su caída de la pared no pasaba de la altura del pecho de los jugadores y si la caída era desde la parte baja del frontón, normalmente tenía un bote suave y lo suficientemente alto, como para que el jugador la pudiese golpear y levantar el juego o marcarse el tanto.
Las gomas para hacer las pelotas, normalmente eran de cámara de bicicleta cuando había, y si no, servía cualquier goma, con tal de que la pelota botase, en algunas ocasiones se aprovechaban los neumáticos viejos o rotos del Chevrolet del tío Fernando Mollina, que los regalaba para que los jóvenes pudieran hacerse las pelotas para jugar y éstos, claro está, se volvían locos de alegría, porque con este material ya tenían para confeccionarse un buen número de pelotas, y ya os podéis imaginar como se las arreglaban, para hacer tiras finas de goma que se pudiesen liar entre sí, porque había que cortar el neumático en tiras finas y éstas laminarlas para que se pudieran manejar.
Los jugadores de mecas en Somontín eran jóvenes ágiles, rápidos, flexibles, fuertes y muy sufridos, jugaban apasionadamente cada punto del juego, capaces de aguantar cualquier esfuerzo y se entregaban por completo al juego, con tal de conseguir ganar al contrario, la mayoría se dedicaban a los trabajos más comunes de cada época en nuestro pueblo, tales como trabajar en las minas y pozos de talco, o en la agricultura en cualquiera de las épocas del año (siegas, siembras, recogidas de frutos, podas, acarreos, labranzas, etc.) y después o entre una larga jornada de trabajo, que comenzaba con la salida del sol, siempre había un rato para pegarle cuatro mecas a la pelota.
Nuestros antepasados no recibían ni una peseta por jugar a las mecas, no tenían marcas deportivas que les patrocinasen, ni equipaciones cómodas y ligeras, se jugaba con lo que se tenía, esparteñas, alpargatas, zapatillas y en muchos casos descalzos, había que guardar el calzado que se tenía para mejores ocasiones o alargar su duración lo máximo posible, por lo que no se podían permitir el lujo de romper su único calzado jugando a las mecas; los pantalones los que se llevaban puestos en ese momento y la camiseta, en invierno hasta entrar en calor, se jugaba con el jersey o la chaqueta que se llevase y cuando se comenzaba a sudar, pues se iban quitando prendas, hasta quedar en mangas de camisa y en verano, pues a pecho descubierto.
Los jugadores practicaban el juego a mano abierta o desnuda, sin ningún tipo de protección, lo que daba lugar a que al finalizar los partidos, las manos presentasen una inflamación extrema, por lo que no se podían doblar los dedos, ya que éstos sufrían una gran dilatación, tanta, que quedaban insensibilizados al dolor, pero al cabo de un rato comenzaban a enfriarse y a volver a su estado natural.
A lo largo de los dos siglos pasados, hubo en Somontín una gran cantidad de excelentes y buenísimos jugadores de mecas, y aunque voy a ser injusto, puesto que no puedo recordarlos y mencionarlos a todos, sobre todo a los que nacieron en generaciones anteriores y me precedieron, y seguro que también me dejaré de nombrar a alguno de los que destacaron en el juego de las mecas, a partir de la fecha en que fluyen mis recuerdos y que por su gran categoría merecerían estar aquí con letras mayúsculas.
Arrancando desde la década 1920 a 1930, los jugadores más sobresalientes fueron Ezequiel "El Largo", Pedro "El Chico", Pedro Pérez, Antonio "El Maestro", Juan Diego y muchos más, ya que por aquel entonces era el único juego que se practicaba en Somontín.
De 1930 a 1940, los más destacados eran Antonio "El Lacre", Baldomero "El Rulo 1.º", José Mesas "El Calzones", Juan Pizo (que era hermano del anterior), Joaquín "El Hornero" y Juan Largo, que también eran hermanos, además de algunos otros.
En la década que va de 1940 a 1950, había una gran cantidad de buenos jugadores, algunos ya desaparecidos y otros todavía en vida, que espero que puedan aportar sabía nueva a este artículo cuando lo lean y enviar más datos, para que nuestro juego de las mecas no caiga en el más completo olvido y siga presente de alguna forma en la memoria de los somontineros del presente y del futuro, recuerdo con gran agrado a mis compañeros de encuentros inolvidables, como lo fueron Juan "El Albañil", Antonio "El Perdío", Joaquín "El Chimeneas", Amador "El Chumbelete", Antonio "El Cano", Antonio "El Faustina", y Baldomero "El Rulo 2.º" (que escribe estas letras).
