Don Emilio Jiménez Pérez, obispo somontinero

Don Emilio Jiménez Pérez nació en Somontín el día 11 de octubre de 1863. Fue bautizado dos días después, el día 13 de octubre. Era hijo legítimo de don Estevan Antonio Jiménez Moreno y doña Juana Mercedes Pérez Martínez.

Estudió en Somontín y los dos primeros cursos de latín y humanidades en el Instituto de Almería donde consiguió el título de bachiller en artes. En septiembre de 1876 entró en el Seminario de San Indalecio, donde cursó todos los estudios de humanidades, filosofía y teología. El año 1885 recibió, en el Seminario Pontificio de Granada, los grados de licenciado y doctor en teología y posteriormente la licenciatura en derecho canónico.

Con 22 años, el 24 de abril de 1886, es ordenado como sacerdote.

Fueron muchísimos sus cargos en la diócesis de Almería. Enseñó diversas materias en el Seminario de San Indalecio, incluida la teología dogmática. Impartió también clases en el Colegio de Jesús. Opositó el 1892 a una canonjía de la Catedral de Almería, mereciendo ser aprobado por sus brillantes ejercicios, aunque no obtuvo la plaza. En septiembre de 1895 opositó a la vacante de doctoral, que consiguió brillantemente.

Don Emilio va ganándose la confianza y el respeto de los dirigentes de la iglesia almeriense. Así, en una carta que el obispo de Almería, don Vicente Casanova y Marzol envía el 3 de febrero de 1917 al nuncio de su Santidad en España, monseñor Tedeschini, entre otros asuntos, le dice que aprovecha la ocasión para remitirle la contestación que han dado los ministros a las instancias del diputado don Julio Amando respecto del doctoral, don Emilio Jiménez Pérez.

El 27 de septiembre de 1917 don Vicente Casanova comunicaba al Cabildo oficialmente que el nuncio de S. S. había presentado al doctoral, don Emilio Jiménez Pérez, para ocupar como obispo administrador apostólico la sede de Barbastro. Al día siguiente se celebraba cabildo extraordinario y se expresó al prelado la gratitud y el gozo de la corporación por tal designación.

En noviembre la noticia se había difundido por toda España la noticia como se desprende de una carta al nuncio desde Barbastro insistiéndole en que le mantengan con administrador apostólico. La diócesis, que había sido fundada en el S. XI y después restaurada por Pío V, fue suprimida como tal por el Gobierno el 1851. Su último obispo don Jaime Fort y Puig había muerto el 1855. La Santa Sede la había mantenido con administrador apostólico y después de la salida del último había sido elegido por indicación del nuncio el deán como vicario capitular. El pueblo había hecho un gran esfuerzo depositando en el Banco de España un capital que producía 2.000 duros anuales para la sustentación del prelado.

El 20 de noviembre de 1917 el cardenal secretario de Estado, Gasparri escribe al nuncio Ragonesi acusando el recibo del proceso de don Emilio.

El 26 de enero de 1918 Casanova, en carta al nuncio, le dice que del nuevo administrador apostólico de Barbastro no ha llegado ningún documento oficial de Roma y sigue levantando las cargas de su prebenda en esta Catedral.

Aunque el Cabildo de Almería había sido distinguido en diversas ocasiones con la designación por parte de la Santa Sede de obispos de su seno, no tenemos noticias de que en la Catedral de Almería se hubiese consagrado prelado alguno.

Hasta el día 10 de febrero de 1918, en que se recibieron las bulas con el nombramiento de obispo titular de Antedón, no se hizo pública la noticia. Ese día hubo repique general de todas las campanas de la ciudad. El júbilo fue general en la ciudad y la diócesis. El Cabildo, según la tradición, colocó en su asiento del coro un cojín rojo y acordó regalarle el báculo pastoral. El nuncio, Mons. Francisco Ragonesi, por su parte, fijó para el día 7 de abril la fecha de la consagración episcopal.

Otro tanto ocurría con el anuncio de la venida del nuncio de S. S., que por primera vez en la historia visitaba nuestra ciudad.

