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Artículos de diversa procedencia que tratan aspectos relacionados con la historia de Somontín. En algunos casos se trata de versiones personales de la historia, otras de una trascripción de la historia oral, en definitiva, valiosos textos para conocer el pasado de Somontín.

Somontín nuestro pueblo..., Almería nuestra provincia.

Autor: José Navío Pérez

 

Todos sabemos que esta página esta dedicada en cuerpo y alma a nuestro querido pueblo de Somontín, y no seré yo quién quiera desvirtuar dicha dedicación, muy al contrario, con esto solo pretendo que, conociendo un poco más nuestra tierra, queramos un poco más, si se puede, nuestro pueblo.

Ya se que podéis encontrar en cualquier página dedicada a Almería mucha y más completa información de la que yo voy a daros en estas líneas, pero si con ella, alguien de fuera o algún almeriense, conoce algo mas de ella, me daré por satisfecho.

 


Con una población global de 512.800 habitantes, Almería está situada en el sureste de la Península Ibérica. En la provincia se ubican 102 municipios siendo el censo de la capital de 169.027 habitantes y tiene una extensión de 8.774 kilómetros cuadrados y 219 kilómetros de costa.

Es una de las provincias más montañosas de España, destacando las sierras de Gádor, Los Filabres, Alhmilla, Cabrera y las Estancias, siendo su mayor altitud el pico del Chullo con 2.609 metros y Almirez con 2.519 metros. En cuanto a los accidentes hidrográficos, la surcan varios ríos, siendo los más importantes aunque carentes de caudal, el Andarax que desemboca en la capital y el Almanzora que desemboca en Villaricos.

Almería dispone de tres Parques Naturales: Cabo de Gata-Nijar, Sierra María-Los Vélez y Sierra Nevada.

 

Por situación estratégica en el sureste de la Península Ibérica, Almería ha sido lugar de paso y asentamiento de numerosas civilizaciones. Desconocemos como se llamaban, pero sabemos como vivían y donde, gracias a los estudios realizados de los yacimientos encontrados.

Uno de los yacimientos mas antiguos, data del Neolítico, es el encontrado en la Comarca de los Vélez, del que se conservan importantes muestras de arte rupestre, declarado Patrimonio de la Humanidad. Especial interés tiene la Cueva de los Letreros (Vélez Blanco), donde se encontró una representación del famoso Indalo, figura antropomórfica convertida en símbolo de Almería. Aunque muchos románticos lo quisieron ver como un hombre sosteniendo un arco iris, no es más que un arquero buscando su presa en el cielo.

De la Edad del Cobre o Calcolítico (3.000 a 2.150 a.C.) data la Cultura de los Millares. Yacimientos excavados por los investigadores belgas Enrique y Luis Siret, y que se encuentran en el término municipal de Santa Fe de Mondujar, situados estratégicamente en un espolón de roca entre el río Andarax y la rambla de Huechar.

Se trataba de un poblado de mas de mil habitantes protegido por tres líneas de murallas y torreones. Vivian de la metalurgia, la agricultura, ganadería y de la caza. Construyen grandes necrópolis y exportan sus productos a gran parte de la Península.

Al igual que la Cultura de los Miralles, los hermanos Siret, también hallaron los yacimientos de la Cultura de El Argar, fechada en la Edad del Bronce entre los años 1700 a 1.400 a.C. y que se encuentra situada en el bajo Almanzora. Desarrollan un modelo alfarero característico, el vaso campaniforme. Sus necrópolis evolucionan con respecto a la Cultura de los Millares, a la vez que diversifican la producción agrícola y ganadera.

Desde el siglo VIII a.C. ocupan nuestras costas, civilizaciones del todo el Mediterráneo, prueba de ello son las colonias de Baria (Villaricos) y Abdera (Adra) fundadas por los fenicios. Estas poblaciones fueron importantes centros comerciales y pesqueros que mantenían contacto con navegantes griegos, convirtiéndose en cartagineses cuando la civilización púnica se extendió por el sureste peninsular, hasta que a finales de siglo III a.C. Almería cayó en poder de los romanos.

Los romanos llamaron a Almería Portus Magnus, mencionándola Plinio en su obra, no en vano se convirtió en uno de los puertos más importantes del Sur de Hispania. En Adra y Almería se conservan restos de fábricas de salazones, prueba de un floreciente comercio basado en la producción del garum, salsa a base de pescado y hierbas aromáticas considerada una exquisitez de la época. También se explotaron las canteras de Macael y se fomentó la minería.

Tras la dominación romana, Almería fue ocupada por vándalos y bizantinos, siendo en el año 621 cuando Suintila expulsa a las fuerzas de Bizancio y la integra definitivamente al reino visigodo hasta que, en el año 713 cae el Sureste peninsular bajo el dominio Musulmán.

En la ocupación participaron un número reducido de árabes y beréberes que trajeron consigo la organización sociofamiliar. En los valles de la Alpujarra y en los Filabres se instalaron familias de la península Arábica, mientras que en el río de Almería se instalaron los yemenís.

A lo largo de la etapa de anarquía precalifal, Almería como todo el territorio islámico, se vio envuelta en un torbellino de razas y culturas que se mezclaron, combinaron y hasta combatieron entre si. Durante los siglos VIII y IX, hay pocas noticias sobre nuestras tierras, salvo alguna referencia de la zona nororiental (Los Velez).

El periodo Musulmán se divide en dos etapas separadas por un breve, pero decisivo, periodo de ocupación cristiana. Una ascendente y otra en clara regresión. La primera va desde la fundación oficial de la ciudad de Almería en el año 995 hasta 1147, y la segunda desde 1157 a 1489.

