Fiestas y tradiciones

En Somontín podemos agrupar las fiestas en tres tipos diferentes, algunos de ellos mezclados entre sí dentro del mismo día.

Fiestas con un importante contenido tradicional y de cultura propia.

19, 20 y 21 de enero:

Sábado Santo y Domingo de Pascua:

25 de abril:

Noche del 23 al 24 de junio:

Noche del 31 de octubre al 1 de noviembre:

Noche del 12 al 13 de diciembre:

Fiestas con un sentimiento religioso profundo.

20 y 21 de enero:

Entre marzo y abril:

Mayo

15 de agosto y 7 de octubre:

12 de octubre:

24 de octubre:

Fiestas en las que la fiesta es lo que importa.

20 y 21 de enero:

Entre marzo y abril:

15 de agosto (el fin de semana más cercano):

7 de octubre:

24 y 31 de diciembre:

San Sebastián, Patrón de Somontín.

Las fiestas de San Sebastián comienzan para muchos, varios meses antes de enero cuando se reservan algunos días de sus vacaciones para acudir, puntual e infaliblemente, a las fiestas del Patrón de Somontín.

Como parte de la fiesta, varios días antes comienza la Novena en honor a San Sebastián. Durante muchos años se rezaba la novena de San Roque, santo abogado de la peste, igual que San Sebastián en muchos lugares. Desde hace unos años, la Hermandad de San Sebastián ha conseguido encontrar una novena directamente dedicada a su patrón.

Llegada la víspera, el día 19 de enero a última hora de la tarde, se inician oficialmente las fiestas con el Visperón. La Hermandad de San Sebastián reparte vino del país con cacahuetes y garbanzos torrados entre todos aquellos que se acercan al punto de encuentro marcado por la organización. Antes era un buen momento, para hartarse de beber vino gratis, cuando los recursos escaseaban. Ahora es más un momento de encuentro entre paisanos amigos.

Unas horas después, poco antes de la media noche, previo toque de las campanas de la Iglesia, en la Plaza del Mercado comienzan las carretillas. El que entra allí sabe que puede quemarse y es bajo su absoluta responsabilidad. Cientos, miles de carretillas arden sueltas, chocando en las paredes blancas. Detrás de algunas de las ventanas, debidamente protegidas para no quemarse, algunos vecinos y amigos observan el espectáculo. A veces parece hacerse de día cuando coinciden varias docenas de carretillas ardiendo simultáneamente.

Las fachadas marcadas con fogonazos y palillas de vainas vacías que hay que recoger son los únicos testimonios de que durante la noche pasada hubo en esta plaza una batalla campal contra un enemigo invisible.

En ocasiones, alguno de los asistentes ha recordado la fiesta durante los meses que le ha durado la recuperación de los quemados. Afortunadamente las consecuencias suelen ser escasas.

Antes, mientras se tiraban las carretillas se ponía a disposición de los carretilleros o de quienes se atreviesen a permanecer allí, varias arrobas de vino que formaban la Fuente del Vino. Era un buen remedio contra el frío de enero y el miedo al fuego de las carretillas.

Al alba del día 20, día de San Sebastián, comienzan a sonar por las calles del pueblo las trompetas y los tambores. Hasta que no haces la mili no te das cuenta realmente de que se trata de una sintonía prestada. De todas formas, la diana, perdurará en la memoria de los que la han oído desde la cama en la mañana de San Sebastián, como una emocionante melodía. La banda visita las casas de autoridades, amigos y músicos, sin importarle la hora de despertarlos, sabiendo que siempre se abrirá la puerta.

A medio día llega la Santa Misa en honor al Patrón, con sus dianas dentro de la Iglesia, que retumba desde sus cimientos. La procesión, cuando llega a la Plaza del Santo, se detiene, sin prisa, para que todos los mayordomos de la Hermandad de San Sebastián, los actuales y los nuevos para el año siguiente, paseen la Rosca delante del Santo. Acompañados de una pareja de tamborileros rinden culto a su Patrón con una ofreciéndole de forma figurada una rosca de pan. Durante la procesión se han ido tirando roscos de pan desde algunas casas. Esta tradición, ahora anecdótica, era una forma de compartir el pan entre los que menos tenían en un día de fiesta tan señalado.