El día dos de abril, Mons. Casanova hacía pública una circular en la que anunciaba su gozo de poder celebrar el décimo aniversario de su estancia en la diócesis con la feliz noticia del nombramiento y consagración episcopal del «doctoral de la Catedral, don Emilio Jiménez Pérez, hijo de la diócesis, antiguo alumno y hoy dignísimo Prefecto de Estudios de nuestro querido Seminario». Anunciaba asimismo la llegada inminente del nuncio de S. S.. El día tres La Independencia publicaba un artículo interesantísimo en el que se describe como el Cabildo remozó toda la Catedral y sacristía para tan gozoso acontecimiento. Asimismo habla del báculo pastoral que los capitulares regalaron a don Emilio Jiménez. Había sido forjado en Valencia y remataba con las imágenes de La Virgen del Mar y San Indalecio. Los beneficiados por su parte le obsequiaron con una bellísimas crismeras.

El día cuatro de abril llegó a Almería, en el tren correo, Mons. Francisco Ragonesi, arzobispo de Mira y nuncio apostólico. Fue recibido con toda solemnidad en la estación y se le rindieron honores militares de ordenanza por una compañía con su banda de tambores y cornetas. Acudieron con el prelado todas las autoridades y representaciones oficiales y muchísimos fieles. Recorrió las principales calles de la ciudad que estaban profusamente engalanadas. A la llegada al templo Catedral fue recibido por el Cabildo. Entró bajo palio. Se cantó solemne Te Deum por la capilla de la Catedral acompañada de orquesta. Esa noche la banda municipal dio un concierto extraordinario en la plaza de la Catedral.

Terminado el acto el nuncio se dirigió al palacio episcopal donde se tuvo la recepción oficial. La plaza y calles cercanas estaban repletas de fieles. Hubo un gran entusiasmo cuando el nuncio apareció en el balcón de palacio, desde donde impartió la bendición a los fieles que le aclamó con entusiasmo.

Con el nuncio apostólico llegó el obispo de Barcelona, Mons. Reig y Casanova. Era persona muy querida en la ciudad y por los sacerdotes de la diócesis. Venía para ser el prelado asistente del principal consagrante. Todos recordaban a aquel gran obispo que, terminados sus estudios de abogacía y renunciando a todo lo humano, vino desde Valencia atraído por el inolvidable obispo Orberá, cursó sus estudios teológicos en nuestro Seminario de San Indalecio. Aquí en Almería recibió todas las órdenes sagradas y fue profesor de historia eclesiástica. Habiendo coincidido en el seminario por el mismo tiempo con don Emilio Jiménez, era natural se uniese en momento tan especial.

El domingo, día 7 de abril de 1918, se celebró en la Catedral la consagración de don Emilio Jiménez. La Catedral estaba espléndidamente engalanada. El Cabildo adelantó el rezo de las horas canónicas y pasó a palacio a recoger a los obispos. Desde el palacio a la Catedral se hizo la solemne procesión de entrada, en la que tomaron parte con el Cabildo y beneficiados, el seminario y clero de la diócesis. Apadrinaron al nuevo obispo don Juan de la Cruz Navarro y doña Josefa Padilla Sánchez, viuda de Gay.

Como queda dicho, actuó de consagrante el nuncio Mons. Francisco Ragonesi, arzobispo de Mira y los obispos de Almería y Barcelona, Mons. Vicente Casanova y Marzol, y Mons. Enrique Reig Casanova. Con mucha dificultad se dirigió la procesión a la capilla del Sagrario, desde donde, después de orar breves instantes, se dirigieron al altar mayor. La Catedral estaba abarrotada, quedándose muchos fieles fuera.

Además de todas las representaciones oficiales hay que destacar, con las representaciones del Cabildo y Ayuntamiento de Barbastro, a don Joaquín Juste, canónigo de Zaragoza y a los ilustres almerienses, don Federico Salvador, canónigo de Guadix y don Miguel Sirvent y López, doctoral de Valencia y lectoral famoso que había sido de nuestra Catedral.

Después de la solemnísima ceremonia en la que actuó la capilla de la Catedral a toda orquesta, con gran dificultad, el nuevo consagrado pudo dar la bendición, dando la vuelta por las naves. Al final y durante una hora se celebró el besamanos.

Después de la comida en casa de la madrina, se hizo una escapada obligada a Pechina, donde se recuerda la primera sede de Urci y donde estuvo sepultado San Indalecio hasta su traslado al Monasterio de San Juan de la Peña. Impresionante y solemne.