En los antecedentes de la primera etapa se crea un asentamiento en los aledaños de la desembocadura del río Andarax, que en aquella época tenía su boca a la altura de lo que hoy es La Juaida ( sur de Viator). Se trataba de Bayyana, la actual Pechina. Su estratégica posición le permitió convertirse en un próspero centro de comercio que dio origen a la que se dominó República Marítima de Pechina.

Pero no solamente el bajo Andarax prosperó en lo material sino que se convirtió en cuna del más importante sufismo (Doctrina Mística del Islán) ibérico. Por aquí pasaron los últimos discípulos del sufí cordobés. Demasiadas veces pasa desapercibida la importancia del movimiento sufí en Almería, que tanta importancia tuvo no sólo por su propia profundidad, sino por haber aportado muchas de las claves del misticismo cristiano posterior de, entre otros, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

El origen último de Almería capital está en Pechina, pues poco después de su fundación, se creó un asentamiento costero y una atalaya, dependientes de aquella, que recibieron el nombre de Al Mariyya Bayyana. Se ha escrito mucho sobre el origen del nombre de la ciudad y provincia. Los más idealistas pensaban que quería decir en árabe "Espejo del Mar" pero es mucho más probable que provenga de la palabra "al miraya", "torre vigía".

En el año 929 Abderramán III asume el título de Califa de Al-Andalus. Su primera medida es acabar con los desórdenes y hacer efectiva la autoridad estatal. El soberano reunía en su persona todas las funciones y prerrogativas, aunque solía delegar en una jerarquía de visires. El sur de Al-Andalus estaba dividido en coras o provincias, Bayyana pasa a ser cabeza de cora, pero la política de Abderramán frente a los fatimies ascenderá a ciudad la Chanca (hasta entonces barrio de Bayyana), que pronto arrebatará la capitalidad a la cora; nace lo que hoy es la ciudad de Almería, año 955.

No tardó el Califa en elevar la ciudad a la categoría de madina, o ciudad capital, dotándola de los servicios administrativos necesarios y fortificándola con la construcción de la mayor fortaleza árabe en España, la Alcazaba. A partir de entonces fue conocida sólo como Al Mariyya.

La desintegración del Califato de Córdoba en el siglo XI da lugar a los reinos de taifas, entre ellos el de Almería, que tendrá su primer rey en Hayran.

Almería ya es mucho más importante que Bayyana y se convierte en una ciudad de nueva planta califal, dotada de una mezquita mayor (la actual iglesia de San Juan) y un activo puerto, que con los años se convertiría en el más importante de todo AL-Andalus. Este siglo constituye el primer cenit histórico de Almería. Era entonces una ciudad amurallada, con un trazado urbanístico árabe clásico y tres barrios bien diferenciados, el Al Hawad (Aljibe), la Musalla y la Medina.

Se inicia una etapa de prosperidad económica, con especial desarrollo de tres sectores: la industria, el comercio y la agricultura.

La industria se basaba en dos productos: el mármol y las telas de lujo.

Para el comercio lo más importante era su puerto; Almería mantenía relaciones con los demás puertos andalusíes, con el Magreb y con el Oriente mediterráneo, y por él se exportaban la seda, el aceite y la uva.

En el campo de la agricultura, los árabes demostraron ser maestros en estas tierras tampoco fértiles; desarrollaron nuevos sistemas de regadío y aclimataron nuevos cultivos como la caña de azúcar, arroz, algodón, azafrán y numerosos árboles frutales.

Durante la segunda mitad del siglo XI reinó Al Mutasim bilá (1052 -1091), el rey poeta. Fue el monarca más conocido de la historia almeriense y enriqueció la corte con literatos y científicos.

La taifa almeriense terminó con la invasión almorávide, pero la ciudad continuó siendo un auténtico emporio comercial muy codiciado por los cristianos. Es entonces cuando Alfonso VII, el Batallador, con la ayuda de la flota genovesa apoyada por el papa Eugenio III, catalanes, francos y pisanos, decide tomar la ciudad; los ejércitos se hicieron con ella, el 17 de octubre de 1147. La ocupación duró diez años y las consecuencias fueron desastrosas. Huyó gran parte de la población a regiones vecinas y se truncó el desarrollo de la capital y su territorio. Su emporio comercial jamás se recuperó.

Almería es reconquistada por el Islam en el 1157 produciéndose la refundación de la ciudad que había sido semidestruida, con la rehabilitación de las antiguas áreas públicas y la reutilización del puesto.

En el siglo XIII, pasa a formar parte del reino nazarí de Granada, siendo gobernador Abbu-i-Abbas, quien intentó reconstruir la ciudad sin demasiado éxito. Fue en parte responsable de ello una gran sequía que comenzó en el año 1227 y que desestabilizó gravemente la agricultura y el comercio de toda la región.

Hacia el 1381 Almería sufrió una segunda cruzada por Jaime I, y en lo que resta de siglo el reino de Granada se ve sometido a una constante amenaza por el reino de Castilla.

En la frontera murciana las incursiones se intensifican y la familia Fajardo se apodera de las fortalezas del Almanzora. En el reino Nazarí se crean dos bandos, por un lado Boabdil, y por otro Muley Hacen y su hermano Ibn Sad, apoyados por ibn Salim de Almería. Los Reyes Católicos protegen al primer bando, más débil, para facilitar su conquista.

En 1488 capitula Vera, al poco tiempo el valle del Almanzora y en 1489 entran en Almería, cambiando su nombre de Almariyya por el actual.

En principio los moradores conservaron sus bienes, pero a raíz de las revueltas de año 1490, se modificaron los términos de las capitulaciones, al tiempo que se facilitó la llegada de nuevos pobladores. Cristianos y mudéjares coexistieron a duras penas hasta las rebeliones de 1500-1501.

