Somontín aquí y allí

Autor: Rodolfo Puigdollers (PP. Sch. Rector de la Parroquia de Santa Maria del Jaire de la Torreta)
Publicado en: Revista El Somontinero

Mi visión de Somontín. Yo conocí Somontín desde aquí, desde Granollers, desde la Torreta. Porque un pueblo no son sólo sus casas, sino sus gentes; no son sólo sus aires, sino su modo de afrontar la vida; no son sólo sus cantares, sino el ritmo de su tiempo.

Conocí Somontín aquí, en la amistad cálida, sencilla y hogareña de los que allí habían nacido. Conocí Somontín aquí, en la alegría de sus risas y su gusto y facilidad por el canto. Conocí Somontín aquí, en la religiosidad profunda de los creyentes.

Por eso, sin haber estado aún en el pretil y sin haber comido aún migas, sabía que allí, a una distancia de muchos quilómetros, había un lugar pequeño, concreto, preciso, en donde, bajo el monte, se encontraba el hogar, la fuente, la iglesia de donde todo esto nacía. Sí, sabía que había de haber una lumbre hogareña que recogía la familia y que, entre olores de humo, unía los corazones y hacía ver la vida como refugio de hogares, con la puerta sin cerrojos. Sabía que había de haber una fuente, unos caños, un lavadero, donde la palabra se convirtiese en canto y el ruido del agua en música. Sabía que había de haber una iglesia donde el misterio profundo de la vida, del universo y de Dios se hiciera sencillo como en el portal de Belén. Oía la voz de la madre enseñando a rezar a sus hijos, oía la voz del catequista haciendo crecer a los niños, oía la voz de un sacerdote santo abriendo los corazones a la Trinidad, a la Eucaristía, a la Virgen María.

Luego, he estado allí, tres veces. Y sí, lo he visto, no era un sueño: no hay frutos sin árboles, no hay río sin origen, no hay cristiano sin bautismo. Allí estaba el porche, el balcón, los caños, el jaboncillo, las minas, el vino nuevo, las migas, la Virgen de los Dolores, San Sebastián, Santa Inés. Somontín existe y, en su sencillez y sus limitaciones, puede vanagloriarse de haber sido, y ser, un pueblo humilde, hogareño, alegre, con un profundo sentido de la existencia. Y de esto, haberlo sabido transmitir a sus hijos. Y de haberlo hecho participar a sus amigos.