Esa misma tarde se celebró un acto brillantísimo en la iglesia del Colegio de la Compañía de María, donde está sepultado el fundador inolvidable obispo Orberá y donde desde el primer momento don Emilio Jiménez había sido el capellán y director espiritual. Es justo dejar constancia de las personalidades que intervinieron. Abrió el acto el alcalde de la ciudad don José Muñoz Calderón. Intervinieron también don David Esteban, abogado y poeta y el famosísimo literato don Antonio Ledesma Hernández. Además de las actuaciones de la schola cantorum del seminario merece destacar las de los sacerdotes don Víctor Lozano Díaz, don Domingo Sebastián Caparrós y el penitenciario de la Catedral don Joaquín Peralta Valdivia.

Las autoridades militares retrasaron al día 8 de abril la jura de bandera de los soldados del Regimiento Córdoba. Se tuvo a las 10 de la mañana en la plaza circular ante la estatua de la Caridad. Celebró la misa don Vicente Casanova y Marzol, y asistieron todos los señores obispos y el nuncio.

El día 9 los prelados y el nuncio se dedicaron a recorrer todos los centros benéficos de la ciudad, los conventos y los colegios todos. El día 10 de abril, después de una visita del nuncio a la Catedral y de reunirse con los señores canónigos en la sala capitular, partió para el puerto. El ministro de Marina puso a disposición del legado pontificio, Mons. Ragonesi, el buque de la escuadra Almirante Lobo. Acompañado del obispo de Barcelona, Mons. Reig, zarpó rumbo a Melilla, para desde allí dirigirse a Ceuta y Cádiz. Fue emocionante y cálida la despedida que a ambos prelados se dispensó 131.

Don Emilio Jiménez celebró su primera misa pontifical el día uno de mayo en la iglesia del Colegio Compañía de María y el día 15 de mayo, fiesta de San Indalecio, también de pontifical en la Iglesia Catedral. En ambos actos estuvo auxiliado por los señores capitulares. El día 20 partió para Barbastro acompañado de su secretario, don Andrés Castejón Jiménez, y de su gran amigo el párroco de San Sebastián don Pío Navarro. El día 26 de mayo, fiesta de la Santísima Trinidad, hacía su entrada solemne en la Catedral de Barbastro.

Cuando Mons. Casanova, en 1921 iba a dejar la diócesis de Almería, se tuvo en consideración que fuese don Emilio Jiménez el sustituto. Para ello hubo una interesante documentación dirigida desde Almería a Tedeschini, rogándole insistentemente para que la vacante de Casanova fuera cubierta por el administrador apostólico de Barbastro, don Emilio Jiménez Pérez, considerado un ilustre almeriense.

Los padrinos de la consagración episcopal de don Emilio, don Juan de la Cruz Navarro y doña Josefa Padilla Vda. de Gay, dirigen una emotiva carta a Tedeschini el día 13 de enero de 1821. En ella hacen una exposición de cuál es el sentir del pueblo de Almería. En el mismo sentido se envían telegramas y cartas por diversas personalidades almerienses. Cabe destacar el telegrama que firman conjuntamente don Luis Sanz Matamoros, gobernador civil, don Ambrosio Mena, presidente de la Diputación y don Carlos Granados, alcalde de Almería, así como el que firma Walter Mactéllan y la carta de la Cámara Oficial Agraria que firma don Francisco Rovira Torres.

La respuesta a todos ellos por parte del nuncio Tedeschini es que por su parte no había ninguna dificultad, pero que la presentación correspondía al Gobierno. Parece ser que era una respuesta sincera y no simplemente diplomática.

Finalmente no se produjo vacante en Almería y don Emilio Jiménez no alcanzó a ocupar ese puesto.

Siendo Obispo Administrador Apostólico de Barbastro, Emilio Jiménez Pérez, con fecha de 12 de noviembre de 1918, emitió un certificado en el que concedía su conformidad para el ingreso en el Seminario de Logroño de Josémaría Escribá de Balaguer, que posteriormente fundó el Opus Dei, a la vez que le concedía el Exeat, el permiso para cambiar de diócesis, por el que transfería su jurisdicción por razón de origen al Obispo de Calahorra.

El 21 de octubre de 1926, con 63 años, aún como Obispo Administrador Apostólico de Barbastro, fallece don Emilio Jiménez Pérez después de haber sido sacerdote durante cuarenta años y obispo durante los últimos ocho.