Sofocadas estas revueltas, los mudéjares fueron obligados a convertirse al cristianismo o marcharse. A los que se quedaron se les llamó cristianos nuevos o moriscos y, aunque de puertas para afuera aparentaran estar convertidos, lo cierto es que seguían practicado su religión y modificaron poco sus costumbres.

El morisco continuó siendo un agricultor que trabajaba un policultivo en una pequeña explotación y que obtenía elevados rendimientos. El dominio de las técnicas de regadío les permitían cultivar cereales, vid y hortalizas en campos jalonados por árboles frutales, olivos, morales y moreras. La dimensión de las parcelas en las zonas de regadío tan solo permitían la obtención de lo necesario para el autoconsumo familiar, con excepción de la seda, el aceite y los cereales que se destinaban al comercio.

Hasta el 1568, la población morisca era mayoritaria. En Almería había unas 55.000 personas de las cuales 50.000 eran moriscos. Tan solo hubo comunidades mixtas en Almería, Fiñana, Nijar, Purchena y Velez-Blanco, siendo mayoritarios los cristianos viejos en Vera y Mojácar.

El siglo XVI es el siglo del retroceso y del abandono de la ciudad y de la provincia. Fueron varios los factores que influyeron; en primer lugar, Almería estaba alejada de la ruta comercial americana y vio pasar de largo las riquezas provenientes del Nuevo Continente; en segundo lugar se prodigaron los ataques de los piratas berberiscos y turcos (Barbarroja), los primeros mermaron la población y los segundos la aterrorizaron y obligaron a desplazarse hacia el interior; y por último la sublevación de los moriscos en el último tercio del siglo hasta su expulsión.

Especialmente funesto fue el terremoto del día 22 de septiembre de 1522, que provocó numerosas victimas y afectó sobretodo al sistema defensivo de la Alcazaba y al barrio de la Almedina. El desastre fue mucho mayor por su coincidencia con una epidemia de peste en la ciudad que redujo la población a tan solo 700 habitantes que se asentaron en torno a la catedral.

La Catedral de Almería fue levantada en el año 1496 bajo las órdenes del Cardenal Arzobispo de Toledo D. Pedro González de Mendoza sobre una antigua mezquita, pero el terremoto de 1522 la destruyó completamente y fue entonces cuando Fray Fernández de Villalán, Obispo de Almería, mandó construir la actual, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación.

El largo periodo de paz que se había iniciado en el 1501 quedó interrumpido de forma brusca y dramática en la navidad de 1568, con la sublevación de los moriscos. Estalla la guerra de las Alpujarras.

Las causas fueron múltiples, coyuntura económica adversa, ayuda de los moriscos a los berberiscos piratas, hostigamiento a los cristianos por parte de los monfíes (bandoleros moriscos), conversión de los mudéjares a la religión cristiana, etc., que llevaron a las autoridades cristianas a propuestas durísimas para cambiar las costumbres moriscas, prohibiendo todas sus prácticas tradicionales.

El 24 de diciembre de 1568 los moriscos se levantaron en armas con la elección como rey de Hernando de Córdoba y Valor, natural de Laujar, que adoptó el nombre musulmán de Aben Humeya. La rebelión pronto derivó en una cruenta guerra que se extendió a toda la provincia.

Del lado morisco, a los pocos días, saquearon y quemaron las iglesias y el fanatismo se cebó con eclesiásticos y cristianos viejos que fueron asesinados, no sin antes hacerles sufrir múltiples vejaciones. Son conocidos como "Mártires de las Alpujarras". En el bando contrario, las tropas reales y las milicias urbanas protagonizaron numerosos episodios sangrientos y auténticas masacres, como el exterminio de la población morisca de Enix y Félix y poco después la de Ohanes.

En plena guerra, Aben Humeya asedia Vera, ataca Cuevas del Almanzora y en su retirada se detiene en Purchena donde organiza unos juegos para celebrar el nombramiento de la ciudad como cabeza del valle del Almanzora. Se trataba de unos juegos deportivos y culturales de innegable analogía con el olimpismo. En la actualidad estos juegos han sido recuperados y se vienen celebrando todos los años, gracias al testimonio de Ginés Pérez de Hita, escritor y soldado del marqués de los Vélez.

Vista la gravedad de la situación, el rey Felipe II situó primero al marqués de Mondujar y al marqués de los Vélez al frente de la campaña militar y en el 1569 envió a su hermanastro D. Juan de Austria .

Con las incorporación al conflicto de los ejércitos de D. Juan de Austria, se produjo el cambio definitivo en las hostilidades. En marzo de 1570, Serón, Tíjola y Purchena fueron escenario de un duro asedio por parte de las tropas cristianas, que tras un corto pero fragoso combate pudieron ser conquistados.

Finalmente, con la pacificación, Felipe II decretó la expulsión de los moriscos. Entre junio y octubre fueron deportados unos 50.000 moriscos, el 80 % de la población, de las tierras de Almería hacia Albacete, Jaén, Toledo, Sevilla, y otros lugares peninsulares, aunque no se logró la extinción total.

Al poco tiempo de expulsar a los moriscos se pusieron en marcha las medidas necesarias para repoblar con cristianos viejos los territorios abandonados. La actividad repobladora durará prácticamente hasta finales del siglo XVI.

Se creó el "Consejo de Población" encargado de velar por el adecuado desarrollo de la repoblación, cuya primera tarea fue la de encargar en cada pueblo la realización de un Apeo, en el que quedaran delimitados los bienes rústicos y urbanos confiscados a los moriscos, así como el deslinde y amojonamiento de los términos. El Apeo se consignaría en dos libros, uno de los cuales pasaría al Consejo de Población y el otro quedaría en cada pueblo. En los mismos libros se asentarían luego las tierras y propiedades repartidas a los nuevos pobladores. Se trata de los libros que hoy conocemos como "Libros de Apeo y Repartimiento".