Ahora hay decenas, quizá cientos, de mayordomos. Antes, sólo cuatro personas eran mayordomos cada año, los cuales sufragaban de su bolsillo los costes de la fiesta, tanto del Visperón como de la Fuente del Vino. Cada año se nombraban con el grito de "mayordomo nuevo para el año que viene", a las dos personas que entraban a formar parte de la Hermandad. En esas condiciones, pocos voluntarios podía haber para estos cargos.

Por la tarde del día 20, comienzan las Relaciones de Moros y Cristianos, una representación en la que se mezcla el auto de fe con el teatro histórico y con la imaginación del autor que engloba diferentes lugares de la comarca dentro de la historia. Unas relaciones divididas en tres actos, uno por la tarde del día 20, otro durante la procesión del día 21, en la que se roba la imagen del Patrón, y una tercera en la que se cierra el acto con la batalla y la rendición del Rey Moro. Gervasio "el Civil" hace 50 años y Antonio Azor en la actualidad dirigen esta obra en la que actúa gran parte del pueblo.

Se repite durante el día 21, día de Santa Inés, la diana, la Misa y la Procesión, sin la Rosca. Por la tarde se adelanta el carnaval y se celebran Los Negros. Disfraces para todos los gustos, unos con más arte que otros, desfilan al son de los tambores por las calles del pueblo.

Tanto el 20 como el 21 hay baile por la noche. Antes el frío atería los dedos de los músicos, y los pies de los bailarines. Ahora, una carpa o el Juego de Pelota, resguarda del duro frío de enero.

La Semana Santa.

La Semana Santa que se celebra en Somontín cumple con creces los objetivos de los mejores ejercicios espirituales.

Todos aquellos que quieren vivir una Semana Santa de recogimiento y espiritualidad pueden encontrar lo que buscan en un buen conjunto de celebraciones.

Lo que no van a encontrar es una Semana Santa de grandes procesiones, de grandes pasos, de "ir a ver", sino que lo que hay es una Semana Santa de participar.

Se mezclan tradición y actualidad, en las celebraciones dentro de la pequeña iglesia del pueblo y por sus calles durante las abundantes y recogidas procesiones, buen momento para buscarse una pareja de igual altura y hacer de costalero improvisado con cualquiera de los pasos a los que se acompaña.

Se acerca a su fin la Semana Santa con el júbilo de la Misa de Pascua del sábado por la noche con su ruidosa traca y finaliza con la quema del Judas el domingo después de Misa.

El Judas, una ceremonia de iniciación.

El Judas es, en la actualidad, es una de las fiestas de jóvenes, y no tan jóvenes, más "sonadas" y con más arraigo en Somontín.

Cada año, los jóvenes y las jóvenes de 17 años, están encargados de organizar el Judas. Son los quintos y las quintas.

Con la ayuda, material y económica de los familiares y amigos, preparan durante semanas los albardines y reviejos que han de servir para vestir los pinos que el Sábado Santo se bajarán de la Sierra. También encargan los cohetes y tracas, cada año más, a los pirotécnicos de los pueblos vecinos, normalmente en Suflí, donde hay una larga tradición en este oficio.

También se hace acopio de coches abandonados y otros utensilios que permitan "decorar" las calles del pueblo.

El Sábado Santo, en medio de una excursión multitudinaria a la Fuente de los Haces, se eligen los árboles a cortar, normalmente dos pinos, largos, derechos y no demasiado gruesos, que se bajarán en el hombro hasta el pueblo. Después de comer, y beber, se organiza la bajada, en sana competencia de un palo con otro, en la que cierto grado de intoxicación etílica ayuda a anestesiar el hombro que soporta el peso de la carga. Son cuatro kilómetros de fiesta, en la que todos colaboran para llegar al destino deseado.

El lugar de reunión está en el que era el Barranco de Triana, ahora canalizado y convertido en parque y explanada. Durante la noche del Sábado al Domingo se ultiman los detalles para que todo salga bien.

Se interrumpen los preparativos unos minutos antes de las doce de la noche para ir a la puerta de la iglesia y, rodeándola de traca y con abundancia de cohetes rabotes, celebrar sonoramente la Resurrección.

De vuelta a Triana, con el Marín como experto artificiero, se preparan los palos con las tracas, cohetes, y alguna que otra sorpresa, y se plantan en el suelo, como si hubiesen crecido allí.

Durante toda la noche, unos años más que otros, los quintos se pasean por las calles del pueblo encargándose de que su vigilia sea compartida por los todos somontineros. Para ello se sirven de cohetes rabotes que, a altas horas de la madrugada, retumban por las estrechas calles del pueblo.

