El Juego Pelota de Somontín y las mecas

Autor: Baldomero Oliver Navarro
Palma de Mallorca, julio de 2001

 

INTRODUCCIÓN

Para muchos somontineros nacidos a finales del pasado siglo XX y los que han iniciado su andadura en esta vida en el presente siglo XXI, el "juego pelota y las mecas", quizá no tenga ningún significado ni sentido para sus vidas y el presente escrito sólo les suene al de unos apuntes que cuentan una historia ajena totalmente a su existencia, pero para otros somontineros que nacimos unos cuantos años antes y que tuvimos la suerte de ver y vivir una actividad lúdica-deportiva-recreativa, que durante los pasados siglos XIX y XX, fue lo que más apasionó a nuestros antepasados, siendo sin duda el acontecimiento deportivo que más nos entretuvo en los días de fiestas y ratos libres del quehacer diario de los somontineros de antaño y que con más significado y arraigo caló en nuestro pueblo, ocupando y entreteniendo a un montón de generaciones de somontineros que vivieron en Somontín a lo largo del siglo XIX y XX, dirimiendo apasionantes encuentros de pelota (mecas), en un frontón atípico en otros lugares de España, pero peculiar y genuino en Somontín y en Tíjola, ya que en otros pueblos de la cuenca del Almanzora no había frontón, por lo que los partidos se jugaban en las paredes más altas y anchas de los pueblos, que normalmente eran las paredes de las iglesias.

El deporte de la pelota o "las mecas" en Somontín, caló hasta la médula espinal de nuestros antepasados, posiblemente vino del norte de España en el siglo XIX, con la incorporación y establecimiento en Somontín de la

familia Echavarría, que además ocupó otros espacios en pueblos como Tíjola y la estación de Purchena, aunque no puedo asegurar que fuese así, por no tener constatado este dato, pero hemos de suponer, que esta es la razón más fiable, ya que resulta paradójico, que un deporte típico del país Vasco, se implantase en una zona concreta del sur de España tan recóndita y escondida, al mismo tiempo que en una serie de pueblos del valle del Almanzora donde se practicó durante tantos años.

 

EL JUEGO PELOTA O FRONTÓN

El Juego Pelota de Somontín, o el terreno donde se practicaba, estaba enclavado en la pared de un cortado, cuya parte frontal quedaba debajo del camino de la sierra, que subía desde el Barrio Santo, entre el barranco de las Mancovas y al otro lado daba con la Cueva de la Arena, el frontón o pared, quedó enclavado debajo de unos corrales de ganado, cuyos últimos propietarios fueron la familia de los Chumbeletes y la parte trasera daba directamente al barranco de las Mancobas.

Este terreno de juego se construyó de forma peculiar, puesto que tenía dos paredes laterales, una daba al Barrio Santo y la otra al antiguo cementerio y olivos del Calvario, hoy ermita de San Sebastián, esto implicaba un cambio sustancial en el desarrollo del juego de la pelota que se practica en Vascongadas, en otras partes del Estado Español y en algunos países y zonas del resto del mundo (para los somontineros, la acción de jugar a la pelota, era jugar a las mecas), ya que en el país Vasco el juego de pelota se realiza en un frontón, que posee sólo una pared lateral situada a la izquierda de los jugadores, quedando libre la parte derecha y se juega a partidos individuales o por parejas, en este último caso, cada equipo está formado por un delantero y un zaguero, éste suele ocupar una posición más retrasada para tomar el juego largo; sin embargo, en Somontín al tener dos paredes: izquierda y derecha, el frontón se practicaba normalmente por equipos de tres, dos delanteros que tomaban cada uno el juego de cada una de las paredes y jugaban más adelantados y un zaguero, que ocupaba la parte de atrás del terreno de juego y solía colocarse en el centro de la cancha, el cual tenía más movilidad y se encargaba del juego largo que podía venirle de ambos lados.