Los lugares de procedencia de los nuevos contingentes de población fueron Murcia, Castilla-La Mancha, Andalucía Occidental, Valencia y en menor medida de Extremadura y Castilla-León. En el Valle del Almanzora predominaron los procedentes de Murcia y de Castilla-La Mancha.

La repoblación no consiguió el objetivo marcado; por un lado, el reducido número de repobladores en relación con la población morisca y por otro la baja cualificación de estos y la inadaptación al medio físico. Pero no solo tuvieron que hacer frente a esto sino que se encontraron con una burocracia corrupta y pequeños grupos de poder que se enriquecieron a costa de sumir a los nuevos pobladores en una situación paupérrima. A esto hay que añadir, el clima de inseguridad creado por los monfíes en las tierras del interior y por los continuos ataques de los corsarios berberiscos que mantuvieron la provincia ensombrecida durante mas de un siglo, siendo una de las etapas más desconocida de nuestra historia.

Los escasos datos disponibles del siglo XVII hablan de una etapa de acusado crecimiento demográfico. Cuando en muchas partes de España las epidemias y las crisis de subsistencias venían a mermar la población, en Almería parece ser de claro aumento demográfico. Se desconocen con precisión las razones que puedan explicar el aumento de la población. Tal vez sea los bajos niveles demográficos de finales de siglo XVI, en una posible corriente migratoria y en la escasa incidencia de las grandes calamidades que azotaron el país durante el siglo XVII.

La economía, que tan mal parada había quedado tras la expulsión de los moriscos y del proceso subsiguiente, también inició una progresiva recuperación.

Las causas que motivaron dicha recuperación las encontramos en un nuevo modelo de agricultura que complementaba el utilizado por los moriscos, nuevas tierras de cultivo y sobre todo la ganadería. Fuera del marco agrícola encontramos otras producciones como la minería y el esparto. La minería experimentó un continuo crecimiento; nuevos yacimientos de plomo argentífero en las sierras de Gádor y Fiñana, alumbre en Vera, Rodarquilar y Abrucena, así como el mármol de Macael, pero mayor importancia en la economía almeriense tuvo el aprovechamiento del esparto, que era exportado a través de los puertos de Almería y Roquetas.

El siglo XVIII, el "Siglo Ilustrado", fue un siglo de recuperación material y de reformismo político. La acción de la Monarquía tuvo efectos positivos para la economía y fomentaron cuantas iniciativas se promovían; cabe destacar las "Sociedades Económicas de Amigos del País", siendo la de Vera una de las pioneras; estas promovían el fomento de la agricultura, el comercio y la educación. En resumen, el Siglo de la Ilustración, fue positivo para Almería pero sin aproximarse a los niveles de otras regiones españolas.

La lenta recuperación iniciada los dos siglos anteriores se rubricó en el siglo XIX. Si a principios de 1800 el territorio almeriense podría albergar unos 170.000 habitantes, en el 1857, cuando se realizó el primer censo de población, Almería tenía 315.000 personas, los que suponía el mayor acelerón demográfico de su historia. Este siglo, también supuso para nuestra tierra la consolidación de la minería y la apertura comercial.

La Guerra de la Independencia no pasó de largo por Almería, fue conquistada por los franceses el 15 de marzo de 1810, no sin resistencia, y estuvieron en ella hasta ser vencidos en la batalla de Arapiles en 1812.

En 1814 vuelve Fernando VII al poder y con él el absolutismo y la derogación de las Cortes de Cádiz de 1812. En este contexto se dio otro de los más conocidos episodios históricos de la capital, la matanza de los "coloraos".

El día 14 de Agosto de 1824 desembarcan en Almería a bordo de un bergantín y un falucho los "coloraos", apodados así porque llevaban uniformes de la marina inglesa de color rojo, un grupo de soldados provenientes de Gibraltar con el ánimo de proclamar la Libertad y restituir la Constitución de 1812. Al fracasar en su intento, el 24 de agosto de 1824 fueron fusilados sin juicio previo, de rodillas y por la espalda, 22 de aquellos liberales, en la Rambla de Belén a la altura de la calle Granada. Años más tarde, se levantó en su honor un monumento en la Plaza Vieja al que se le llamó, y se le llama, cariñosamente el "pingurucho" y que también fue objeto de controversia: destruido en 1943 con motivo de la primera visita de Franco a Almería, no se reconstruyó hasta 1987 y todos los años, el 24 de agosto, se recuerda la hazaña de aquellos luchadores por la libertad.

Tras la caída del trono de la reina Isabel II en 1868, se inició el "Sexenio Democrático" y dentro de este se proclamó la Primera República de la que fue presidente durante un breve periodo de tiempo (18 de julio al 07 de septiembre de 1873) D. Nicolás Salmerón y Alonso, nacido en la entonces llamada Alhama la Seca el 10 de abril de 1837. El motivo de estar en la presidencia del gobierno tan poco tiempo no fue otro que su negativa a corroborar algunas sentencias de muerte dictadas con ocasión de la revuelta cantonal. A su muerte en el año 1909 fue reconocido, incluso por sus adversarios, como un prestigioso político.

La Ley de Ensanche de las Ciudades Españolas de 1864 supuso para la ciudad de Almería un cambio drástico. Fue lo que se ha venido a llamar la evolución de la ciudad conventual a la ciudad burguesa. Almería sale de sus murallas, que terminan siendo derruidas casi por completo y se urbanizan amplios perímetros, se crean nuevas calles y se abre la nueva Puerta Purchena.