Los años que van de 1950 a 1960 estuvieron dominados por Anselmo Echavarría, Antonio Acosta, José "El Negrito", Juan "El Chimeneas" y Antonio "El Gallo".
A partir de estos años y debido principalmente a la gran emigración que sufre Somontín, donde un gran número de somontineros sale a buscarse la vida en tierras extrañas, como Alemania principalmente, Francia, Suiza y Luxemburgo, y por otro lado con la salida de muchos jóvenes de Somontín a estudiar fuera del pueblo, primeramente a Almería y Huércal Overa, y más tarde a otros lugares de la geografía española, donde comenzaron a introducir y dar entrada, incorporar e implantar un nuevo deporte para nosotros, hoy en día muy conocido y popular, ni más ni menos que el fútbol, que curiosamente los niños practicaban en el juego de pelota, ya que no tenían campo de fútbol, colocaban dos piedras en cada lado del juego pelota y ya estaban hechas las porterías y a meter goles, que era menos duro que pegarle mecas a la pelota, y aquí se inicia la decadencia del juego pelota y de las mecas, que poco a poco dejó de existir y pasó a mejor vida, transformándose hoy en día en un almacén o sala municipal, tras haber sido tapiado y techado totalmente, de esta manera el juego de las mecas quedó sepultado, acabando por desaparecer totalmente de nuestro querido pueblo.
Quiero hacer mención a otra parte importante de las mecas, como lo fueron los árbitros y los apuntadores, y entre éstos recuerdo a Amador "El Chico", El tío Juan Domene, Amador "El Sardinero", que también fue un gran jugador, Juan "Ollas", José "El Morenillo", etc.
Durante el tiempo que estuvo vivo el juego de la mecas en Somontín y en la cuenca del río Almanzora, se disputaban apasionantes encuentros eliminatorios entre pueblos como Tíjola, Bacares, Suflí, Sierro, Bayarque y Somontín, y después, durante muchos años, se jugaban la final los dos equipos que habían conseguido eliminar al resto de pueblos, ésta tenía lugar siempre coincidiendo con las fiestas de la feria de Tíjola, que era la más importante de la zona y a la que acudía mayor número de personas.
Estas tripletas, competían por algo más que un simple encuentro deportivo, había un trasfondo de orgullo y de amor propio, de lucha reivindicativa, de pasión, que a veces no acaba de la manera más deportiva que se podía esperar, ya que los contendientes se jugaban un prestigio, una admiración y un valor delante de sus paisanos y familiares, y una derrota ante un pueblo rival era casi igual a una deshonra personal.
Los partidos comenzaban siempre con apuestas: el que pierde paga la ronda, o "convidá", como se decía en Somontín, que solía consistir en pagar unos cuantos litros de vino, acompañados de unos garbanzos torrados, o algunos cacahuetes salados, u otra cosa que acompañase al vino y que servía de aperitivo antes de las comidas y cenas.
La "convidá" que se jugaban los equipos en casi cada partido, acababa pagándose religiosamente tras los encuentros por los perdedores, y principalmente acudían a celebrarlo todos los jugadores, ganadores y perdedores, árbitro y apuntador, en un ambiente de gran amistad y compañerismo, en el que siempre salían los comentarios de cómo se había realizado el juego, las felicitaciones a los que habían marcado los mejores tantos y también, como no, se comentaban las discrepancias sobre las decisiones más polémicas que habían transcurrido durante el partido.
En los años anteriores a la guerra civil española los lugares a dónde se iba a poner punto final a los encuentros y a consumar la "convidá", eran a la casa del "Tío Zaradío" y a casa de Juan Galera; y después de la guerra a casa de Gervasio "El Civil", a la casa de Pepe "Jacoba" y a la casa de Juan Echavarría, que eran donde estaban ubicadas las tiendas de comestibles y de otras cosas de lo más variopinto que se pueda uno imaginar, y que además disponían de un bar, donde podían sentarse en unas mesas y consumar tan buen manjar, que tenía un exquisito sabor, sobre todo si pagaba el otro equipo.
Bueno amigos, voy a dar por concluido este relato, que espero que os haya refrescado la memoria a algunos somontineros y a otros os sirva de historia, para que todo esto, algo tan propio y singular para nosotros, como fue el deporte o juego de las mecas, no quede en el olvido.