El Juego Pelota que conocimos nosotros en los años que se practicaron las mecas en Somontín, fue construido y formado por una pared frontal alta y dos laterales de cemento y bastante bien alisado, para que la pelota al golpear en la pared saliese despedida sin realizar efectos extraños que despistasen a los jugadores, las dos paredes laterales en principio eran altas e iban bajando altura escalonadamente a medida que se alargaba el terreno de juego, para acabar en una pared final de 1 metro de altura que cerraba el campo de juego y que servía de asiento a los espectadores, que solían colocarse a los alrededores del terreno de juego para ver el desarrollo de los partidos; el piso del juego pelota era simplemente de tierra y los jugadores procuraban quitar todas las piedrecitas que pudiera haber, para evitar posibles botes o efectos extraños de la pelota; en el país Vasco el piso es de cemento y está completamente alisado.

Las dos paredes laterales servían de apoyo al desarrollo del juego frontal, la pelota podía golpear en las paredes laterales antes de impactar en la frontal, o después de haber impactado en la frontal, también hacerlo en la lateral, con lo que se dificultaba la devolución de la pelota y el juego del equipo contrario, por lo que el juego se desarrollaba basándose fundamentalmente en estas dos paredes.

En nuestro juego de pelota había una línea hecha de cemento que sobresalía del resto de la pared frontal y que delimitaba la parte de la pared o zona de juego válida, donde se debía hacer impactar la pelota, y si la pelota golpeaba más abajo de esta línea era tanto a favor del equipo contrario al que últimamente había golpeado la pelota, esta línea quedaba aproximadamente a 1 metro de altura del suelo; en el país Vasco, la línea de delimitación de la zona frontal que da validez al juego, se realiza o delimita, colocando una plancha metálica de unos 10 centímetros, pues si la pelota la toca mínimamente el metal, éste suena fuertemente y es mucho más fácil detectar con el sonido la validez del juego.

 

LOS PARTIDOS

En cada partido nos encontrábamos con seis jugadores en el terreno de juego, que formaban parte de dos equipos y los partidos se dirimían al mejor de 3 tandas o juegos, el equipo que primero consiguiese ganar 2 juegos, había ganado el partido; cada juego tenía 12 puntos y para adjudicárselo había que ganarlo por al menos una diferencia de dos tantos, en caso de tener un punto de diferencia a favor de un equipo u otro, había que seguir jugando puntos, hasta que uno de los dos equipos conseguía dos tantos más que el adversario.

Para controlar el juego y dirimir las posibles diferencias e interpretaciones dudosas se disponía de la figura del árbitro, que era de suma importancia y que otorgaba el tanto a un equipo o a otro, según su manera de interpretar, y a veces se contaba con la colaboración del apuntador o ayudante del árbitro, que se encargaba de llevar el marcador de los partidos, anotando en un papel, o haciendo rayas en la tierra del propio suelo del juego pelota, los tantos de cada equipo, según decidía el árbitro.

En Somontín también se admitían otro tipo de partidos con tal de jugar a las mecas, a veces eran individuales, en este caso se realizaba una línea en el suelo, trazada con el propio pie de uno de los contendientes, que delimitaba hasta donde era válida la zona del bote de la pelota, en este caso se utilizaba la parte izquierda del juego pelota, al igual que en el país Vasco, o según el número de jugadores se podían concertar partidas de parejas, tríos, o más componentes, con tal de que jugasen y se divirtiesen un rato todos los que lo deseaban, pero la más peculiar de las partidas estaba compuesta por 3 jugadores en cada equipo y era apasionante verlos jugar, sobre todo los encuentros que se concertaban los domingos al salir de misa, o los domingos por la tarde, en que se elegían los componentes y éstos se retaban a tener un duelo deportivo en toda la regla.

 

EL SAQUE

Otra de las peculiaridades y diferencias en el desarrollo del juego de las mecas de Somontín con el País Vasco, era el saque para iniciar cada punto de los partidos, en nuestro pueblo el jugador tomaba la pelota con la mano y desde cualquier lugar del campo podía lanzar la pelota directamente contra la pared frontal, para que a partir del impacto de la pelota en la pared, los jugadores del equipo contrario pudiesen iniciar el juego, golpeando con la mano la pelota y devolverla otra vez contra la pared frontal, se podía esperar que la pelota botase en el suelo o matar el tanto, o sea, golpear la pelota antes de que ésta tomase contacto con el suelo, sólo se permitía que la pelota botase una sola vez en el suelo, para que el juego siguiese adelante, cuando la pelota botaba dos veces o más en el suelo, o golpeaba por debajo de la línea de separación de la pared que demarcaba la zona válida de juego, el punto o tanto era para el equipo que había proyectado en último lugar la pelota sobre la zona válida de juego de la pared frontal.