El siguiente objetivo era terminar con el aislamiento de la provincia. Para ello se aprobó el Plan general de Carreteras de 1864 que previó la construcción de 526 km., pero la lentitud marcó el proceso de construcción de las mismas que terminaron de hacerse muchos años después.

El puerto fue ampliamente reformado, al que se añadieron los muelles de poniente y levante.

Por otro lado el ferrocarril, tardó algo más en llegar. Los primeros raíles que se pusieron en la provincia entraron por el norte. En 1891 se fundaba la The Great Sourthern of Spain Railway Company Limited, cuya línea unió Los Almendricos con todo el Valle del Almanzora en busca de las excavaciones mineras de los Filabres y Baza. Esta línea de tren uniría más tarde Murcia con Guadix.

No fue hasta 1895 cuando llegó el tren a la capital, buscando lo que sería la salida natural del mineral de hierro de Alquife y del plomo de la sierra de Gador. Se construye un embarcadero de mineral, el famoso Cable Inglés, diseñado por uno de los alumnos de Gustave Eiffel. Fue inaugurado el 27 de Abril de 1904 por el Rey Alfonso XIII. Se cumple por estas fechas el centenario de su inauguración.

A pesar del despegue cultural iniciado en el siglo XVIII con la Ilustración, uno de los rasgos más acusados que sufría la población almeriense en el siglo XIX era el de la extrema incultura, sobre todo en zona rurales. A finales de siglo, Almería encabezaba junto a Granada la lista de analfabetismo en España; el 64% de los almerienses no sabía leer ni escribir, por ello la elevación cultural fue una preocupación permanente de los grupos políticos y sindicales.

La tensión provocada por una superpoblación que había crecido muy rápidamente y unos recursos escasos se reveló dramáticamente con ocasión del decaimiento, lento pero irreversible, de las cuencas mineras de Gádor y Almagrera. Las vicisitudes mineras de finales del siglo XIX , concluyen con la quiebra generalizada de la pequeña minería autóctona del plomo. A esto hay que sumar la crisis agrícola y pecuaria, consecuencia de la caída de las rentas agrarias y el descenso de los precios agrícolas por la competencia de los cereales importados de otros países. La filoxera ataca los parrales de la uva de embarque y los atochales productores de esparto están sobre explotados. Todo esto impulsó la primera gran oleada emigratoria almeriense. El destino de este movimiento será de forma aplastante Argelia, hacia donde se dirigen más del 90% de los emigrantes.

Tras la breve recuperación de los primeros diez años de siglo, quizá debida a una cierta revitalización minera por la explotación de nuevas cuencas dedicadas a la extracción de hierro, Almería sufre una contracción demográfica sin precedentes que más parece el resultado de una catástrofe natural o bélica que la mera manifestación de una virulenta emigración por motivos socioeconómicos. Si bien, esta nueva oleada de emigración transoceánica tiene como destino principal la República Argentina, muchos almerienses no descartaron elegir otros países como Estados Unidos, Brasil, incluso Australia.

Aunque la depresión económica de los años treinta afectó duramente a la provincia, creando dificultades a la agricultura de exportación y acabando con los restos de la minería del hierro, disminuye la emigración en estos años como consecuencia de las medidas de control de los países receptores en unos momentos de desempleo general y en consecuencia de muy poca demanda de la mano de obra extranjera.

Uno de los periodos más negros de la historia contemporánea de España es la Guerra Civil. Almería no iba a quedar al margen. Tanto la capital como la provincia permaneció durante todo el tiempo que duró la misma bajo el mando republicano. Muchos almerienses fueron detenidos y muchos de ellos asesinados. Las victimas eran excarceladas y conducidas a la playa de la Garrofa, a los pozos de Tabernas o al cementerio de la capital y allí les quitaban la vida de múltiples formas. Se trataba, en la mayoría de los casos, de propietarios, militares, comerciantes, y sobre todo eclesiásticos.

También es de destacar el bombardeo que sufrió la ciudad el 31 de mayo de 1937 realizado desde barcos alemanes; cayeron más de 200 proyectiles y murieron 31 persona.

La posguerra fue muy dura para nuestra tierra. El territorio almeriense era el paradigma del atraso. Se había convertido en uno de los símbolos de la España más atrasada, en un momento en que la situación económica general era las más deprimente de todo el siglo. Las labores del campo en los años 40 y 50 eran mayoritariamente de carácter temporal; un gran número de jornaleros solo encontraban trabajo de época agrícola, como la siembra o la recolección.

Pero los habitante de esta tierra, luchadores y aguerridos como ninguno, fueron sobreponiéndose y la mejora del bienestar era su meta diaria. La uva de embarque, el esparto y la minería eran los recursos más explotados.

En estos años surge en Almería lo que se conoce con el nombre de "Movimiento Indaliano" fundado por Jesús de Perceval (1915-1985 - Pintor almeriense más importante del siglo XX) que constituyó en su momento un revulsivo para la sociedad almeriense, siendo determinante para la historia, la vida y la cultura contemporánea de nuestra capital.

Hacia los 60, los escenarios naturales de nuestra provincia, su luminosidad y su diversidad paisajística la convirtieron en un centro vital para la industria internacional del cine. Se rodaron infinidad de películas, de historias bélicas, de aventuras y por supuesto, del Oeste El cine fue un motor que propició la construcción de infraestructuras imprescindibles como carreteras, hoteles y el aeropuerto.

Aunque esta industria repartió trabajo y dinero por la provincia, no llegó para todos y se produjo una última oleada emigratoria con un doble destino: interior uno, hacia Barcelona y sus alrededores y exterior otro, hacia Europa Occidental. Detrás de los saldos migratorios se encuentra la trayectoria vital de unas personas que se habían visto obligados a tomar el aventurado y a veces ingrato camino de la emigración. El origen social de los emigrantes es fácil de imaginar; braceros del campo, mineros, pequeños propietarios etc., todos ellos empujados por las necesidades económicas.