Antes de finalizar, me gustaría emplazaros a todos los que queráis y podáis aportar nuevos datos que amplíen y mejoren la historia del juego de las mecas en Somontín, para que lo hagáis llegar a los somontineros que se encargan de confeccionar y publicar estas páginas de nuestro pueblo a través de Internet; y emplazar también a todos los que tienen la posibilidad y el acceso a los datos relacionados a ¿cómo, cuándo y quién trae e implanta este deporte o juego en nuestra comarca?, ¿en qué año se construye el juego pelota?, ¿de quién parte la iniciativa?, ya que debe de haber en algún lugar del archivo municipal de Somontín, datos que hagan referencia a este tema, para así dejar constancia a nuestros descendientes de unos años inolvidables e irrepetibles.
Yo sólo he pretendido sacar a luz, algo que fue para nosotros el entretenimiento más común y apasionante de nuestra juventud, y que durante muchos años practicamos un gran número de generaciones de somontineros, y sólo me he basado en unos agradables y dulces recuerdos que viajan por mi memoria, e irán siempre conmigo unidos a un ayer, lleno de valores totalmente distintos a los que ahora tenemos y nos mueven en el inicio de este nuevo siglo y milenio, mis recuerdos, por consiguiente, sólo cubren una pequeña parte de lo que globalmente fue todo lo relacionado con el "El juego pelota y la mecas en Somontín".
Durante los últimos siglos ha sido habitual que los gobiernos encargasen la realización de diccionarios en los que se relacionaban todos los pueblos españoles con datos relativos a población, situación, actividades económicas e, incluso, datos históricos.
El más extenso de todos y, posiblemente también el más conocido, es el de Madoz, realizado a medidados del siglo XIX.
Aquí iremos incluyendo todos los que identifiquemos. Dependiendo del diccionario podemos encontrar más o menos información, en cualquier caso siempre interesante porque se trata de una "fotografía" del año en que se realizó.
Villa de España en Andalucía, en la provincia de Granada, en el Partido de Baza: es pueblo de señorío secular con alcaldes pedáneos.
(Tomo V - Página 402)
Villa secular de España, provincia de Granada, partido de Baza, obispado de Almería. A.P. 212 vecinos, 1050 habitantes, 1 parroquia, 1 posito. Situada al pie de la sierra de Filabres, sobre piedra viva, por lo que suelen decir que este pueblo tiene un enlosado de una pieza. Aquí se halla la piedra de jaboncillo de que usan los sastres y es única en España y acaso en Europa pues solo tenemos noticia de que haya otra cantera, no tan fina ni tan abundante, en Italia. Sirve para barnizar los suelos y paredes de las habitaciones que parecen de estuco o de cristal. Produce trigo, cebada, centeno, maíz, cáñamo, lino, patata, hortaliza y oceite. Industria: fábrica de jabón y molinos. El río Almanzora, que pasa cerca de la Villa, nace á tres leguas de ella, mas arriba de Serón por donde pasa, y luego por Tíjola, Armuña, Purchena, Olula del Rio, Fines, Cantoria, Arboledas, Zurgena, Obera y Cuevas, distante del que más como un tiro de bala. Contribuye 4.550 reales y 24 maravedíes.
(Tomo VIII - Página 323)
Villa secular de España, provincia y a22 leguas al Este de Granada, partido y a 7 leguas al Sureste de Baza, obispado de Almería. Población 698 habitantes. Situada al pie de la sierra de Filabres sobre piedra viva cerca del rio Almanzora. Produce trigo, cebada, centeno, maiz, cáñamo, lino, patatas, hortaliza y aceite. Aquí se halla la piedra de jaboncillo de que usan los sastres y sirve para barnizar los suelos paredes de las habitaciones que parecen de estuco ó de cristal: es única en España acaso en Europa pues solo tenemos noticia de que haya otra cantera en Italia pero no tan fina ni tan abundante. Industria: fábrica de jabón y molinos.
(Tomo IX. Página 180)
Villa de España con 212 vecinos en la provincia y diócesis de Almería, partido judicial de Purchena.