Al amanecer ya están instaladas las aduanas que barran el paso al barrio de Triana, con el objetivo de que todo el que quiera ver el Judas tenga que colaborar "voluntariamente" con los organizadores del mismo. Nunca se cubren gastos.

Después de misa, a eso de la una del medio día, todo el pueblo busca un buen sitio en el muro de Triana para ver como se quema el Judas.

Con la ayuda del Marín, que hasta el final sigue siendo el maestro de ceremonias, el sacerdote que ha celebrado la Semana Santa prende la mecha que inicia la traca y con ello la quema del Judas.

Unos muñecos, bien rellenos de pólvora, suelen iniciar el espectáculo, acabando con la explosión que, para conseguir el aplauso general, ha de cortar la copa de cada uno de los palos.

Ahora es así, aunque no siempre las cosas han sido como las hemos contado:

Con sus diferencias, lógicas algunas de ellas otras menos deseables, el Judas se mantiene, año tras año, como una fuerte tradición en Somontín.

Aunque no conocemos, al menos todavía, el origen de esta fiesta, ni si es autóctona o la hemos importado de otro sitio, desde el punto de vista antropológico, esta tradición coincide con otras muchas extendidas por otras culturas y otros lugares del mundo.

Se trata de una ceremonia pagana de iniciación, en la que los jóvenes de la comunidad dan el paso de niños a hombres. Para ello prueban su fuerza y su valor y plantando en el suelo el árbol más grande que han encontrado, un símbolo claramente fálico, en el que el tamaño es uno de los factores determinantes. Tampoco la época en que se realiza es casual, el equinoccio de primavera, momento mágico en el que los días y las noches son iguales y a partir del cual la luz, el día, empieza a ganar a la oscuridad, la noche.

Posiblemente la utilización de explosivos está relacionada con el uso local de los mismos en las minas y esto ha podido ser una aportación "tardía".

La inteligente incorporación de los ritos y las ceremonias paganas por parte de la Iglesia a sus celebraciones religiosas ha integrado esta fiesta en la Semana Santa convirtiéndola en la derrota del traidor, Judas, que expía su culpa siendo quemado ante el pueblo.

Puede que se trate sólo de coincidencias y esta fiesta naciese así, tal cual, sin más interpretaciones ni simbología oculta. Al final poco importa. No obstante, un pueblo pequeño como el nuestro tiene que cuidar estas tradiciones y potenciarlas como una de sus componentes culturales propias para que siga grabándose en el recuerdo de niños y grandes año tras año.

San Marcos, hornazos y mejerendero.

Somontín, además de haber sido durante un siglo un pueblo minero, es un pueblo agrícola.

Durante siglos la agricultura ha sido de supervivencia, permitiendo pasar el año sin penurias a quienes podían cultivar unas cuantas fanegas de tierra. Algunos de los cultivos han ayudado a compensar los costes de otros, así, se ha vendido uva en algunas ocasiones, almendra en otras, aceite en otras,..., aunque pocas explotaciones han permitido obtener un importante ingreso de sus cultivos.

Ahora han vuelto a resurgir cultivos de antaño, contándose con más olivos plantados que posiblemente haya habido nunca en la historia de nuestro pueblo. También la vid, para la elaboración del vino del país para consumo propio, vuelve a resurgir.

Podemos decir, que los somontineros siguen yendo al campo a cultivar la tierra todos los días rato. Algunos, incluso, algo más que un rato.

Pero hay un día al año, ahora incluso más de uno, en el que la visita al campo no es para trabajar, sino para celebrar una fiesta. Es el día de San Marcos, el 25 de abril.

Es un día de fiesta familiar y entre los amigos en los que se dejaba el trabajo a un lado para disfrutar de la tierra y sus frutos.

Es tal el arraigo de este día entre los somontineros y otros pueblos del Valle del Almanzora, que se decidió que los colegios públicos de varios de estos pueblos lleven por nombre "San Marcos".

Unos días antes de la fiesta se preparan los hornazos, tortas de pan de aceite con uno o varios huevos clavados, almendras y otros adornos que, a modo de mona de pascua, pero sin chocolate, son el plato típico de la fiesta y que se comen como merienda. Los huevos, cocidos con su cáscara, acaban cascándose en la frente del incauto que no se da cuenta que alguien se le aproxima con la mano escondida en la espalda y con una sonrisa burlona. Si te toca, al menos que te den por la punta gorda del huevo, la que tiene la burbuja de aire, porque la fina te asegura un chichón.