La corriente migratoria se detiene a partir de la crisis de 1973. Los almerienses empiezan a darse cuentan que tienen oro en su tierra; luz, sol, el mejor clima de Europa......., falta agua, se estudia la forma de subsanar esa deficiencia, se aprovecha al máximo la existente y se obtienen resultados asombrosos.

Almería se convierte en una de las zonas más importantes de explotación agrícola de toda Europa. Es conocida en muchos países por la "Huerta de Europa"; el territorio almeriense, tanto en la franja costera de levante como en la de poniente, se configura por miles de hectáreas de cultivo bajo plástico y sistemas de riego por goteo. El invernadero es el modelo de cultivo en la provincia, ya imitado y estudiado por científicos de los cinco continentes.

Otra fuente de ingresos la tenemos en la extracción de piedra natural que ha experimentado en los últimos años una enorme progresión. El mármol de Almería, cuya principal representación en el mercado mundial es la marca Mármol de Macael, adorna palacios, edificios y todo tipo de construcciones en cientos de países de toda la tierra.

Finalmente, hay que destacar el extraordinario desarrollo del sector servicios. Lujosas urbanizaciones costeras en municipios como Roquetas de Mar, El Ejido, Vera, y otros lugares de la costa, con todos los servicios, desde campos de golf hasta puertos deportivos, complejos hoteleros etc..., son ya conocidos en toda España y gran parte de Europa. La otra opción litoral supone la aventura de una multitud de calas salvajes y playas alejadas del ruido urbano, donde todavía se puede convivir con el sonido de la naturaleza y la espectacular mezcla del reino animal, vegetación autóctona. Esto lo encontramos en la Zona Natural de Cabo de Gata-Nijar.

No menos atractiva es la expresión de la tierra almeriense en el interior. Pueblos blancos, bosques de pino, escarpadas montañas y un paraje único en Europa, el Desierto de Tabernas, en los que el turismo rural comienza a ser una industria que mueve muchas familias.

Todo esto unido, ha hecho posible que, en un corto periodo de tiempo, la economía almeriense haya sido destacada como una de las más dinámicas de España, incluso se ha dicho que es la locomotora del crecimiento económico andaluz. El paro ha descendido a cuotas muy bajas (mínimo histórico sobre la población activa registrado en febrero de 2004, el 5,46%), comparable con los índices de Cataluña, País Vasco y Madrid.

Este modelo de desarrollo ha sacado a la provincia de su retraso secular, teniendo en la actualidad un futuro esperanzador siempre que se mantenga la capacidad de innovación y de adaptación mostrada hasta ahora y que se aborden adecuadamente los desequilibrios existentes como el agua, las comunicaciones, la inmigración, la sanidad, y otros que lógicamente irán apareciendo.

Los almerienses nos sentimos orgullosos de ver aquella provincia campesina del esparto, la higuera y la cabra ramoneando cuatro matojos en medio de un secarral, incapaz de dar sustento a sus hijos, convertida en símbolo del bienestar, ímpetu empresarial, y sobre todo, calidad de vida.

 

 

 

 

 

INFORMACIÓN OBTENIDA DE:

"Historia de Almería, Memorias del Tiempo" de Manuel Guerrillero y Catalina Martínez

http://www.indalia.es

www.almería2005.es

www.portalmeria.com

http://es.wikipedia.org

http://www.almeria.net

¿Estuvo Cervantes en Macael y Laroya y otros pueblos del Almanzora en el año 1594?

Autor: Juan Grima
Publicado en La Voz de Almería

 

Me han pedido que escriba de vez en cuando algunas notas de las cosas que investigo sobre el Valle del Almanzora y la comarca de Vera. Me parece bien, me agrada colaborar, pero el problema es el tiempo. De ahí que no me comprometa a nada, aunque bien es verdad que en aquellos momentos en Que tenga huecos, me complacerá la posibilidad de escribir artículos desenfadados, sugerencias, reseñas y otros tipos de aportaciones que redunden en un mejor conocimiento de los aspectos culturales de esta provincia. Con este propósito voy a intentar plantear hoy un tema que puede ser polémico, como es la "probable estancia" durante un par de días de Miguel de Cervantes en nuestra tierra. Este asunto, no recogido en los Anales de Almería, no es la primera vez que se plantea. Ya en el año 1935 el insigne historiador de Cuevas del Almanzora, don Miguel Flores González Grano de Oro (1), sacaba el tema a la luz en una revista de literatura que se editaba entonces en Almería, llamada "Voluntad", y del mismo se hicieron eco otros periódicos de la provincia como el semanario «El Censor» de Cuevas del Almanzora, de 23 de diciembre de 1935.

El artículo mencionado se titulaba «¿Miguel de Cervantes Saavedra en la provincia de Almería?», y a la postre no fue contestado por ningún otro erudito de la época, como a veces solía suceder. Desde entonces, esta primera tentativa de relacionar a Cervantes con Almería ha caído en saco roto, pero puede ser el momento de revivirla.

Grano de Oro, para demostrar su hipótesis aportó un documento procedente del Archivo General de Simancas y existente en la Sección de Contaduría Mayor de Hacienda. El documento - que efectivamente se halla allí - está fechado a 9 de septiembre de 1594, y nombra junto a Miguel de Cervantes a cuatro pueblos de Almería: Laroya, Macael, Fines y Somontín. Veamos a continuación, antes de pasar a su análisis, el contenido de este testimonio cervantino, a fin de que lo conozca el lector.