(Tomo Séptimo - Página 89)
Villa con ayuntamiento en la provincia y diócesis de Almería (13 leguas), partido judicial de Purchena (1), audiencia territorial y chancillería general de Granada (23): Situada a 1 legua del Río Almanzora hallándose intermedia la sierra de Filabres, sobre un montecito de poca elevación; la combaten todos los vientos y disfruta de agradable perspectiva y de clima sano. Tiene 191 casas, la de ayuntamiento y cárcel; escuela de primeras letras dotada con 1,100 reales, iglesia parroquial (Anunciación de Nuestra Señora) servida por un cura de ingreso que nombra el ordinario, una ermita (San Sebastián), cementerio en parage ventilado y buenas aguas potables. Confina con Oria por el Norte; Este Urrácal; Sur Purchena, y Oeste Lúcar. El terreno es de mediana calidad, y con abundantes aguas para el riego. Los caminos son locales y de herradura; la correspondencia se recibe de Tíjola. Produce toda clase de granos, aceite, legumbres, frutas y pastos; cría ganados y alguna caza. A 1 legua al norte de la población se hallan canteras de la piedra conocida con el nombre de jaboncillo de sastre que proporciona a los habitantes una grande utilidad con su extracción. Población de 177 vecinos, 710 almas. Capital impositivo para el impuesto directo, 48,239 reales. Capital inditecto por consumos, 12,590. Contribución: 13’53 por 100 de estos capitales.
(Tomo XIV, página 440)
Provincia de Almería. 214 vecinos. 838 habitantes. Distrito electoral: Tíjola. Partido judicial: Purchena. Audiencia: Granada. Capitanía general: Granada. Estafeta por donde recibe correspondencia: Baza.
(Páginas 472-473)
SOMONTÍN
Municipio y villa de Almería, partido judicial de Purchena, a 70 Km de la capital y 8 de la capital de partido donde se halla la estación de ferrocarril más próxima. 831 m de altura sobre el nivel del mar. Extensión de 16,78 Km2. 37° 23' 29" Norte y 1° 18' 00" Este. Habitantes: 996.
El término es accidentado; destacan los cerros Gordo y Benerito. Lo bañan los barrancas Macián y otros innominados. Los terrenos sin cultivar están poblados de pinos, esparto, romero, retama y tomillo. Zorros, tejones, gatos monteses, perdices y conejos.
125 Ha de terreno de regadío, que se riegan con agua de manantiales, producen trigo, viñedo y olivar. El precio de una Ha de esta clase de terreno es de 50.000 pesetas. El secano se destina a trigo y cebada, con los siguientes índices de producción por Ha: Trigo, 9,5 Qm., y cebada, 12. El viñedo de secano ocupa 5 Ha. Ganadería: 67 cabezas de ganado mular, cinco de caballar, 101 de asnal, 210 de cerda, 300 de lanar, 30 de cabrío, 2.000 gallinas, 1.000 conejos y 20 colmenas; hay una granja avícola. Existen minas de talco. La industria cuenta con un molino de aceite, cuatro de harina, dos tahonas y varios talleres de confección de capachos de esparto. Carretera que enlaza con la de Villacarrillo-Huércal Overa. Cartería y central telefónica.
La población es de 1.047 habitantes. Consta el pueblo de 285 edificaciones destinadas a vivienda y 32 a otros usos, en compacto, y 29 a vivienda, en diseminado. Se celebran fiestas el 20 de enero y el 7 de octubre. Existe un cine parroquial. Desde 1940 se han construido un grupo escolar, un edificio para Casa Ayuntamiento, un frontón, casa del médico y una carretera, y se han Instalado el tendido eléctrico y el teléfono. Hay cinco escuelas. Médico. Un párroco. [Datos facilitados por el Ayuntamiento]
Laguna de SOMONTIN
Aflora 500 metros al Noroeste del pueblo de su mismo nombre (Almería.); esteparia, elíptica, de 150 por 100 m y aguas permanentes.
Resultados electorales en elecciones municipales, autonómicas, generales, referendums, ...
Una vez finalizado el escrutinio, el resultado de las elecciones municipales de 2007 en Somontin, ha sido los siguiente:
| 2007 | 2003 | |||
| Total votantes | 424 | 83,30% | 435 | 83,98% |
| Abstención | 85 | 16,70% | 83 | 16,02% |
| Votos nulos | 6 | 1,42% | 5 | 1,15% |
| Votos en blanco | 3 | 0,71% | 1 | 0,23% |
Y los votos obtenidos por cada partido y el reparto de los 7 concejales queda así:
| 2007 |
2003 |
|||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Candidaturas | Votos | Concejales | Votos | Concejales | ||
| PP | 278 | 66,51% | 5 | 266 | 61,86% | 4 |
| PSOE | 123 | 29,43% | 2 | 163 | 37,91% | 3 |
| PA | 14 | 3,35% | 0 | - | - |
- |
Por tanto estos son los concejales que forman el ayuntamiento de 2007 a 2011:
Repite como alcalde por tercera legislatura consecutiva Ramón Rueda Sánchez.