En el país Vasco el saque para iniciar cada punto del juego, se debe efectuar desde una zona delimitada para realizarlo, marcada por unas líneas blancas pintadas en el suelo, y a una distancia determinada de la pared frontal, el jugador que realiza el saque e inicia el juego, previamente ha de dar un bote en el suelo con la pelota y después la golpea con la mano y así se comienza con el juego en cada punto.

 

LA PELOTA

La pelota estaba hecha artesanalmente por los propios jugadores, que antes de comenzar solían sacar varias pelotas, para probar con cual de ellas iban a jugar, éstas eran verdaderas obras de artesanía, su tamaño era un poco más pequeño que el de las actuales pelotas que se emplean para jugar al tenis.

La confección de una buena pelota, que se apreciara para jugar como tocaba en Somontín, se realizaba de la siguiente manera: lo primero que se buscaba era una piedra redondeada del tamaño de una cereza, que servía de eje y que le daba peso y estabilidad a la pelota, a esta piedra se le daban varias pasadas de tiras de goma entrelazadas en sí mismas, procurando darle una ligera tirantez para que la propia goma quedase bien apretada y sujetada, las capas de tira que se les daba a cada pelota podía variar según fuese el grosor de la tira de goma, luego se cubría la goma con unas pasadas de tiras de tela o lana, éstas se cubrían con otras pasadas de goma, se volvía a dar varias vueltas más tela o lana, y al final se rodeaba todo de tiras de cuero y se cosía con hilo fuerte y una aguja alpargatera, si se tenía, y si no, con una normal.

La pelota era totalmente compacta y se intentaba que fuese lo más redonda posible, para quitarle dureza se le daba la última pasada de tela o lana antes de cerrarla con el cuero, con lo que se conseguía además evitar que ésta fuese muy viva y corriera demasiado al impactar en la pared frontal o al botar en el suelo, por regla general el bote, tras su caída de la pared no pasaba de la altura del pecho de los jugadores y si la caída era desde la parte baja del frontón, normalmente tenía un bote suave y lo suficientemente alto, como para que el jugador la pudiese golpear y levantar el juego o marcarse el tanto.

Las gomas para hacer las pelotas, normalmente eran de cámara de bicicleta cuando había, y si no, servía cualquier goma, con tal de que la pelota botase, en algunas ocasiones se aprovechaban los neumáticos viejos o rotos del Chevrolet del tío Fernando Mollina, que los regalaba para que los jóvenes pudieran hacerse las pelotas para jugar y éstos, claro está, se volvían locos de alegría, porque con este material ya tenían para confeccionarse un buen número de pelotas, y ya os podéis imaginar como se las arreglaban, para hacer tiras finas de goma que se pudiesen liar entre sí, porque había que cortar el neumático en tiras finas y éstas laminarlas para que se pudieran manejar.

 

LOS JUGADORES

Los jugadores de mecas en Somontín eran jóvenes ágiles, rápidos, flexibles, fuertes y muy sufridos, jugaban apasionadamente cada punto del juego, capaces de aguantar cualquier esfuerzo y se entregaban por completo al juego, con tal de conseguir ganar al contrario, la mayoría se dedicaban a los trabajos más comunes de cada época en nuestro pueblo, tales como trabajar en las minas y pozos de talco, o en la agricultura en cualquiera de las épocas del año (siegas, siembras, recogidas de frutos, podas, acarreos, labranzas, etc.) y después o entre una larga jornada de trabajo, que comenzaba con la salida del sol, siempre había un rato para pegarle cuatro mecas a la pelota.

Nuestros antepasados no recibían ni una peseta por jugar a las mecas, no tenían marcas deportivas que les patrocinasen, ni equipaciones cómodas y ligeras, se jugaba con lo que se tenía, esparteñas, alpargatas, zapatillas y en muchos casos descalzos, había que guardar el calzado que se tenía para mejores ocasiones o alargar su duración lo máximo posible, por lo que no se podían permitir el lujo de romper su único calzado jugando a las mecas; los pantalones los que se llevaban puestos en ese momento y la camiseta, en invierno hasta entrar en calor, se jugaba con el jersey o la chaqueta que se llevase y cuando se comenzaba a sudar, pues se iban quitando prendas, hasta quedar en mangas de camisa y en verano, pues a pecho descubierto.