 

Baza

"En la ciudad de Baza, a 9 día del mes de septiembre de 1594 años, Miguel de Cervantes Saavedra, juez ejecutor por su Magestad en virtud de una Real Provisión librada de los señores de la Contaduría Mayor de Hacienda, su data en Madrid, a 13 días del mes de agosto de 1594 años, la qual esibió e mostró originalmente, de que o el escribano doy fe, e dijo que en virtud de la dicha Real provisión ha venido a esta ciudad a tomar quenta del valor que han tenido este presente año de 94 las rentas de tercias y alcabalas desta ciudad e de las villas e lugares de su juridicción e partido..., e la dicha quenta la hizo con intervención e comunicación del licenciado Antonio de Rueda, alcalde mayor y teniente de corregidor de esta ciudad y su tierra, estando presente Alonso de España, tesorero propietario de la cobranza de las rentas desta ciudad e su tierra e partido, e Gaspar Osorio de Tejada, tesorero nombrado para este presente año..., la qual dicha quenta hizo en forma siguiente: consta de dos partes, o de cargo y data, consistiendo el cargo en una partida de 3.342.320 maravedís por el encabezamiento de las tercias y alcabalas de Baza y de los quatro pueblos de su juridicción Cullar, Zújar, Caniles y Benamaurel correspondientes al mismo año 94; y en otra de 50.812 maravedís por los encabezamientos de Freyla, Roya (Laroya) y Macael (...).

Y adviértese que las alcabalas de Fines y Somontín, aunque se ha hecho diligencia para arrendarse, no ha habido ponedor, porque son lugares que en la nueva población se poblaron e partieron por sierra e marina, e pretenden que sean francos de alcabalas, que está mandado que traigan declaración de su Magestad, y ansi lo declaró Pedro de Medina, escribano de rentas (... ).

... ante Cristóbal Mínguez de Salcedo, escribano del Rey e público del número de la dicha ciudad de Baza y su tierra..., y van estos autos en cinco fojas con esta en que va mi signo. En testimonio de verdad, Cristóbal Minguez, escribano (rúbrica)».

 

El Manco

La veracidad de este documento no ofrece ninguna duda. Como bien es sabido, el Manco de Lepanto vivió largos períodos de su vida en Andalucía. Tanto es así que, desde 1553, cuando éste tenía la edad de seis años, ya tenía con sus padres domicilio en Córdoba, donde residió varios años, pasando luego a vivir en Cabra y después en Sevilla, hasta que finalmente, en 1568, parte para Italia. A partir de entonces permanecerá alejado de nuestros lares debido a su cautiverio en Argel, la publicación en Madrid de La Galatea, y su casamiento en 1584 en un pueblo de Toledo con doña Catalina de Salazar y Palacios. Sin embargo, en 1584 vuelve al Sur y aquí residirá prácticamente hasta el año 1600, teniendo algunas ausencias para ir a la Corte Esta etapa ofrece un gran interés: trabaja primero como comisionado para sacar trigos de Andalucía, luego recabando aceites por algunos pueblos sevillanos, más tarde como alcabalero, e incluso hay un momento - en 1589 - en que pretende marcharse a las Indias, para lo que solicita a Felipe ll un cargo de importancia, que se le denegará.

Ahora bien, a nosotros nos interesa conocer qué fue lo que hizo en 1594 para que su trabajo le trajese hasta el Almanzora. En realidad, éste va a ser su año negro, un año lleno de complicaciones, pero a la vez decisivo y fundamental para Cervantes. Consecuencia de los acontecimientos que padece, será su encarcelamiento en Sevilla durante siete meses, aunque en esa prisión será donde le surja la idea de escribir El Quijote. Pero contemos esto paso a paso.

A mediados de ese año, sin mucho dinero en el bolsillo, sale de Sevilla para Madrid con la idea de procurarse un encargo para trabajar en algún asunto relacionado con la Hacienda Real. Gracias a la influencia de un amigo consigue que lo designen para cobrar impuestos atrasados de algunos pueblos del Reino de Granada. El nombramiento lo recibe a mediados de agosto, y se compromete a finalizarlo en 50 días. Su labor consiste en cobrar una suma de 10.557.029 maravedís pertenecientes a distintas ciudades, entre las más importantes: Granada, Ronda, Laja, Alhama de Granada, Guadix, Baza, Almuñécar, Motril, Salobreña y Vélez-Málaga.

Como observamos, una de las ciudades mencionadas es Baza, y en aquella época el término y jurisdicción de Baza pertenecían dos pueblos del Almanzora: Macael y Laroya. Ambos lugares habían pasado tras la Conquista a convertirse en pueblos de realengo adscritos a Baza, ciudad que nombrará en adelante los cargos publicos, establecerá ordenanzas y explotara parte de los recursos naturales para sus propios. Esta dependencia temporal de Baza, lo será a perpetuidad desde el 20 de noviembre de 1501, fecha en la que los Reyes Católicos donan definitivamente los dos pueblos a ésta, justificando este acto a modo de castigo ejemplar en la comarca, ya que sus habitantes mudéjares se habían sublevado en el otoño anterior del año 1500. No extraña por tanto, por este motivo, que en las tercias y alcabalas de Baza del año 1594 se incluyan las de Macael y Laroya, además de las de los otros pueblos que pertenecían a la tierra de Baza, o sea, Cúllar, Zújar, Caniles, Freila y Benamaurel.

Más problemas suscita la referencia que se hace en el documento a Fines y Somontín, que en 1594, cuando las pudo visitar Cervantes, eran tierras de señorío, y estaban en poder de Galeazo Rótulo Carrillo (2).

En este caso, se comprende que estas villas se negaran a pagar las alcabalas, tanto más cuanto que su repoblación se había efectuado no hacia mucho, la misma estaba poco consolidada, eran señoríos (probablemente estas rentas fueran para el Señor) y se habían repartido como «sierra y marina», lo que llevaba consigo ciertas exenciones.