Una vez finalizado el escrutinio, el resultado de las Elecciones Generales del 9 de marzo de 2008 en Somontín, ha sido el siguiente:
| 2008 | 2004 | |||
| Total votantes | 367 | 84,37% | 81,47% | |
| Abstención | 68 | 15,63% | 18,53% | |
| Votos nulos | 0 | 0,00% | 0,00% | |
| Votos en blanco | 1 | 0,27% | 0,27% | |
Y los votos obtenidos por cada partido:
| 2008 | 2004 | |||
| PP | 208 | 56,68% | 162 | 44,38% |
| PSOE | 147 | 40,05% | 194 | 53,15% |
| CA | 3 | 0,82% | 2 | 0,55% |
| IULV-CA | 3 | 0,82% | 4 | 1,10% |
| UPyD | 2 | 0,54% | ||
| PdeAL | 1 | 0,27% | ||
| PSD | 1 | 0,27% | ||
| Verdes | 1 | 0,27% | ||
Una vez finalizado el escrutinio, el resultado de las Elecciones al Parlamento Europeo 2009 en Somontín, ha sido el siguiente:
| 2009 | 2004 | |||
| Total votantes | 300 | 68,49% | 70,13% | |
| Abstención | 138 | 31,51% | 29,87% | |
| Votos nulos | 2 | 0,67% | 0,00% | |
| Votos en blanco | 0 | 0,00% | 0,95% | |
Y los votos obtenidos por cada partido:
| 2009 | 2004 | |||
| PP | 186 | 62,42% | 149 | 47,00% |
| PSOE | 107 | 35,91% | 161 | 50,79% |
| LV | 2 | 0,67% | - | -% |
| PUM+J | 2 | 0,67% | - | -% |
| PSA | 1 | 0,34% | - | -% |
El próximo domingo, 22 de mayo, se celebran elecciones municipales en toda España. Las candidaturas que se presentan en Somontín son las siguientes:
PARTIDO POPULAR (P.P.)
Suplentes:
PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL DE ANDALUCIA (P.S.O.E. de Andalucia)
Suplentes:
Desde aquí invitamos a todos los somontineros a participar activamente de estas elecciones y que elijan al candidato que crean que mejor trabajará por Somontín.
Mucha suerte a todos.
Boletín Oficial de la Provincia de Almería Número 078 - Martes, 26 de Abril de 2011
Con todos los votos escrutados, los resultados de las elecciones municipales del 22 de mayo de 2011 en Somontin, han sido los siguientes:
| 2011 | 2007 | |||
| Total votantes | 436 | 94,17% | 424 | 83,30% |
| Abstención | 27 | 5,83% | 85 | 16,70% |
| Votos nulos | 4 | 0,92% | 6 | 1,42% |
| Votos en blanco | 1 | 0,23% | 3 | 0,71% |
| 2011 |
2007 |
|||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Candidaturas | Votos | Concejales | Votos | Concejales | ||
| PP | 276 | 63,89% | 5 | 278 | 66,51% | 5 |
| PSOE | 155 | 35,88% | 2 | 123 | 29,43% | 2 |
Repite como alcalde por cuarta legislatura consecutiva Ramón Rueda Sánchez.
Felicidades al pueblo de Somontín por esta magnífica participación y al alcalde y al resto de concejales elegidos, a los que deseamos mucha suerte para tomar las decisiones adecuadas que hagan avanzar a nuestro pueblo.
Una vez finalizado el escrutinio, el resultado en Somontín de las Elecciones Generales del 20 de noviembre de 2011, ha sido el siguiente:
| 2011 | 2008 | |||
| Total votantes | 384 | 84,77% | 84,37% | |
| Abstención | 69 | 15,23% | 15,63% | |
| Votos nulos | 1 | 0,26% | 0,00% | |
| Votos en blanco | 0 | 0% | 0,27% | |
Y los votos obtenidos por cada partido:
| 2011 | 2008 | |||
| PP | 225 | 58,74% | 208 | 56,68% |
| PSOE | 140 | 36,55% | 147 | 40,05% |
| IULV-CA | 11 | 2,87% | 3 | 0,82% |
| UPyD | 6 | 1,56% | 2 | 0,54% |
| D.N. | 1 | 0,26% | - | -% |
| CA | - | -% | 3 | 0,82% |
| PdeAL | - | -% | 1 | 0,27% |
| PSD | - | -% | 1 | 0,27% |
| Verdes | - | -% | 1 | 0,27% |