No sólo se come el hornazo, sino que, al gusto de cada uno se prepara comida y bebida para que sobre.

Un elemento que no puede faltar, sobre todo si hay criaturas pequeñas, y si no son tan pequeñas tampoco importa, es el mejerendero. Cuando no había columpios, era el único día al año en que una cuerda atada en una rama resistente de un árbol, nos permitía un buen rato de diversión.

En los últimos años, dado que los calendarios laborales no suelen contemplar esta fiesta, acaba duplicándose: el domingo más próximo lo celebran todos y el día de San Marcos aquellos que su ocupación se lo permite. Buena excusa para celebrar dos veces una fiesta.

Mayo, mes de María.

Somontín sigue siendo un pueblo con una gran tradición cristiana. El mes de mayo es una muestra de ello.

Durante todos los días, a primera hora de la mañana, suenan las campanas y convocan en la iglesia a quienes quieren iniciar el día con una oración a la Virgen María, la Meditación.

Por la tarde, antes de la puesta de sol, vuelven a sonar para celebrar las Flores. Como su nombre indica y coincidiendo con unas fechas en las que el campo está floreciendo, se reza el Rosario y se ofrecen a María una oraciones como si de flores se tratase.

San Juan, la noche del agua.

La tradición dice que para estar guapas y guapos todo el año es necesario ir a las doce en punto de la noche de San Juan a la fuente de San Sebastián a lavarse la cara. Al menos así era antes, hace bastantes años.

Ahora, no te lavas la cara, te duchas a base de cubos de agua. No te quedas guapa o guapo, sino que te ponen "bonica" o "bonico".

Con bañador o bikini y un cubo en la mano es el atuendo habitual para acercarse esa noche a Los Caños. Acabas mojado y divertido y te puedes tomar una cerveza a la que te invita el Ayuntamiento.

Mientras en gran parte del Mediterráneo lo celebran con fuego, nosotros, lo celebramos con agua, y eso que no sobra demasiada. Buena forma de comenzar el verano.

Las fiestas del turista.

No es que Somontín sea todavía un pueblo turístico, al menos según el estereotipo que todos conocemos, pero los quinientos habitantes del pueblo se multiplican por tres o por cuatro durante el mes de agosto.

Se trata de los que han tenido que salir de allí para buscarse la vida en otros lugares y que no olvidan sus raíces.

Los que no volvieron para San Sebastián se dan cita en verano.

Muchas veces acompaña el cuñado o los amigos, a los que machaconamente se les ha hablado durante tiempo del pueblo. Normalmente el que viene una vez repite.

Hace ya varias décadas se empezaron a organizar estas fiestas, aprovechando la afluencia de gente, y han acabando siendo las fiestas del pueblo, siempre que San Sebastián permita esta licencia.

Son la fiesta por la fiesta. Un momento para disfrutar de la noche y de los amigos.

Durante los últimos años se aprovecha para enlazar con actos organizados en el ámbito provincial, como cine, teatro,... Al final, más de una semana de fiesta,..., para el que sea capaz de aguantarlas.

El día 15 por la mañana, día de la Asunción, al alba, cuando todavía suena la orquesta en la plaza, comienzan a sonar las notas de la Aurora, una melodía en honor de la Virgen que se toca por las calles de pueblo y que anticipa el Rosario de la Aurora.

La Virgen del Rosario, Patrona de Somontín.

La Patrona de Somontín, junto a San Sebastián, es la Virgen del Rosario.

El día 7 de octubre comienza con la Aurora, igual que el día de la Asunción, el 15 de agosto y sigue con el Rosario de la Aurora por las calles del pueblo.

A medio día se celebra la Santa Misa y la procesión de la Patrona.

Por la noche, la velada se alarga con una orquesta que toca en la plaza del pueblo para que jóvenes y mayores se marquen un pasodoble, un rock o "Paquito el Chocolatero".

Nuestra Señora del Rosario

La Virgen del Pilar.

Desde hace décadas ha habido en Somontín, ya sea en la iglesia o en las dependencias parroquiales, una imagen de la Virgen del Pilar, aunque no ha sido hasta hace unos 15 años cuando se ha retomado con más impulso la celebración de esta fiesta.

Somontín cuenta con una gran cantidad de guardias civiles, por lo que la vocación a la Virgen del Pilar resulta "natural".