 

Viaje

Hecha esta aclaración, centrémonos en el viaje. El 7 de septiembre de 1594 Cervantes está ya en Guadix, donde no va a tener ningún problema en cobrar lo estipulado. Dos días después, el 9 de septiembre, está en Baza, donde si va a tener problemas. Aquí fue preciso que andase listo para que no lo engañasen los alcabaleros. Lo cierto es que en Baza cobró dos partidas de alcabalas: una de 3.342.320 maravedís, correspondiente a Baza y a los pueblos de su jurisdicción (Cúllar, Zújar, Caniles y Benamaurel); y otra de 50.812 marvedís del resto de los pueblos de su partido (Freila, Laroya y Macael). Una tercera partida, referida a Somontín y Fines (3), quedó sin cobrar como afirma el documento.

El problema que se plantea es si Cervantes recorrió estos pueblos para recaudar las alcabalas de cada alcabalero local, o bien, si éstos fueron a llevarle los dineros a Baza. Conocer este detalle es fundamental, pero con los datos que poseemos aún no lo podemos discernir, lo que hace obligado una revisión de la documentación existente en el Archivo de Simancas. Según el contrato que formalizó Cervantes antes de salir a esta misión, éste se comprometía a realizar una media de unas 8 leguas diarias a caballo, es decir, a marchar unos 45 kilómetros por caminos de herradura cada jornada, lo que tampoco era ninguna exageración, y estaba dentro de lo normal. La distancia existente entre Baza y los pueblos de Somontín o Macael debía rondar entonces, con aquellos caminos, las 10 leguas, o sea unos 55 kilómetros de ahora. Este trayecto, un tanto excesivo para ser recorrido por un caballo en una jornada, pudo hacerlo Cervantes aprovechando que a principios de septiembre todavía los días eran largos.

Ahora bien, lo que nos lleva a pensar que Cervantes vino al Almanzora fue el impago de Somontín y Fines, puesto que él se había obligado a recaudar todo el dinero que establecía la Real Cédula de 13 de agosto, y en ningún caso podía permitirse el lujo de irse sin cobrarlo todo.

Sabemos por otros estudios, las dificultades que soportó Cervantes a lo largo de estos dos meses en el Reino de Granada, cómo le engañaron también en la ciudad de Granada, donde le dejaron adeudado lo respectivo de la Casa de la Moneda; o en Motril donde su tesorero le mintió, diciéndole que los pagos pendientes habían sido ya satisfechos; y cómo se vio obligado a solicitar de Felipe lI unas prórroga para finalizar los cobros; incluso, cómo después de muchos problemas, antes de partir para Sevilla (por temor a que le roben las grandes sumas recaudadas que lleva encima) le entregó el dinero al banquero Simón Freire, quien al poco tiempo quiebra y huye, circunstancia no menos importante que también acarreará graves consecuencias a Cervantes.

 

Infortunios

A raíz de todos estos infortunios, Cervantes verá la cárcel, porque los números que entrega no cuadran en la desordenada Hacienda Real. El Rey exige la presencia de Cervantes en la Corte para que rinda cuentas, pero el juez sevillano malinterpreta el mandato real y acusa a Cervantes de haberse quedado con dinero, metiéndolo en prisión. En este período tan tormentoso le arrebata la idea de escribir el Quijote que «se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento, y donde todo triste ruido hace su habitación», como escribirá nuestro autor en el prólogo de su obra.

En la investigación que se abrió por el Tribunal de la Contaduría Mayor de Hacienda, que duró desde 1597 a 1603, aparecen testimonios sobre los cobros que hizo Cervantes en el Almanzora. Así, a principios de 1603, Gaspar de Osorio y Tejada, receptor de Baza, entregó a este Tribunal para su descargo una carta de pago que Cervantes le dio en 1594, cuando éste estuvo de comisionista recaudando las rentas de Baza y su partido. A la vista de este documento el Tribunal pregunto a los contadores si Cervantes había dado cuenta de su comisión y satisfecho lo recaudado. En el informe dado por los contadores el 24 de enero de 1603, se dice que en Tesorería constaban las cantidades, pero que aparecía un descubierto de 2.600 reales. Para aclarar esta disparidad se mandó a Don Bernabé de Pedrosa, proveedor general de la Armada, lo soltase de la cancel de Sevilla donde estaba. Así, de este modo, Cervantes salió de prisión y partió para Valladolid, a donde llegó con su familia el 8 de febrero de 1603, y donde finalmente pudo aclarar todo.

Las incidencias que tuvo en Baza con los alcabaleros, y la obligación que tenía de cobrar las rentas del Almanzora debieron llevarle, al menos durante dos días, uno de ida y otro de vuelta, a Somontín, Fines, Macael y Laroya. Pero como he dicho antes, queda la conjetura, y sería preciso confirmarlo con la documentación de Simancas.

 

Notas

(1) Una biografía sobre Miguel Flores G. Grano de Oro en el Estudio Preliminar que realizó en la Historia de Garrucha, Almería, 1989, pp. XV-XXVIII.

(2) Tapia, J.A.: «Los señoríos del Almanzora», Roel, 4, (1983), pp.55-61.

(3) En el Antiguo Régimen, por causas que desconocemos, se produjo una ligazón de los pueblos de la Tierra de Vera y del Almanzora con la ciudad de Baza, al menos en el terreno fiscal. Así hay documentos que nombran a Vera y a Cuevas como Vera de Baza y Cuevas de Baza, como se comprueba en el Diccionario Geográfico de don Antonio Vega, de finales del siglo XVIII. Esto da pie para que las alcabalas de Somontín y Fines también tuviera que recaudarlas Cervantes.