Los jugadores practicaban el juego a mano abierta o desnuda, sin ningún tipo de protección, lo que daba lugar a que al finalizar los partidos, las manos presentasen una inflamación extrema, por lo que no se podían doblar los dedos, ya que éstos sufrían una gran dilatación, tanta, que quedaban insensibilizados al dolor, pero al cabo de un rato comenzaban a enfriarse y a volver a su estado natural.

A lo largo de los dos siglos pasados, hubo en Somontín una gran cantidad de excelentes y buenísimos jugadores de mecas, y aunque voy a ser injusto, puesto que no puedo recordarlos y mencionarlos a todos, sobre todo a los que nacieron en generaciones anteriores y me precedieron, y seguro que también me dejaré de nombrar a alguno de los que destacaron en el juego de las mecas, a partir de la fecha en que fluyen mis recuerdos y que por su gran categoría merecerían estar aquí con letras mayúsculas.

Arrancando desde la década 1920 a 1930, los jugadores más sobresalientes fueron Ezequiel "El Largo", Pedro "El Chico", Pedro Pérez, Antonio "El Maestro", Juan Diego y muchos más, ya que por aquel entonces era el único juego que se practicaba en Somontín.

De 1930 a 1940, los más destacados eran Antonio "El Lacre", Baldomero "El Rulo 1.º", José Mesas "El Calzones", Juan Pizo (que era hermano del anterior), Joaquín "El Hornero" y Juan Largo, que también eran hermanos, además de algunos otros.

En la década que va de 1940 a 1950, había una gran cantidad de buenos jugadores, algunos ya desaparecidos y otros todavía en vida, que espero que puedan aportar sabía nueva a este artículo cuando lo lean y enviar más datos, para que nuestro juego de las mecas no caiga en el más completo olvido y siga presente de alguna forma en la memoria de los somontineros del presente y del futuro, recuerdo con gran agrado a mis compañeros de encuentros inolvidables, como lo fueron Juan "El Albañil", Antonio "El Perdío", Joaquín "El Chimeneas", Amador "El Chumbelete", Antonio "El Cano", Antonio "El Faustina", y Baldomero "El Rulo 2.º" (que escribe estas letras).

Los años que van de 1950 a 1960 estuvieron dominados por Anselmo Echavarría, Antonio Acosta, José "El Negrito", Juan "El Chimeneas" y Antonio "El Gallo".

A partir de estos años y debido principalmente a la gran emigración que sufre Somontín, donde un gran número de somontineros sale a buscarse la vida en tierras extrañas, como Alemania principalmente, Francia, Suiza y Luxemburgo, y por otro lado con la salida de muchos jóvenes de Somontín a estudiar fuera del pueblo, primeramente a Almería y Huércal Overa, y más tarde a otros lugares de la geografía española, donde comenzaron a introducir y dar entrada, incorporar e implantar un nuevo deporte para nosotros, hoy en día muy conocido y popular, ni más ni menos que el fútbol, que curiosamente los niños practicaban en el juego de pelota, ya que no tenían campo de fútbol, colocaban dos piedras en cada lado del juego pelota y ya estaban hechas las porterías y a meter goles, que era menos duro que pegarle mecas a la pelota, y aquí se inicia la decadencia del juego pelota y de las mecas, que poco a poco dejó de existir y pasó a mejor vida, transformándose hoy en día en un almacén o sala municipal, tras haber sido tapiado y techado totalmente, de esta manera el juego de las mecas quedó sepultado, acabando por desaparecer totalmente de nuestro querido pueblo.

Quiero hacer mención a otra parte importante de las mecas, como lo fueron los árbitros y los apuntadores, y entre éstos recuerdo a Amador "El Chico", El tío Juan Domene, Amador "El Sardinero", que también fue un gran jugador, Juan "Ollas", José "El Morenillo", etc.