Desde hace unos años se celebra esta fiesta, con Misa y Procesión.

Pronto, esperamos, se inaugurará la ermita que se ha construido para albergar la imagen de la Virgen, a punto de finalizarse su construcción.

Los Santos.

El domingo anterior al día de Todos los Santos unos cuantos niños salían pidiendo por las casas para recoger unas pesetas que se destinarían a comprar castañas y, alguna vez, boniatos.

Durante la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre mientras hacían sonar las campanas de la iglesia tocando "a muerto", en recuerdo de los difuntos del pueblo, juntos se los comían lo que habían conseguido días antes.

Entre historias de miedo llegaba la media noche y la hora de volver a casa.

Ahora es Halloween.

Los Santos

Sin saber muy bien por qué, costumbres propias de otras culturas llegan a nuestros pueblos y acaban suplantando a las nuestras.

No estoy seguro, porque hace muchos años que no estoy en los primeros días de noviembre en Somontín, pero con bastante probabilidad, la noche de Halloween con sus disfraces tétricos es mucho más conocida para los niños y jóvenes somontineros que lo que hacían sus padres esa misma noche no hace demasiado tiempo.

El domingo antes del día de Todos los Santos, 1 de noviembre, el grupo de niños que habitualmente hacíamos de monaguillos en misa, que éramos casi todos los que había en el pueblo entre 6 y 15 años, salíamos de casa en casa pidiendo dinero y repartiendo agua bendita con la consigna de la Santa Paz (nunca llegué a saber exactamente de qué se trataba).

No daba la colecta para invertir en bolsa, pero sí para que don Luís Mesas comprase unos kilos de castañas, unas tabletas de chocolate de hacer, algún boniato o simplemente unos bollos de pan de aceite, con lo que cenábamos la noche del 31 de octubre y nos llenábamos los bolsillos para llevar a casa.

Esa noche era especial. La pasábamos en la iglesia, entre la sacristía y el campanario, tocando a muerto. Sí, tocábamos las campanas con el ting-tiang que acompaña a las misas de difunto o avisa de la muerte de alguno de nuestros paisanos. Pero de noche y durante horas. En mi época, hace unos 35 años, a eso de las 12 de la noche parábamos y nos volvíamos a casa, sin embargo me cuenta mi padre que en la suya estaban toda la noche tocando.

Para los que estábamos allí era una fiesta, que casi siempre acababa en película de terror cuando, a los más grandes, se les ocurría empezar a contar historias de miedo.

En aquel tiempo y con nuestra edad no estábamos acostumbrados a ver cine de terror; alguna película a lo sumo, de serie B en blanco y negro, cuando no tenía rombos. Sin embargo, la imaginación no necesitaba demasiados motivos para que una historia fuese realmente escalofriante en aquel ambiente.

Sólo hace falta ponerse en el lugar de una docena de críos dentro de la iglesia, de noche, con el sonido de las campanas de muerto de fondo y alguien explicando una historia que había escuchado contar a sus abuelos, mientras el gracioso de turno apagaba la luz.

Ahora, por mucho menos llevamos a nuestros hijos al psicólogo.

Santa Lucía, la noche del fuego.

El 12 de diciembre por la noche, víspera de Santa Lucía, abogada de la vista, se llenan las calles del pueblo con el olor a boja burrera quemada.

Son las lumbres de Santa Lucía.

El humo de boja burrera, pegajoso y aromático, servía para librarse de los problemas de la vista durante el resto del año.

Cuando el fuego ha consumido el montón de bojas los más atrevidos saltan por encima del rescoldo, unos con un palo a modo de pértiga, otros sin nada, a veces haciendo trampa por el lado más estrecho. No siempre sale bien y, a veces, el olor a goma quemada del calzado del saltarín acaba llenando el ambiente.

Navidad.

La Noche Buena y la Noche Vieja son los días centrales de la Navidad somontinera.

La Noche Buena es el gran día de la cena familiar, de los villancicos, del agüilando, de la Misa de Gallo y de que alguien diga "¡¡¡Pascua es!!!" interrumpiendo al sacerdote. Antes, tras ese grito cantaban "Los Pastorcillos", villancico proscrito.

La Noche Vieja es la de la fiesta con los amigos, la de comerse las uvas, unos en casa, otros debajo de la torre de la iglesia, la de acostarse tarde y, algunos, mal. Final de un año y, a la vez, inicio de otro. Vuelta a empezar.