 

IMPLANTACIÓN Y RIVALIDAD EN LOS PUEBLOS DE LA COMARCA DEL RÍO ALMANZORA

Durante el tiempo que estuvo vivo el juego de la mecas en Somontín y en la cuenca del río Almanzora, se disputaban apasionantes encuentros eliminatorios entre pueblos como Tíjola, Bacares, Suflí, Sierro, Bayarque y Somontín, y después, durante muchos años, se jugaban la final los dos equipos que habían conseguido eliminar al resto de pueblos, ésta tenía lugar siempre coincidiendo con las fiestas de la feria de Tíjola, que era la más importante de la zona y a la que acudía mayor número de personas.

Estas tripletas, competían por algo más que un simple encuentro deportivo, había un trasfondo de orgullo y de amor propio, de lucha reivindicativa, de pasión, que a veces no acaba de la manera más deportiva que se podía esperar, ya que los contendientes se jugaban un prestigio, una admiración y un valor delante de sus paisanos y familiares, y una derrota ante un pueblo rival era casi igual a una deshonra personal.

 

LA "CONVIDÁ"

Los partidos comenzaban siempre con apuestas: el que pierde paga la ronda, o "convidá", como se decía en Somontín, que solía consistir en pagar unos cuantos litros de vino, acompañados de unos garbanzos torrados, o algunos cacahuetes salados, u otra cosa que acompañase al vino y que servía de aperitivo antes de las comidas y cenas.

La "convidá" que se jugaban los equipos en casi cada partido, acababa pagándose religiosamente tras los encuentros por los perdedores, y principalmente acudían a celebrarlo todos los jugadores, ganadores y perdedores, árbitro y apuntador, en un ambiente de gran amistad y compañerismo, en el que siempre salían los comentarios de cómo se había realizado el juego, las felicitaciones a los que habían marcado los mejores tantos y también, como no, se comentaban las discrepancias sobre las decisiones más polémicas que habían transcurrido durante el partido.

En los años anteriores a la guerra civil española los lugares a dónde se iba a poner punto final a los encuentros y a consumar la "convidá", eran a la casa del "Tío Zaradío" y a casa de Juan Galera; y después de la guerra a casa de Gervasio "El Civil", a la casa de Pepe "Jacoba" y a la casa de Juan Echavarría, que eran donde estaban ubicadas las tiendas de comestibles y de otras cosas de lo más variopinto que se pueda uno imaginar, y que además disponían de un bar, donde podían sentarse en unas mesas y consumar tan buen manjar, que tenía un exquisito sabor, sobre todo si pagaba el otro equipo.

 

EPÍLOGO

Bueno amigos, voy a dar por concluido este relato, que espero que os haya refrescado la memoria a algunos somontineros y a otros os sirva de historia, para que todo esto, algo tan propio y singular para nosotros, como fue el deporte o juego de las mecas, no quede en el olvido.

Antes de finalizar, me gustaría emplazaros a todos los que queráis y podáis aportar nuevos datos que amplíen y mejoren la historia del juego de las mecas en Somontín, para que lo hagáis llegar a los somontineros que se encargan de confeccionar y publicar estas páginas de nuestro pueblo a través de Internet; y emplazar también a todos los que tienen la posibilidad y el acceso a los datos relacionados a ¿cómo, cuándo y quién trae e implanta este deporte o juego en nuestra comarca?, ¿en qué año se construye el juego pelota?, ¿de quién parte la iniciativa?, ya que debe de haber en algún lugar del archivo municipal de Somontín, datos que hagan referencia a este tema, para así dejar constancia a nuestros descendientes de unos años inolvidables e irrepetibles.

Yo sólo he pretendido sacar a luz, algo que fue para nosotros el entretenimiento más común y apasionante de nuestra juventud, y que durante muchos años practicamos un gran número de generaciones de somontineros, y sólo me he basado en unos agradables y dulces recuerdos que viajan por mi memoria, e irán siempre conmigo unidos a un ayer, lleno de valores totalmente distintos a los que ahora tenemos y nos mueven en el inicio de este nuevo siglo y milenio, mis recuerdos, por consiguiente, sólo cubren una pequeña parte de lo que globalmente fue todo lo relacionado con el "El juego pelota y la mecas en Somontín".